uno
Hye-jin despertó antes de que sonara la alarma, como siempre. Eran las 6:47 a.m. y la luz grisácea de Seúl se filtraba por las cortinas blancas de su departamento. Se quedó unos segundos mirando el techo, sintiendo el peso familiar de la rutina. Estiró el brazo y apagó el despertador antes de que empezara a molestar. Se levantó, caminó descalza hasta la cocina y preparó café negro bien cargado. El aroma llenó el pequeño espacio mientras ella se apoyaba en la encimera, mirando por la ventana hacia la ciudad que apenas empezaba a despertar.
Se duchó con agua caliente, dejando que el vapor borrara los restos de sueño. Mientras se vestía —jeans oscuros, una blusa sencilla de manga larga y unas botas bajas— su mente ya empezaba a dar vueltas. Hoy sería un día largo. Clases, entregas pendientes, y esa sensación constante de que algo (o alguien) la distraía más de lo que debería.
Bajó al estacionamiento, subió a su auto y manejó hacia la universidad bajo el tráfico habitual de la mañana. En la radio sonaba una canción suave que no logró calmar el leve nerviosismo que sentía en el estómago. Sabía por qué. Jungkook probablemente estaría ahí, como siempre.
Llegó al campus, estacionó y caminó hacia el edificio principal. El aire fresco de la mañana le daba en la cara. Saludó a un par de compañeros con una sonrisa educada, pero su mente estaba en otro lado. Recordaba la última vez que se habían cruzado en el pasillo: él había pasado a su lado, rozando su hombro “sin querer”, y le había soltado con esa voz baja y burlona:
—“Luces cansada, Hye-jin. ¿Te amaneciste pensando en mí?”
—"No, estaba pensando en tu hermano" —le había respondido ella, algo que hizo que los amigos de Jeon estallaran en burlas contra el.
Ella había rodado los ojos siguiendo su camino, pero el cosquilleo en su piel había durado todo el día. Negaba una y otra vez que ese idiota le afectara. Era solo… costumbre. Competencia. Nada más.
Entró a su primera clase del día. Se sentó en su lugar habitual, cerca de la ventana. Minutos después, Jungkook apareció. Alto, con esa chaqueta negra que le quedaba demasiado bien, el cabello ligeramente revuelto y esa expresión de quien sabe que llama la atención sin esforzarse. No se sentaron cerca, nunca lo hacían. Pero sus miradas se cruzaron un segundo. Él levantó una ceja, casi imperceptible, y curvó los labios en esa sonrisa torcida que ella conocía demasiado bien. Hye-jin apartó la vista rápidamente, apretando el lápiz entre sus dedos.
Durante la clase, sintió su presencia como una corriente eléctrica constante. Cada vez que él hablaba o respondía algo, su voz grave llegaba hasta ella. Y cuando el profesor hizo una dinámica en parejas, el destino (o la mala suerte) los puso juntos por unos minutos. Jungkook se acercó a su escritorio, inclinándose un poco más de lo necesario.
—¿Nerviosa? —preguntó en voz baja, solo para ella.
—No empieces, Jeon —murmuró Hye-jin sin mirarlo directamente.
Él soltó una risa suave, casi inaudible.
—Solo estoy siendo amable. Aunque me encanta cuando te pones a la defensiva… te ves más linda.
—Pudrete —dijo con una sonrisa burlona tratando de esconder su rostro al notar que un calor subía por sus mejillas, y lo odio, odia que el la haga sentir así, que cada respuesta se sienta como un paso más.
El resto de la mañana pasó entre apuntes, discusiones en grupo y más cruces incómodos. En el descanso, mientras comía algo rápido con su amiga Minji en el patio, esta no tardó en tocar el tema.
—Oye, ¿ya sabes lo de la fiesta de Taehyung esta noche? Mansión enorme, habrá piscina, va a estar lleno de gente.
Hye-jin se encogió de hombros, fingiendo desinterés mientras removía su café.
—No sé… no soy mucho de fiestas grandes. Sabes que no me gusta tanto el bullicio.
Minji rodo los ojos mirando hacia un lado, pero volteo su mirada a su amiga y sonrió con picardía.
—Jungkook va a ir. Lo escuché decirlo ayer.
—No me importa —respondió Hye-jin demasiado rápido. Su amiga levantó una ceja—. En serio. Ese tipo solo sabe molestar.
—Ajá… —Minji dio un sorbo a su bebida—. Pues el otro día vi cómo te miraba en el pasillo. Ese no es mirada de “solo molestar”, amiga. Tal vez es de algo más...
—Mejor no hablemos de el, no quiero que llueva.
Hye-jin cambió de tema bruscamente, hablando del clima, de una serie nueva, de cualquier cosa. Pero en su cabeza no dejaba de dar vueltas. Jungkook. Siempre Jungkook. Ese imbécil que se metía en sus pensamientos sin permiso.
Por la tarde, después de las últimas clases, volvió a casa. Se tiró en el sofá un rato, revisando el celular. Entre los mensajes apareció uno viejo de su ex, el que había terminado hace tres meses. Un simple “¿cómo estás?” que la hizo bufar y bloquear la conversación. No necesitaba eso ahora. No necesitaba recordar cómo esa relación había sido tan… tibia. Tan diferente a la electricidad que sentía cada vez que Jungkook estaba cerca, aunque lo negara con todas sus fuerzas.
Se duchó de nuevo, se preparó una cena ligera y se quedó un rato mirando por la ventana mientras caía la noche. La invitación a la fiesta seguía rondando en su mente. Minji le había mandado varios mensajes insistiendo.
Finalmente, suspiró y contestó:
Está bien. Iré.
No era por Jungkook. Claro que no. Solo necesitaba distraerse, soltarse un poco después de una semana pesada. Eso era todo.
Pero mientras elegía la ropa para la noche —un vestido negro que se ajustaba a su cuerpo de forma peligrosa—, no pudo evitar preguntarse si él también estaría pensando en ella.








