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Las Últimas Luces de la Bahía

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Summary

Entre jornadas agotadoras, problemas familiares y recuerdos que todavía le queman el corazón, aceptar una simple salida al arcade parecía una buena idea... hasta que apareció Kai Jensen, el chico ligado al peor momento de su pasado. Lo que debía ser una noche común termina convirtiéndose en algo imposible cuando una extraña máquina arcade las arrastra a ella y a Laia a un mundo desconocido, donde ya no son humanas y donde las reglas parecen sacadas de un videojuego. Ahora, atrapadas en un lugar lleno de misterios, criaturas y secretos, Kurumi deberá decidir si seguirá huyendo de su dolor... o si finalmente enfrentará aquello que la destruyó.

Genre
Fantasy
Author
Joshua
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

Cap 1: Un Día Inusual

Bajo los rayos del sol de la mañana una chica deslumbraba en la ciudad. Quizás era su cabello blanco, tal vez por su ropa que vestía o por su belleza…

Pero no, era porque iba a toda prisa camino a su trabajo.

—Primera—jadeo sintiendo el sudor bajar por su frente con la respiración aceleraba.

—Y última vez, Jah, que me duermo en el autobús— exclamó mientras sentía su corazón latir con fuerza por el maratón que se había hecho tras correr.

Tras unos minutos aquella joven logró llegar a su destino, tarde, pero al menos llegó.

Frente a ella tenía un reloj que marcaba su entrada, se acercó sin perder más el tiempo y marcó su huella para luego ir a su área profesional.

En los pasillos se podían escuchar los pasos de tacones resonando en el piso junto a esa frescura en las paredes gracias al aire acondicionado que refrescaba a la gente.

Algunos de los trabajadores tenían ojeras visibles bajo sus párpados y con esas caras de aburrimiento que daban sueño de tan solo mirarlas.

La chica se acercó hacía su casillero en donde se quitó sus accesorios uno a uno con cuidado de no dañarlos y los guardó junto con sus pertenencias.

La peli-blanca caminó hasta el CAE, área profesional en la especialización de industria médica. Para su buena —o mala suerte— no había nadie ahí, solamente una persona que salió a tomar agua en la zona limpia del CAE.

—No sabía que se podía llegar a la hora de salida, Kurumi— dijo este de espaldas aún tomando su cono de papel el cual ya estaba medio vacío de agua.

—Que chistosito andas hoy, Rick— dijo la peli-blanca mientras se ponía su equipo especial para entrar a la zona limpia del CAE— Pero no me sorprende viniendo de tí.

—Ay, perdón su alteza por no ser un limón agrio— dijo este arrugando su cono de papel y desechándolo en su basurero respectivo.

Kurumi sonrió apenas ante ese comentario, aunque desaprobándolo moviendo de lado a lado su cabeza mientras se ponía su cubrezapatos.

—Por cierto, Kurumi. ¿Por qué has estado desanimada en estos días?— preguntó Rick mientras se lavaba las manos para ponerse sus guantes.

—Por una tontería—respondió ella frunciendo apenas el ceño.

Tras unos segundos de silencio de repente Kurumi volvió a hablar, esta vez con un tono frustrado.

—Simplemente estoy cansada de la misma rutina de todos los días, aparte que ya sabes cómo es mi familia conmigo—respondió la albina mientras se ponía su gabacha.

—¿Así que solo es eso?— respondió mientras se acomodaba los lentes.

Ella giró su cara mirándolo con los ojos entrecerrados.




—¿Qué quieres decir con “solo es eso”?—cuestionó ofendida con ese tono dramático.

El joven la miró antes de tensar sus hombros «Oh oh,

ahi va a comenzar», pensó mientras veía como ella se cruzaba de brazos.

El chico dudo por un momento antes de soltar un suspiro y añadir:

—¿Te gustaría ir a un arcade? Quizás no solucione tus problemas ni nada, pero al menos hará que salgas de esa rutina.

Ella que se estaba aclarando la garganta para comenzar con su drama rápidamente al escuchar la palabra arcade se animó en seguida.

—Claro que me gustaría ir— respondió con una sonrisita pícara ante tal invitación mientras limpiaba sus lentes especiales para poder entrar al CAE.

—Perfecto— dijo el chico con sus guantes ya puestos y yéndose a echarse alcohol

Sin embargo antes de que pudiera entrar a la puerta del CAE recordó un pequeño pequeñísimo detalle.

—Solo una cosa— añadió girando su cabeza para mirar a Kurumi—. Irán Laia y un amigo que conoció llamado…¿Como se llamaba?—dijo llevando la mano a su menton esperando por una iluminación divina.

Kurumi ladeo la cabeza arqueando una ceja algo confundida.

De repente Rick chasqueó los dedos

—Ya recorde se llama Kai Jensen— dijo por último para luego entrar al CAE sin esperar respuesta alguna.

Kurumi se quedó helada sintiendo como su alma salía de su cuerpo tras escuchar ese nombre que le aborrecía.

Pronto cayó en cuenta de algo mientras miraba la puerta por donde había ingresado Rick.

Ella ya había aceptado la salida al arcade.

«¿¡Desde cuándo Kai pertenece a mi grupo de amigos!?» pensó apretando el puño «¿Acaso no le bastó que su grupo me haya humillado esa noche?»

El látex del guante pronto empezó a estirarse demasiado amenazando con romperse.

«Sino que viene a meterse entre mis amistades para perjudicarme más...»

Y sin darse cuenta lo inesperado pasó rompió el guante que se estaba poniendo por el enojo y pensamientos que estaba teniendo.

Kurumi se dió cuenta, antes de soltar un suspiro fuerte para poder calmarse aunque sea un poco, botó el guante y se puso otro.

Se hechó alcohol y se dispuso a entrar a su laburo, el CAE.

Mientras tanto en otra parte de la ciudad en otra empresa médica...

Un guardia de seguridad caminaba de lado a lado dentro de las instalaciones del lugar, revisando que todo estuviera en orden y atento a cualquier indicación de su Walkie talkie.

«Tss, no tuve que aceptar esa salida. Si no mal recuerdo Laia es amiga de Kurumi» pensó para sí mismo mientras se mordía una uña

«¿Cómo no me di cuenta antes de aceptar esta salida?» pensó distraído mientras caminaba por los pasillos.

«Ojalá no la haya invitado, sino estaré aguantando berrinches y reclamos» pensó nuevamente teniendo una pizca de esperanza

No quería enfrentarse con su pasado una vez más.

Pasaron unas buenas horas y de pronto el walkie talkie empezó a emitir una voz grave.

—Reunión general. Todos en el auditorio—

Es todo lo que dijo para luego apagarse.

—Ja, genial— exclamó para luego dirigirse con pereza a aquella reunión.

La puerta del lugar abriéndose de golpe. Una habitación bastante grande en la que podía sentarse fácilmente 90 personas.

Habían 40 guardias sentados en las sillas de adelante.

—Buenas noticias para ustedes, muchachos— dijo el jefe sosteniendo sus respectivas hojas.

—Hay bastante personal nuevo para sus puestos por lo que requiere entrenamiento— se acomodó los lentes mientras veía el papeleo.

—Solo los entrenadores se quedan, el resto sale dentro de una hora— La mayoría de guardias se alegraron, solo algunos cuantos no lo hicieron...

Kai aún no podía creer que su hora de laburo había finalizado.

«Es mi oportunidad para hablar con Laia, aunque tengo que esperar su hora de salida» pensó mientras veía el reloj que yacía en la pared del auditorio.

El jefe dió unas cuántas noticias más para luego finalizar la reunión. Era el fin del día para muchos.

Kai salió, miró el espejo de vigilancia en el techo que advertía si venía una persona en los pasillos que no podía ver.

No había nadie, así que giró sin la preocupación de chocar con alguien.

Después de unos minutos, Kai llegó a su locker.

Sacó sus cosas y su dispositivo electrónico. Su red social llena de mensajes, pero solo le interesaba un chat.

—Hey, Laia.

—¿Estás libre hoy antes de ir al arcade?

Escribió y preguntó con la esperanza de llenar sus dudas con respuestas.

–Mmh, creo que sí.

—¿Por qué preguntas?

Una notificación que llamó de inmediato la atención de Kai.

—Es que... hoy me dejaron salir temprano del trabajo y me preguntaba si quisieras salir a tomar algo— respondió de vuelta por el chat de Laia.

—Oh, ¿qué te parece si vamos a la cafetería que está en frente?

—Salgo en una hora.

Respondió la peli-castaña aceptando la petición del jóven Kai.

—Te espero en el B56.

Escribió esta a lo último. Kai aceptó, pero Laia había apagado su internet. Mensaje no recibido.

Tocaba esperar la hora acordada.

————————————————–———————

Tras las horas transcurridas en la anterior empresa médica...

Se encontraba Kurumi haciendo el procedimiento requerido por el MP para hacer bien su respectiva operación.

Los catéters, piezas médicas que se fabrican en la empresa para salvar a las personas que sufren del corazón.

Pasaban una por una por un objeto llamado árbol que sirve para acumular catéters para que la persona vaya haciendo los catéters uno por uno y pasarlo al siguiente árbol con su respectiva operación.

—Kurumi, necesito que me limpies estas tarjetas— dijo la líder del CAE

Kurumi volteó y vió las tarjetas llenas de firmas de operaciones de lotes pasados.

—¿Tengo que ser yo quien lo haga?— preguntó con confusión ante la petición—digo, estoy en mi operación.

Kurumi con duda, ya que tenía trabajo por hacer.

—Eres la última operación, además que la operación Electrical Connect está haciendo despeje de línea, no te llegarán cáteters por ahora.

La líder extendió una vez más la bolsa con las tarjetas. Kurumi sin más opción tomó la bolsa y la puso sobre la mesa.

—En un momento te las traigo limpias, Crislay— respondió Kurumi para finalizar la conversación, no muy alegre, pero no podía quejarse.

Un suspiro largo salió de sus labios.

«No puedo limpiarlas aquí, mancharé la mesa de mi equipo» pensó para luego tomar la bolsa y sentarse en otra mesa en la que no había operación disponible, una mesa completamente vacía.

A la par de ella, una señora de no más de 45 años quien también limpiaba tarjetas con un papel y alcohol.

Kurumi no se dió cuenta de su existencia. A diferencia de ella, la señora limpiaba, pero tenía que contar 75 tarjetas para guardarlas en la bolsa nueva.

«Puff, como me cae mal esa albina. No le diré que hay que hacer juegos de 75 para que las entregue incompletas» pensó de forma maliciosa «es más, le robaré algunas cuando se distraiga».

Después de 17 minutos Kurumi salió del CAE para ir al baño. La señora miro ambos lados, incluso atrás y robó algunas tarjetas ya limpias.

No solo le bastó con eso, sino que remplazó las tarjetas limpias de Kurumi por las sucias que tenía ella.

Pasaron 8 minutos. La puerta del CAE abriéndose nuevamente. Unos ojos maliciosos esperando a que diera resultado su maldad.

Kurumi antes de sentarse vio quien estaba a su lado.

«¿Astrid? No sabía que estaba aquí», pensó tratando de no estresarse más por agradable sorpresa.

Kurumi siguió limpiando las tarjetas que le faltaban. Terminó y las recogió, pero cuando miró del otro lado de las tarjetas miró que estaban firmadas, les faltaba limpiarse.

—Uh...— Extrañada por tal detalle «Estas ya las había limpiado, ¿por qué siguen sucias?», exclamó pensando mientras pasaba las tarjetas una por una viendo que estaban sucias aún.

Kurumi notó que tenía menos limpias, que casualidad.

«¿Estoy quedando loca? ¿Por qué pienso que...», su pregunta cortada por la sospecha de alguien.

Kurumi volteó hacia la señora con el ceño fruncido.

«Astrid», fue el nombre que sonó en su cabeza. Su paciencia empezándose a agotar.

Kurumi lanzó una mirada discreta hacia la mesa de Astrid. Dudando si realmente tendría tarjetas limpias de más.

Su mente alborotada por pensamientos negativos. Aunque un largo suspiro cálido que la tranquilizó en el momento.

Tomó las tarjetas sucias y con un trago amargo de saliva se dispuso a limpiarlas.

—¿Qué?— se escuchó una voz al otro lado de ella. Kurumi miró de golpe— ¿por qué te castigaron esta vez?

Era Rick, quien con tono burlón molestó a la albina.

—Tss, no estoy castigada— respondió con media sonrisa. El enojo se había disipado al momento— o no por lo que sé.

Los 2 rieron y se sonrieron entre sí. El papel deslizándose suavemente ahora por la tarjeta, la maldad no triunfó esta vez.

—¿Qué haces aquí, Rick?— preguntó la peli-blanca con curiosidad— ¿no tienes que estar en tu operación?

Los ojos cafés mirando nuevamente al chico que alegraba sus horas laborales.

—Ahh, bueno. No hay producción por ahora y te ví aquí solita— respondió con su cabeza arrecostada sobre su mano.

Kurumi volviendo a limpiar las tarjetas.

—Comprendo— dijo esta con una sonrisa que apenas se notaba.

Rick mirando las tarjetas en la mesa. Vio bastante trabajo que hacer para ella.

—¿Quieres que te ayude?— preguntó el peli-amarillo tomando una de las tarjetas sin limpiar.

—Puedo sola— respondió acordándose de lo sucedido.

Kurumi había vuelto a tener su rostro serio y apagado. Rick notó un presentimiento negativo en ella.

—¿Te sucedió algo?— preguntó el chico con sospecha. Nunca soltó la tarjeta de su mano.

La albina se detuvo de golpe. Ignoró su pregunta.

—¿Puedo preguntarte algo?— dijo la chica tratando de no mirarlo.

—¿De qué se trata?— respondió mientras tomaba un papel y alcohol. La tinta de la tarjeta esfumándose enseguida.

—Sobre ese tal Kai... ¿Sábes cómo es fisicamente?— preguntó con nervios para luego seguir borrando las firmas.

—Mmh, solo sé que es un chico alto peli-negro— respondió tratando de pensar si se acordaba de algo más.

«¿Peli-negro?», pensó la albina, «quizás sea otro Kai», con mucho alivio soltando un suspiro en el momento.

Rick sospechó de tal suspiro.

—No me digas que quieres novio— dijo en tono burlón tratando de mantener la compostura.

Un quejido escapó de los labios del chico. Kurumi lo golpeó fuerte en la cabeza.

—Genial, ya contaminé mis guantes contigo— dijo la albina levantándose de su asiento para salir del CAE a cambiárselos.

—Que ruda es a veces— susurró con una pequeña sonrisa para luego ponerse a limpiar tarjetas nuevamente.

————————————————————————

Una hora después con la operaria...

Laia caminaba por el pasillo repleto de personas. Filas muy largas para marcar su fin de turno en el marcador kronos.

«Hay un marcador cerca del B56, espero no haya mucha fila», pensó apresurando su paso sin tan siquiera ver los espejos de seguridad del techo.

Las personas tapaban su paso, incluso casi llegando a chocar con alguien.

Laia llegó al fin del pasillo, donde cruzó mirada con Kai, pero antes de ir marcó su huella en el marcador kronos y finalizó su turno.

—Hola, Kai— saludó la peli-café con una sonrisa— perdón por la tardanza.

—No, no. Tranquila— respondió avergonzado por haberla hecho correr— ¿vamos?

Kai tomó la baranda de la puerta para abrirla, solo que se le olvidó el detalle que era automática.

La puerta de cristal arrastró a Kai. Una escena chistosa para Laia.

—Que caballeroso de tu parte, Kai— dijo pasando con tono burlón y saliendo de aquella empresa médica.

El peli-negro con las mejillas rojas recomponiendo la compostura rapidamente aún sosteniendo la baranda.

—No hay de qué— sosteniendo el undervisor de su gorra de seguridad con una cara seria.

Abrió uno de sus ojos y vio que la dama ya había pasado, así que era hora de ir también.

Los minutos pasaban, los 2 chicos conversaban y caminaban por la tranquila ciudad.

—Laia, ¿puedo preguntarte algo?— dijo este con un poco de nervios—

Laia lo miró de reojo.

—Pués, claro— respondió la chica volteándolo a ver—

Kai aclaró su garganta.

—¿Conoces a una chica llamada Kurumi?— preguntó sin poder mirarla directamente mostrándose sereno ante la situación.

—¿La chica albina? —preguntó retoricamente— no la conozco a fondo, supongo que Rick sabe más de ella.

Laia elevando sospecha con varias preguntas en su cabeza.

—¿Por qué la pregunta?— preguntó con duda— ¿la conoces?

«¿Albina?», esa palabra resonó en su cabeza— «quizás no sea en la Kurumi que pienso».

—¿Kai?...¿Kai?... KAI— la peli-café un poco preocupada por la desconexión de su amigo.

El chico la miró asustado.

—¿Qué pasó?— respondió confundido por su reacción.

—Te quedaste congelado mientras hablabamos— expresó con rostro hastiado

—Oh, ahh— rascándose la nuca con las mejillas rojas— lo siento.

—¿Sucedió algo con ella?— preguntó la chica con curiosidad.

—No, no te preocupes— respondió con una sonrisa apenada— solo una confusión en mi mente.

Laia un poco extrañada por su repentino comportamiento. Aunque confiando en sus palabras, quizás solo sea una confusión.

—Está bien. Ella también irá, así que espero no haya algún problema— dijo esta mirando de frente otra vez.

Kai escuchó, pero no respondió más acerca del tema.

Los dos siguieron hablando rumbo a su destino. Esta vez reían, la incomodidad ya había pasado.

Tras unas horas Kai y Laia habían comido en una cafetería muy buena del lugar. Raramente un poco vacía.

Con el simple hecho que a Laia no le gustaba el café. Kai pagó la comida de los dos, que inesperado...

Ambos salieron de la cafetería, rumbo ya al arcade. Ya eran las 7 p.m.

—De verdad Kai, no hacía falta que pagaras mi comida— dijo esta avergonzada por tal acto.

—Yo te invité, era justo— respondió este de forma serena y con su tono serio de siempre.

—Vamos, tengo mi vehículo en el parqueo. Nada más dime dónde está el Arcade— dijo este mirándola para ver su expresión.

————————————————————————

—¿En serio me llevarás en tu carro?— preguntó otra chica al otro lado de la ciudad.

—Pués claro. No dejaré que vayas en autobús esta vez— respondió el rubio con su tono burlón de siempre.

Kurumi sonrió y se acercó al vehículo. Un color negro precioso rechinaba bajo los ojos de ámbos.

La noche cayendo fuertemente sobre todos. Fuertes luces en la pista eran las que se veían. Rotulos neón se empezaban a ver sobre la ciudad, pero uno que destacaba, el Arcade.

Los dos autos llegando al mismo tiempo al parqueo, un carro blanco y el otro negro. Ámbos parqueándose al mismo tiempo.

Kai salió de su vehículo después de Laia. Kurumi saliendo al mismo tiempo que él esperando a que Rick saliera del vehículo.

Kai se quedó atónito cuando la vio. No se parecía nada a la Kurumi que perjudicó en el pasado, era otra en aspecto físico.

Se quedó un rato mirándola, Kurumi lo notó 9 segundos después. El chico apartó la mirada rapidamente y cerró con llave el vehículo para disimular.

Kurumi se quedó en duda si el chico al que estaba viendo era realmente su agresor. No parecía ante sus ojos por su nuevo físico.

Todos se acercaron a la entrada del arcade. Ya todos reconociéndose desde lejos.

—Hola, Rick— saludó Laia con una sonrisa.

—Laia, que gusto verte— saludó de vuelta el peli-amarillo con una sonrisa también.

—Este es el chico del que te hablaba— dijo presentándo al individuo al lado suyo.

—Mucho gusto, ahh, Kai ¿verdad?— respondió el rubio ofreciendo su mano para estrecharla.

—Sí, un placer, Rick— estrechándo su mano con la del otro chico. Sereno como siempre.

—Ah sí. Kai, ella es Kurumi— dijo presentándo a la chica albina.

La peli-blanca sin decir ni una palabra. Una situación realmente incómoda para ella.

La chica mirándolo por unos segundos para saludarlo por cortesía, pero sin interacción alguna y apartando su mirada de él.

El peli-negro haciendo lo mismo, pero mirando extrañado a Laia y Rick por su interacción tan seca, por algo será...

—Pérdonala, es un poco tímida con chicos atractivos— dijo este con una risa burlona.

La felicidad no le duró mucho ya que se estaba sobando la cabeza por el golpe de la albina.

Kurumi aclaró su garganta y decidió tomar el timón.

—Vamos— dijo mientras caminaba hacia la entrada del arcade, siendo seguida por Laia y Rick. Kai fue el último en entrar.

Una sala gigantezca llena de máquinas recreativas con luces neón por todos lados. Gente jugando, niños corriendo de máquina en máquina.

Una piscina de bolas en una esquina con su respectiva estructura jugable.

Todos pagaron sus entradas. Laia y Rick se divertían jugando a no más poder.


No se podía decir mucho de Kai y Kurumi. Los dos con pensamientos pesados, atados al pasado.

Rick a veces jugando con Kurumi. Laia jugando con Kai. Pero cuando tocaba inverso la felicidad no era la misma.

Kai era competitivo. Jugaba con la albina en el puck it. La chica ni siquiera mirando dejándose ganar por Kai.

«Sabía que no tenía que haber venido», pensó el peli-negro.

El chico mirándola discretamente.

«¿Cómo... ah cambiado tanto en físico en un año?», pensó nuevamente con un leve sonrojo.

Kurumi sacó el disco de la máquina y lo tiró. Kai perdido en sus pensamientos no se dió cuenta del disco. Punto para Kurumi.

«¿Por qué...?», la peli-blanca sin tener silencio mental, «¿¡por qué tengo que fingir que estoy bien cuando no lo estoy!?»

La mente de la albina alborotándose en un momento, el disco anotando en la portería de ella. Punto para Kai.

Es como si se congelara el tiempo para ella. Las risas que se burlaban en su cabeza, los rostros conocidos que la perjudicaron en su conciencia, una jóven que fue buena con todos y... ¿qué hacieron?, ᴰᴱₛᴾᵣᴱᶜᴵₐᴿₗᴬ

Una voz calmando la tormenta.

—Kurumi, ¿estás bien?— era Rick. Su comportamiento poco habitual llamó su atención.

La albina viendolo inmediatamente fingiendo su inquietud.

—Oye, si no te gusta el Arcade pudiste habermelo dicho— dijo este dejándo su juego para acercarse a ella.

—No, e-estoy bien— respondió esta con nervios, un sentimiento que no podía controlar— necesito un momento a solas.

Sin esperar respuesta esta se fue a una esquina del arcade, una habitación en la que no había nadie ni nadie la veía.

Abrumada por los recuerdos del pasado, un pesar en su cabeza. Kurumi no aguantó y sollozó.

Duró un buen rato así. Una luz apareciendo de la nada enfrente de ella en aquella habitación oscura.

Era una máquina de arcade, pero era diferente. Su pantalla era blanca, no tenía decoraciones ni luces neón.

La albina se acercó dudosa por aquella máquina. Un mensaje de pronto apareció en su pantalla.

—¡ᕼOᒪᗩ ᒍᑌGᗩᗪOᖇ/ᗩ!

ᑭᖇEᔕIOᑎᗩ ᑕᑌᗩᒪᑫᑌIEᖇ ᗷOTóᑎ ᑭᗩᖇᗩ ᑕOᑎTIᑎᑌᗩᖇ— era el mensaje que aparecía en su pantalla.

Kurumi dudo por un momento, pero decidió interactuar con la máquina.

Apareció una pantalla de carga para luego apagarse, duró así unos buenos segundos.

«Quizás esté descompuesta», pensó secándose una lágrima y con su otra mano decidió tocar el mismo botón.

Derrepente la máquina se encendió, pero con otro mensaje.

ᔕIEᑎTEᔕ ᗩᖇᗪOᖇ Eᑎ Tᑌ ᑕOᖇᗩᘔóᑎ.

Kurumi se sorprendió por tal mensaje, sentía un sentimiento desconocido.

ᔕé ᑭOᖇ ᒪO ᑫᑌE ᑭᗩᔕᗩᔕTE...

La albina retrocedió con miedo ante esa máquina.

ᑎEᑕEᔕITO ᑫᑌE ᑕOᑎᖴíEᔕ Eᑎ ᗰí.

«¿Estoy quedando paranoica?», sintiendo miedo en aquella habitación oscura «¿¡por qué esa máquina me está hablando!?

Kurumi viendo el mensaje, confíar en quién se preguntaba.

La máquina se apagó nuevamente y tras 4 segundos volvió a encender.

¡ᕼOᒪᗩ ᒍᑌGᗩᗪOᖇ/ᗩ!

ᑭᖇEᔕIOᑎᗩ ᑕᑌᗩᒪᑫᑌIEᖇ ᗷOTóᑎ ᑭᗩᖇᗩ ᑕOᑎTIᑎᑌᗩᖇ.

Era el mismo mensaje. La albina con un poco miedo dio un largo suspiro y con coraje se acercó. Presionó el mismo botón y...

————————————————————————

Unos minutos atrás estaban Laia y Rick preocupados por el estado de Kurumi. Kai se sentía culpable por su pasado y por el trauma que le había causado.

—Han pasado ya varios minutos y no ha regresado— dijo el peli-amarillo mirando a la dirección por donde se fue preocupado por su estado.

Laia vio su preocupación, angustiada por la espera.

—Iré a buscarla y trataré de hablar con ella— dijo la peli-café tocando el hombro de su amigo— no tardaré, mientras habla con Kai.

Fue todo lo que dijo para irse hacia donde se supone que estaba Kurumi.

Rick preocupado solo se quedó con la impotencia de ver como se iba Lai.

La chica caminó por las salas hasta llegar a unas solitarias, buscó y buscó, pero no halló.

Derrepente una fuerte luz emanó de una habitación y un grito proviniendo de ahí.

Laia corrió enseguida y abrió la puerta. Vio una máquina llevándose a Kurumi. La chica corrió de vuelta y trato de jalarla, pero para su suerte la máquina se las llevó a las dos aun mundo desconocido...

La sensación de caída desapareció tan rápido como había comenzado.

Kurumi abrió los ojos lentamente.

Sobre ella se extendía un cielo imposible, cubierto de estrellas brillantes y colores que jamás había visto.

El aire era fresco, y una suave luz plateada bañaba todo el paisaje.

Se incorporó con dificultad.

Frente a ella se alzaba un gigantesco árbol de hojas cristalinas. Sus ramas parecían tocar el firmamento, y alrededor de sus raíces fluía una especie de agua luminosa que reflejaba las estrellas.

—¿Dónde... estoy...?—murmuró.


Continuará...

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