Prólogo
Esta historia inicia conmigo, abriéndome paso hasta el concilio para presentar mi caso.
Al llegar, dentro de los sentidos y límites humanos, se percibe un olor casi neutro, agradable, probablemente distinto para cada ser que entre al sitio.
Se observa un cielo donde se vislumbran galaxias y brillantes nebulosas.
El lugar parece iluminado por una pequeña estrella, creada justamente para dar luz a este pequeño espacio aislado del resto.
El suelo está cubierto por piedra caliza blanca. Todo lo que podría llamar “el jardín” está cubierto de estas piedras, y árboles sin hojas que parecen esculpidos en marfil decoran la vista.
Dentro de este pequeño rincón del universo, en medio de todo, existe un recinto. Este se asemeja mucho a lo que ustedes reconocerían como un coliseo romano, aunque aquí no se llevan a cabo disputas violentas, pero tal vez sí intelectuales.
Pero basta de descripciones, ya tendrás tiempo de imaginar.
Camino junto a otros hasta la entrada del recinto. Aquí dentro puedes ver seres de todo tipo, vestidos con ropas blancas, azules como el cielo o doradas, depende del gusto de cada quien.
Ves millares de razas distintas, ni una repetida, aunque algunas se asemejan.
Por ahora, sin distracciones, camino entre la muchedumbre sin detener el paso. Después de todo, mi audiencia está por empezar y es hora de que escuchen mi petición.
Adelantándonos un poco, después de algo de burocracia divina, unos cuantos días... ¿o tal vez fueron semanas? ¿Meses?
Al fin llegó mi turno.
No fue una gran espera, pero con una pequeña distracción pude haber llegado tarde.
—Por el momento puedo decir que tengo todo a mi favor —dije con un poquito de arrogancia.
—Pero aun así, convencerlos a todos no será fácil.
Al final, la arrogancia no dura mucho.
Solo fijé mi vista al frente, mirando al final del túnel. Caminé hasta cruzar el límite imaginario de luz y, frente a mí, cientos de miles de asistentes expectantes a escuchar mi caso.
<Para muchos, una situación como esta sería aplastante, pero esta no es mi primera vez>.
Cuando entré y me posé en medio del todo, sobre una plataforma cilíndrica, esta se elevó dejándome a la vista de todos.
Sin contar a los incalculables asistentes, frente a mí, en un lugar específico, se posaban cinco tronos enormes. Y sus usuarios no son más que los creadores, el todo, los conceptos mismos que dan forma a este mundo y a universos enteros.
Su existencia ahora mismo está lejos de cualquier comprensión humana. En fin.
La audiencia debe comenzar.
—Saludos a todos los presentes en esta ocasión. Es de mi agrado saber que hay tanto interés —saludé con una pequeña reverencia en señal de respeto.
La asistencia al concilio para analizar casos es voluntaria y no todos asisten siempre. Si lo hicieran, necesitaríamos un recinto enorme, del tamaño de una ciudad pequeña. Pero una asistencia de esta magnitud solo se logra con casos de alta importancia.
—He venido aquí a presentar mi caso y, como ya habrán leído mi informe, me abstendré de decir detalles irrelevantes.
El sonido de mi voz resonaba por todas partes gracias al silencio aplastante que se sentía. Todos observaban a detalle tu siguiente movimiento.
—Iré directo al punto principal.
Llegó el momento importante, por lo que es hora de dejar los juegos y hablar con firmeza.
—Dentro de la galaxia donde llevo a cabo mi supervisión, hay un planeta habitable con vida inteligente en una fase temprana de desarrollo.
—El mundo KXCV-2638000-3DGHJ, o mejor conocido por sus habitantes nativos como Seres.
—Este mundo tiene una sanción que me gustaría poder revocar debido a la situación delicada, no solo en ese mundo, sino también por una pequeña bola de nieve que podría volverse imparable si no se detiene a tiempo.
Expliqué a todos los espectadores mientras caminaba sobre esta pequeña plataforma, observando en cada dirección.
Ante esto, la mayoría cuchicheó entre sí, tal vez recordando aquel juicio del pasado.
Hasta que uno de ellos se puso en pie, un ser más parecido a un ave como las de su mundo.
De pie, inició con su diálogo.
—Muchos aquí recordamos lo sucedido en ese mundo y las consecuencias ocasionadas por uno de sus habitantes.
Se detuvo y continuó.
—Las consecuencias produjeron varios colapsos de civilizaciones de forma prematura, además de dejar una corrupción casi imborrable que requiere millones de años para sanar.
—Y como es más que evidente, han pasado apenas unos milenios, solo un parpadeo. Además, esa civilización se considera una amenaza para tu galaxia. Con eso dicho, espero que tengas evidencias y fundamentos que respalden esta nueva postura.
—He terminado —cuando terminó de remarcar el punto y la objeción, hizo una reverencia en señal de respeto y volvió a sentarse.
Por supuesto, en todo juicio, consejo o consulta habrá opositores, o aquellos que esperan una razón con verdadero valor para tomar una decisión. Así que es hora de exponer algunos puntos y tratar de convencerlos.
Pero esto no es algo que verán ahora. Pronto se enterarán de cómo terminó esta apelación hacia un mundo que sufre por el egoísmo de uno solo de sus ancestros.








