K.O Capitulo 1
Arco 1 — Episodio 1
Brooklyn
Brooklyn, 1998.
La ciudad seguía su rutina como cualquier otra tarde: empresarios saliendo de oficinas, niños jugando en las calles, adolescentes riendo cerca de las tiendas y algunos delincuentes rondando por los callejones más oscuros.
Un joven de dieciséis años caminaba solo por una calle poco transitada. Llevaba una chaqueta oscura y el rostro serio, como si cargara un peso invisible sobre los hombros. Detrás de él, cuatro maleantes lo seguían con una sonrisa burlona.
—Oye… no temas. Solo queremos algo de dinero.
El chico siguió avanzando sin responder. Terminó entrando en un callejón sin salida.
—Te dije que solo queríamos dinero —insistió uno de los hombres, acercándose con confianza.
El joven levantó ligeramente la cabeza.
—Créame… no quieren esto.
—¿Qué cosa?—Hacerme enojar.
Los delincuentes se miraron entre sí y soltaron una carcajada.
—¿Y qué harás al respecto? ¿Huir?—No.
El chico adoptó una postura de combate. Un humo tenue comenzó a salir de las mangas de su chaqueta.
—Les daré hasta tres para que se vayan. O habrá consecuencias.
—Enséñame —dijo el líder de los maleantes, desafiándolo.
El joven empezó a contar.
Uno…
Dos…
Dos de los delincuentes dudaron y retrocedieron, pero los otros se quedaron.
—Tres… Lo siento.
El chico echó el puño hacia atrás y lo lanzó con fuerza. En el instante del impacto, su mano se envolvió en llamas y una explosión de fuego lanzó al maleante por los aires.
Los demás quedaron paralizados de miedo.
—¡No puede ser! ¡Este tipo es un demonio! ¡Vámonos!
Los hombres huyeron dejando atrás a su compañero, que yacía en el suelo con la ropa quemada.
El joven se acercó con calma, se quitó la chaqueta y la usó para sofocar las llamas de su puño y del hombre herido.
—T-tú… ¿quién demonios eres? —preguntó el maleante entre jadeos.
—Soy un civil cualquiera —respondió el chico con frialdad—. Pero me llamo Thauji.
Se inclinó un poco hacia él.
—Te recomiendo ir a un hospital. Y escucha bien: tú y yo jamás nos vimos. Si alguien pregunta, di que fue un accidente. Si mencionas mi nombre… volverás a ver mis llamas antes de volver a ver la luz del día. ¿Entendido?
—S-sí…—Entonces vete.
El hombre se marchó tambaleándose. Thauji salió del callejón con el mismo gesto amargado de siempre, sin darse cuenta de que alguien lo había observado todo.
En la azotea de un edificio cercano, una mujer hablaba por teléfono.
—Lo vi. Salió del callejón y se dirige al centro.
La voz al otro lado sonó tensa.
—¿Estás segura de que es él?—Lanzó puños de fuego. No puede haber otro igual. Es el que buscabas.
Thauji siguió caminando hacia Central Park, intentando despejar la mente. Sin embargo, después de varios minutos notó algo extraño: una chica lo seguía a la misma distancia.
Cambió de rumbo. Ella también.
Rodeó una gran roca tres veces. La chica repitió el recorrido.
Aceleró el paso. Ella hizo lo mismo.
Finalmente, Thauji empezó a correr y terminó entrando en otro callejón alejado de la gente. La chica lo alcanzó sin mostrar cansancio.
Thauji reaccionó de inmediato. Su puño volvió a encenderse y lanzó un golpe directo hacia ella.
Pero la joven extendió una mano y dijo con firmeza:
—¡Detente!
El cuerpo de Thauji se congeló por completo. Podía mover los ojos, pero nada más.
—¿Qué…?
La chica lo observó con curiosidad.
—Vaya. Estuviste cerca de golpearme. Debo admitir que tu poder es inusual. ¿Eres un superhumano?
Thauji intentó responder, pero de su garganta solo salió un sonido ahogado.
—Oh, claro. Tu boca.
La joven tocó ligeramente sus labios y el hechizo se relajó lo suficiente para que pudiera hablar.
—¿Qué demonios me hiciste? ¿Quién eres tú? —exigió Thauji.
—Soy una bruja —respondió con tranquilidad—. Y me llamo Kaythea. Una colega mía te vio enfrentándote a esos delincuentes.
—Escucha, si es por lo de ese tipo, fue defensa propia. Tengo dieciséis años, ¿qué se supone que debía hacer?—No estás en problemas. De hecho, quiero hacerte una oferta.
Kaythea dio un paso adelante.
—Represento a una unión secreta de seres como tú… y de otros mucho más extraños. Algunos ni siquiera pertenecen a este mundo.
Thauji frunció el ceño.
—Primero: no hay nadie como yo. Segundo: jamás he visto algo así. Y tercero… ¿otros mundos? ¿En serio?
La bruja sonrió apenas.
—Si me permites mostrarte, entenderás mejor. Pero tendrías que unirte a nosotros.
Thauji suspiró con incredulidad.
—No puedo creer que esté considerando esto… Está bien. Pero no vuelvas a paralizarme.
—Perfecto. Aunque antes necesito saber algo: ¿cuál es realmente tu poder?
Thauji dudó unos segundos antes de responder.
—Puedo lanzar golpes de fuego. Pero tengo un ataque especial que necesita cargarse. Debo recibir varios golpes antes de usarlo, y cuando está listo… puede desintegrar casi cualquier cosa.
Bajó la mirada un momento.
—Lo llamo… el K.O.
Continuará…








