Lo siento.
Anoche lo arruiné, pedí algo que no quería, ¿lo peor? Que por primera vez me diste algo. Pero eso era algo que yo no quería, quería quedarme, saber que al menos podrías llegar a sentir igual, el saber que al menos todas esas charlas que se tuvieron habrían significado algo, pero no. No significo nada para tí, no soy nada ni nadie. Es peor darme cuenta que te lloré, por algo que yo no inicié, mucho menos lo quise terminar, al menos de esa forma.
Es mi culpa, yo te asusté, te alejé, te presione por una respuesta que yo no estaba dispuesta a escuchar. Pero, ¿por qué tenía que ser así? Eres un descorazonado, yo no he hecho nada más que sólo quererte, que tenerte estima, que apreciarte, que respetarte y respetar los límites que habías tenido, a pesar que eso me estuviera matando por dentro también.
Por qué si no ibas a jugar igual, ¿por qué entonces me ilusionas a mí con que las reglas del juego ya cambiaron? Yo no sabía, pero a tí te divertía. Era injusto, el juego y todo estaría a tu favor siempre, yo sólo lo aceptaba sin leer aquellas letras más pequeños, porque al final estaba cegada, cegada por querer tener algo que yo esperaba mucho más antes.
No te culpo, tú no tienes la culpa de mi sentir, más sin embargo pudiste ser más prudente, tratarme con mucha más humanidad y no rebajarme a una cosa, un simple objeto, un algo y no un alguien. ¿De verdad yo era alguien? O sólo veías una salida, que, aunque llena de espinas, la tomabas sin dudar porque al menos era un escape.
No dudo el que me hayas querido alguna vez, de verdad que no. Pero no como yo, eso está claro.
Y duele más el darte cuenta que yo me habría sacado el corazón si a tí solamente no te hubiera dado miedo la sangre.
No quiero que mueras por mí, que des la vida por mí y menos que sacrifiques todo de tí sólo para mí, no pido que te adecues a mí ni mucho menos que seas algo con lo que no serás feliz. Me temo que ni aunque te pidiera la mano para sentir que estás aquí me la darías. Te quiero, imperfecto, irreal, extraño y con detalles, porque el aceptar que no eres un ser completo, es querer. Nadie más podría decirme que eres de lo peor, cuando sé que has cometido errores ya, pues así es mi querer.
No puedo cambiar lo que fue, no podré controlar lo que será y jamás podría tener el poder de modificar lo que es, pero sí puedo aceptarlo, o negarme a ello.
Y, a pesar de todo eso, en esta última vida, te volvería a elegir. No por capricho, no porque no quiera algo más, si no porque a tí te he aceptado, y jamás intentaré cambiarlo. Pero definitivamente elegiré no quedarme mucho más.
Lastimas, como un vicio. Me llenas la mente y dejó de pensar con claridad. Pero me dañas mucho más que cualquier sustancia. Porque eres adicción pura, porque a tí no hay que probarte para querer más, porque con una sóla vez, quedas enganchado por quién sabe cuánto tiempo.
Pero, eso mismo te hace peligroso, así que anda con cuidado o pronto se verá un virus muy letal.
Antes he dicho que te quiero, pero ha sido mentira. Yo te amo, te amo con intensidad real, pero quizás, y sólo quizás, también sea una mentira, alguna otra falsedad mía.
Supongo que querer será lo mejor, hasta que ya no te pueda reconocer.
Porque a mí no me va con dejar de existir cuando no me ocupas, a mí me va de que me busques cuando no me tengas. Cosa que jamás harás, pues tu orgullo jamás lo dejarás. Aunque digas que no lo es, la realidad es que simplemente buscas a alguien con mucho más orgullo que tú para ser ignorado, y es un ciclo del que no querré ser más partícipe. Quizás te mentí, tal vez de verdad ya no te amo, ni te quiera, tal vez ya no piense en tí de esa misma manera, pero estaría mintiendo. No te miento a tí, me miento a mí misma creyendo que si lo digo en voz alta, quizás algo dentro de mí lo crea y empiece a superarte. Más no quiero.
No estaba lista, pero aún así, me diste algo que yo no quería y, ¿sabes qué? Gracias por eso. Gracias por hacerme ir, aunque no quisiera. Era lo mejor, pero sólo para tí. Y aunque yo ya no te importe, te aseguro que al menos por una noche, pude despedirme sin palabras de tí.
Porque te quiero, porque te amo, porque te aprecio, es que me tomo la molestia de escribirte todo esto. Porque no era que te merecieras más, es que era demasiado lo que ya no podrías guardar.
Por mi amor desbordado, ahora estarás en cualquier otro lado. Yo, en cambio, me conservaré así y, tal vez, algún día y con mucha suerte, te pueda volver a ver y ambos tengamos lo necesario para dar ese último paso. O sólo evitarnos para hacer sólo lo mejor.
Porque te quiero, te amo y te pienso, de aquí a la luna y hasta venus, descansa, mi niño lindo.








