Cap 1:La mirada que lo cambió todo
Capítulo 1: La Mirada que lo Cambió Todo
Barrio 19. Un lugar donde la gente aprendía desde niña a caminar mirando al suelo y a no hacer preguntas.
Yo tenía 18 años y ya sabía perfectamente cómo sobrevivir en estas calles. Me llamaba Mar, estudiaba en el colegio del sector y todos los días hacía el mismo recorrido: salir de clases, bajar la cabeza y caminar lo más rápido posible hacia mi casa antes de que anocheciera.
Pero desde hacía varias semanas, alguien había empezado a romper mi rutina.
Áres.
Todos en el Barrio 19 conocían ese nombre. Tenía 19 años y ya era una leyenda oscura. Alto, piel blanca, cabello negro ligeramente desordenado que caía sobre su frente, ojos penetrantes y fríos. Siempre vestido de negro, con esa cadena gruesa de oro brillando en su cuello y una presencia que hacía que hasta los más bravos se apartaran.
Y él me había puesto los ojos encima.
Al principio solo eran miradas. Yo pasaba frente a la esquina donde se juntaba con sus muchachos y sentía su mirada quemándome la espalda. No decía nada. Solo sonreía de medio lado, una sonrisa peligrosa que me provocaba escalofríos.
Mi mamá me lo advirtió desde el primer día:
—Mar, ni se te ocurra acercarte a ese muchacho. Ese tal Áres es peligroso. No trae nada bueno. Prométeme que te vas a mantener lejos.
—Sí, mamá. Tranquila. No soy tonta —le respondía yo.
Pero era mentira.
Aquella tarde me había quedado hasta tarde en el colegio ayudando a la profesora. Cuando salí, ya estaba oscureciendo. Las calles del Barrio 19 se volvían otro mundo después del atardecer. Caminaba rápido, con el corazón latiendo fuerte, cuando escuché pasos firmes a mi lado.
—¿Te puedo acompañar hasta tu casa?
Su voz era grave, profunda y sorprendentemente calmada. Me detuve en seco. Áres estaba a solo un paso de mí, con las manos en los bolsillos y esa mirada fija en mi rostro. Su cabello negro se movía ligeramente con el viento.
Quise decirle que no.
Quise correr.
Pero cuando levanté la vista y choqué con esos ojos claros y fríos, algo dentro de mí se sacudió.
—…Está bien —susurré.
Caminamos uno al lado del otro. Al principio en silencio. Luego él empezó a hablar. Me preguntó mi nombre, en qué año estaba, si me gustaba el barrio. Su tono era suave, casi tierno. Nada que ver con la fama que tenía.
—Mar… —repitió mi nombre como probándolo—. Bonito nombre.
Cuando llegamos a la esquina de mi casa, se detuvo. Me miró directamente a los ojos durante unos segundos que parecieron eternos.
—Nos vemos mañana, Mar.
No fue una pregunta. Fue una afirmación.
Esa noche no pude dormir. Me quedé mirando el techo, con el corazón acelerado y una sensación extraña en el estómago. Sabía que me estaba metiendo en algo peligroso.
Pero por primera vez en mucho tiempo… no me importaba.
Me di vuelta en la cama por enésima vez, recordando cada detalle. La forma en que su cabello negro caía sobre su frente cuando el viento lo movía, el tono grave de su voz al pronunciar mi nombre, la seguridad con la que caminaba a mi lado como si nada ni nadie en el Barrio 19 pudiera tocarnos. Áres no era como los demás chicos que me miraban de lejos. Él no disimulaba. Me miraba como si ya fuera suya, y eso, en lugar de asustarme, me hacía sentir viva.
Sabía quién era. Todo el mundo en el barrio hablaba de él. Decían que controlaba varias esquinas, que nadie se atrevía a desafiarlo, que había hecho cosas que nadie se atrevía ni a mencionar. Mi mamá me había advertido mil veces sobre gente como él. “Esos muchachos solo traen destrucción”, repetía siempre. Y yo siempre le decía que sí, que entendía.
Pero ahora que había caminado a su lado, que había sentido su presencia tan cerca, todo parecía diferente. Por fuera era el chico más temido del Barrio 19, pero cuando hablaba conmigo su voz se suavizaba. Me trataba como si yo fuera algo delicado, algo que valía la pena proteger. Y después de años de sentirme observada y deseada por tantos, por fin alguien me hacía sentir… especial.
Sonreí en la oscuridad de mi habitación al recordar cómo había dicho “Nos vemos mañana, Mar”. No era una pregunta. Era una promesa. Y yo, a pesar de todo, ya estaba deseando que llegara ese mañana.
Sabía que esto estaba mal. Sabía que estaba jugando con fuego.
Pero el fuego nunca se había sentido tan cálido.
Cerré los ojos intentando dormir, pero su imagen seguía ahí, grabada en mi mente. Su piel blanca bajo la luz tenue de las farolas, sus ojos claros y fríos que por un segundo parecieron calentarse solo para mí. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué no podía simplemente olvidarlo como me pedía mi mamá?
Porque en el fondo, aunque me daba miedo admitirlo, ya quería volver a verlo. Quería caminar de nuevo a su lado. Quería sentir esa extraña mezcla de miedo y emoción que solo él provocaba en mí.
Y eso era lo más peligroso de todo.
Fin del Capítulo 1








