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Eira

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Summary

Emily llega al gremio de Silverhaven con una capucha, sin dinero y con hambre. Solo quiere una misión para sobrevivir. Pero una recepcionista torpe la confunde con una candidata para un trabajo de alto rango. La puerta que abre la lleva a una sala donde la esperan los Silverfrost: una familia de aventureros que busca a su hija perdida. Emily no lo sabe. Ella solo busca a sus padres biológicos. Entre torpezas, una pelea improvisada y la revelación de que su madre adoptiva es una dragona, Emily descubrirá que los ojos rojos que ve en el espejo son los mismos que los del hombre que la mira en silencio. Una historia de familia, culpa y segundas oportunidades, donde las armas no son solo espadas: también hay abrazos que tardan años en llegar.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1: La chica sin rango.

Silverhaven amaneció gris y lluvioso. En la calle principal, una figura encapuchada jugaba con los charcos. Las personas buscaban refugio mientras ella daba saltitos. Al llegar al gremio de aventureros, vio ese edificio de tres plantas. Ese día, los aventureros se habían reunido para pasar el rato mientras la lluvia amainaba.

La figura entró al gremio de un saltito; el suelo crujió con su salto. Se quitó la capucha. Su cabello y sus ojos rojos destacaban. Los aventureros bebían, otros discutían por una misión y los más jóvenes escuchaban a los bardos. Nadie le prestó verdadera atención.

Ella se sacudió el agua moviendo la cabeza y el cuerpo como si fuera un animal. Los que estaban cerca se apartaron; otros la miraron enojados.

—¡Oye! Ten más cuidado, estos novatos —dijo un hombre cubriendo su cerveza.

Ella solo se disculpó con una sonrisa nerviosa, se volvió a poner la capucha y siguió su camino.

Al llegar al mostrador, tocó la campanilla. Las personas cerca la vieron como una novata y la ignoraron. Finalmente, llegó la recepcionista: una chica nerviosa que hizo una reverencia.

—¡Bu… enas tardes! Bienvenida al gremio Silverfrost —la chica se volvió a inclinar más rígida.

—Lyra, el gremio es Silverrain —corrigió una mujer. Su voz era un susurro cansado, pero con un deje que parecía un guiño. Apoyada en un báculo, observó a Emily con una media sonrisa—. Lyra es novata, pero hace bien su trabajo.

Las personas que estaban cerca del mostrador rieron al notar la confusión de la recepcionista. La chica sonrojada se ajustó las gafas que ahora estaban torcidas y soltó una risa nerviosa.

—Disculpe, como bien le dijeron, soy nueva aquí. ¿Qué desea, señorita…?

—No pasa nada, en realidad venía para tomar una misión de rango alto…

Al escuchar eso, Lyra se emocionó y salió de su lugar.

—Entonces tú eres parte de los que vienen por el anuncio; ellos me dijeron que en cuanto llegue alguien, se lo enviara. Vamos por aquí. —Lyra guio a la chica, dándole pequeños empujones por la espalda.

—Espera, pero yo aún… —La chica bajó la voz—. Quizás así funciona aquí.

Emily no dijo nada más. Cerró el puño en señal de suerte y se dejó guiar. El subir hacía que el bullicio de abajo se alejara; se escuchaba el crujir de los escalones de madera y el olor a cedro la invadía. La lluvia era lo único que la relajaba, y ahora lejos de ella, cada paso que Emily daba era más lento y los nervios le llegaban.

Al llegar al segundo piso, Lyra se detuvo con Emily frente a una puerta de roble.

—Señorita, en este lugar le harán la entrevista necesaria. Así podrá saber si entra o no. Le deseo suerte.

Sin más, la chica se retira haciendo una ligera reverencia. Emily, aun con su capucha, levantó la vista. En la placa de la puerta ponía “Silverfrost”. Ella tomó el pomo y abrió.

La puerta de roble se abrió con un rechinido; la chica entró a la sala y cerró la puerta, pero esta atrapó su capucha al sentir que se trababa. Ella intentó sacarla con fuerza; cuando esta cedió, la tiró al suelo.

Ella se levantó sin dejar de ver a la puerta. Al girarse, frente a ella había una mujer de cabello blanco que la observaba fijamente, haciéndola sentir intimidada.

Ella apartó la mirada de la mujer y exploró la habitación: frente a ella, un escritorio lleno de documentos, que la mujer ojeaba; detrás de ella, una ventana. Un sofá a su izquierda y un librero a su derecha. El olor a cedro era mayor ahí dentro.

También vio a otras tres personas ahí adentro; por los rasgos, asumió que eran familia. Una chica sentada en el sofá que jugaba con una daga, un hombre sentado cerca de la mujer; la chica notó el color de cabello similar, pero no le dio importancia. El hombre sostenía un carbón, pero solo jugaba con él; se notaba aburrido. Y un chico viéndola por la ventana que la miraba con recelo.

La mujer frente a ella le invitó a sentarse, señalando la silla vacía que estaba frente al escritorio. La chica dio un paso rígido. Al llegar a la silla, la arrastró. El sonido provocó que la mujer y la chica del sofá plegaran las orejas. El hombre desvió uno de sus ojos hacia ella, y el chico de la ventana la miró frunciendo el ceño. Al sentarse, bajó la vista al suelo.

—Lo siento… —susurró.

—Está bien —dijo la mujer—. Bien, como sabes, estamos reclutando personas para unirse a nuestro grupo y explorar la mazmorra recién descubierta. Debido a eso, necesitaré que me des tu rango de aventurero. Si tienes una carta de recomendación, ayudaría mucho. También te haremos un test mental y un pequeño examen práctico para demostrar tu experiencia.

Cuando terminó de hablar, su mirada se dirigió a los documentos sobre el escritorio.

Al escuchar esto, la chica se encogió. Su mirada siguió en el suelo y solo apretaba sus labios.

—Di…sculpe, ¿no se supone que necesito inscribirme para recibir un rango? —dijo la chica con voz temblorosa.

La mujer se detuvo al escucharla, mirándola de nuevo. El chico en la ventana la volteó a ver; su mirada era de desaprobación total.

—Bien, estás rechazada. Estamos buscando personas competentes y tú… —Él la vio de arriba a abajo, notando su nerviosismo—. No lo pareces. —sentenció el chico.

La mujer giró su cabeza hacia el chico.

—Soren, esa no es la forma de tratar a alguien, y más si está perdida —dijo, volteando a ver a la chica una vez más—. Pero él tiene razón en la parte de rechazo; después de todo estamos buscando a alguien con experiencia —la mujer relajó su tono—. Pero dime, ¿cómo terminaste aquí? Sí estabas buscando inscribirte.

—Realmente, en la recepción me dijeron que tenía que venir aquí; la recepcionista me trajo. ¡Lo prometo! —su tono de voz era acelerado—. Yo solo llegué y dije “quiero una misión de rango alto” y ella me dijo “¿vienes por lo del anuncio?” y me trajo aquí; pensé que el anuncio era para nuevos reclutas. Que en teoría lo fue, pero no para nuevos registros.

Ella intentó explicar. Cada vez era más cómica su reacción, pero la mirada de la mujer enfrente de ella no cambiaba, se mantenía seria y eso le provocaba más nervios. Al final solo se sentó y miró al suelo.

Soren la miraba cada vez más molesto, pero la mujer con su mirada le hacía bajar esa frustración.

La chica en el mueble, que hasta ahora solo jugaba con la daga, le prestó atención.

—Seguro fue Lyra. Chica, eres divertida, ¿al menos nos darás tu nombre? —la chica le preguntó con una sonrisa amplia.

Al escuchar, la chica giró su cabeza hacia ella.

—E…

—Primero que nada, ella debería mostrar su rostro. ¿Por qué está escondiendo eso? ¿Acaso vienes por parte de algún equipo rival? Una mazmorra nueva tiene tesoros valiosos; quizás ella venga de infiltrada —dijo Soren siendo más amenazante.

El hombre golpeó el escritorio y volteó hacia el chico. Sin decir una palabra, el chico bajó la mirada. Luego, el hombre se volvió hacia Emily.

—Discúlpalo. Él solo quiere protegernos a su modo —dijo, mientras volvía a su lugar.

La chica tomó su capucha y la bajó queriendo desaparecer dentro de esta.

—Dejando de lado al amargado de mi hermano, dijiste que querías una misión de rango alto, ¿verdad? ¿Entonces eres fuerte? —la chica preguntó con sus orejas totalmente centradas en esa persona tímida.

—Fuerte… —dijo como si sintiera esas palabras—. No diría que soy fuerte, pero me defiendo. Solo que me quedé sin fondos y ahora quiero una misión para recuperarme.

—¡Oh! Y yo que empezaba a ilusionarme, pero eso no quita que seas divertida. Si quieres, puedo evaluarte.

—¡Yuki! La chica intenta relajarse; déjale un espacio.

—Cómo digas, mamá —dijo burlonamente; luego vio a la chica y sonrió.

—Oye, igual deberías presentarte —dijo el hombre de forma más calmada, tratando de darle un momento a la chica.

La chica solo volteó a ver a Soren. Él, al notarla, desvió su mirada hacia la ventana, viendo a las personas que corrían buscando refugio.

—Me llamo Emily… siento haberlos interrumpido.

La chica se levantó y caminó hacia la puerta.

—¡Oye, Emily! Qué tal una demostración pequeña. Intentaré darte una estocada, pero me detendré antes de golpearte. Solo si noto que no vas a poder esquivar, aunque el espacio sea pequeño, no deberías tener problemas… —La chica se levanta y empieza a hacer estiramientos—. Si de verdad crees ser capaz de enfrentarte a algo de rango alto.

—¡Ah! ¡Espera! Mamá Selene me ha dicho que no debo usar mis habilidades con humanos.

Yuki, al escuchar eso, trató de contener una risa, pero al final simplemente explotó.

—¡hahahaha! Espera, ¿de verdad? ¿Tu mamá? ¿Qué edad tienes, chica?

—No sabría decirte.

—¿Por qué no? ¿Tu mamá también te lo prohíbe?

—No es eso… Solo que mi mamá no es mi mamá, es realmente mi maid, pero ella me ha criado desde niña; después de todo, ella me adoptó hace muchos años. Y ella me dijo que quizás debería tener unos 22 años —dijo Emily con cierta nostalgia y ternura en sus palabras, sobre todo al mencionar a Selene.

Al escuchar eso, la mujer tuvo un pequeño tic nervioso, buscó la mirada de su marido y se miraron a los ojos. Soren notó ese pequeño tic en su madre y miró extrañado cómo los dos se veían a los ojos.

Cuando volvieron a ver a la chica, Yuki ya estaba preparada para atacar. Emily usó una habilidad sensorial: una burbuja de maná que extendió en un rango de ataque de una espada. Esa burbuja era imperceptible; solo la mujer y el hombre la notaron.

Yuki se lanzó a una velocidad que convirtió el cuarto en un vendaval.

—¡Yuki! —dijeron los padres al unisonó.

El hombre se levantó para intentar detener a la chica, pero era muy tarde. Emily, al sentir a Yuki pasar por su burbuja, la tomó por el brazo. Como si fuera una danza, ella giró con Yuki y la desvió hacia la pared, donde la niña, por su velocidad, no pudo frenar, chocando contra la pared. Ella cayó al suelo sin heridas, aunque aturdida por el golpe.

—Mamá, Selene me ha dicho que solo use defensa personal —dijo mientras camina hacia Yuki; al llegar, le pica la mejilla con su dedo—. ¿Oye, estás bien? —preguntó Emily a la chica aturdida.

El hombre que aún se dirigía a su hija pasa por donde está Emily picando la mejilla de Yuki y este la ve; su mirada roja intimida a la chica y esta retrocede un paso. Él se arrodilla al lado de su hija y la ayuda a levantarse.

—Estoy bien, Emily, solo un poco aturdida, ¿papá, viste eso? Esa chica pudo detenerme, en un parpadeo —dijo Yuki con una mano en su frente.

—Lo vi, Yuki, ¿pero estás bien? —le preguntó ayudándole a levantarse.

—Aldric, cariño, deja a Yuki en el sofá, ella necesita descansar, y tú, chica, ven, siéntate —dijo la mujer tomando asiento.

—Sí, Amari, ahora la llevo. Vamos, Yuki, te llevo —dijo cargando a su hija en brazos.

—¡Espera! Papá, esto es vergonzoso, yo mejor camino así, no —dijo con la cara roja, pero ella abrazaba a su padre mientras su cola se movía contenta.

Soren, una vez más, observaba irritado a la chica, apretando los dientes. Cuando Emily lo notó, chocó contra la silla, cayendo sobre el escritorio y tirando un mapa.

—Lo siento, lo siento, me distraje —dijo levantando el mapa.

—¡Suficiente! ¿Cómo esta chica torpe pudo desviar a Yuki? Además, aún no revela su rostro y ahora se mete con los documentos, ¡Oye! —dijo Soren con una mirada irritada—. ¿Quién rayos eres realmente?

—¡Soren! … —¡Madre! Es suficiente; esta chica desde que llegó ha estado actuando raro, seguro que es parte de algún grupo rival que quiere burlarse de nosotros.

Emily solo se encogió una vez más sin saber qué decir, escuchando cómo discutían por su culpa. Yuki, quien ya se había recuperado, se acercó y arrodilló cerca de la chica, buscando ver su cara. Al tenerla enfrente, sonrió, pero no logró ni siquiera ver su boca.

—Yuki, ¿Verdad?

—Sí, Emily.

—¿De verdad quieres verme?

—¿¡Me dejas!?

Emily asintió.

—No es como si lo ocultara, pero es que mi madre Selene es una dragona. Me dijo que era mejor ocultarme por el olor. La capa tiene un hechizo de sigilo integrado, por eso no puedes verme, ni olerme o algo así, jeje… —dijo preparándose.

—¿Tu madre es un dragón? ¿Cuántas posibilidades había de eso?

—Pocas, pero ella de verdad me quiere. Por eso no quiero darle problemas.

—Oye, antes de que lo hagas, como me desviaste, ni siquiera mi hermano ha podido hacerlo, por eso me odia.

—¡Yuki, cállate! Te he dejado porque eres mi hermana.

—Como digas. No le hagas caso, él es así, pero no es una mala persona.

—Respecto a eso, fue una habilidad que me enseñó Selene, mi madre.

—¿Me explicas, Emily? Soy un poco torpe, y tú me hiciste golpearme la cabeza; además, si mi hermano entiende cómo lo hiciste, dejará de ser tan rígido contigo.

Emily, por primera vez, tuvo una conversación con alguien que no era su madre; eso la hizo feliz.

—Mamá Selene es una dragona casi ciega. Ella, cuando se sienta en un lugar, lo hace distinto a otros dragones; por ejemplo, las de hielo congelan todo, los de agua se quedan en lagos, pero mamá Selene genera una especie de miasma, con el que puede ver la zona, aun si no está cerca. Mientras otros dragones confían en su zona y dejan que se acerquen a esa zona mientras no los molesten, mi mamá tiene todo bajo control; ella sabe cuándo alguien entra o sale, protege a los animales donde ella reside de esa forma. ¿Me explico?

—Interesante, tu madre es en verdad interesante.

—Mamá le entendiste, porque yo no —dijo Yuki riéndose.

—Cariño, escuchemos el resto de su explicación, pero tienes razón, la madre de esta chica es… interesante, sobre todo porque no es común que un dragón tenga una “cría” humana.

Emily al notar el interés de madre e hija, se sintió avergonzada, pero levantó su rostro con mayor determinación.

—Ese miasma de mi madre le ayuda a saber las intenciones del invasor; si es una buena persona, ella abre el camino despejando su miasma. Sí, es mala persona, pero sus intenciones son… “Buenas”; deja el miasma ahí, pero evita que él se acerque a ella; si este cambia sus intenciones, ella lo pierde. Si es alguien que desde el inicio va con malas intenciones, lo envenena poco a poco, para hacer que se retire; si él sigue su camino, el veneno lo matará.

—¿¡Tu madre de verdad puede ver los sentimientos!? Eso es un poco aterrador —dijo Yuki un poco exaltada.

—Pero solo con él mismo; generalmente, ella tiene forma humana y usa lentes. En forma humana, no lo usa.

—Tu madre es una rareza —dijo Amari analizando las palabras de la chica.

—Bien, ahora puedes explicar, ¿cómo hiciste para saber dónde te iba a atacar esa idiota?

—¡¿Soren, a quién llamas idiota?! Hermano tonto.

—Ah, cierto —dijo Emily rascándose la cabeza—. Había olvidado que les hablaba para eso…

—En serio, ¿cómo rayos ella logró derrotar a Yuki si es una total torpe? —interrumpió Soren.

Emily fingió toser para llamar la atención de todos.

—Mamá me intentó enseñar a usar el miasma, pero siempre que lo intentaba, terminaba haciéndolo espeso, o extendiéndolo tanto que todo lo que sentía me sobrecargaba de información, o matando animales sin querer por veneno. Por eso mamá me cambió el enfoque; ella se basó en eso para crear una burbuja de maná. Con la cual me rodeo, y puedo ver a las personas dentro del rango de esta. Es como tener un extensor extra del tacto, pero aún me sobrecarga las sensaciones, ya que esto te vuelve sensible, pero al menos ya no me sobrecargo de emociones, ni mato a nadie por accidente —dijo riéndose y rascando su cabeza.

—Interesante, entonces tus reflejos también son buenos, ¿no? —dijo Amari, viendo a la chica.

—Sí, no es solo la burbuja, sino también tus reflejos.

—Amari, esta chica no es cualquiera. Esa habilidad es interesante —dijo Aldric; ahora él estaba más interesado en la chica.

—Interesante. Emily entonces podría verte a la cara. —Yuki, aún arrodillada, ignoró la explicación; solo quería ver el rostro de la chica.

Soren solo volteó a ver, esperando que la chica lo hiciera.

—Bien, lo haré una vez más. Me llamo Emily, vengo de una mansión en medio de un claro, mi madre adoptiva se llama Selene y bueno… esa soy yo —dijo suspirando y bajando su capucha.

El aire se espesó.

No fue un cambio dramático, no hubo música de fondo ni un trueno lejano. Solo se escuchaba el sonido de la lluvia golpeando la ventana, ruido que se instaló en la sala como una niebla fría.

Yuki fue la primera en reaccionar, pero no con una carcajada esta vez. Sus labios se separaron, sus ojos verdes se abrieron y su cola de zorro se quedó completamente quieta.

—…Es igual a papá —susurró, como si hablar en voz alta fuera a romper algo—. Tiene el pelo igual… y los ojos…

Aldric no dijo nada.

No porque no quisiera. Sino porque las palabras se le habían quedado atascadas en la garganta. Sus manos, enormes y callosas, apretaron los brazos de la silla hasta que los nudillos se volvieron blancos. Sus ojos rojos, tan idénticos a los de la chica, no podían apartarse de ella.

—… —Intentó hablar. No salió nada.

Amari, en cambio, se mantuvo inmóvil. Pero no era una inmovilidad relajada. Era la quietud de un depredador que acaba de ver algo que no esperaba y está reevaluando todo. Sus orejas de zorro apuntaban hacia adelante, rígidas. Sus manos, antes cruzadas con calma, ahora reposaban sobre la mesa con los dedos ligeramente separados.

—Emily —dijo Amari, y su voz sonó más grave, más medida—. ¿Por qué venías a esta ciudad exactamente?

—Vine porque quería buscar a mis padres biológicos. He buscado en tres ciudades cercanas y me tocaba esta.

Tragó saliva. Por primera vez en la reunión, la matriarca parecía estar eligiendo cada palabra con un cuidado extremo.

—¿Tienes… alguna pista de quiénes podrían ser?

Soren seguía junto a la ventana; ahora miraba a Emily con una expresión difícil de leer. No era hostilidad, no del todo. Era algo más parecido al desconcierto. A la desconfianza que nace de ver algo que no encaja en el mapa mental que uno tiene del mundo.

es una coincidencia muy conveniente —dijo, pero su voz había perdido filo. Sonó casi… insegura—. Demasiado.

—Soren —lo interrumpió Amari, sin mirarlo—. Cállate un momento.

La orden fue suave, pero definitiva.

Aldric seguía sin hablar. Seguía mirando a Emily como si frente a él hubiera un fantasma.

—Pista… Solo una mamá Selene me dijo que la iglesia y el orfanato estaban a las afueras; justo era como un paso para las ciudades cercanas. Como dije, ya busqué en dos ciudades; tocaba en esta. Pero me quedé sin fondos, por eso he venido al gremio, y bueno, ya saben, terminé aquí. —Emily hablaba lento, tratando de pensar en sus palabras.

Emily sonreía. No era una sonrisa de felicidad, sino esa sonrisa incómoda que se pone cuando no sabes si llorar, reír o salir corriendo. Sus ojos rojos recorrieron la sala, de Yuki a Soren, de Soren a Amari y, finalmente —casi sin querer— a Aldric.

Yuki se llevó una mano al pecho, como si le doliera algo.

—Ay —dijo, en voz baja—. Eso sí que apesta.

—Yuki —la voz de Amari fue un susurro de advertencia, pero sin fuerza. La matriarca seguía con los ojos fijos en Emily, pero su expresión había cambiado. Ya no era la líder estratega evaluando a una posible recluta. Era otra cosa. Algo más… humano.

Aldric, por fin, movió un dedo.

Solo uno. El índice de su mano derecha, que tembló ligeramente antes de apretarse contra el brazo de la silla.

Abrió la boca. La cerró. La abrió otra vez.

—Chica —dijo, y su voz era un rugido contenido, algo que luchaba por salir sin romper todo—. ¿Cómo… cómo te llamaste?

—Ya lo dijo, papá —intervino Yuki, con un hilo de voz—. Emily. Se llama Emily.

—Esto

—Yo… yo lo sé —gruñó Aldric, pero no a su hija. Se lo gruñó a sí mismo. Se pasó una mano por su propio cabello rojo, rebelde, idéntico al de ella, y por un instante pareció perderse en algún lugar que no era esa sala.

Soren se apartó de la ventana. Dio dos pasos hacia la mesa, pero no se sentó. Sus ojos verdes, los únicos que no coincidían con los de Emily, la examinaban con una intensidad nueva.

—Cero pistas —repitió, como si probara las palabras—. ¿Y esperas encontrarlos viajando sin rumbo? ¿O viniste a Silverhaven por algo en concreto?

—Soren. —Amari volvió a decir su nombre, pero esta vez con un matiz diferente. No era un “cállate”. Era un “déjala hablar”.

La madre se inclinó ligeramente hacia adelante, apoyando los antebrazos en la mesa. Sus orejas de zorro, antes rígidas, ahora se habían relajado apenas un grado.

—Emily —dijo, y su voz era más suave que en toda la tarde—. Has venido a la oficina del gremio buscando trabajo para sobrevivir. Eso lo entiendo. Pero también has dicho que buscas a tus padres. —Hizo una pausa—. ¿Hay algo más que quieras contarnos? ¿Algo que no hayas dicho todavía?

Emily escuchó en silencio, no dijo nada, solo volvió a cubrirse el rostro.

—Sí, me siento más segura así —susurró para sí misma; al final se escuchó un ligero resoplido, como si estuviera aguantando la risa.

Emily suspiró y continuó hablando.

—No… Nada, iré a la recepción para hacer el papeleo correcto, para entrar al gremio. Siento mucho incomodarlos… ¿Mi apariencia es rara? Ver sus reacciones… me hace preguntar: ¿Soy fea? Mamá Selene dice que soy linda, que por eso debo esconderme, pero qué tal si lo dijo para no hacerme sentir mal. —Su tono era uno muy divertido.

Su resoplido contenido rompió la tensión como una piedra contra un cristal. Yuki fue la primera en reaccionar y lo hizo con una carcajada genuina.

—¿Fea? ¡Pero si pareces una maldita princesa de cuento! Bueno, una princesa que se sabe esconder… que tropieza con sillas… o hace ruido al sacarla… ¡Pero princesa al fin!

Amari levantó una mano para que Yuki se calmara, pero esta vez no la reprendió. Sus orejas de zorro se movieron hacia adelante, interesadas, mientras su mirada verde se posaba en la capucha que Emily había vuelto a subir.

—Entonces, esta Selene. —Inclinó ligeramente la cabeza—. Te dice que te escondas porque eres linda.

—Sí, eso dice mamá. —Emily ve al suelo y juega con sus dedos.

Aldric, que seguía sin poder apartar la vista de la capucha, finalmente encontró su voz. No era un rugido, ni un gruñido. Era algo más ronco, más bajo, como si las palabras le costaran un esfuerzo físico.

—No eres fea.

La sala entera giró a mirarlo. Yuki abrió los ojos como platos. Soren frunció el ceño. Amari… Amari sonrió. Fue apenas un milímetro, pero sonrió.

—¿Qué? —gruñó Aldric, encogiendo sus enormes hombros—. Puedo decir que alguien no es feo sin que sea un drama.

—Papá, nunca das cumplidos —dijo Yuki, con una sonrisa pícara.

—No fue un cumplido. Fue una observación.

Amari los ignoró y volvió a centrar su atención en Emily.

—El chequeo de ingreso al gremio cierra en una hora. Si bajas ahora, alcanzas a registrarte. Pero… —Hizo una pausa, sus dedos tamborileando una vez sobre la mesa—. Si quieres, podemos acompañarte. Como… garantía de que no te pierdas otra vez y termines en la bodega de suministros.

—¡Jo!... En serio, una chica me trajo aquí —dijo Emily entre risas.

Yuki se puso de pie de un salto, su cola moviéndose como un péndulo feliz.

—¡Voy yo! ¡Yo la acompaño!

—Yuki… —La voz de Amari fue un aviso.

—¿Qué? Sí, total, aquí solo vamos a rechazar a más gente aburrida que se cree la última espada legendaria. —La zorra joven ya estaba rodeando la mesa—. ¡Vamos, Emily! Te enseño dónde es el registro. Ah, y no le hagas caso a mi hermano, él siempre tiene cara de pocos amigos.

Soren resopló por la nariz, pero no dijo nada. Sus ojos verdes seguían a la encapuchada con una mezcla de desconfianza y… algo más. Algo que no terminaba de identificar.

Aldric no se movió. No ofreció acompañarlas. Pero sus dedos buscaron el carbón, que usaba para dibujar, aunque no dibujó nada. Solo los giró una y otra vez sobre la mesa, como si necesitara mantener sus manos ocupadas.

—Soren, acompaña a tu hermana y a Emily… antes de que digas algo, es una orden —sentenció Aldric, sin dejar de jugar con su carbón.

Soren sin poder decir algo, salió de la habitación con ellas.

Cuando los jóvenes salen de la habitación, el silencio cayó como manto, uno que ahogaba. Amari, aclaré la garganta, pero antes de decir algo, Aldric habló.

—Amari… —Su voz se quebró, pero intentó ser fuerte—. Tiene mis ojos y cabello.

—Aldric… no estoy segura…

—La viste, no huele a nosotros, es cierto, pero su humor, la forma en que se pone nerviosa y su edad. Amari es ella…

—Lo sé. Quise negarlo, pero lo sé —Amari se quiebra—. Es nuestra Eira, pero ahora ella tiene una madre —los ojos de Amari brillaban—. No quisiera arrebatarle lo que le hace feliz. Aldric, la viste, cómo brillaban sus ojos cuando hablaba de esa tal Selene.

El hombre se levantó y avanzó pesadamente hacia la puerta.

—Aldric, ¿a dónde vas? —preguntó Amari, levantándose; sus orejas estaban abajo y su cola tensa.

—A ver a Eira, ella merece saber la verdad, además dijo que este viaje era para encontrar a sus padres… para vernos, Amari —su voz era decidida.

—No, no puedes, aún no. Aldric está con los niños… sus hermanos.

—Amari, lo sé, pero es necesario. Ella es una Silverfrost. Ella es nuestra amada hija que habíamos dado por muerta, por no haberla encontrado, y ahora está aquí, creyéndose fea por cómo reaccionamos. Asustada porque Soren fue duro con su hermana y nerviosa, porque la vimos como examinadores, no como alguien en quien ella podría confiar —la voz de Aldric era temblorosa.

—Cariño, estás dudando tú también, siéntate, pensemos cómo decirle; yo también quiero estar con ella. Sabes, en el fondo estoy un poco celosa de su madre adoptiva; quisiera que ella hablara así de mí. —Pero si le decimos eso ahora, quizás ella nos odie. —Amari estaba derramando lágrimas silenciosas; al verlo, Aldric fue a verla y la abrazó.

Al otro lado de la puerta, Soren se encontraba escuchando todo. Su cabeza exigía respuestas, pero no podía entrar, no ahora; solo se limitó a sentarse y pensar en lo que le había dicho a la chica.

—¡Hermano! ¿Te quedarás ahí o vendrás? Recuerda que papá te lo ordenó —ajena a todo, Yuki solo bromeaba como de costumbre.

Emily se sentía más segura con Yuki, por lo que sonreía a su lado.

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