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El alfa y su profesor《CharlieBabe》

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Summary

En el vibrante Bangkok, Babe, un omega y profesor universitario, y Charlie, un joven alfa estudiante, se encuentran por casualidad y descubren que son predestinados. A pesar de las complicaciones de su relación profesor-alumno, ambos deciden explorar el intenso lazo que los une en secreto, enfrentando celos, desafíos y el deseo de construir algo real. Entre momentos de pasión, ternura, risas y crecimiento personal, su historia evoluciona hacia un futuro compartido lleno de amor, complicidad y nuevos comienzos. Una historia Omegaverse romántica, sensual y emotiva sobre el destino, la confianza y el valor de elegir al otro.

Genre
Drama
Author
Vanesa
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

ONE SHOT

El Encuentro del Destino

En las vibrantes luces de un club nocturno en el corazón de Bangkok, el aire estaba cargado de música electrónica y el olor a alcohol y feromonas mezcladas. Babe, un omega de 27 años, había decidido salir después de meses de agotador trabajo como maestro universitario. Su piel blanca y suave, brillaba bajo las luces estroboscópicas, y su cabello negro caía ligeramente desordenado sobre su frente. Vestido con una camisa ajustada que marcaba su figura esbelta, se acercó a la barra y pidió un cóctel fuerte.

Con la bebida en la mano, se giró para volver a su mesa cuando chocó contra un pecho firme. El líquido salpicó ligeramente, pero ninguno se molestó en mirar la mancha.

—Perdón, no te vi.— dijo Babe, levantando la vista.

—Lo siento, culpa mía.— respondió el otro joven, con una voz profunda y cálida.

Sus miradas se encontraron. Los ojos cafés de Babe se dilataron y cambiaron de color en un instante, tornándose en un azul grisáceo brillante, como un océano agitado por la marea. Su lado omega despertó con fuerza, reconociendo al instante al Alfa predestinado que tenía frente a él. Un calor sutil recorrió su cuerpo, y su aroma natural se intensificó, dulce y envolvente.

Los ojos del joven frente a él, que eran oscuros, se volvieron de un rojo carmesí intenso. Su lado Alfa emergió con posesividad, respondiendo al llamado del omega. Charlie, de 23 años, estudiante universitario, sintió un tirón en el pecho. Su piel blanca contrastaba con la camisa negra que llevaba, y su cabello negro estaba peinado hacia atrás con estilo casual. Era alto, de complexión atlética pero no exagerada, y su aroma a madera y especias invadía el espacio entre ellos.

Ambos sabían exactamente qué significaba eso. Eran predestinados.

Charlie se quedó maravillado, observándolo con detenimiento.

—Eres...increíblemente bello.— murmuró, casi sin aliento.— Nunca había visto a alguien como tú.

Babe sintió un rubor subir por sus mejillas, pero sonrió con timidez, su corazón latiendo con fuerza.

—Tú tampoco estás nada mal. Ese rojo en tus ojos...es por mí, ¿verdad?

Charlie asintió lentamente, extendiendo una mano para estabilizarlo por el codo con gentileza. El contacto envió una chispa eléctrica a través de ambos.

—Sí. Mi Alfa te reconoció al instante. Soy Charlie.

—Babe.— respondió él, sintiendo cómo su omega se calmaba solo con el sonido de esa voz.— Ven, vamos a mi mesa. Podemos...hablar.

Charlie aceptó sin dudar. Se sentaron en un rincón más tranquilo del club, donde la música era un murmullo de fondo. Hablaron durante horas: de la universidad de Charlie, de las clases que Babe impartía, de sus sueños y frustraciones diarias. Sus manos se rozaban de vez en cuando sobre la mesa—un toque accidental que se volvía intencional—, y cada vez que ocurría, Charlie notaba cómo Babe sonreía con suavidad, mordiéndose ligeramente el labio inferior.

—Me gusta cuando haces eso.— confesó Charlie en voz baja, sus ojos aún con ese tono carmesí sutil, pasando el pulgar por el dorso de la mano de Babe.— Tu sonrisa...me hace querer quedarme aquí toda la noche.

Babe rio suavemente, entrelazando sus dedos por un momento.

—Eres peligroso, Charlie. Mi omega no quiere separarse de ti. Pero...es tarde.

Cuando llegó la hora de irse, Babe se levantó y, en un impulso, tomó el rostro de Charlie entre sus manos. Sus labios se encontraron en un beso suave pero cargado de promesa: cálido, lento, con un roce de lenguas que hizo gemir bajo a ambos. El aroma de ambos se mezcló, intensificándose. Charlie respondió con hambre contenida, una mano en la cintura de Babe, atrayéndolo más cerca.

Cuando se separaron, Babe susurró contra sus labios:

—Nos veremos pronto, Alfa mío.

Charlie, aturdido y anhelante, solo pudo asentir. Ese beso lo había marcado. Su Alfa rugía dentro de él, deseando más, reclamando a ese omega como suyo.

Sin embargo, los días siguientes se convirtieron en una tortura silenciosa. Charlie se recriminaba una y otra vez por no haber pedido su número en medio de la euforia del encuentro.

—¿Cómo pude dejarlo ir así?— murmuraba solo en su dormitorio universitario, mirando el techo.— Babe es mi predestinado...y ni siquiera sé dónde encontrarlo.

Babe, por su parte, en su apartamento, sentía el mismo vacío. El recuerdo del toque de Charlie y el cambio en sus ojos lo acompañaba en cada clase, haciendo que su omega se inquietara, esperando el reencuentro inevitable.

El destino, en Bangkok, tenía otros planes para ellos.

El Maestro Predestinado

Era lunes por la mañana en la universidad de Bangkok. El sol entraba por las ventanas del salón de clases, iluminando las filas de asientos ocupados por estudiantes ansiosos.

Charlie llegó temprano, como siempre, pero su expresión era sombría. Llevaba días decaído, reprochándose en silencio no haber conseguido el número de Babe aquella noche en el club. Su Alfa seguía inquieto, anhelando el aroma dulce y envolvente de su omega predestinado. Se sentó en su lugar habitual, cabizbajo, sin prestar mucha atención al anuncio de que hoy llegaría un maestro nuevo para suplir al anterior.

Los demás alumnos ya estaban en sus puestos, murmurando entre sí. Charlie ni siquiera levantó la mirada cuando escuchó los pasos firmes acercándose al frente del salón.

Pero entonces lo sintió: un olor familiar, cálido y adictivo, que invadió sus fosas nasales como una ola. Sus ojos se abrieron de golpe y su cabeza se alzó bruscamente.

Allí estaba. Babe. Su Babe. De pie frente a la clase, cabello negro perfectamente peinado y una camisa formal que marcaba su figura esbelta. Sus ojos cafés recorrieron el salón con profesionalidad, pero se detuvieron un segundo más en Charlie. El reconocimiento fue mutuo e instantáneo. El aroma de Charlie —madera y especias— llegó hasta Babe, haciendo que su omega interno se removiera con fuerza.

Babe actuó con total normalidad, como si no hubiera un lazo predestinado tirando de él.

—Buenos días a todos. Soy el profesor Babe, y estaré reemplazando al profesor anterior por el resto del semestre. Espero que podamos trabajar bien juntos.

La clase comenzó. Charlie se esforzó por mantener la compostura, tomando notas mientras su Alfa rugía por dentro. Babe explicaba el tema con claridad y autoridad, pero varias omegas de la clase miraban a Charlie con admiración y coqueteaban sutilmente: sonrisas, preguntas innecesarias, incluso una que se acercó a su mesa para pedir “aclaraciones”. Un pinchazo de celos y posesividad recorrió el cuerpo de Babe. Su omega se tensó, queriendo marcar territorio, pero se contuvo. Nadie podía sospechar.

Charlie, por su parte, respondía con frialdad a las miradas de sus compañeras, sus ojos carmesí apenas contenidos. Solo tenía ojos para el hombre al frente.

Cuando la clase terminó y los estudiantes empezaron a retirarse para el receso, el salón se vació rápidamente. Todos menos Charlie.

Él se quedó sentado, esperando. Babe guardaba sus cosas en el maletín con movimientos controlados, pero su corazón latía con fuerza.

Charlie se levantó y se acercó al escritorio, deteniéndose a una distancia prudente.

—Con qué nuevo maestro…— dijo en voz baja, con una sonrisa ladeada que no llegaba a ocultar su alivio y deseo.

Babe levantó la vista, fingiendo calma. Agarró el maletín para irse, pero Charlie extendió la mano y lo detuvo suavemente por la muñeca.

El contacto fue eléctrico; ambos sintieron la chispa de las feromonas intensificándose.

—¿No piensas decir nada?— preguntó Charlie, su voz ronca y cargada de anhelo.

Sus ojos ya mostraban un leve tono rojizo.

Babe suspiró, mirando hacia la puerta para asegurarse de que nadie entrara.

—Aquí no, Charlie…Es peligroso. Somos maestro y alumno ahora. Podrían levantar sospechas. Podemos hablar después.

Charlie lo estudió con la mirada, recorriendo su rostro con hambre contenida. Su pulgar acarició discretamente la piel de la muñeca de Babe antes de soltarlo.

—Está bien. Que sea en mi departamento. Esta tarde, después de clases.

Babe dudó solo un segundo, pero su omega ansiaba estar cerca. Asintió.

—De acuerdo. Mándame la dirección por mensaje…Espera, no tienes mi número.— Sacó rápidamente su teléfono y se lo pasó.— Guárdalo. Pero sé discreto.

Charlie guardó su número con rapidez, sus dedos rozando los de Babe al devolver el móvil.

—No pienso perderte de nuevo, profesor.— murmuró con una sonrisa traviesa.— Mi Alfa ha estado insoportable estos días.

Babe contuvo una risa nerviosa, sintiendo el calor subir por su cuello.

—Y mi omega tampoco ha parado de reclamar. Ahora ve al receso antes de que alguien note algo. Nos vemos más tarde, Alfa.

Charlie se retiró con una última mirada intensa, dejando a Babe solo en el salón. El profesor se apoyó en el escritorio un momento, respirando hondo para calmar sus feromonas. El destino los había reunido de la forma más complicada posible, pero ninguno de los dos pensaba resistirse.

La tarde prometía una conversación cargada de tensión, confesiones y el inevitable acercamiento que ambos habían estado anhelando desde aquella noche en el club.

Confesiones en el Sofá

Las clases del lunes terminaron por fin.

Charlie regresó directamente a su departamento en uno de los edificios cercanos a la universidad. Apenas entró, se quitó la mochila y fue directo a ducharse. El agua caliente relajó sus músculos tensos, pero no calmó del todo a su Alfa, que seguía inquieto y anhelante por el reencuentro con Babe. Se vistió con una camiseta negra ajustada y pantalones cómodos, su piel blanca y suave aún ligeramente húmeda, y su cabello negro cayendo en mechones desordenados sobre su frente. Se sentó en el sofá del pequeño pero ordenado living, revisando el teléfono cada pocos minutos.

Pasó casi una hora más —era normal que un profesor saliera más tarde— hasta que escuchó tres golpes suaves en la puerta.

Charlie se levantó de un salto, su corazón latiendo con fuerza. Al abrir, allí estaba Babe, con un cubrebocas negro que ocultaba parte de su rostro para evitar ser reconocido. Sus ojos cafés brillaban con una mezcla de nervios y deseo. Vestía una camisa formal arremangada y pantalones oscuros que acentuaban su figura esbelta.

—Pasa.— dijo Charlie en voz baja, haciéndose a un lado.

Babe entró rápidamente y Charlie cerró la puerta con llave. El aroma del omega invadió el departamento al instante: dulce, cálido y embriagador. Charlie lo siguió hasta el sofá, donde ambos se sentaron uno al lado del otro, dejando solo un pequeño espacio entre ellos.

Charlie habló primero, girándose para mirarlo directamente. Sus ojos ya empezaban a teñirse de ese rojo carmesí característico.

—¿Qué haremos con lo nuestro, Babe? Eres mi profesor…y yo tu alumno. Esto no es sencillo.

Babe suspiró profundamente, quitándose el cubrebocas con cuidado y revelando su rostro completo. Su piel blanca contrastaba con el leve rubor en sus mejillas. Pasó una mano por su cabello negro antes de responder, su voz suave pero decidida:

—Sé que está mal visto…un maestro y un alumno juntos. La universidad no lo aceptaría. Pero realmente no está en mis planes perderte o dejar de verte, Charlie. Quiero estar contigo. Conocernos de verdad, explorar lo que sentimos…y comenzar una relación juntos.

Charlie lo miró con sorpresa genuina. Una sonrisa lenta y brillante surgió en sus labios, haciendo que sus ojos carmesí brillaran aún más. Se inclinó ligeramente hacia adelante, su aroma a madera y especias envolviendo a Babe.

—Vaya…Pensé que te negarías a algo así. Que dirías que era demasiado arriesgado o que debíamos ignorarlo.

Babe ladeó la cabeza con una sonrisa divertida y algo coqueta, sus ojos cambiando sutilmente hacia ese azul grisáceo que delataba a su omega. Extendió la mano y rozó con los dedos el dorso de la de Charlie, un toque ligero pero cargado de intención.

—Sería lo lógico, sí. Pero en mi caso no. No soy un adolescente, Charlie. Con mis 27 años sé perfectamente lo que está bien y lo que está mal. Tengo experiencia de sobra en la vida. Y obviamente, por el momento debemos guardar en secreto lo nuestro…si es que no te molesta. Es por tu bien. No quiero que afecte tus estudios ni tu reputación.

Charlie entrelazó sus dedos con los de Babe, apretando con suavidad. El contacto hizo que ambos soltaran un suspiro tembloroso; las feromonas se intensificaron en el aire, creando una atmósfera densa y cargada.

—No me molesta en absoluto.— murmuró Charlie, acercándose más hasta que sus rodillas se tocaron.— Mi Alfa te quiere a ti, solo a ti. No me importa escondernos si eso significa poder tenerte cerca. Verte en clase y no poder tocarte va a ser una tortura…pero valdrá la pena.

Babe sonrió, sintiendo cómo su omega se calmaba y excitaba al mismo tiempo con la cercanía. Se inclinó hacia Charlie, rozando sus narices en un gesto instintivo de cercanía predestinada.

—Para mí también será difícil. Hoy en clase tuve que contener los celos cuando esas omegas te miraban. Quería reclamarte delante de todos…pero sé que no podemos. Por ahora, solo seremos profesor y alumno en la universidad. Fuera de ahí…seremos nosotros.

Charlie levantó la mano libre y acarició la mejilla de Babe con el pulgar, recorriendo su piel suave. Su voz bajó a un tono ronco:

—Entonces estamos de acuerdo. Relación secreta. Tú y yo, predestinados. Quiero conocerte todo, Babe. Tus gustos, tus días malos, lo que te hace sonreír…y todo lo que tu omega necesita de mí.

Babe cerró los ojos un momento, disfrutando la caricia, y luego los abrió para mirarlo con intensidad.

—Y yo quiero lo mismo de ti, Alfa. Tu fuerza, tu olor, esa forma en que me miras como si fuera lo único que importa.— Se acercó un poco más, sus labios a centímetros.— Pero iremos despacio. Sin prisa. Aunque mi omega ya esté rogando por más.

Se quedaron así un largo rato, manos entrelazadas, respirando el aroma del otro, compartiendo roces suaves en brazos y mejillas. La tensión sexual flotaba en el aire, palpable en las miradas y los suspiros, pero ambos la contenían con disciplina. El lazo predestinado acababa de fortalecerse con esa decisión.

Charlie sonrió contra la piel de Babe al susurrar:

—Bienvenido a mi departamento…y a esto que estamos empezando, profesor.

Babe rio bajo, apretando su mano.

—Esto recién comienza, Charlie. Y no pienso dejar que termine.

Cena y Apodos

Después de unos minutos más hablando en el sofá, compartiendo risas suaves y roces de manos que se volvían cada vez más intencionales, Babe miró el reloj en su teléfono y suspiró. Se levantó con lentitud, acomodando su camisa.

—Creo que es hora de que me vaya. No quiero que se haga demasiado tarde y…

Charlie se puso de pie rápidamente y lo detuvo tomándolo con suavidad del brazo, sus dedos cálidos contra la piel blanca y suave de Babe. Sus ojos ya tenían un leve tono carmesí.

—No te vayas…Quédate un rato más. Cocinemos la cena juntos. Mi nevera tiene lo necesario y no quiero que te vayas con el estómago vacío.

Babe se detuvo, girándose hacia él con una sonrisa lenta y juguetona. Sus ojos cafés brillaron con ese azul grisáceo que delataba a su omega interior.

—¿Eso te incluye a ti en la cena?— preguntó con voz baja y coqueta, arqueando una ceja.

Charlie soltó una risa ronca, dio un paso más cerca y tomó el rostro de Babe entre sus manos con ternura. Sus pulgares acariciaron las mejillas suaves. Sin decir nada más, inclinó la cabeza y lo besó en los labios: un beso profundo, lento y cargado de deseo contenido. Sus bocas se movieron con hambre suave, lenguas rozándose apenas, saboreándose mutuamente. El aroma de ambos se intensificó en el pequeño espacio del departamento.

Cuando se separaron, Charlie murmuró contra sus labios, con la voz ronca:

—Sí tú quieres, mi amor.

Babe sintió un fuerte sonrojo subir por su cuello y mejillas. El “mi amor” pronunciado con esa voz profunda y posesiva de Charlie hizo que su omega se derritiera por dentro.

Sonrió, mordiéndose el labio inferior, y sus manos subieron hasta descansar en el pecho firme de Charlie.

—Está bien…me quedo, cachorro.— respondió con una sonrisa traviesa.

Charlie ladeó la cabeza, aún sosteniendo su rostro, con una expresión divertida y confundida. Sus ojos carmesí brillaban con curiosidad y afecto.

—¿Cachorro?— repitió, pasando el pulgar por el labio inferior de Babe.

Babe rio bajito y se inclinó para besar suavemente la mandíbula marcada de Charlie, dejando un rastro cálido con sus labios. El contacto hizo que ambos suspiraran.

—Eres igual a uno.— confesó en voz baja y cariñosa, rozando su nariz contra la piel blanca y suave del cuello de Charlie.— Joven, lleno de energía, con esa mirada leal y juguetona…y tan adorable cuando me miras así. Mi cachorro alfa.

Charlie cerró los ojos un momento, disfrutando el beso y el apodo, y soltó una risa suave que vibró contra la piel de Babe.

Sus manos bajaron hasta la cintura del omega, atrayéndolo más cerca hasta que sus cuerpos se pegaron suavemente.

—Nunca me habían llamado así…pero si viene de ti, me gusta. Mucho.— Besó la frente de Babe y luego su sien.— Entonces, profesor, vamos a cocinar. No quiero que mi omega se quede sin energía.

Fueron juntos a la pequeña cocina del departamento. Mientras cortaban verduras y preparaban arroz y pollo al wok, no paraban de rozarse: Charlie pasaba por detrás de Babe y ponía las manos en sus caderas por unos segundos, Babe se giraba para darle de probar algo y sus dedos se tocaban, intercambiando miradas cargadas. El aire estaba lleno de sus feromonas mezcladas —dulce del omega y especiado del alfa— creando una atmósfera cálida e íntima.

En un momento, mientras Babe removía la sartén, Charlie lo abrazó por detrás, apoyando la barbilla en su hombro.

—Esto se siente bien…natural. Como si ya hubiéramos hecho esto mil veces.— murmuró cerca de su oído.

Babe giró la cabeza lo suficiente para besar su mejilla.

—Porque estamos predestinados, cachorro. Aunque tengamos que esconderlo en la universidad, aquí podemos ser solo Babe y Charlie. Mi alfa y tu omega.

Charlie apretó el abrazo un poco más, inhalando su aroma con deleite.

—No veo la hora de que esto sea más…pero iremos a tu ritmo, mi amor. Por ahora, cenar juntos ya es perfecto.

Terminaron de preparar la cena entre risas, besos robados en mejillas y mandíbulas, y conversaciones ligeras. Se sentaron a comer en la pequeña mesa, mirándose con esa complicidad nueva y excitante, sabiendo que este era solo el comienzo de algo mucho más profundo.

Rutina Secreta y Caricias Robadas

Los días siguientes transcurrieron en una delicada danza de disimulo y deseo. En la universidad, Charlie y Babe mantenían una compostura impecable. Charlie llegaba al salón con su habitual expresión concentrada, tomando apuntes con atención mientras Babe impartía la clase desde el frente con voz clara y profesional. Sus miradas solo se cruzaban por breves segundos, suficientes para que el azul grisáceo de Babe y el rojo carmesí de Charlie se encendieran por un instante antes de volver a la normalidad. Nadie notaba nada.

Las compañeras omegas seguían intentando captar la atención de Charlie, pero él respondía con cortesía distante, y Babe contenía sus celos con maestría, centrándose en explicar los temas.

Fuera del campus, sin embargo, la historia era muy distinta. Babe visitaba el departamento de Charlie casi todas las tardes después de sus obligaciones, o Charlie se escapaba discretamente hacia el apartamento más amplio y acogedor de Babe. Allí, lejos de miradas curiosas, podían ser ellos mismos.

Una tarde, después de clases, Babe llegó al departamento de Charlie con una bolsa de comida tailandesa para llevar. Apenas cerró la puerta tras de sí, Charlie lo recibió con una sonrisa amplia y lo atrajo hacia sí.

—Profesor…por fin.— murmuró Charlie, rodeando la cintura de Babe con sus brazos. Sus narices se rozaron primero, inhalando mutuamente sus feromonas.— Te extrañé todo el día. Verte ahí enfrente y no poder tocarte es una tortura.

Babe rio bajo, dejando la bolsa en la mesa antes de subir sus manos al pecho firme de Charlie. Su piel blanca y suave contrastaba con la camiseta holgada del alfa.

—Y yo a ti, cachorro. Tu olor me persiguió durante toda la clase. Tuve que concentrarme el doble para no mirarte demasiado.— Se puso de puntillas y besó sus labios con suavidad, un beso lento que se prolongó. Sus bocas se movieron con familiaridad, lenguas rozándose en un baile cálido y profundo que arrancó un gemido bajo de ambos.

Cuando se separaron, jadeando ligeramente, Charlie apoyó su frente contra la de Babe.

—Ven, siéntate. Cuéntame cómo te fue el resto del día. ¿Alguna omega más intentando coquetearte hoy?— preguntó con tono juguetón pero con un leve matiz posesivo, guiándolo hacia el sofá.

Babe se acomodó a su lado, entrelazando sus dedos mientras Charlie sacaba la comida.

—Ninguna tan peligrosa como tú. Aunque un par de alumnos alphas me hicieron preguntas innecesarias solo para acercarse.— Sonrió con picardía y acarició la mandíbula de Charlie con el dorso de la mano.— Pero mi omega solo tiene ojos para un cachorro alfa de cabello negro y ojos que se ponen rojos por mí.

Charlie soltó una risa ronca y lo besó de nuevo, esta vez en la comisura de los labios, luego en la mejilla y bajando lentamente por el cuello. Cada beso era deliberado, cálido y lleno de cariño.

—Bien. Porque este cachorro solo quiere a su omega.— Le dio un beso más largo en el punto sensible bajo la oreja, haciendo que Babe suspirara y se arqueara ligeramente hacia él.— ¿Sabes? Me encanta cuando llegas y el departamento se llena de tu aroma dulce. Hace que todo se sienta como en casa.

Babe giró el rostro y capturó los labios de Charlie en otro beso más intenso, sus manos deslizándose por los brazos del joven, sintiendo la piel suave bajo sus dedos.

—Y a mí me encanta venir aquí y poder besarte sin miedo.— susurró contra su boca entre beso y beso.— Hablar contigo, reírnos…esto es lo que quiero, Charlie. Aunque tengamos que escondernos en la uni, estos momentos son nuestros.

Comieron sentados muy juntos en el sofá, compartiendo bocados y risas. Charlie contaba anécdotas divertidas de sus compañeros, imitando voces y gestos exagerados que hacían reír a Babe hasta que le dolía el estómago. En un momento, Babe le limpió una comisura de los labios con el pulgar y Charlie atrapó su dedo con la boca suavemente, mirándolo con esos ojos carmesí brillantes.

—Eres peligroso, mi amor.— dijo Babe con voz entrecortada, sonrojado.— Me haces querer quedarme todas las noches.

—Quédate entonces.— respondió Charlie, atrayéndolo para otro beso profundo, sus manos acariciando la espalda de Babe con ternura.— No tienes que irte pronto hoy. Solo quiero abrazarte, besarte y escucharte hablar de todo y nada.

Babe sonrió contra sus labios, acomodándose mejor entre sus brazos.

—Está bien, cachorro. Me quedo un rato más. Pero solo besos y charlas por ahora…quiero disfrutarte despacio.

Se quedaron allí, enredados en el sofá, alternando besos suaves y apasionados con conversaciones profundas y risas compartidas. Sus feromonas se mezclaban en el aire, creando un capullo cálido y seguro alrededor de ellos. El lazo predestinado se fortalecía con cada encuentro secreto, mientras en la universidad seguían siendo solo profesor y alumno.

El secreto era difícil, pero cada momento robado valía la pena.

Citas Secretas en Bangkok

Los días siguientes, Charlie y Babe empezaron a buscar momentos más allá de los departamentos para fortalecer su conexión. Siempre elegían lugares alejados del campus universitario, lejos de estudiantes y profesores que pudieran reconocerlos.

Cenas en restaurantes pequeños y discretos en otros distritos de Bangkok, paseos nocturnos por parques menos concurridos o cafés escondidos con vistas al río Chao Phraya. Cada cita era planeada con cuidado, pero cargada de la emoción del secreto y el lazo predestinado que los unía.

Una noche de jueves, después de que cayera el sol, se encontraron en un pequeño restaurante tailandés en las afueras de la ciudad. Babe llegó primero, con una camisa oscura y pantalones casuales que resaltaban su figura esbelta. Charlie apareció poco después, con una camiseta negra ajustada y jeans, su cabello negro ligeramente revuelto por el viento.

Apenas se sentaron en una mesa apartada en la terraza, Charlie extendió la mano bajo la mesa y entrelazó sus dedos con los de Babe.

—Al fin solos de verdad.— murmuró Charlie, sus ojos oscuros cambiando lentamente a un rojo carmesí intenso al inhalar el aroma dulce de su omega.— Todo el día en clase queriendo acercarme y sin poder hacerlo…me vuelve loco, profesor.

Babe sonrió, permitiendo que sus ojos cafés se tiñeran de azul grisáceo. Apretó la mano de Charlie con cariño.

—Y yo igual, cachorro. Tu olor me llegaba en cada pausa de la clase. Tuve que morderme la lengua para no mirarte demasiado.— Se inclinó ligeramente hacia adelante, rozando su rodilla contra la de Charlie bajo la mesa.— Pero aquí…aquí podemos ser nosotros.

Pidieron comida y conversaron en voz baja.

Charlie le contaba sobre sus proyectos universitarios y Babe compartía anécdotas divertidas de sus años como maestro. Entre plato y plato, sus manos no se separaban.

Charlie acariciaba con el pulgar el dorso de la mano de Babe, enviando pequeñas descargas de placer a través de su piel.

Cuando terminaron de cenar y salieron a caminar por un parque cercano, iluminado solo por luces tenues y la luna, Charlie lo atrajo hacia un rincón más privado, detrás de unos árboles frondosos.

—Ven aquí, mi amor.— susurró, rodeando la cintura de Babe con sus brazos fuertes pero gentiles. Lo pegó contra su pecho, inhalando profundamente su cuello.—Tu aroma me está matando…dulce, mío.

Babe soltó un suspiro tembloroso, subiendo sus manos hasta el cuello de Charlie. Sus cuerpos se presionaron suavemente, sintiendo el calor del otro.

—Eres tan posesivo, cachorro…— dijo Babe con voz ronca y divertida, besando la mandíbula marcada de Charlie.— Pero me encanta. Mi omega solo quiere estar así, cerca de ti.— Rozó sus labios contra los de Charlie en un beso lento, casi provocador.

Sus bocas se encontraron con hambre contenida: labios suaves moviéndose juntos, lenguas rozándose con lentitud exploratoria, saboreando el momento. Un gemido bajo escapó de Babe cuando Charlie profundizó el beso, una mano subiendo por su espalda hasta su nuca.

Se separaron solo para respirar, frentes pegadas. Los ojos de Charlie brillaban intensamente carmesí.

—No sabes cuánto te deseo, Babe. Cada noche pienso en ti, en cómo sería poder reclamarte completamente…pero esperaré. Quiero que esto sea perfecto.— confesó, besando la comisura de sus labios, luego su mejilla y bajando hasta el punto sensible de su cuello, donde dejó besos húmedos y suaves que hicieron arquearse a Babe.

—Charlie…— susurró Babe, con la voz entrecortada, sus dedos enredándose en el cabello negro del alfa.— Yo también te quiero. Todo de ti. Tu Alfa, tu energía, esa forma en que me miras como si fuera tu mundo entero.— Correspondió con besos en el cuello de Charlie, aspirando su aroma a madera y especias que lo embriagaba.— Pero sí, iremos despacio. Por ahora, estos besos, estos toques…son suficientes para calmar a mi omega. Aunque me dejes temblando.

Charlie rio bajo contra su piel, abrazándolo más fuerte, sus cuerpos balanceándose ligeramente como si bailaran sin música.

—Eres perfecto para mí. Mi omega predestinado. Vamos a tener muchas más citas como esta. Lejos de todos, solo tú y yo.— Le dio un último beso profundo, lento y lleno de promesas, sus manos acariciando la espalda de Babe con ternura posesiva.

Caminaron un rato más tomados de la mano por senderos oscuros, robándose besos cada vez que podían, riendo cuando sus feromonas se mezclaban tan intensamente que parecía que el aire a su alrededor vibraba. Regresaron a casa de Charlie esa noche, donde continuaron abrazados en el sofá, compartiendo caricias inocentes pero cargadas de significado, hasta altas horas de la madrugada.

Cada cita secreta fortalecía su vínculo. En la universidad seguían siendo cautelosos, pero fuera de ella, Babe y Charlie se permitían ser el alfa y omega que el destino había unido.

Noches de Secretos Compartidos

Los encuentros secretos entre Babe y Charlie se volvieron el refugio que ambos necesitaban. Cada cita lejos de la universidad fortalecía su lazo predestinado, llenando los días de disimulo con momentos de pura conexión.

Terraza Bajo las Estrellas

Una noche fresca de viernes, Charlie llevó a Babe a una terraza escondida en un edificio antiguo del centro de Bangkok, lejos de cualquier zona universitaria. Habían comprado comida callejera y la compartían sentados en el suelo, con la ciudad iluminada a sus pies.

Charlie tomó la mano de Babe y la llevó a sus labios, besando sus nudillos con lentitud. Sus ojos se volvieron carmesí casi al instante.

—Cada vez que te veo así, relajado y solo para mí…mi Alfa se calma y se enciende al mismo tiempo.— murmuró contra su piel.— Dime, mi amor, ¿qué pensaste de mí la primera noche en el club?

Babe sonrió, sus ojos cafés cambiando a ese azul grisáceo hipnótico. Se acercó más, apoyando la cabeza en el hombro de Charlie.

Su piel blanca y suave rozaba el brazo del alfa.

—Pensé que eras el hombre más guapo que había visto. Ese momento en que tus ojos se pusieron rojos…sentí que todo mi mundo se acomodaba. Mi omega te reconoció y ya no quiso soltarte.— Giró el rostro y besó suavemente el cuello de Charlie, inhalando su aroma a madera y especias.— Ahora no imagino mis días sin estos momentos contigo, cachorro.

Charlie soltó un suspiro tembloroso y lo atrajo a su regazo, rodeándolo con los brazos. Sus manos acariciaron la espalda de Babe por encima de la camisa, trazando líneas suaves.

—Eres todo lo que quiero, Babe. Tu olor dulce me persigue hasta en sueños.— Inclinó la cabeza y capturó sus labios en un beso profundo y lento. Sus bocas se movieron con hambre contenida: labios suaves presionándose, lenguas rozándose con ternura exploratoria, saboreando cada segundo. Un gemido bajo escapó de Charlie cuando Babe mordisqueó suavemente su labio inferior.

Se separaron jadeando, frentes pegadas.

Babe acarició la mejilla de Charlie con el pulgar.

—Aunque tengamos que escondernos, esto vale cada riesgo. Te quiero cerca, siempre.

Cocina y Confesiones

Otra tarde, en el departamento de Babe, decidieron cocinar juntos de nuevo. La música suave sonaba de fondo mientras cortaban ingredientes.

Babe se acercó por detrás y abrazó a Charlie por la cintura, apoyando la mejilla en su espalda.

—Eres tan cálido…mi cachorro favorito.— susurró, besando entre sus omóplatos por encima de la camiseta.

Charlie giró entre sus brazos, sonriendo con esa mezcla de ternura y deseo. Sus manos bajaron hasta las caderas de Babe, atrayéndolo contra su cuerpo.

—Y tú eres mi profesor favorito…y mi omega.— Lo besó con pasión contenida, un beso largo y húmedo que hizo que ambos se apretaran más. Sus lenguas se entrelazaron, respiraciones mezclándose, feromonas llenando la cocina de un aroma embriagador.

Charlie mordió suavemente el labio inferior de Babe antes de bajar a besar su mandíbula y el punto sensible bajo su oreja.

—No sabes las ganas que tengo de poder besarte así en cualquier lugar…pero por ahora, robar estos momentos es suficiente.

Babe rio bajo, con las mejillas sonrojadas, y enredó los dedos en el cabello negro de Charlie.

—Suficiente y perfecto. Me encanta cómo me miras, cómo me tocas…me haces sentir deseado de verdad.— Correspondió con besos en el cuello del alfa, aspirando su olor.— Sigamos cocinando antes de que nos distraigamos demasiado, mi amor.

Terminaron la cena entre risas, robándose besos entre bocado y bocado, sentados muy juntos en la mesa pequeña.

Abrazo en la Lluvia

Una tarde de lluvia repentina los sorprendió mientras caminaban por un parque discreto.

Corrieron a refugiarse bajo un pequeño techo de un quiosco abandonado. Estaban empapados, riendo.

Charlie pegó a Babe contra su pecho, abrazándolo fuerte para darle calor.

—Aunque esté lloviendo, estar contigo hace que todo se sienta bien.— dijo con voz ronca, sus ojos carmesí brillando.

Babe levantó la vista, agua cayendo de su cabello negro, y sonrió.

—Mi alfa protector…— susurró. Se puso de puntillas y lo besó con urgencia suave. El beso se volvió más intenso: labios moviéndose con deseo acumulado, manos explorando espaldas y cinturas por encima de la ropa mojada. Charlie sujetó la nuca de Babe con una mano, profundizando el beso hasta que ambos jadeaban.

—Te necesito en mi vida, Babe.— confesó Charlie contra sus labios, sin separarse del todo.— Cada día más.

—Y yo a ti, cachorro.— respondió Babe, abrazándolo más fuerte.— Esto que tenemos…es nuestro secreto más bonito.

Los días continuaron así: citas robadas, besos apasionados pero controlados, charlas profundas y risas que alimentaban su vínculo predestinado. En la universidad seguían siendo cautelosos, pero fuera de ella, su relación florecía en silencio y complicidad.

Celos y Promesas en la Mesa

Habían pasado dos meses desde aquel primer encuentro en el club. La relación entre Babe y Charlie había florecido en secreto, llena de citas discretas, noches compartidas y una complicidad que los hacía cada vez más unidos. Se habían convertido oficialmente en novios durante una cita romántica junto al río Chao Phraya: bajo las luces de la ciudad, ambos se lo pidieron mutuamente casi al mismo tiempo, sellándolo con un beso largo y lleno de promesas. Ahora eran más felices, más conectados, y su lazo predestinado se sentía más fuerte que nunca.

Aquella tarde, Babe llegó al departamento de Charlie algo estresado. Llevaba su maletín de profesor y una expresión cansada, aunque su aroma dulce seguía siendo tan irresistible como siempre. Charlie, que ya había empezado a preparar la cena, lo recibió con una sonrisa cálida y un abrazo apretado en la puerta.

—Mi amor, llegaste.— murmuró Charlie contra su cabello negro, inhalando profundamente su olor para calmar a su Alfa.— Te extrañé todo el día.

Babe se dejó abrazar un momento, relajándose en los brazos del alfa más joven.

—Yo también, cachorro. Vamos a poner la mesa, la comida huele delicioso.

Mientras colocaban los platos y los vasos, Charlie notó la tensión en los hombros de Babe. Se detuvo y lo miró con preocupación, sus ojos oscuros mostrando ya un leve tinte carmesí.

—¿Está todo bien? Te ves un poco estresado hoy. ¿Pasó algo en la universidad?

Babe suspiró, acomodando los cubiertos antes de responder.

—Sí, todo está bien…más o menos. Solo que hay un estudiante de otra clase que está siendo bastante intenso e insistente. Me ha pedido salir varias veces esta semana. Le he rechazado claramente cada vez, pero sigue insistiendo con mensajes y acercándose después de mis horas de clase.

Charlie apretó ligeramente la mandíbula, un claro gesto de celos y posesividad cruzando su rostro. Su aroma a madera y especias se intensificó de inmediato, cargado de esa energía alfa protectora. Dejó el plato que tenía en las manos y se acercó a Babe, rodeando su cintura con los brazos.

—¿Insistente? ¿Y no entiende qué no?— preguntó con voz ronca, conteniendo el gruñido que quería escapar de su garganta.— No me gusta que alguien más intente acercarse a ti de esa forma. Eres mío, Babe.

Babe rio suavemente, girándose entre sus brazos para mirarlo a los ojos. Sus manos subieron hasta el rostro de Charlie, acariciando sus mejillas blancas y suaves.

Sus ojos cafés se volvieron azul grisáceo con cariño.

—Tranquilo, mi alfa celoso.— dijo con voz tierna, acercando sus labios a los de Charlie en un beso lento y reconfortante. Sus bocas se movieron con familiaridad: un roce suave de labios que se profundizó poco a poco, lenguas tocándose con ternura. Babe mordisqueó ligeramente el labio inferior de Charlie antes de separarse, sonriendo.— Solo te amo a ti, Charlie. A nadie más. No tienes que preocuparte por nada. Ese chico no significa absolutamente nada para mí. Tú eres mi novio, mi predestinado…mi cachorro.

Charlie cerró los ojos un momento, disfrutando el beso y las palabras, y apoyó su frente contra la de Babe. Sus manos acariciaron la espalda del omega con posesividad cariñosa.

—Lo sé…pero mi Alfa se pone territorial cuando escucha eso. Quiero que todos sepan que estás tomado, aunque tengamos que esconderlo.— Besó la comisura de los labios de Babe y luego su mejilla.— Te amo, profesor. Gracias por decírmelo.

Se sentaron a cenar, charlando animadamente sobre sus días y haciendo planes para una próxima cita secreta el fin de semana. Babe parecía más relajado, riendo con las anécdotas de Charlie y robándole besos entre bocados. Ninguno de los dos imaginaba que ese mismo estudiante insistente les traería problemas pronto. Por ahora, en la intimidad del departamento, solo existían ellos dos: un alfa y un omega profundamente enamorados, disfrutando de su cena, sus caricias suaves y las promesas susurradas entre besos.

—Te amo.— repitió Babe en voz baja, entrelazando sus dedos sobre la mesa.— Esto que tenemos es lo más real que he tenido en mi vida.

—Y yo a ti, mi amor.— respondió Charlie, apretando su mano con una sonrisa llena de devoción.— Siempre.

Fotos Envenenadas y Dudas Amargas

Había pasado una semana desde aquella cena tranquila. La relación entre Babe y Charlie seguía fuerte, llena de momentos robados y promesas susurradas, pero la sombra del estudiante insistente se hacía cada vez más presente para Babe. Aquel lunes, Babe salió de la universidad agotado y visiblemente molesto. El mismo chico había vuelto a abordarlo después de clase, molesto y persistente tras otro rechazo claro. Babe había sido firme, pero el encuentro lo dejó con un nudo en el estómago.

Llegó al departamento de Charlie con la esperanza de encontrar consuelo en los brazos de su novio. Apenas abrió la puerta con la copia de la llave que Charlie le había dado, notó que algo andaba mal. No hubo el habitual saludo cálido, ni el abrazo apretado ni el beso ansioso en los labios. El silencio era pesado.

Encontró a Charlie sentado en el sofá, con el celular en la mano. Su postura era rígida, la mirada perdida y fría. Su aroma habitual a madera y especias estaba cargado de dolor, tristeza profunda y un enojo crudo que hacía que el aire se sintiera denso e intimidante.

Babe se detuvo a unos pasos de distancia, sintiendo cómo sus propias feromonas omega se encogían ante la intensidad alfa que emanaba de su novio. Sus ojos cafés se tiñeron de un azul grisáceo preocupado.

—¿Qué pasa, cachorro?— preguntó Babe con voz suave pero temblorosa, acercándose con cautela.

Charlie levantó la vista lentamente. Sus ojos, normalmente cálidos, eran de un rojo carmesí intenso y tormentoso. Babe se sintió pequeño bajo esa mirada, como si el peso de la decepción lo aplastara. Charlie se levantó del sofá con movimientos tensos y extendió el celular hacia él.

—Lo mandaron en el grupo de clases, Babe…Tú con una alumna de otra clase.— dijo con voz ronca, casi rota.

Babe tomó el teléfono con manos temblorosas y observó las fotos. En una se le veía besando a una chica en los labios. En otra, tenía las manos en su cintura en un abrazo íntimo. Su corazón latió con fuerza, un golpe seco de incredulidad y dolor.

—Charlie…esas fotos no son lo que parecen.— dijo Babe rápidamente, negando con la cabeza.— No son reales. Jamás haría algo así.

Charlie tiró el celular de vuelta al sofá con frustración contenida. Su pecho subía y bajaba con respiraciones agitadas.

—¿No lo son? Eres tú, Babe. El de las fotos eres claramente tú. ¿Cómo explicas eso?

Babe dio un paso más cerca, pero se detuvo al ver cómo Charlie tensaba los hombros.

—Sí, soy yo en las imágenes…pero están manipuladas. Son malintencionadas. Jamás besaría a nadie más. Jamás te haría eso a ti, Charlie. Te amo. Eres mi alfa, mi novio. Mi predestinado.

Charlie se quedó en silencio, mirándolo fijamente. La duda cruzaba sus ojos carmesí, mezclada con un dolor tan profundo que Babe podía olerlo en el aire. Confiaba en Babe, lo sabía en el fondo, pero el golpe de ver esas imágenes había sido demasiado fuerte para su lado alfa posesivo.

Babe sintió que se le rompía el corazón al ver esa vacilación en la mirada de su cachorro.

Tragó saliva y bajó la vista un momento.

—…Te voy a dar espacio. Sé que necesitas calmarte y pensar con claridad. No quiero presionarte ahora. Estaré en mi departamento si me necesitas.

Aunque le dolió en el alma dar media vuelta, Babe se marchó del apartamento. Cerró la puerta con suavidad, dejando a Charlie solo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas contenidas mientras caminaba por el pasillo, el aroma dulce de su omega mezclado con tristeza.

Dentro del departamento, Charlie cayó pesadamente en el sofá, cubriéndose el rostro con las manos. El dolor era abrumador.

Su Alfa rugía de rabia y angustia, pero también de miedo a perder a su omega.

Había otra foto que no le había mostrado a Babe: una más comprometida, donde parecía que Babe estaba en una posición aún más íntima con la chica. Esa imagen lo había descolocado por completo.

—Babe…— murmuró para sí mismo con voz quebrada, apretando los puños.— ¿Por qué? Sé que me amas…pero estas fotos…

Se quedó allí, inmóvil, con el corazón herido y la mente hecha un torbellino de celos, confianza rota a medias y el profundo anhelo por el hombre que acababa de irse. El lazo predestinado tiraba de él con fuerza, pero por ahora, el silencio y la duda llenaban el departamento.

Expulsión y el Peso de la Injusticia

Al día siguiente, Charlie asistió solo a la segunda clase, la que Babe daba clases.

Había optado por saltarse la primera, aún procesando el torbellino emocional de la noche anterior. Caminaba por el pasillo con paso pesado cuando alzó la vista y vio a dos compañeros de clase cargando cajas llenas de pertenencias: libros, apuntes y algunos objetos personales que reconoció al instante como de Babe.

Se detuvo frente a ellos, confundido y con un mal presentimiento.

—¿Qué sucede con esas cajas?— preguntó, su voz firme pero teñida de inquietud.

Su compañera omega suspiró profundamente, ajustando el peso de una de las cajas.

—Son del profesor Babe. Lo acaban de expulsar de manera inmediata. El escándalo se desató esta mañana.

Charlie sintió un golpe seco en el pecho, como si el aire se hubiera vuelto denso. Su aroma alfa se agitó, cargado de incredulidad y creciente furia contenida.

—¿Por qué? ¿Qué ocurrió exactamente?

La compañera continuó con tono grave, midiendo sus palabras:

—Circulaban esas fotos manipuladas en el grupo general de la universidad. Lo convocaron urgentemente a dirección. Allí estaban los padres de una alumna de otra clase, quienes presentaron una acusación formal. La joven afirmó que el profesor Babe abusó de su autoridad, obligándola a besos y toques inapropiados. Los padres armaron un escándalo considerable, con gritos y exigencias. Incluso han iniciado una demanda por abuso de poder contra una estudiante menor que él.

El otro compañero añadió con seriedad:

—Obviamente, muchos de nosotros no creemos ni una palabra. El profesor Babe siempre ha demostrado integridad y profesionalismo impecable. Esto huele a una vendetta calculada, pero la dirección actuó con premura para proteger la imagen de la institución.

Los estudiantes se marcharon hacia el estacionamiento para entregar las cajas.

Charlie, con el corazón latiendo con fuerza, se dirigió al salón de clases. Allí, frente al escritorio, estaba Babe metiendo sus últimas pertenencias en el maletín con movimientos controlados pero tensos. Su piel blanca lucía más pálida de lo habitual, y su cabello negro caía ligeramente desordenado sobre su frente.

Charlie se acercó con pasos medidos, deteniéndose a una distancia respetuosa.

—Me enteré de lo sucedido, Babe.

Babe levantó la vista, sus ojos cafés mostrando un azul grisáceo apagado por el cansancio y el dolor.

—Era de esperarse. La universidad completa ya lo sabe. Las noticias viajan con la velocidad de las feromonas en un espacio cerrado.

Hubo un silencio denso entre ellos, cargado de feromonas conflictivas: el aroma dulce pero herido de Babe contra el especiado y tormentoso de Charlie.

Charlie habló con voz baja pero incisiva, buscando claridad:

—¿Por qué no luchas por tu inocencia? Si realmente no cometiste ninguna falta, enfrentar las acusaciones con evidencia y razón sería el camino más íntegro. Permitir que una mentira se consolide solo perpetúa la injusticia.

Babe soltó una risa breve, amarga y elegante, sin rastro de autocompasión.

—¿Ponerme a debatir públicamente con una joven inmadura qué desconoce las consecuencias de sus acciones impulsivas? No, gracias. Mi conciencia permanece inmaculada, y eso es el único veredicto que verdaderamente importa. No malgastaré mi energía intelectual ni emocional en confrontaciones estériles con individuos que recurren a la manipulación y la difamación en lugar del diálogo honesto. La basura moral siempre encuentra su propio vertedero.

Charlie lo observó con atención. Era la primera vez que escuchaba a Babe emplear un lenguaje tan cortante y preciso. Su mirada descendió entonces al brazo del omega, donde una marca rojiza y reciente era visible bajo la manga ligeramente subida.

—¿Qué te ocurrió ahí?— preguntó, con un tono que mezclaba preocupación y contención.

Babe se encogió de hombros con aparente indiferencia, aunque su voz revelaba el peso subyacente.

—El padre de la joven intentó ejercer la fuerza física contra mí en medio del altercado. Un recordatorio visceral de cómo la ira ciega nubla el juicio.

Charlie sintió cómo la ira recorría su cuerpo como una corriente eléctrica, su Alfa exigiendo protección. Sin embargo, notó el temblor sutil en las manos de Babe al cerrar el maletín y el brillo sospechoso en sus ojos, traicionando las lágrimas que se negaba a derramar. A pesar de su fachada de fortaleza filosófica, el dolor era palpable.

—No estás bien, Babe.— dijo Charlie con voz suave pero firme, dando un paso más cerca.— Permíteme llevarte a tu departamento. No deberías enfrentar esto en soledad; compartir la carga no es debilidad, sino sabiduría emocional.

Babe negó con la cabeza, tomando el maletín con determinación.

—No es necesario. Puedo gestionarlo solo. La independencia ante la adversidad forja carácter, y hoy necesito recordármelo.

Al pasar junto a Charlie, una lágrima solitaria rodó por su mejilla. Charlie extendió la mano instintivamente para detenerlo, pero Babe lo ignoró con elegancia herida y continuó hacia la puerta, dejando tras de sí un rastro de feromonas dulces teñidas de tristeza.

Charlie se quedó solo en el salón vacío, sintiendo un vacío profundo en el pecho. El peso de la duda anterior, ahora mezclado con culpa y una rabia protectora, lo abrumaba.

Ver a su omega predestinado en ese estado —fuerte en palabras, frágil en silencio— lo confrontaba con la realidad de que su relación secreta acababa de complicarse de manera irreversible.

La Decisión Irreversible

Después del escándalo, Charlie, junto con un grupo de compañeros leales, se dedicó a investigar exhaustivamente las fotos manipuladas que habían destruido la reputación de Babe. Tras analizar metadatos, rastrear mensajes y confrontar discretamente a testigos, lograron identificar al culpable: el mismo estudiante que Babe le había mencionado, el joven insistente y resentido por los rechazos continuos. El chico había tomado fotos malintencionadas de Babe con una compañera en situaciones forzadas y había amenazado con lastimar a la joven si no accedía a incriminar al profesor. Por miedo, ella cedió.

Con las pruebas en mano, llevaron al responsable a dirección. Tras una reunión tensa con el director, se convocó a los padres de ambos involucrados. El muchacho fue expulsado de inmediato por acoso, manipulación y difamación. La chica recibió una suspensión de una semana por su complicidad bajo coacción. La denuncia contra Babe fue retirada oficialmente, y su expediente quedó limpio.

Dos días más tarde, la mayoría de los alumnos, junto con profesores y el director, se reunieron en el auditorio principal para darle una cálida bienvenida de regreso a Babe. El ambiente estaba cargado de expectativa y feromonas de alivio.

Babe llegó puntual, con su habitual elegancia: camisa impecable, piel blanca impecable y cabello negro perfectamente arreglado. Al ver a toda la comunidad reunida, incluyendo a Charlie entre los estudiantes, sus ojos cafés se tiñeron brevemente de azul grisáceo por la sorpresa.

El director se acercó primero, con expresión arrepentida.

—Profesor Babe, en nombre de toda la institución, le pido disculpas sinceras por la precipitación con la que actuamos. No investigamos con la profundidad que merecía su integridad. Las pruebas han demostrado su completa inocencia. Le rogamos que regrese a su puesto; su ausencia ha sido una pérdida significativa para nuestros estudiantes.

Babe observó al grupo con serenidad, su aroma dulce pero teñido de una melancolía contenida.

—Agradezco profundamente su sinceridad y el esfuerzo colectivo por esclarecer la verdad y restaurar mi nombre. Demuestra un compromiso con la justicia que honra a esta universidad. Sin embargo, en cuanto a mi regreso…mi respuesta es un no definitivo: he decidido irme al extranjero.

Un silencio sepulcral cayó sobre el auditorio.

Charlie sintió que su mundo se derrumbaba.

Su Alfa rugió de dolor dentro de él, y sus ojos se volvieron de un rojo carmesí intenso y angustiado. El aroma especiado de su feromona se volvió agudo, reflejando la tormenta interna.

Varios alumnos protestaron casi al unísono.

—¡Profesor, no! ¡Usted es uno de los mejores!

—No puede irse, las clases no serán lo mismo sin usted.

Babe les sonrió con comprensión genuina, aunque sus ojos brillaban con una determinación tranquila.

—Realmente valoro cada palabra y cada gesto de apoyo. Sus esfuerzos por defender mi inocencia han sido un bálsamo en medio de la adversidad. Pero esta decisión es personal y meditada. Es un paso importante en mi vida: buscar nuevos horizontes académicos y personales lejos de las sombras que, aunque disipadas, han dejado su huella. Espero que respeten mi elección.

Los estudiantes, con tristeza visible, asintieron. Uno a uno se acercaron a abrazarlo, agradeciéndole sus enseñanzas, su paciencia y la pasión con la que impartía el conocimiento. Charlie se mantuvo algo alejado, el pecho oprimido, incapaz de moverse mientras veía cómo su omega predestinado se despedía.

Cuando el grupo comenzó a dispersarse hacia las aulas, Babe se dirigió hacia la salida sin mirar atrás. Su figura esbelta se alejaba con paso firme, aunque su aroma dejaba un rastro de dulce resignación.

Charlie no podía asimilarlo. Se quedó inmóvil en el auditorio, ahora casi vacío, con el corazón latiendo con fuerza y un vacío abrumador en el pecho. Las feromonas de su Alfa gritaban por correr tras él, por rogarle que no se fuera, por recordarle que eran predestinados. Pero las palabras de Babe resonaban con una resolución que lo dejaron paralizado.

—Babe…— murmuró para sí mismo, la voz quebrada.— ¿Cómo voy a seguir sin ti, mi amor?

El joven alfa se sentó pesadamente en una de las sillas, cubriéndose el rostro con las manos. El lazo predestinado tiraba con dolorosa intensidad, pero por primera vez, el futuro que habían construido juntos parecía desvanecerse en el horizonte extranjero al que Babe se dirigía.

Reconciliación

Media hora después, Charlie no soportó más la incertidumbre. Salió de la universidad sin asistir a la siguiente clase, se subió a su motocicleta con la mochila aún puesta y condujo directamente al departamento de Babe. El viento golpeaba su rostro, pero nada calmaba el torbellino en su pecho. Al llegar, golpeó la puerta con fuerza, casi desesperado.

Escuchó pasos suaves y la puerta se abrió.

Babe apareció sorprendido, con los ojos aún enrojecidos. Solo llevaba una de las camisas de Charlie —grande en su cuerpo esbelto— y un boxer negro que se ajustaba perfectamente a sus caderas y marcaba su trasero redondo y firme. Su piel blanca y suave contrastaba con la tela oscura.

—¿Qué haces aquí, Charlie?— preguntó Babe, con voz baja y cautelosa.

Charlie entró sin decir una palabra, cerró la puerta tras de sí, dejó su mochila en el suelo y puso el seguro con un clic audible. Sus ojos recorrieron el cuerpo de Babe con hambre y alivio, sintiendo que desfallecía ante esa imagen tan íntima y vulnerable. El aroma dulce del omega lo golpeó como una ola, mezclándose con su propio olor especiado y posesivo.

—¿Qué va a pasar con lo nuestro? Dime…¿me vas a dejar? ¿Vas a terminar conmigo?— preguntó Charlie, la voz ronca por la angustia acumulada, dando un paso hacia él.

Babe levantó las manos en un gesto calmante, aunque su propio corazón latía con fuerza.

—Tranquilo, Charlie…Despacio. Respira.

Charlie tomó aire profundamente, intentando controlar las feromonas alfa que emanaban de él en oleadas intensas. Sus ojos carmesí brillaban con una mezcla de dolor y deseo.

Babe lo miró con melancolía comprensiva.

—Sé que me ocultaste una foto, Charlie. Cuando me la mostraron en dirección aquel día, entendí tu reacción de esa noche. Sé exactamente lo que se siente.

Charlie frunció el ceño, confundido.

—¿A qué te refieres?

Babe suspiró, sus ojos azul grisáceo llenos de un dolor antiguo.

—Porque me pasó exactamente lo mismo. La única diferencia es que yo sí fui cornudo en el pasado. Entiendo perfectamente por qué no me la mostraste…el golpe duele demasiado.

Charlie lo observó, procesando sus palabras.

—¿Y entonces?

Babe dio un paso más cerca, su voz elegante y sincera.

—Para mí, lo nuestro no se terminó. Solo nos dimos espacio. Vi en tus ojos que no dudaste de mi inocencia, solo de esa supuesta “culpa” que las fotos fabricaron. Eso habla mucho de ti, de tu corazón. Sé que confías en mí. Esa maldita foto te hirió profundamente, y al recordarlo, lo entendí por completo.

Charlie no dudó más. Tomó el rostro de Babe entre sus manos con urgencia y ternura, sus pulgares acariciando las mejillas suaves y sin vellos.

—Joder, te amo, mi amor…Te amo tanto. Estos días sin ti fueron una puta agonía.

Babe protestó con una media sonrisa, aunque sus ojos brillaban.

—Ese vocabulario, cachorro…

Charlie rio de pura felicidad al escuchar el apodo de nuevo, ese tono regañón tan propio de Babe. Sin esperar más, devoró su boca en un beso hambriento y profundo. Sus labios se presionaron con fuerza, lenguas entrelazándose con pasión acumulada, saboreándose como si hubieran pasado meses separados. Babe jadeó en su boca cuando una de las manos de Charlie bajó hasta apretar su trasero firme por encima del boxer, amasando la carne suave con posesividad.

—Ah…Charlie…— jadeó Babe contra sus labios, el sonido enviando una descarga directa al Alfa.

Charlie gruñó bajo y gutural, excitado por ese gemido. En un movimiento fluido, tomó a Babe en brazos; el omega enredó sus piernas alrededor de su cintura de inmediato, aferrándose a sus hombros. Charlie lo empujó contra la pared cercana, sosteniéndolo allí mientras continuaba besándolo con fervor.

Sus caderas se presionaron, sintiendo el calor del cuerpo del otro a través de la poca ropa.

—Eres mío, Babe…solo mío.— murmuró Charlie entre besos, bajando a morder y lamer el cuello pálido del omega, inhalando su aroma dulce que lo volvía loco.— No vuelvas a alejarte. Mi Alfa no lo soporta.

Babe arqueó la espalda contra la pared, enredando los dedos en el cabello negro de Charlie.

—No terminaré contigo…cachorro. Te necesito tanto como tú a mí.— Jadeó cuando Charlie apretó más su trasero y frotó sus cuerpos, provocando que ambos gimieran.— Te amo…a pesar de todo este caos, te amo.

Se besaron con renovada intensidad contra la pared, manos explorando piel bajo la camisa, feromonas mezclándose en un torbellino de reconciliación, deseo y alivio. Por ahora, el mundo exterior —la expulsión, las acusaciones— quedaba fuera de esa puerta.

Solo existían ellos dos, predestinados, uniéndose de nuevo en cuerpo y alma.

Reencuentro Ardiente Contra la Pared

Charlie no podía contener más el deseo acumulado. Con un movimiento firme y preciso, tomó los bordes de la camisa que Babe llevaba puesta —su camisa— y la abrió de un tirón, haciendo saltar los botones. El pecho blanco y suave de Babe quedó expuesto al instante.

Babe protestó con un jadeo entrecortado, aunque sus ojos azul grisáceo brillaban de excitación.

—Cachorro…era mi favorita.

Charlie bajó la cabeza de inmediato, capturando uno de los pezones rosados entre sus labios. Lo chupó con hambre, pasando la lengua en círculos lentos antes de morder suavemente, tirando de él con cuidado. Babe arqueó la espalda contra la pared, soltando un gemido ahogado. Charlie repitió el proceso en el otro pezón, lamiendo y succionando con devoción, mientras su mano libre acariciaba el costado del omega.

Subió nuevamente a la boca de Babe y lo besó con intensidad, murmurando contra sus labios hinchados:

—Tengo más de mis camisas en mi armario para que uses…todas las que quieras.

Babe iba a protestar de nuevo, abriendo la boca, pero Charlie lo silenció con un beso profundo y posesivo, enredando sus lenguas en un baile húmedo y urgente. Mientras se besaban, las manos de Charlie bajaron hasta el boxer negro de Babe. Con un tirón decidido, lo rompió también, dejando caer los restos de tela al suelo.

Babe le dio un manotazo en el brazo, entre sorprendido y divertido.

—¡Charlie!

Charlie rio con ganas, una risa ronca y feliz que vibró contra el cuello de Babe.

—Te compraré más, mi amor. Ahora mismo solo te quiero a ti.

Sus dedos exploraron entre las piernas de Babe, encontrando la entrada ya húmeda y resbaladiza por la lubricación natural de su omega. Charlie gruñó profundamente, satisfecho y posesivo.

—Tan húmedo para mí…ya te estás preparando, mi omega hermoso.

Introdujo dos dedos con lentitud pero firmeza, deslizándolos dentro del calor apretado y resbaladizo de Babe. Este gimió fuerte contra la boca de Charlie, aferrándose a sus hombros. Charlie movió los dedos con precisión, curvándolos para rozar y presionar la próstata con cada embestida suave pero insistente. El sonido húmedo de sus dedos entrando y saliendo llenaba el espacio junto a los gemidos entrecortados de Babe.

—Ah…Charlie…ahí…— jadeó Babe, echando la cabeza hacia atrás contra la pared, los ojos entrecerrados de placer.

Charlie lo sostuvo con más fuerza contra la pared, sus caderas presionando para que Babe sintiera su propia excitación. Siguió moviendo los dedos en un ritmo constante y dominante, frotando esa zona sensible una y otra vez, mientras su boca atacaba el cuello pálido de Babe: besos, succiones y mordidas suaves que dejaban marcas rojizas de posesión.

—Eres mío, Babe…solo mío.— gruñó Charlie contra su piel, mordiendo suavemente el lóbulo de su oreja antes de volver a besarlo en la boca con pasión desbordante.

Babe, entre gemidos, logró subir las manos y quitarle la camiseta a Charlie con urgencia, dejando su torso blanco y definido al descubierto. Sus uñas se clavaron en la espalda del alfa, dejando rastros rojos mientras Charlie seguía follándolo con los dedos, profundo y certero. Babe también bajó la boca al hombro de Charlie y lo mordió con fuerza contenida, succionando para dejar su propia marca.

—Te amo…cachorro…no pares.— suplicó Babe entre jadeos, moviendo las caderas para encontrarse con los dedos de Charlie, su entrada contrayéndose alrededor de ellos con cada roce en su próstata.

Charlie aumentó ligeramente el ritmo, añadiendo un tercer dedo con cuidado mientras besaba y chupaba sus pezones una vez más, alternando entre el cuello y la boca.

Sus cuerpos estaban pegados, feromonas mezclándose en un aroma embriagador de deseo y reconciliación.

—Nunca voy a dejarte ir.— prometió Charlie con voz ronca y llena de amor, curvando los dedos justo donde sabía que lo volvía loco.— Eres mi predestinado…mi todo.

Babe solo pudo gemir su nombre, perdido en el placer que Charlie le daba contra la pared, sus cuerpos temblando de anticipación y amor profundo.

Posesión Ardiente Contra la Pared

Charlie sacó lentamente sus dedos de la entrada caliente y resbaladiza de Babe, provocando un gemido de protesta inmediata.

—Tus dedos, cachorro…No los saques.— suplicó Babe con voz entrecortada, sus ojos azul grisáceo nublados de placer.

Charlie sonrió con ternura y arrogancia alfa, besando sus labios hinchados con devoción.

—Tranquilo, mi amor. Voy a darte algo mucho mejor.

Mientras mantenía a Babe sostenido contra la pared con una mano, usó la otra para desabotonar y bajar el cierre de su pantalón con urgencia. Liberó su miembro duro, grueso y palpitante, que saltó pesado contra su abdomen. Babe jadeó al verlo, mordiéndose el labio inferior con anticipación.

—¿Te gusta lo que ves, mi amor?— preguntó Charlie con voz ronca, acariciando su propia longitud una vez mientras observaba la reacción de Babe.

Babe asintió, respirando agitado.

—Sí…y más lo voy a disfrutar al sentirlo dentro de mí.

Charlie sujetó suavemente pero con firmeza el cuello de Babe, presionándolo contra la pared sin lastimarlo, solo dominándolo con esa presencia alfa que hacía que el omega se derritiera. Sus ojos carmesí brillaban intensamente. Llevó la punta de su miembro a la entrada húmeda y lubricada de Babe, frotándola contra ella para cubrirse de su esencia.

Con un movimiento de caderas preciso y profundo, embistió hacia adelante. Charlie soltó un jadeo grave y gutural que erizó toda la piel de Babe, mientras se hundía centímetro a centímetro en su interior apretado y caliente.

—Dios…Babe…estás tan apretado y caliente para mí.— gruñó Charlie contra su boca, deteniéndose un momento para que se adaptara, aunque su cuerpo temblaba de necesidad.

Babe soltó un gemido largo y tembloroso, clavando las uñas en los hombros de Charlie.

Charlie comenzó a moverse: primero con embestidas profundas y controladas, luego más bruscas y poderosas, follando a Babe contra la pared con ritmo intenso. Cada empuje hacía que sus cuerpos chocaran con fuerza, llenando el departamento de sonidos húmedos y piel contra piel.

Charlie sonrió con pura satisfacción y placer mientras lo penetraba profundamente, una sonrisa dominante que hizo sonrojar a Babe con fuerza.

—Mírate…tan hermoso tomando todo de mí.— murmuró Charlie, acelerando el ritmo, sus caderas golpeando con fuerza contra el trasero de Babe.— Eres perfecto, mi omega…mi predestinado.

Mantuvo una mano en el cuello de Babe, dominándolo, mientras con la otra sujetaba su cadera para embestir más profundo. Bajó la boca para besar, chupar y morder los labios de Babe, luego su mandíbula y finalmente sus pezones sensibles, succionando con fuerza mientras seguía follándolo con embestidas profundas y bruscas que hacían que Babe rebotara contra la pared.

—Charlie…ah…más fuerte…— jadeó Babe, rodeando la cintura del alfa con las piernas, moviendo las caderas para encontrarse con cada embestida.

Charlie gruñó posesivamente y aumentó la intensidad, penetrándolo con golpes duros y certeros que rozaban su próstata sin piedad en cada movimiento.

—Así, mi amor…siénteme todo. Nadie más va a tenerte nunca. Solo yo.— dijo con voz ronca entre mordidas en su cuello, dejando marcas visibles de posesión.

Babe gemía sin control, su espalda arqueándose contra la pared, su miembro rozándose entre sus cuerpos con cada empuje potente. Sus manos recorrían la espalda de Charlie, dejando más marcas rojas con las uñas mientras recibía cada embestida profunda.

—Te amo…cachorro…no pares.— suplicó Babe, jadeando contra la boca de Charlie cuando este lo besó de nuevo con hambre.

Charlie lo folló más duro, profundo y rápido, sosteniéndolo firmemente contra la pared mientras devoraba su boca, su mandíbula y sus pezones. Sus feromonas se mezclaban en un torbellino dominante y dulce, llenando el espacio de puro deseo y amor predestinado.

—Nunca voy a parar de amarte…ni de reclamarte.— prometió Charlie con voz entrecortada, embistiendo con fuerza y precisión, perdido en el placer de sentir a su omega apretándose alrededor de él.— Eres mío, Babe…completamente mío.

Marca Eterna y Placer Compartido

Charlie seguía penetrando a Babe con embestidas profundas y poderosas contra la pared, cada movimiento preciso y lleno de posesión. Sus caderas chocaban con fuerza, hundiendo su miembro hasta el fondo en el calor apretado y resbaladizo del omega. De pronto, Babe inclinó la cabeza hacia un lado, exponiendo voluntariamente su cuello pálido y suave, ofreciéndose por completo.

—Márcame, Charlie…— susurró Babe con voz temblorosa de placer.— Hazme tuyo para siempre.

Charlie gruñó profundamente, un sonido primal y lleno de amor alfa. Sin detener sus embestidas, llevó sus colmillos al cuello expuesto de Babe y mordió con firmeza. La piel se rompió bajo la presión, brotando unas gotas de sangre caliente. Babe soltó un gemido agudo y placentero, contrayéndose alrededor del miembro de Charlie. Este lamió la herida con devoción, enviando sus feromonas curativas a través de la saliva y el aroma, sellando el mordisco en una marca permanente de pareja predestinada que brillaba con un leve tono rojizo.

—Ahora eres mío de verdad.— murmuró Charlie contra la piel marcada, besándola con reverencia.

Después de aquella primera ronda intensa, ambos terminaron exhaustos pero insaciables. Se despojaron completamente de la ropa restante y se movieron al sofá. Charlie se recostó contra el respaldo, desnudo, su piel blanca y suave brillando por el sudor, su miembro aún duro y húmedo por el placer anterior. Babe se subió encima de él, ahorcajadas, y descendió lentamente sobre su longitud, tragándoselo por completo con un gemido largo y profundo.

—Ah…te siento tan profundo así…— jadeó Babe, acomodándose con las manos apoyadas en el pecho de Charlie.

Charlie se reclinó más, con una mano en la cadera de Babe y la otra acariciando su cintura, dominando el ritmo desde abajo. Sus ojos carmesí observaban con fascinación absoluta cómo Babe comenzaba a moverse encima de él: lento y sensual al principio, girando las caderas en círculos profundos que permitían sentir cada centímetro de su miembro dentro.

Detrás de Babe, un gran espejo reflejaba la escena de forma obscena y perfecta. Charlie podía ver claramente cómo el trasero redondo y firme de Babe subía y bajaba, tragándose su polla gruesa una y otra vez, desapareciendo por completo en su interior apretado.

—Dios, mírate en el espejo…— gruñó Charlie con voz ronca y posesiva, apretando la cadera de Babe para guiarlo más profundo.– Te ves increíble montándome así, mi amor. Tan hermoso y mío.

Babe se sonrojó intensamente, pero no dejó de moverse. Sus caderas empezaron a ganar fuerza, subiendo y bajando con más intensidad, haciendo que su trasero rebotara contra los muslos de Charlie con sonidos húmedos y carnales. Charlie lo observaba todo: el movimiento obsceno en el espejo, el rostro de placer de Babe, su miembro rozándose contra su abdomen con cada descenso.

Charlie se incorporó ligeramente, sujetando la nuca de Babe para atraerlo a un beso brutal y profundo, enredando sus lenguas con hambre. Luego bajó a su cuello marcado, chupando y mordiendo suavemente alrededor de la marca fresca, mientras con una mano pellizcaba y luego succionaba uno de sus pezones rosados.

—Muévete más fuerte para mí.— ordenó Charlie con tono dominante pero lleno de adoración, empujando sus caderas hacia arriba para encontrarse con cada bajada de Babe, penetrándolo más profundo y brutal.— Quiero sentir cómo me aprietas entero.

Babe gimió alto, acelerando el ritmo, montándolo con movimientos sensuales y potentes. Su interior se contraía alrededor del miembro de Charlie con cada embestida ascendente.

—Charlie…cachorro…te siento tan bien…me llenas completamente.— jadeó Babe, echando la cabeza hacia atrás, perdido en el placer.

Charlie gruñó posesivamente, mordiendo el otro pezón mientras sus manos apretaban las nalgas de Babe, separándolas ligeramente para penetrarlo aún más profundo. El ritmo se volvió una mezcla perfecta de lento y sensual —disfrutando cada roce interno— y brutal, con Charlie embistiendo desde abajo con fuerza controlada, haciendo que Babe rebotara sobre él.

—Eres perfecto…mi omega predestinado.— susurró Charlie contra su boca antes de devorarla en otro beso feroz.— Nadie más te verá así. Nadie más te tendrá. Solo yo.

Babe se movía con más urgencia, sus caderas girando y bajando con fuerza, el espejo reflejando cada detalle obsceno mientras Charlie lo besaba, chupaba y mordía su cuello, pezones y labios sin descanso. El placer se construía lento, profundo y devastador, sus cuerpos unidos en un ritmo perfecto de amor, posesión y reconciliación apasionada.

Planes de Futuro y Ternura Compartida

Unas horas después, tras varias rondas intensas de pasión que los dejaron exhaustos y profundamente conectados, Charlie dejó que Babe descansará entre sus brazos. El omega yacía sobre su pecho, respirando con calma mientras sus feromonas mezcladas llenaban el departamento de una paz cálida y satisfecha.

Se levantaron juntos y fueron al baño.

Charlie, con una gentileza dominante pero cariñosa, ayudó a Babe a limpiarse. Sus manos recorrieron con cuidado el cuerpo del omega bajo el agua tibia, eliminando los rastros de su unión. Babe se sonrojó ligeramente cuando los dedos de Charlie se detuvieron más tiempo en su entrada, limpiando con ternura lo que él mismo había dejado dentro.

—Déjame cuidarte.— murmuró Charlie, besando su hombro marcado.

Después del baño, Babe tomó una pastilla anticonceptiva con un vaso de agua.

—Aún no queremos cachorros.— dijo con una sonrisa suave.— Eso vendrá después, cuando estemos listos.

Babe se puso la camiseta que Charlie llevaba cuando llegó: grande, impregnada de su aroma a madera y especias. Le llegaba a medio muslo, dejando sus piernas al descubierto. Charlie sonrió con diversión y ternura al verlo.

—Te ves adorable así.— comentó, acercándose.

Babe le devolvió una sonrisa encantadora, girando ligeramente para mostrarla.

—Tu olor me calma, cachorro…Me encanta sentir tus feromonas en mi cuerpo todo el tiempo.

Charlie se derritió ante esas palabras. Tomó el rostro de Babe entre sus manos y lo besó con amor profundo y cariño infinito, un beso lento y lleno de devoción que hizo suspirar a ambos.

Calentaron la comida que Babe había preparado antes de la llegada de Charlie y se sentaron a cenar en la mesa pequeña del departamento. Mientras comían, la conversación fluyó naturalmente hacia temas más serios.

Charlie lo miró con curiosidad.

—¿En serio piensas irte al extranjero?

Babe asintió, tomando un sorbo de agua.

—Sí, siempre fue mi sueño. Lo siento si no te lo dije antes, pero me tenías embobado con nuestra relación y se me pasó mencionarlo.

Charlie sonrió con calidez al escuchar eso.

—Embobado…me gusta cómo suena.

Babe continuó, su voz elegante y sincera:

—El caos en la universidad solo me facilitó las cosas. Y en cuanto a lo nuestro, quería saber si tú quieres venir conmigo. Puedo esperar a que termines la universidad; solo te faltan tres meses para graduarte. Podemos irnos juntos después.

Charlie lo observó con sorpresa y un amor que iluminaba sus ojos.

—¿Lo dices en serio?

Babe asintió con firmeza.

—Solo si tú quieres. Esa es tu decisión, Cachorro. No quiero presionarte.

Babe rio con ternura cuando Charlie se levantó de repente, lo tomó en brazos y lo elevó ligeramente antes de bajarlo, abrazándolo con fuerza.

—Por supuesto que quiero. Mi lugar es contigo, mi amor.— declaró Charlie con convicción.

Babe jadeó suavemente al sentir las manos de Charlie bajar y apretar con posesividad su trasero desnudo bajo la camiseta, amasándolo con cariño y deseo. Sus cuerpos se pegaron, y el aroma de ambos se intensificó.

—No llevas ropa interior, mi amor.— murmuró Charlie contra su oído, con una sonrisa traviesa y dominante, apretando más la carne suave y firme.

Babe sonrió y escondió su rostro en el cuello de Charlie, inhalando su aroma con placer.

—Me siento cómodo así, Cachorro…Tu camiseta y tu olor son todo lo que necesito ahora.

Charlie rio bajo, besando su sien y luego sus labios con suavidad renovada. Sus manos seguían acariciando y apretando con ternura posesiva el trasero de Babe, manteniéndolo cerca mientras terminaban de cenar entre besos robados y planes susurrados sobre su futuro juntos. El lazo predestinado brillaba más fuerte que nunca, prometiendo un camino compartido más allá de las dificultades pasadas.

Lágrimas Silenciosas y Consuelo

Después de cenar y compartir risas suaves mientras lavaban los platos juntos, Babe y Charlie se retiraron a la cama. La habitación estaba iluminada solo por una lámpara tenue, creando un ambiente cálido e íntimo. Babe se acurrucó contra el pecho desnudo de Charlie, apoyando su cabeza en él. Su cabello negro contrastaba con la piel blanca y suave del alfa. Charlie lo rodeó con un brazo, acariciando lentamente su espalda con movimientos suaves y reconfortantes, trazando líneas invisibles con las yemas de los dedos.

El aroma dulce de Babe se mezclaba con el de Charlie, creando una burbuja de calma después de la tormenta emocional y física del día. Pero de pronto, Charlie sintió una humedad cálida en su pecho, justo donde descansaba el rostro de su omega. Se preocupó al instante y se incorporó ligeramente, sosteniendo a Babe con más firmeza.

—¿Qué pasa, mi amor? ¿Por qué lloras?— preguntó Charlie con voz baja y llena de preocupación, sus ojos oscuros buscando los de Babe. Un leve tono carmesí apareció en ellos por la inquietud.

Babe negó con la cabeza rápidamente, intentando ocultar su rostro contra el pecho de Charlie. Su voz salió algo ahogada.

—Nada…solo me entró algo en el ojo. No es importante, cachorro.

Charlie no se conformó. Se incorporó más, sentándose contra el respaldo de la cama y haciendo que Babe se sentara también frente a él. Tomó suavemente el rostro del omega entre sus manos, limpiando con los pulgares las lágrimas que ya rodaban por sus mejillas.

Sus ojos azul grisáceo estaban brillantes y enrojecidos.

—No mientas, cariño. Puedo oler tu tristeza y sentirla en tus feromonas. Dime qué te pasa. No tienes que guardártelo todo.

Babe se mordió el labio inferior, luchando por mantener la compostura. Finalmente, suspiró temblorosamente y confesó, con la voz quebrada pero elegante:

—Es solo que…estos días fueron muy difíciles, Charlie. Las fotos manipuladas, la insistencia de aquel estudiante, el escándalo en la universidad, la expulsión…todo se acumuló. Te extrañé muchísimo. Tenía tanto miedo de perderte…miedo de que esa duda se convirtiera en distancia permanente entre nosotros. Me sentía tan solo, pero no quería derrumbarme frente a ti. Quería ser fuerte para los dos.

Charlie sintió un pinchazo en el pecho al entenderlo todo. Su omega, siempre tan compuesto y maduro, se había guardado todo ese sufrimiento para no cargarlo a él. Lo atrajo con ternura hacia su pecho, abrazándolo con fuerza pero con infinito cuidado, una mano en su nuca y la otra acariciando su espalda.

—Mi amor…— murmuró Charlie contra su cabello negro, inhalando su aroma dulce para calmarlo.— No tienes que ser fuerte todo el tiempo. No conmigo. Soy tu alfa, tu pareja. Tu dolor también es mío. Siento no haber estado ahí cuando más me necesitabas. Ver esas fotos me cegó por un momento, pero mi corazón siempre supo que eras inocente. Perdóname por haberte hecho dudar de nosotros.

Babe se aferró a él, dejando que más lágrimas cayeran en silencio.

—No hay nada que perdonar, cachorro. Entendí tu reacción…pero dolía igual. Pensé que todo se iba a desmoronar: mi carrera, nuestra relación, el futuro que empezábamos a construir.

Charlie besó su frente y luego sus labios con una dulzura infinita, saboreando la sal de sus lágrimas.

—Nada se va a desmoronar. Estamos juntos, y eso es lo que importa. Mañana empezaremos a planear nuestro viaje al extranjero. Tres meses y nos vamos los dos. Tú y yo, lejos de todo esto. Te prometo que voy a cuidar de ti siempre, Babe. Mi omega predestinado…mi profesor favorito…mi todo.

Babe levantó la vista, sus ojos azul grisáceo encontrándose con los carmesí de Charlie.

Una pequeña sonrisa temblorosa apareció en sus labios.

—Te amo, Charlie. Gracias por venir hoy…por no rendirte con nosotros.

—Y yo te amo más, mi amor.— respondió Charlie, secando las últimas lágrimas con besos suaves.— Aquí estoy, y no me voy a ninguna parte. Descansa en mí.

Se recostaron de nuevo, Babe con la cabeza en el pecho de Charlie, quien continuó acariciando su espalda con movimientos lentos y protectores. Sus feromonas se envolvieron mutuamente, ofreciendo consuelo y seguridad. En esa quietud, el lazo predestinado se fortaleció aún más, recordándoles que, a pesar de las tormentas, su destino era estar juntos.

Rutina de Esperanza y Planes Compartidos

Los días siguientes transcurrieron con una mezcla de normalidad universitaria para Charlie y una calma reconfortante para Babe en su departamento. Charlie asistía a sus clases con renovada determinación, atento a cada explicación, tomando apuntes detallados y participando cuando era necesario. Su mente, sin embargo, volaba constantemente hacia Babe y el futuro que estaban construyendo juntos. Apenas terminaban las clases, guardaba sus cosas y se dirigía directamente al departamento de su omega, siempre con discreción.

Tardes de Búsqueda y Sueños

Aquella tarde, como las anteriores, Charlie llegó al departamento de Babe con una sonrisa cansada pero genuina. Babe lo recibió con un beso suave en los labios y un abrazo que duró más de lo habitual.

—Bienvenido a casa, cachorro.— murmuró Babe contra su cuello, inhalando su aroma.— ¿Cómo te fue hoy?

—Bien, aunque contar las horas para llegar aquí se me hace eterno.— respondió Charlie, dejando su mochila a un lado y rodeando la cintura de Babe con sus brazos.— Extrañé tu olor todo el día. ¿Y tú? ¿Avanzaste con las búsquedas?

Babe asintió y lo tomó de la mano, guiándolo hasta la mesa donde tenía el portátil abierto junto a varios folletos impresos y notas. Se sentaron juntos, con Charlie rodeando los hombros de Babe con un brazo mientras miraban la pantalla.

—Estuve revisando opciones.— dijo Babe con voz calmada y elegante.— Europa es hermosa, pero los costos de vida y los requisitos de visa para ambos podrían complicarse al principio. Australia también es atractiva, pero está muy lejos. ¿Qué opinas tú?

Charlie besó su sien, acariciando distraídamente el brazo de Babe.

—Quiero un lugar donde podamos empezar de cero, con buen clima, oportunidades para ti como profesor y para mí si decido continuar estudios o trabajar. Algo vibrante pero que nos permita tener nuestra propia paz.

Exploraron varias ciudades durante casi una hora: Nueva York, Toronto, Barcelona…comentando pros y contras entre risas y opiniones compartidas. Babe señalaba detalles prácticos como costos de vivienda y oportunidades laborales, mientras Charlie aportaba entusiasmo por el estilo de vida y la cercanía a playas o naturaleza.

De pronto, Babe abrió una pestaña nueva sobre Los Ángeles, California. Las imágenes de playas soleadas, diversidad cultural y universidades de renombre llenaron la pantalla.

—Mira esto.— dijo Babe con creciente interés, sus ojos café brillando con ese azul grisáceo de emoción.— California tiene un clima maravilloso, muchas oportunidades en educación y una comunidad grande y abierta. Podríamos encontrar un buen apartamento cerca de alguna universidad o zona residencial tranquila.

Charlie se inclinó más cerca, leyendo junto a él. Una sonrisa amplia se dibujó en su rostro.

—Los Ángeles…Me gusta. Sol, mar, gente de todas partes. No estaríamos tan lejos de Tailandia si queremos volver de visita. Además, tres meses pasan rápido. Podríamos establecernos allí juntos. ¿Qué te parece, mi amor?

Babe giró el rostro hacia él, con una sonrisa radiante y encantadora.

—Me parece perfecto, cachorro. Siempre soñé con vivir en California. La energía creativa, las oportunidades…y sobre todo, hacerlo contigo. ¿Estás seguro? No quiero que dejes nada importante por mí.

Charlie tomó su mano y entrelazó sus dedos, mirándolo con devoción absoluta.

—Estoy completamente seguro. Mi lugar es a tu lado, Babe. Terminó la carrera, nos vamos a Los Ángeles y empezamos nuestra vida juntos. Lejos de escándalos, de secretos y de todo lo que nos hizo daño. Solo tú y yo, predestinados, construyendo algo real.

Babe se acercó y lo besó con ternura, un beso lento y lleno de promesas.

—Entonces está decidido. Los Ángeles será nuestro nuevo hogar. Te amo, Charlie. Gracias por elegir esto conmigo.

—Y yo te amo más, profesor.— respondió Charlie, atrayéndolo a su regazo para abrazarlo con fuerza.— Vamos a ser muy felices allí. Te lo prometo.

Se quedaron un rato más navegando opciones de barrios, apartamentos y requisitos de mudanza, planeando con ilusión y detalles prácticos. Entre besos suaves, caricias inocentes en la espalda y risas compartidas, su futuro en California se sentía cada vez más cercano y real. El lazo que los unía brillaba con esperanza renovada.

Celebración de Graduación y Deseo Desbordado

Habían pasado exactamente tres meses. Charlie finalmente se había graduado con honores, culminando su carrera universitaria en Bangkok. Babe estuvo presente en la ceremonia, discretamente ubicado entre los invitados, usando la excusa de felicitar a varios de sus antiguos alumnos. En realidad, solo tenía ojos para Charlie, su alfa, su predestinado. Sus miradas se cruzaron varias veces, cargadas de orgullo y anticipación.

Terminada la celebración oficial, Charlie se despidió rápidamente de sus compañeros y se fue con Babe al departamento. Apenas cruzaron la puerta, la tensión acumulada explotó.

Charlie tomó a Babe por la cintura con firmeza posesiva y colocó una mano en su mejilla, atrayéndolo a un beso profundo y urgente. Sus bocas se encontraron con hambre, lenguas entrelazándose mientras Charlie lo guiaba hacia la mesa del comedor.

Con un movimiento fluido, levantó a Babe y lo sentó en el borde, acomodándose entre sus piernas abiertas.

Babe jadeó cuando Charlie lo despojó rápidamente de su ropa inferior y pantalón, dejándolo solo con la camisa formal de la ceremonia.

Rio suavemente ante la urgencia evidente de su alfa.

—Tan impaciente, cachorro…— murmuró Babe con voz entrecortada y divertida.

Charlie se desabrochó el pantalón con rapidez y sacó su miembro duro y palpitante.

Llevó una mano entre las piernas de Babe, deslizando dos dedos por su entrada ya húmeda y resbaladiza gracias a su lubricación natural de omega.

—Siempre tan preparado para mí.— gruñó Charlie con satisfacción.

Babe gimió agudamente al sentir los dedos entrando en él, moviéndose con precisión para abrirlo. Charlie los retiró poco después y, sin apartar la mirada, los llevó a su boca y los probó con deleite.

—Mmm…— Charlie sonrió con los ojos carmesí brillantes.— Tu sabor es una delicia, mi amor.

Babe se quedó hipnotizado ante esa imagen, el rubor subiendo por sus mejillas blancas.

Charlie lo atrajo más hacia el borde de la mesa y posicionó la punta de su miembro en la entrada húmeda. Con un movimiento firme y profundo, embistió hacia adelante, hundiéndose por completo en el calor apretado de Babe en una sola estocada.

—Ah…Charlie…— jadeó Babe, arqueando la espalda y aferrándose a los hombros del alfa.

Charlie comenzó a follarlo con embestidas profundas y bruscas, sujetando las caderas de Babe con fuerza posesiva mientras abría su camisa con la otra mano para exponer su pecho. Bajó la cabeza y capturó uno de sus pezones entre los labios, chupando y mordiendo suavemente mientras sus caderas golpeaban con ritmo intenso y dominante.

—Eres mío, Babe…completamente mío.— gruñó Charlie contra su piel, alternando besos hambrientos en la boca, succiones en el cuello marcado y mordidas en los pezones sensibles.— Te siento tan apretado y caliente alrededor de mí…perfecto.

Babe gemía con cada embestida profunda, sus piernas rodeando la cintura de Charlie para atraerlo más adentro. Sus manos se enredaban en el cabello negro del alfa, tirando suavemente mientras recibía cada empuje poderoso.

—Más…cachorro…lléname más profundo.— suplicó Babe entre jadeos, su voz ronca de placer.

Charlie aceleró el ritmo, penetrándolo con fuerza y precisión, haciendo que la mesa crujiera bajo ellos. Besaba su boca con devoción feroz, bajaba a morder su mandíbula y cuello, y succionaba sus pezones con hambre, todo mientras lo follaba de manera profunda y brutal.

—Te amo…mi omega…mi predestinado.— murmuró Charlie contra sus labios, embistiendo con golpes duros y certeros que rozaban su próstata sin piedad.— Nadie más va a tenerte nunca. Solo yo te hago sentir así.

Babe se contrajo alrededor de él, perdido en el placer, respondiendo a cada beso y embestida con el mismo fervor. Sus cuerpos se movían en perfecta sincronía, feromonas dulces y especiadas envolviéndolos mientras celebraban la graduación de la forma más íntima y apasionada posible.

Nuevo Hogar y Orgullo Compartido

Habían pasado varios meses desde su llegada a Los Ángeles. Charlie y Babe habían comprado juntos una casa acogedora en un barrio tranquilo de California: no era ni demasiado grande ni demasiado pequeña, con un jardín modesto, amplias ventanas que dejaban entrar la luz del sol californiano y un ambiente cálido que ya sentían como suyo.

Los muebles modernos y algunos detalles tailandeses que Babe había insistido en traer les daban un toque personal y hogareño.

Babe había logrado un puesto como profesor en una prestigiosa universidad privada de la ciudad, donde impartía clases de literatura y cultura asiática. Charlie, por su parte, había entrado en una importante empresa de tecnología especializada en Datos e Inteligencia Artificial, donde su talento era valorado y rápidamente reconocido.

Esa noche, después de un largo día, ambos estaban en la sala de estar. Babe llevaba una camisa ligera y pantalones cómodos, mientras Charlie vestía solo una camiseta ajustada y shorts. Estaban sentados en el amplio sofá, con una copa de vino en la mesa baja.

Charlie atrajo a Babe hacia su regazo, rodeando su cintura con los brazos y besando suavemente su cuello.

—Estoy tan orgulloso de ti, mi amor.— murmuró contra su piel, inhalando el dulce aroma de su omega.— Conseguiste ese puesto en la universidad en tan poco tiempo. Eres increíble.

Babe sonrió, girándose para mirarlo. Sus ojos cafés se volvieron azul grisáceo con emoción.

Pasó los dedos por el cabello negro de Charlie.

—Y yo de ti, cachorro. Entrar en esa empresa de tecnología no fue fácil, pero lo lograste con tu inteligencia y dedicación. Ganamos bien, tenemos esta casa hermosa…y sobre todo, nos tenemos el uno al otro.

Charlie lo besó con ternura, un beso lento y profundo que fue ganando intensidad. Sus manos subieron por la espalda de Babe bajo la camisa, acariciando su piel blanca y suave.

Babe jadeó suavemente contra su boca, enredando los dedos en el cabello del alfa.

—Esto es lo que siempre quise.— susurró Charlie, separándose apenas para mirarlo a los ojos.— Verte feliz, estable, y construir algo real juntos. Lejos de todo lo que nos complicó la vida en Bangkok.

Babe asintió, mordiéndose el labio inferior mientras sentía las manos de Charlie bajar hasta sus caderas, apretándolas con posesividad cariñosa.

—Estoy muy orgulloso de nosotros, Charlie. De cómo superamos todo y llegamos aquí. Mi omega se siente seguro y completo contigo. Te amo tanto…

Charlie lo besó de nuevo, más hambriento esta vez, bajando a su mandíbula y cuello, dejando besos húmedos y succiones suaves que hicieron gemir bajito a Babe. Sus cuerpos se pegaron más en el sofá, las piernas de Babe a cada lado de las caderas de Charlie.

—Eres mi hogar, Babe.— dijo Charlie con voz ronca, apretando suavemente el trasero del omega por encima de la ropa mientras lo atraía más cerca.— Cada día despierto agradecido de tenerte a mi lado. Mi profesor brillante, mi omega predestinado…mi todo.

Babe rio suavemente entre jadeos, acariciando el pecho de Charlie y besando su cuello.

—Y tú eres mi cachorro brillante, mi alfa fuerte y amoroso. Esta vida que estamos construyendo…me hace muy feliz.

Se quedaron un largo rato así, besándose con pasión contenida pero llena de amor, acariciándose con ternura y posesividad, celebrando en silencio todo lo que habían logrado. Sus feromonas se mezclaban en el aire del salón, creando una atmósfera de calidez, orgullo y profundo amor. En su nuevo hogar en California, el futuro se sentía brillante y lleno de promesas.

Celos Bajo el Sol de California

El sol brillaba con fuerza en la playa de Los Ángeles, pero bajo su mini sombrilla, Charlie y Babe disfrutaban de un momento tranquilo y feliz. Ambos vestían shorts ligeros y camisas sueltas, con protector solar protegiendo su piel blanca y suave. Sentados sobre una manta amplia, reían mientras compartían refrescos fríos y conversaban sobre sus días en la nueva ciudad.

De pronto, Babe entrecerró los ojos y murmuró con tono crítico:

—¿Ya la has visto?

Charlie, confundido, giró ligeramente la cabeza.

—¿Ver a quién, mi amor?

Babe señaló discretamente con la mirada hacia un grupo cercano.

—No para de mirar hacia aquí…o mejor dicho, hacia ti. Y cada rato se acomoda los balones que tiene adelante. Es bastante obvio.

Charlie rio bajo al escuchar las palabras de Babe y miró en la dirección indicada.

Efectivamente, una persona no dejaba de observarlo. Asintió con diversión.

—Sí, me doy cuenta ahora.

Babe golpeó suavemente su brazo, con un claro gesto de molestia.

—¿Le estás viendo lo que te ofrece, Charlie?

Charlie arqueó una ceja, claramente divertido por los celos de su omega.

—No, claro que no.

Babe gruñó suavemente, haciendo un pequeño berrinche adorable mientras cruzaba los brazos.

—Lo estabas haciendo…

Charlie sonrió con ternura y acarició su mejilla con el dorso de la mano, acercándose más.

—Solo me gusta lo que me ofreces tú, Babe.

Babe refutó con las mejillas ligeramente sonrojadas:

—No tengo senos, Charlie…Así que no hay nada.

Charlie soltó una risa baja y cálida. Con disimulo, aprovechando que la sombrilla los ocultaba parcialmente, metió una mano bajo la camisa suelta de Babe y llegó directamente a uno de sus pezones rosados. Lo rozó con el pulgar en un círculo lento y suave.

—Pero sí tienes unos pezones rosados deliciosos, mi amor…— murmuró Charlie cerca de su oído, con voz ronca y llena de cariño.— Que saben a gloria cuando los pruebo.

Babe se mordió el labio inferior con fuerza, conteniendo los sonidos que amenazaban con escapar de su boca. Sus ojos cambiaron rápidamente al azul grisáceo, y su aroma dulce se intensificó. Charlie lo notó y disfrutó cada segundo de su reacción, sonriendo con satisfacción alfa.

De pronto, Babe se alejó un poco y se levantó con rapidez, con un sonrojo evidente en sus mejillas blancas.

—No me andes tocando, pervertido.— protestó, aunque su voz temblaba entre vergüenza y excitación.

Babe se marchó caminando por la arena, intentando mantener la compostura mientras su corazón latía con fuerza. Charlie rio con ganas, se levantó de inmediato y lo siguió con pasos tranquilos pero decididos.

—Espera, mi amor.— llamó Charlie, alcanzándolo y rodeando su cintura desde atrás con un brazo, deteniéndolo suavemente.— Sabes que solo tengo ojos para ti. Nadie más me interesa.

Babe se giró entre sus brazos, aún con el rostro enrojecido, pero una pequeña sonrisa traicionera asomando en sus labios.

—Eres un cachorro insoportable cuando quieres…pero eres mío.

Charlie besó su frente con ternura y luego sus labios suavemente.

—Y tú eres mi omega celoso favorito. Vamos a seguir disfrutando de la playa…solo nosotros dos.

Caminaron juntos por la orilla, tomados de la mano, con las risas regresando poco a poco mientras el sol californiano los acompañaba en su momento de complicidad y amor.

Bromas, Celos y Besos en la Arena

Babe había salido corriendo por la arena después de gastarle una broma a Charlie, riendo mientras esquivaba a los bañistas. Su camisa ondeaba con el viento y sus shorts cortos dejaban ver sus piernas blancas y suaves. Sin mirar hacia atrás, chocó de lleno contra alguien. Perdió el equilibrio, pero unos brazos fuertes lo atraparon antes de que cayera.

—Perdón, lo siento mucho.— se disculpó Babe rápidamente, apartándose con disimulo y acomodando su ropa.

El hombre extranjero, alto y de sonrisa amplia, lo miró con admiración evidente.

—You’re so beautiful.— dijo con voz cálida.

Babe, aún sonrojado por la carrera, respondió con cortesía:

—Thank you.

El hombre sonrió, asintió y se marchó. Babe apenas había dado dos pasos cuando escuchó la voz profunda y posesiva de Charlie justo detrás de él.

—¿Y ese quién era?

Babe se giró, aún con la respiración agitada.

—Choqué con él sin querer, cachorro. Fue un accidente.

Babe se acomodó la camisa y el cabello negro con cuidado. Charlie arqueó una ceja, observándolo con atención.

—¿Qué haces?

Babe contestó con obviedad y un toque juguetón:

—Tenía que verme bien ante tal bombón.

Charlie arqueó más la ceja, claramente divertido pero con un toque de celos.

—¿Disculpa?

Babe se encogió de hombros con una sonrisa traviesa.

—Tú dijiste que tenía algo que ofrecer. Solo estoy siendo justo.

Charlie lo tomó de la cintura con firmeza, atrayéndolo contra su pecho. Su aroma a madera y especias se intensificó, cargado de posesividad alfa.

—Espero que sea una puta broma, mi amor.

Babe sostuvo su mirada por unos segundos, sus ojos cafés cambiaron lentamente al azul grisáceo. Luego, con una sonrisa encantadora, rodeó el cuello de Charlie con sus brazos y se pegó más a él.

—Solo quiero seducirte a ti, cachorro…Así que no te preocupes, es solo una broma.

Charlie soltó una risa baja y, en un movimiento rápido pero juguetón, le dio una nalgada firme en el trasero. Babe se quejó con una risa.

—¡Oye, eso dolió!

—Para que aprendas.— regañó Charlie, aunque sus ojos carmesí brillaban de diversión y deseo.

Babe respondió con picardía:

—Que aprenda tu abuela.

Charlie rio y lo tomó de la nuca con posesividad, atrayéndolo para besarlo con intensidad. Sus labios se encontraron con hambre, moviéndose con pasión contenida pero profunda. Charlie devoró su boca, enredando sus lenguas mientras una mano bajaba por la espalda de Babe y apretaba su trasero con firmeza, pegándolo completamente contra su cuerpo. Babe gimió bajito contra sus labios, respondiendo al beso con el mismo fervor, sus dedos enredándose en el cabello negro de Charlie.

Cuando se separaron, jadeando ligeramente, Charlie apoyó su frente contra la de Babe.

—Eres un omega muy peligroso cuando quieres ponerme celoso…pero solo yo puedo tocarte así. Solo yo puedo besarte. Solo yo puedo tenerte.

Babe sonrió, aún sonrojado, y rozó sus narices.

—Y solo tú me haces sentir así, mi alfa. Nadie más. Te amo, cachorro.

Charlie lo besó de nuevo, más suave esta vez, pero lleno de promesas. Sus manos acariciaron la cintura de Babe por debajo de la camisa, rozando su piel mientras el sonido de las olas los envolvía. La broma había terminado en risas, besos y esa conexión predestinada que los hacía inseparables, incluso en medio de una playa llena de gente.

Noche de Risas y Caricias en el Sofá

Después de varios días intensos de trabajo —Babe con sus clases en la universidad y Charlie con proyectos exigentes de datos e inteligencia artificial—, ambos regresaron a casa agotados pero felices. Esa noche decidieron quedarse en su acogedora casa en Los Ángeles. Se ducharon, pidieron comida ligera y se acomodaron en el amplio sofá de la sala, con las luces tenues y una comedia ligera reproduciéndose en la pantalla.

Babe estaba recostado contra el pecho de Charlie, con la cabeza apoyada en su hombro. Ambos vestían ropa cómoda: Babe una camiseta holgada de Charlie y shorts, mientras Charlie solo llevaba pantalones de chándal. El aroma dulce del omega se mezclaba con el especiado y cálido del alfa, creando una atmósfera de paz absoluta.

Charlie rodeaba la cintura de Babe con un brazo, acariciando lentamente su espalda por debajo de la camiseta. En la pantalla, una escena particularmente graciosa hizo que ambos rieran al unísono.

—Esta película es justo lo que necesitaba.— dijo Babe con una sonrisa, girando ligeramente la cabeza para mirar a Charlie.— Después de corregir tantos ensayos esta semana, reír contigo es la mejor medicina.

Charlie besó su sien con ternura, inhalando su aroma. Sus ojos se tiñeron de un leve carmesí.

—Y para mí, después de horas frente a algoritmos y datos, tenerte así es lo único que me relaja de verdad. Mi omega…mi refugio. Te extrañé todo el día.

Babe sonrió y se acomodó mejor, pasando una pierna sobre las de Charlie. Sus dedos trazaron patrones suaves en el pecho desnudo del alfa.

—Yo también te extrañé, cachorro. Aunque estemos ocupados, saber que al final del día vuelvo a ti hace que todo valga la pena. ¿Sabes? Tu olor me calma en cuanto entro por la puerta.

Charlie rio bajo y bajó la mano hasta el muslo de Babe, acariciándolo con lentitud posesiva.

—Bien, porque mi Alfa solo se siente completo cuando estás cerca.— Se inclinó y capturó sus labios en un beso suave al principio, que fue profundizándose poco a poco. Sus lenguas se rozaron con calma, saboreándose mientras la película seguía de fondo.

Babe suspiró contra su boca, subiendo una mano para enredar los dedos en el cabello negro de Charlie.

—Charlie…me encanta cuando me besas así. Despacio, como si tuvieras todo el tiempo del mundo.

—Porque lo tengo.— murmuró Charlie contra sus labios, mordiendo suavemente su labio inferior antes de bajar a besar su cuello, justo sobre la marca de pareja.— Eres mío, Babe. Cada risa, cada suspiro…todo.

Babe arqueó ligeramente el cuello, dejando escapar un gemido suave cuando Charlie succionó con cariño esa zona sensible. Sus feromonas se intensificaron, envolviéndolos en un capullo cálido y dulce.

—Solo tuyo, mi alfa.— susurró Babe, girándose más para quedar casi a horcajadas sobre él.— Y tú eres mío. Mi cachorro trabajador y brillante que siempre vuelve a casa conmigo.

Charlie apretó suavemente sus caderas, atrayéndolo más cerca mientras seguían besándose entre risas ocasionales por alguna escena graciosa de la película. Sus manos exploraban con ternura bajo la camiseta de Babe, acariciando su piel blanca y suave, rozando sus pezones con los pulgares en movimientos lentos y adoradores.

—No quiero que esta noche termine nunca.— confesó Charlie entre besos, mirándolo con ojos brillantes de amor y deseo.— Solo nosotros, riendo, tocándonos…amándonos.

Babe sonrió contra su boca, mordisqueando su labio con picardía.

—Entonces no la dejemos terminar tan pronto, cachorro. Quédate aquí conmigo. Te amo.

—Y yo te amo más, mi amor.— respondió Charlie, profundizando el beso mientras la comedia seguía sonando de fondo, acompañando su momento íntimo y lleno de complicidad.

Se quedaron así largo rato: besos suaves, caricias perezosas, risas compartidas y feromonas entrelazadas, disfrutando de la paz que tanto se merecían en su hogar en California.

Deseo en la Penumbra del Sofá

Después de un largo rato de besos suaves y caricias perezosas, Babe se concentró por completo en la película de comedia. Reía con ganas ante las ocurrencias de los personajes, su cuerpo relajado contra el de Charlie. Sin embargo, el alfa no había dejado de mirarlo con intensidad, sus ojos carmesí brillando en la penumbra de la sala.

Charlie deslizó una mano con lentitud por la cadera de Babe, acariciando la piel suave bajo la camiseta.

—Babe…— llamó con voz ronca y baja.

—Sí.— respondió Babe distraído, sin apartar la vista de la pantalla, aún riendo por una escena.

Charlie se inclinó más cerca, sus labios rozando el oído de su omega.

—Quiero follarte, cariño.

Babe, aún absorto en la película, contestó automáticamente:

—Sí, buena elección de película, cachorro.

Charlie se quedó procesando las palabras por un segundo y luego soltó una risa profunda y divertida. Negó con la cabeza, tomó suavemente el rostro de Babe con una mano y lo volteó hacia él.

—Escucha con atención, mi amor.— dijo con una sonrisa dominante pero llena de cariño.— Quiero hacerte el amor.

Babe parpadeó, enfocándose por fin en los ojos carmesí de Charlie. Se sonrojó ligeramente, el azul grisáceo apareciendo en su mirada.

—Cachorro…

Charlie sonrió con esa expresión posesiva que siempre derretía a Babe.

—Quítate la ropa, Babe.

Babe soltó un pequeño “¿Qué?” sorprendido, pero la intensidad en la voz de Charlie lo hizo obedecer. Suspiró con una mezcla de nervios y excitación, se levantó ligeramente y se quitó la camiseta y los shorts, quedando completamente desnudo frente a él. Su piel blanca y suave brillaba bajo la luz tenue de la televisión.

Charlie lo observó con hambre evidente, recorriendo cada curva de su cuerpo esbelto.

Hizo una seña con la mano.

—Siéntate encima de mí.

Babe se acercó y se sentó a horcajadas sobre las piernas de Charlie, apoyando las manos en sus hombros. Charlie sonrió con satisfacción.

—Me gustas más desnudo que con ropa. Por mí no hay problema si te la pasas sin vestimenta en la casa.

Babe rio bajo, aún sonrojado.

—Pervertido…

Charlie no esperó más. Devoró su boca en un beso profundo y posesivo, enredando sus lenguas con lentitud sensual mientras sus manos bajaban hasta el trasero firme de Babe. Gruñó con satisfacción al sentir lo húmedo y preparado que ya estaba su entrada gracias a la lubricación natural del omega.

—Tan listo para mí…— murmuró contra sus labios.

Charlie sacó su miembro duro de los pantalones y lo guió hacia la entrada resbaladiza de Babe. Con un movimiento lento pero firme, lo penetró centímetro a centímetro, llenándolo por completo. Babe soltó un gemido largo y tembloroso, aferrándose a los hombros de Charlie.

—Charlie…te siento tan profundo…— jadeó Babe, moviendo las caderas con lentitud para adaptarse.

Charlie sujetó sus caderas con posesividad, guiando sus movimientos mientras comenzaba a embestir desde abajo con ritmo lento, profundo y sensual. Cada empuje era deliberado, rozando su próstata con precisión que hacía temblar a Babe.

—Eres mío, Babe…— gruñó Charlie contra su cuello, besándolo, chupando y mordiendo suavemente la piel marcada.— Solo mío. Me encanta sentir cómo me aprietas así.

Babe arqueó la espalda, moviéndose encima de él en círculos lentos y profundos, bajando completamente para sentirlo hasta el fondo.

Charlie subió una mano para pellizcar y succionar uno de sus pezones rosados, mordiéndolo con cariño mientras con la otra mano apretaba su trasero, controlando el ritmo.

—Ah…cachorro…así…— gimió Babe, enredando los dedos en el cabello negro de Charlie.

Charlie alternaba entre besar su boca con pasión contenida, succionar su cuello y lamer sus pezones, todo mientras lo penetraba con embestidas lentas pero poderosas, profundas y sensuales. Sus cuerpos se movían en perfecta sincronía, sudorosos y conectados.

—Te amo…mi omega hermoso.— susurró Charlie contra sus labios, aumentando ligeramente la intensidad pero manteniendo el ritmo deliciosamente profundo.— Quiero sentirte así todas las noches. Llenándote, reclamándote…amándote.

Babe jadeó contra su boca, contrayéndose alrededor de él con cada movimiento.

—Te amo, Charlie…solo tú me haces sentir completo. No pares…por favor…

Se perdieron en ese placer lento, profundo y sensual, con Charlie dominando cada embestida y Babe entregándose por completo, sus gemidos y susurros de amor llenando la sala mientras la película seguía reproduciéndose en el fondo, completamente olvidada.

Descanso y Ternura Después de la Pasión

Luego de una hora intensa en la que Charlie lo había follado con ese ritmo lento, profundo y sensual que lo volvía loco, Babe yacía exhausto pero completamente satisfecho sobre el pecho de su alfa. Su cuerpo temblaba ligeramente por los orgasmos acumulados, y su entrada aún palpitaba alrededor del miembro de Charlie, que acababa de correrse profundamente dentro de él.

Charlie lo abrazó con fuerza durante unos minutos más, besando su frente y su cuello marcado mientras ambos recuperaban el aliento. Finalmente, salió con cuidado de su interior y tomó una suave frazada del respaldo del sofá para cubrir el cuerpo desnudo y sudoroso de Babe.

Babe soltó una risa cansada pero juguetona al sentir la tela sobre su piel.

—Dijiste que te gustaba que estuviera desnudo…

Charlie sonrió con esa mezcla de ternura y arrogancia alfa, acariciando su cabello negro mientras lo arropaba mejor.

—Sí, me gusta…me encanta verte así, completamente mío y expuesto. Pero mi lado posesivo no coopera. No quiero que nadie más que yo pueda imaginarte de esta forma, ni siquiera el aire.

Babe rio con suavidad, acurrucándose más contra su pecho y pasando una pierna sobre las de Charlie bajo la frazada.

—Eres un caso, cachorro…Tan dominante y dulce al mismo tiempo.

Charlie rio bajo y lo besó en los labios con lentitud, un beso profundo y lleno de cariño que duró varios segundos. Sus manos acariciaban la espalda de Babe por encima de la frazada, trazando líneas suaves y reconfortantes.

—Me encanta esta vida que tenemos aquí.— murmuró Charlie contra su boca, separándose apenas.— Despertar contigo, volver del trabajo y saber que te encontraré…hacerte el amor en el sofá, en nuestra cama, en cualquier rincón de esta casa. Eres mi paz, Babe.

Babe levantó la vista, sus ojos azul grisáceo brillando con amor y satisfacción. Rozó con los dedos la mandíbula de Charlie.

—Y tú eres mi hogar, Charlie. Después de todo lo que pasamos en Bangkok…esto se siente como un sueño. Trabajar en lo que amo, volver a ti cada día, que me mires como si fuera lo más precioso del mundo. Te amo tanto, mi alfa.

Charlie lo apretó más contra sí, besando su sien y luego bajando a capturar sus labios de nuevo en un beso más lento y sensual. Sus lenguas se rozaron con calma, saboreándose mientras sus feromonas se entremezclaban: el dulce de Babe y el especiado de Charlie creando un aroma embriagador de amor y pertenencia.

—Quiero que sigamos así siempre.— susurró Charlie, mordiendo suavemente su labio inferior.— Construyendo recuerdos, riendo, follándote hasta que no puedas caminar derecho…y luego cuidándote como mereces.

Babe soltó una risa ronca y escondió el rostro en el cuello de Charlie, mordiendo suavemente su piel.

—Pervertido romántico…Pero sí. Quiero todo eso contigo. Nuestra casa, nuestros trabajos, nuestras noches como esta…y algún día, cuando estemos listos, nuestros cachorros.

Charlie gruñó bajito de pura satisfacción y posesividad, besando el cuello marcado de Babe con devoción.

—Cuando estemos listos. Por ahora, solo quiero disfrutar de tenerte solo para mí un poco más.

Se quedaron un largo rato así, envueltos en la frazada, compartiendo besos perezosos, caricias suaves y conversaciones en voz baja sobre sus días, sus sueños y lo agradecidos que se sentían por haber encontrado el camino juntos. La película seguía reproduciéndose en segundo plano, completamente olvidada, mientras ellos disfrutaban de la intimidad más pura y hermosa de su nueva vida en California.

¡FIN!

Dedicado a @VaniaIsabelAguilarNo me lo habías pedido que lo disfrutes, disculpa la demora…..

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author

😭😭😭 me encanto fue más hermoso de lo que yo, lo pensé😭😭😭, muchas gracias por hacer realidad 🥹🥹 la espera valio la pena amiga🫶, eres una gran escritora, sigue así me encanta como relatas los one shorts, jajajaja me hubiera gusta los cachorros 🤭 pero te quedo perfecto.
Pd. gracias por hacer realidad esta fantasía mía 💋💋 estoy muy feliz 😁😁😁

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