Chapter 1: El Peso de la Gloria
Mostrar lo que Kaito está a punto de perder.
El rugido del estadio era como un trueno que retumbaba en el pecho de Kaito.
El balón parecía obedecer cada uno de sus pensamientos mientras cruzaba la cancha.
Estaba a solo un paso de la Selección Nacional, el sueño por el que sus amigos habían celebrado tantas noches.
Al salir de la universidad, los vio: su grupo de siempre, los que estuvieron en las malas, riendo y esperándolo con una pancarta.
Kaito no sabía que esa luz que los rodeaba era el último destello antes de una oscuridad eterna. En medio de la multitud, una figura nueva apareció.
Era Lisa. Su sonrisa era perfecta, pero sus ojos tenían la frialdad de una tumba
Lisa se gana la confianza de todos mientras prepara la trampa.
Lisa se movía entre el grupo de amigos como una serpiente en el pasto.
"Es tan difícil estar aquí sola", decía con una voz que derretía cualquier sospecha.
Kaito, siempre protector, le abrió las puertas de su mundo.
Sin embargo, mientras ellos compartían risas y planes de futuro, Lisa tomaba notas mentales.
Necesitaba un chivo expiatorio, un rostro famoso que ocultara la sombra de su verdadero amante: un criminal de los barrios bajos.
"Kaito es perfecto", pensó ella mientras fingía timidez. "Es tan brillante que su caída cegará a todos".
Un día kaito está descansando en su casa después de un gran partido que le tocó le llega unmensaje de Lisa brillaba en la pantalla: "Kaito, ve al estacionamiento, tengo un regalo para ti".
Pero el "regalo" era un escenario del infierno.
Cuando Kaito llegó, el olor a hierro y muerte lo golpeó de frente.
Sus amigos estaban allí, pero ya no eran ellos; eran sombras tendidas en el asfalto frío.
Los asesinos no solo se habían conformado con quitarles la vida.
Con una risa gélida, uno de ellos escupió sobre el cuerpo de su mejor amigo, mientras otro, en un acto de desprecio absoluto, humillaba los cadáveres frente a los ojos horrorizados de Kaito.
El mundo de Kaito se tiñó de rojo.
No era fútbol, no era la universidad; era la supervivencia pura.
Se lanzó contra ellos con los puños cargados de una furia que nunca supo que tenía.
Justo cuando los nudillos de Kaito impactaban contra el rostro de un asesino, las sirenas desgarraron la noche.
Pero no venían a salvarlo.
Los oficiales bajaron con las armas en alto, apuntando directamente al "héroe" nacional.
—¡Él es Angie! ¡Él los mató! —el grito de Lisa fue como un puñal de hielo.
Kaito se quedó paralizado.
Lisa estaba allí, abrazándose a sí misma, fingiendo terror.
Se acercó a él mientras lo esposaban y, con una voz que solo él podía oír impregnada de veneno, sollozó para que todos la escucharan: "Mi amor, ¿por qué lo hiciste? Yo no quería creer que eras un asesino... pero te volviste loco".
En ese instante, algo dentro de Kaito se rompió.
No fue solo su corazón; fue su humanidad. Sus ojos, antes brillantes por el deporte, se volvieron oscuros como el abismo.








