Capitulo 1: Sombra
Me moví como una rata entre la gente. No es como si no pudiera intuir qué me buscaban en la multitud. de todas formas no pasaba tan desapercibido. apestaba a mugre, tenia el cabello largo y oscuro, sin tatuajes. con una estatura promedio de un metro setentaiocho. Estaba en problemas, y el castigo que me impuso el Cielo fue quitarme mis poderes. ¿Qué se puede esperar del dios caído que perdió su propósito, el que mendigaba atención? Me dignaba a meterme en problemas… y este, lo admito, lo era. Uno incómodo.
Robé droga. Fue un encargo por ende obviamente no era para mi.
Choqué con un tipo corpulento y caí al suelo de espaldas. Perdí algo de aire, pero intenté incorporarme. Ya era tarde. El grandote venía con ellos. me agarro del cuello de inmediato inmovilizándome mientras sus 2 compañeros se me tiraban encima. la gente solo aparto la mirada, nadie se arriesgaría a salvar a una persona en esta situación y mucho menos a un pordiosero .
Me agarraron, me vendaron y me llevaron a una fábrica abandonada a las orillas del río. Esta misma estaba muy deteriorada, charcos de agua por todos lados, una escalera que llevaba al segundo piso en un esta tan pésimo que le faltaba una muesca. como si alguien hambriento le hubiera mandado un gran mordisco. la mayoría de los vidrios estaban rotos, no estaban al nivel de uno, se encontraban en la parte lateral lo mas alto posible casi tocando el techo, 2 ventanas por lado. el vientos silbaba crudamente. si tuviera caña tendría escalofríos. entraba lluvia, En esta ciudad siempre llueve…
—Te daré la oportunidad de defenderme entre todos nosotros, pordiosero. Si sobrevives a todos, te dejaremos escapar —dijo, mientras me apuntaba con un cuchillo en una postura muy relajada el lider de ellos... como odio a los rubios.
Bueno, todos tenían cuchillos. Excepto yo.
El sentido común habría dicho que lo mejor era dejar que me apuñalaran, pero hay que admitir que el sentido común no funciona en nosotros ¿verdad?.
Dos a la derecha, tres al frente y otro al costado. De cierta manera, estaban bastante organizados.
Los más débiles estaban al centro, excepto uno corpulento entre los tres del frente. Los más fuertes estaban a los costados.
Golpear a los débiles no serviría de nada: tendrían el respaldo inmediato de los grandes.
Por instinto, ataqué sin piedad alguna. El más grande, el del borde izquierdo.
Esquivé su tajo con el cuchillo —iba de arriba hacia abajo—. Me rozó el cuerpo, pero no me lastimó en absoluto.
Golpeé su axila, directo al plexo braquial. Fue un reflejo automático: soltó el cuchillo.
Lo agarré con fuerza y, sin pensarlo, lo enterré en su yugular. Su gran cuerpo dio una contracción muscular como si un destello de corriente le pasara del cuello al cerebro y del cerebro al corazón. no puedo analizar mas, presta atención.
Cambié el agarre, filo hacia afuera, apuntando hacia abajo, y adopté una postura defensiva. venía el ataque del compañero que estaba justo al lado del que acababa de matar. su ataque venia con rabia, estaba apretando los dientes y se le tensaba la mandíbula... basta, tengo que poner atención.
Se veían sumamente desestabilizados, quizás por el shock de perder al compañero más alto y corpulento. Aunque este tenía una variante de ataque distinta: me atacó con una finta. Esperó mi reacción defensiva para lanzar su verdadero golpe.
Lo leí con más tiempo de lo que él creía. Fingí la defensa y, en su ventana de ataque, lancé el cuchillo directo a su nariz, apuntando al hueso. Agarre mi cuchillo que rebotó con su nariz, fui por su cuchillo. Sorprendentemente, en vez de soltarlo por reflejo, lo apretó más fuerte.
—Felicidades por no soltarlo, pequeña mierda—le dije con burla — ¿Puedes ser útil para apretar el cuchillo pero para no evitar que lo matara?
Cambié el agarre y le enterré el cuchillo como pude en el pulgar y el dedo central donde perdió totalmente el agarre de aquel cuchillo. tanto por le perdida de ambos dedos y de lo que quedo del dedo con el que apunta ya que estaba de paso. le arrebate el cuchillo fácilmente. podía ver como sus ojos se dilataban y como sus tendones intentaban moverse entre los músculos como si la el dedo que no estaba conectado aun existier... concéntrate.
Finalmente los tenía. Ambos cuchillos. Uno en cada mano. El demonio estaba suelto. No hubo tiempo para la celebración. El siguiente vino gritando, cuchillo en mano, como si el ruido le diera ventaja. Pobre idiota.
Me agaché bajo su embestida y lo recibí con el filo al muslo. No gritó, pero sus piernas dejaron de sostenerlo. Otra vez esa molesta reacción de apretar los dientes intentado levantarse a toda costa. Cayó, y antes de que tocara el suelo, le corté el cuello de lado a lado.
El cuarto quiso ser más inteligente: se mantuvo atrás, esperando la oportunidad. Error. Me lancé hacia él sin avisar, cuchillo derecho al estómago. No fue un corte. Fue una entrada limpia, profunda, hasta la empuñadura.
Le vi los ojos romperse. Cinco. Faltaba uno.
El penúltimo se me lanzó, pero usé el cuerpo de su compañero muerto como escudo. Titubeó se quebró alternando entre la tristeza de ver el cuerpo inerte de su compañero sostenido por mi a la Furia por ver el causante usarlo de escudo. El último, el que quedaba, me lanzó su cuchillo a la pierna. No falló.
El penúltimo, al ver que me habían herido, se abalanzó sin miedo alguno. Fue tan directo que dejó la defensa baja. Le atravesé el cuchillo en la base del cuello. Cayó muerto. Fue una muerte rápida. Merecida por su valor. analice su mirada antes de irse...
Consternado el "Líder" por ver a todos sus amigos muertos, se lanzó, pero esta vez con un arma de fuego por estar analizando baje la guardia.. me alcanzó el hombro. Ardió. Mucho. Pude desviar 3 balas restantes, Cuando se quedó sin balas, me arrojó el arma. Por puro reflejo, le lancé mi cuchillo. Le dio en el muslo derecho, por la parte trasera. Cayó de rodillas. Me acerqué cojeando lentamente. Él se sacó el cuchillo de la pierna y se lo presionó con fuerza, sangrando en exceso.
Exagerado. Tenía la misma puñalada que yo. Y una bala en el hombro. También por su culpa. Lo miré con desdén.
—Felicidades. Ahora vas a morir como uno mas de tus compañeros. Líder incompetente.
—Vete a la mierda —escupió con rabia, su único acto de rebeldía ante su asesino.
Se me esbozó una pequeña sonrisa. Ahora venía lo bueno por fin podre analizar con calma la reacción de alguien. Enterré el segundo cuchillo en su otro muslo con fuerza y lo torcí. Lento, sin apuro, con toda la intención. daba pataletas con los brazos intentando golpearme pero su atención estaba mas en su dolor que realmente el poder liberarse de mi.
—Veré cómo doblegó esa rebeldía y esa falta de respeto lentamente… Cada vez que pierdas un litro de sangre, hasta que pierdas todo el tono de vida. — le comente
Enterré el segundo cuchillo que tenia su otro muslo, ahora gritaba y notaba desesperadamente como poco a poco dejaba de sentir las piernas por la perdida de sangre.
— no lograras nada torturándome, de todas formas moriré — dijo con su tono arrogante
— ¿crees que quiero lograr algo? — pregunte — los niños que juegan a aplastar hormigas no esperan lograr nada. Eres un narcotraficante irrelevante al que remplazara el siguiente niño de turno que quiera una vida sencilla arruinando la vida de los demás.
— ha...ha...haz lo que quieras —
Había llegado al límite. Ya no me interesaba seguir jugando. Lo maté rápido. Ya lo había analizado lo suficiente y me había aburrido.
Salí cojeando de la fábrica, Llovía suave aun. Casi en compasión. Fui a la orilla del río. no era un rio con arena, era un rio lleno de piedras y graba gruesa. cerca como a unos 120 metros de distancia había un puente para camiones de carga, siempre que llovía el rio se ponía algo inquieto. Cansado, herido. Quizás… A esperar morir desangrado de una vez.
— La lluvia y el sonido del agua me relajan — pensé en voz alta








