Bajo la nieve de Moscú

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Summary

Alex Petrova tiene 20 años, un novio controlador en Argentina y un contrato en Moscú que puede cambiarle la vida. Lo que no tenía en sus planes era Morgan Volkova: 23 años, la vi Entre ensayos a medianoche, vodka para el frío y un video viral que las pone en la mira de todos, Alex descubre que el hielo no es lo único que puede quemar. _En Moscú, caer es fácil. Levantarse, no tanto_

Genre
Lgbtq
Author
Tania
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo1= Hielo fino


Moscú olía a diésel congelado y a promesas rotas.


El taxi me dejó en la puerta de un edificio soviético que parecía a punto de derrumbarse. Tenía 20 años, dos valijas, un contrato de patinaje artístico que no había leído entero y 6 horas de sueño acumuladas en 3 días.


"Etazh pyat", gruñó el taxista. Quinto piso. Sin ascensor.


Arrastré las valijas por escalones cubiertos de sal y hielo. Cada paso era un recordatorio: no tendrías que estar acá, Alex.


Mi celular vibró.

*Facundo:* _Llegaste? Mandá foto del depto. Y no salgas sola de noche. Moscú es peligroso._


Tenía 28 años, era productor musical en Palermo y llevaba 2 años decidiendo por mí. Él consiguió el "contacto" en Rusia. Él revisó el contrato. Él me dijo "es tu única chance, no seas boluda".


No le respondí. Empujé la puerta del departamento 5B.


El lugar era chico, funcional, y olía a encierro. Una sola habitación con dos camas individuales separadas por una mesita de luz. Sobre una de las camas había un bolso deportivo caro y una campera de pluma tirada como si su dueña hubiera llegado hacía 5 minutos y se hubiera ido.


Mi nueva casa por 6 meses. Y mi nueva compañera de cuarto.


Dejé las valijas y fui directo a la ventana. Moscú se extendía abajo, blanca y hostil. A lo lejos se veía la pista del Palacio de Hielo Krylatskoye, donde en 48 horas empezaba mi contrato.


Patinaje artístico profesional. El sueño que tuve desde los 6 años. El sueño que Facu casi me hace abandonar 3 veces porque "viajar sola es de irresponsable" y "a los 20 tenés que pensar en formar una familia".


Estaba tan harta de los "cuidate" y los "yo sé lo que es mejor para vos" que casi lloré cuando sonó el timbre.


Abrí la puerta.


Era una mujer de mi edad, maybe dos años más. Rubia platinada, ojos celestes que parecían tallados en el mismo hielo de afuera, y una campera negra que costaba más que mi sueldo de 3 meses.


Me miró de arriba abajo. Sin sonreír.

"Vos debés ser Petrova." Su español era perfecto, con un acento ruso que arrastraba las R. "Soy Morgan Volkova."


La Morgan Volkova. La estrella rusa. Medalla de oro en Beijing. La mina que aparecía en todas las publicidades de patines Edea que yo pegaba en mi carpeta del secundario.


Y era mi compañera de cuarto.


"Yo... sí. Alex. Alex Petrova", tartamudeé. "No sabía que..."


"Que íbamos a compartir depto", terminó ella por mí. Entró sin esperar invitación y cerró la puerta con el pie. Dejó caer un par de patines profesionales sobre la mesa. "La productora lo arregló así. Ahorran costos. Bienvenida a Rusia."


Fue a la cocina, abrió la heladera vacía, la cerró de un golpe.


"¿Comiste?"


"En el avión."


Morgan asintió una vez. Sacó su celular, tipeó algo rápido. "Viene comida en 20 minutos. Y mañana a las 7 AM en la pista. No llegues tarde. Odio la impuntualidad."


Se metió a la única habitación y cerró la puerta.


Así nomás. Sin "gusto en conocerte", sin "cómo fue tu viaje".


Me quedé parada en el medio del living, con las valijas sin desarmar y el corazón latiéndome en la garganta. Esto no era el cuento de hadas que imaginé a los 15.


Mi celular vibró otra vez.

*Facundo:* _¿Por qué no respondés? ¿Ya estás con gente rara?_


Apagué el teléfono. Por primera vez en 2 años.


---


A las 6:30 AM el frío me despertó antes que la alarma.


Morgan ya estaba vestida: calzas térmicas negras, buzo cuello alto, el pelo atado en un rodete perfecto. Tomaba café parada junto a la ventana, mirando Moscú como si fuera de ella.


"Tenés 10 minutos", dijo sin girarse. "La combi pasa a las 6:50."


Me cambié a las apuradas. El cuerpo me dolía del viaje y de los nervios. En el espejo del baño me vi la cara: ojeras, labios partidos por el frío, y una expresión que no reconocía. ¿Cuándo fue la última vez que hice algo sin pedir permiso?


La combi nos llevó al Palacio de Hielo. Gigante, imponente, con fotos de campeones olímpicos en las paredes. Mi nombre no estaba ahí. Todavía.


Adentro, la pista era un lago perfecto de hielo espejado. Y en el centro, esperándonos, había una mujer de 40 años con cara de haber comido limones toda la vida.


"Soy Sam", dijo en español porteño. "Manager de Alex por contrato. Hace 4 años."


Morgan levantó una ceja. "No me dijeron que Petrova tenía manager argentina."


"Porque no lo tiene", escupí antes de poder frenarme. "Sam trabajó con la productora. Ya no."


La oficina olía a café viejo y ansiedad. Sam golpeó la mesa.


"¡Tenés 20, Alex! No podés decidir esto sola en Moscú. Facu me llamó. Está preocupado."


Ahí estaba. Facundo moviendo los hilos desde 13 mil kilómetros.


Alex cruzó los brazos. Estaba harta de que la trataran como si tuviera 15. Harta de los "cuidate" y los "yo sé lo que es mejor para vos". Harta de que todos decidieran mi vida menos yo.


Fue cuando la puerta se abrió. Morgan, traje deportivo impecable, ni una gota de transpiración pese al frío.


"Disculpá, ¿vos sos su niñera o su manager?", dijo mirando a Sam sin pestañear. Su voz era calma, pero había hielo picado en cada palabra.


Sam se quedó muda. Yo casi me río.


"Soy su ex-manager", escupió Sam al final. "Y su productora me pidió que la acompañe la primera semana. Facundo también."


"Bueno", Morgan dejó su bolso sobre una silla y me tendió la mano. No a Sam. A mí. "Soy Morgan Volkova. La productora me asignó como tu compañera para la temporada en Rusia. Un gusto."


Le di la mano. Tenía los dedos fríos, pero el agarre era firme. Seguro.


"El gusto es mío", dije, y por primera vez en meses sentí que alguien me miraba como a una adulta. No como a la novia de. No como a la nena que hay que cuidar. Como a Alex Petrova, patinadora.


Sam abrió la boca para decir algo. Morgan la cortó.


"La reunión terminó. Alex y yo tenemos pista en 10 minutos. Si la productora necesita algo, que me llame a mí. Ahora soy su contacto acá."


Salimos de la oficina. Sam se quedó adentro, roja de furia, tipeando en el celular. Seguro a Facundo.


Caminamos en silencio por el pasillo hacia la pista. El eco de nuestros patines en el bolso era lo único que se escuchaba.


"Gracias", murmuré.


Morgan no me miró. Se puso los auriculares. "No me agradezcas. No soporto a la gente que no deja que otros respiren. Te van a comer viva acá si no ponés límites."


Se adelantó y empujó las puertas de la pista. El aire helado me golpeó la cara.


"¿Primera vez en hielo olímpico?", preguntó por arriba del hombro.


Asentí.


Una media sonrisa, la primera que le veía. "Entonces no te caigas. Odio hacer equipo con gente que se cae."


Y patinó hacia el centro de la pista, sola, como si el mundo le perteneciera.


Me quedé en la entrada, con el bolso en la mano y el corazón en la garganta.


Moscú. 20 años. Sin Facundo. Sin Sam. Con Morgan Volkova como compañera de cuarto, de pista y, aparentemente, de guerra.


Mi celular vibró en el bolsillo. Lo saqué.

*Facundo:* _Sam me contó todo. Te volvés en el primer vuelo. Esto no es lo que acordamos._


Miré a Morgan en el centro de la pista. Haciendo un triple axel perfecto como si respirar fuera. Miré el hielo. Mi hielo.


Apagué el celular.


Y por primera vez, pisé la pista sin pedir permiso.


---






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