Chapter 1
Su celular no dejaba de sonar sobre la almohada, justo a su lado. Pero ella se había prometido a sí misma que se iba a tomar esta ruptura con calma. Que, -contrario a lo que sucedió-, iba a irse a dormir temprano, iba a comer lo que usualmente comía, saldría con sus amigas y llamaría a su madre. Pero no hizo ninguna de esas cosas.
De hecho, pasó la noche deslizando en sus propias redes sociales, viendo los comentarios de todas las personas que aseguraban que esto “se veía venir”, porque habían visto una serie de micro expresiones en un video de 30 segundos. Parecía extremadamente desconcertante que estar en redes sociales y básicamente vivir de ellas, fuese tan complejo; no solamente por estar expuesta a que todas estas personas le advirtieron sobre lo que “era obvio”, durante semanas; sino el hecho de que tenían tanto trabajo juntos, porque a ambos se les ocurrió la idea de hacerlo público. Y debido a eso, había contratos que le impedían borrar los videos y las fotos que compartía con su ex novio, que había sido tan descuidado en sus actividades, que ahora todo el internet sabía que le había sido infiel una cantidad incalculable de veces.
También había visto varias veces los videos en los que todas estas chicas “daban declaraciones” de todo lo que había sucedido entre ellos, sin saltarse ningún detalle, por vergonzoso o incómodo que fuese. Por supuesto, Camila no se puso ningún límite en cuanto a cuántas veces vería cada uno de los videos, y tampoco en qué tan abajo deslizaba en los comentarios, solo se detenía cuando notaba que empezaban a culparla a ella por no haberse dado cuenta… Claro, ella también se estaba enterando de todo esto.
Sin embargo, recordó que tenía días sin responderle a su mánager, quien era su mejor amiga; y con quien definitivamente, no quería hablar aún al respecto. Así que, debía levantarse y seguir adelante; pero, en algún momento de la vida había comprendido que, cuando no se quiere hacer nada, es más sencillo comenzar con lo cotidiano antes de arrojarse al resto de las responsabilidades -como comunicarle a Ornella que estaba medianamente bien, que podía seguir trabajando, que se limitaría a subir campañas que ya estuvieran programadas. -
Decidió que su día empezaría justo en ese momento, se levantó de la cama, su cuerpo le reclamó casi instantáneamente. Ya que, tenía más de doce horas prácticamente sin moverse, o eso le parecía, había perdido la noción de muchas cosas.
Fue primero al baño, aunque evitó a toda costa mirarse al espejo al entrar y salir -ya sabía lo que iba a encontrar allí, y no le apetecía-. Su recorrido la llevó a la cocina, donde fue realmente consciente de lo hambrienta que estaba, pero quiso tomarlo con calma. Se preparó unos huevos con pan tostado y aguacate, y romantizó el proceso todo lo que pudo, incluso puso música suave para evitar que cualquier mínimo pensamiento le llegara a la mente.
Estaba terminando su desayuno cuando recordó que el sonido de su teléfono a punto de reventar fue lo que la despertó en primer lugar, y con toda la ansiedad que podía gestionar tan temprano, tomó el móvil para ver muchas llamadas perdidas de Ornella – mierda – desbloqueó por completo el celular para regresar la llamada, y por supuesto; le atendieron al primer tono.
— Perdona, aún estaba medio dormida cuando escuché tu llamada, pero te prometo que estoy bien. –se apoyó en la encimera de la cocina mientras jugueteaba con el crecimiento de sus uñas; hizo una nota mental para hacer cita en el salón.
— Camila, no sé si perdiste la noción de la vida, el tiempo, el espacio, pero han pasado tres días, TRES. Las llamadas no son de esta mañana, son llamadas acumuladas de TRES días, ¡me estaba volviendo completa y absolutamente loca! – Bueno, Ornella estaba en lo correcto, eran tres días, pero estaba claro que ella no había muerto, que estaba bien. En esos tres días había publicado campañas y también había atendido por correo los asuntos de trabajo, le gustaba mucho su departamento de soltera como para dejar de trabajar por un infiel; y se repetía todo el tiempo que “otras mujeres pasan por cosas peores y deben seguir adelante”
— Ornella, seguí en contacto contigo todo el tiempo. Publiqué todo lo que estaba programado y además te respondí cada correo relacionado a campañas que me enviaste. —había dejado la posición desinteresada en la encimera y había decidido ponerse cómoda en una de las sillas del comedor, porque sabía la conversación que se venía.
— Si Camila, por supuesto que me di cuenta de tus publicaciones de campañas — respondió —, y también de los correos en los que decidías ignorar específicamente mis notas al final de “POR FAVOR DAME UNA SEÑAL DE QUE NO ERES UN BOT” o “CAMILA VEDIA POR FAVOR LLÁMAME” o mi favorito “CAMILA, COMO NO ME LLAMES MAÑANA TEMPRANO TE VOY A REPORTAR COMO DESAPARECIDA, SÓLO PARA HACERTE PASAR UN MAL RATO” — ese definitivamente le había movido algo en su ser; por supuesto que Ornella Portela era capaz de hacer eso
— Por supuesto que leí ese último. Fue ayer, y hoy te estoy llamando Nella, entonces no debemos reportar como desaparecida a nadie, ¿ok?
— Pues aún tengo ganas de hacerlo, Cam; porque en toda esta llamada solo me hablas de trabajo, y es lo que menos me interesa. Háblame —no fue la mención de la broma pesada de la denuncia falsa lo que hizo que Camila cayera en cuenta de lo que significaban tres días sin dar señales de vida más allá de trabajo en sus plataformas sociales, sino la desesperación en la voz de Ornella. Sabía todas las cosas que habían pasado por la mente de Nella por su “desaparición”, y no le gustaba ser la causante de eso. Así que se aferró al celular y dijo lo que debió decir hace media llamada.
— Entiendo, Nella. Solo te llamé para decirte que estoy mucho mejor, lamento muchísimo haberte preocupado, necesitaba mi espacio. Pero ya no necesito más espacio por ahora, y tengo un desastre enorme en mi casa que me encantaría arreglar mientras te cuento todo sobre estos tres días ¿Te parece? —al otro lado de la línea solo se escuchaba la respiración agitada de Nella, además de silencio. No podía escuchar nada más. Hasta que se detuvo un momento, y fue cuando Camila escuchó que tocaban a su puerta. Sin colgar, recorrió la distancia de la cocina a la puerta de su hogar, y le abrió la puerta a una Ornella notablemente molesta.
— Pues qué bueno que lo propongas, porque ya venía subiendo las escaleras. —tenía en las manos unas bolsas de supermercado, y una botella de vino sumamente malo que siempre compraban cuando debían ponerse al corriente de algo complicado. No porque no pudieran permitirse algo mejor, sino porque era parte de una tradición no escrita que llevaban años siguiendo. — Te traje algunas cosas, porque si fuiste igual de atenta conmigo que con tu refrigerador; entonces no quiero morir intoxicada por almorzar algo en mal estado. —Estaba notablemente molesta, pero si le ponías un poco de ojo de experto, notabas que en el fondo, estaba muy concentrada en ocultar una sonrisa, con muchas ganas.
Camila solamente se arrojó encima de su amiga como un piojo, le dio un sonoro beso y le quitó las bolsas —O sea ¿también te invitaste a comer?. —Nella puso distancia entre ellas, apoyó las manos en su cintura y ladeó la cabeza, ya sin poder ocultar la sonrisa que con tanto empeño se propuso no mostrar, porque quería que Camila entendiera lo que había significado su ausencia para ella. Pero al carajo, estaba muy feliz de verla bien; así que dejó su actuación de lado, y también se lanzó a por un abrazo de su mejor amiga.
Juntas, entraron a la mugrosa casa de Camila, para encontrarse con un desastre de paquetes sin abrir justo detrás de la puerta, al cruzar al pasillo que las llevaría a la sala del departamento. Se cruzaron con el espejo enorme que llenaba una gran parte del recibidor, y fue cuando Camilla se enfrentó con su imagen. Tenía unas enormes ojeras, su piel que ya solía ser bastante delicada, estaba tan pálida que le daba un aspecto verdoso y preocupante, la cortina ébano de su cabello estaba enmarañada y quebradiza… definitivamente ella había visto mejores épocas.
Estaba molesta por verse así, y por la razón detrás de ese aspecto tan abandonado. Porque efectivamente se había escondido en esa cama por tres días, había hecho solo lo mínimo e indispensable para seguir viva, pero se había preocupado tan poco por ella que asumió que lo que necesitaba era aislarse de las personas que si la hubiesen cuidado. Estaba tan decepcionada de todas las decisiones que había tomado para llegar a este punto: darle miles de oportunidades a Mateo, ignorar todas las señales que su propia intuición le pedía ver, y finalmente, decidir alejar a personas como Ornella de su lado. Solo porque no quería que la compadecieran en ningún nivel, porque sentía que eso la hacía menos capaz de hacer las cosas sola. Ya estaba cansada de eso, y aunque estaba segura de que su amiga sabía todo, tenía que decirlo en voz alta..
— Alguien grabó a Mateo en sus vacaciones, Nella. Estaba con una chica en un bar del hotel; no le importó en lo más mínimo que seamos figuras públicas, que todos conozcan su rostro. No fue capaz de pensar en lo mediático que sería esto, que con dos hashtags ese video no solo me llegaría a mí, sino a miles de personas. Me siento tan avergonzada y no sé qué hacer, no sé cómo podré sentarme frente a una cámara y grabar lo que sea que las personas están esperando de mí —estaba de pie en la mitad del corredor, había perdido la noción de cuánto tiempo llevaba solo observando su reflejo con la mirada perdida. De forma inconsciente se abrazó a sí misma, y se permitió hacerse pequeña, sentir todo lo que podía sentir. Porque Mateo le había hecho daño, pero ella se había hecho más daño dejándose caer en el vacío que se había abierto en su corazón después de eso, porque ella ya sabía que era la responsable de cuidar de sí misma, de obligarse a seguir adelante, por ella y por los suyos. Pero aún así dejó su vida, su imagen y su corazón en manos de una persona irresponsable.
Nella dejó con cuidado las bolsas en el piso y tomó las manos de Camila, quien ya se había encogido tanto que tenía el rostro oculto en la seguridad que le proporcionaba su propio hombro. Pero ella no tenía palabras para desmentir lo que Cam estaba diciendo, todo era verdad, ella también había visto el video. Había tratado de contactar a la persona que lo publicó, para que lo borrara, trató de negociar, pero ya era muy tarde. Muchas personas habían descargado el video y estaban hablando de esto, o publicando sus propias versiones de la grabación. Nella se acercó a Camila hasta que ambas terminaron abrazadas en el piso.
— Las personas deberán esperar, mi Cam. Lo primordial eres tú —Ella solo podía sentir las manos de su amiga, que hacían pequeños círculos en su espalda para tratar de calmarla —Nos vamos a recuperar, te prometo que esto será una tontería muy pronto. Yo hablaré con las marcas, te prometo que vamos a resolverlo de alguna manera —si, Nella tenía razón. Pero, aunque esa era la preocupación que había expresado en voz alta, no era la única.
— ¿Cuántas veces voy a pasar por lo mismo? ¿En serio nadie va a considerar tenerme al menos un poco de respeto nunca?. Debo suponer que hay un problema terrible conmigo, que me falta algo esencial despertar un poco de humanidad y amor hacia mi; al menos un poco, lo mínimo.
— Detente, Cam; basta. Necesito que dejes de hacerte esto. Mírame. — Nella trataba de forcejear suavemente para alejar las manos de Camila de su propio cráneo, estaba tornándose más difícil de lo que pensaba.
Había empezado a rascarse compulsivamente el cuero cabelludo, un impulso incontrolable que arrastraba desde su adolescencia como secuela de un largo proceso autodestructivo. Lo hacía sin darse cuenta, hasta que sus uñas quedaban cubiertas por una fina película sangrienta. Pero esa no era la peor parte, sino el después: las grandes costras que, por supuesto, también terminaba arrancándose. El resultado siempre era el mismo: un caótico desastre de suero sanguíneo y cabello enredado, que luego empezaba a caerse en mechones por el maltrato.
El silencio en el pasillo apenas duró un suspiro. Sobre las baldosas, el teléfono de Ornella volvió a vibrar con una insistencia agresiva, iluminando el rostro de ambas con un destello azulado y artificial. No era otra llamada; era una notificación de una cuenta anónima con una fotografía adjunta que congeló el aire. Nella intentó bloquear la pantalla, pero fue tarde: Camila ya había visto la silueta de Mateo en ese hotel de Madrid, en una cama que no era la suya. El mundo no se había detenido para dejarlas llorar; el mundo acababa de encontrar una nueva forma de devorarlas vivas.
Camila apartó la mano de Nella con una suavidad que dolió más que un empujón. Se puso en pie, ignorando el mareo y el rastro pegajoso de tristeza que la invadía, y caminó hacia el baño con una determinación mecánica. No se miró al espejo para llorar; tardó un minuto en soltar esa versión rota de sí misma, y entró a la ducha.
El agua caliente le quemaba la espalda, y las heridas que ella misma se había infligido en el cuero cabelludo no tardaron en protestar. Ignorando el dolor, utilizó cada producto que encontró en el baño: cremas, exfoliantes y acondicionadores, como si intentara arrancarse el pasado de la piel. Se quedó allí atrapada hasta que el chorro empezó a enfriarse. Fue en ese momento cuando tomó una decisión por y para sí misma. Se puso en pie, llevó las manos a su vientre e imaginó cómo toda la energía negativa —esa que representaba a Mateo dentro de ella— se arremolinaba entre sus dedos en forma de agua negra y purulenta. Cerró los ojos y la soltó. Dejó ir el dolor, la humillación y el peso de lo que vendría; al fin y al cabo, el mundo ya buscaría otra forma de desviar la atención de la gente hacia ella. Esta vez no mirarían su relación fallida, sino su trabajo.
Afuera, Nella se ocupaba de poner en orden la casa; limpiar y organizar siempre había sido su terapia para pensar y calmar la mente. Se limpió las lágrimas de un manotazo; tenía que ser fuerte. Necesitaba sepultar los recuerdos de la Camila del pasado, aquella época en la que eran solo dos adolescentes jugando a saber más de la vida de lo que realmente sabían. Recordó el momento en que ella misma estuvo en una situación tan crítica, cuando su propio mundo colapsó por completo y perdió toda esperanza. En aquel entonces, fue Camila quien la sostuvo en el suelo mientras se desmoronaba. Ahora, le tocaba a ella ser el pilar.
Se sacudió una pelusa imaginaria de la ropa con una eficiencia que resultaba casi violenta. La amiga compasiva acababa de tomarse una pausa para dar paso a la mánager implacable que Camila necesitaba para no desaparecer. Caminó hasta el umbral del baño y se apoyó en el marco de la puerta. Lucía completamente diferente; en su mirada se podía sentir que ya estaba planeando, moviendo fichas y calculando cada una de las llamadas que haría.
—Estoy segura de que quieres comenzar a hacer que se replantee todo lo que hizo, ¿estoy en lo correcto? —preguntó Ornella, fijando los ojos en el reflejo de su mejor amiga.
—Sí, correcto. —respondió Camila mientras se veía las manos. Un milagro. Eso era lo que necesitaba, definitivamente. El baño caliente la había ayudado un montón, pero también le había dado el tiempo suficiente para evaluar los daños frente al espejo: vió sus uñas mordidas y desiguales, su cabello enmarañado y seco, sus músculos doloridos y sus cejas descuidadas. La piel de su rostro gritaba por atenciones que ella jamás podría gestionar en la soledad de su baño.
Ornella interrumpió sus pensamientos, consultando su reloj con frialdad:
—Diez minutos, Cam. A las dos tenemos al equipo legal en línea y a las cuatro, una reunión de crisis con una marca. Ponte algo lindo, tienes cita en el salón a las diez. Mientras estés allá, vendrán a limpiar tu casa a fondo; yo recogí algunas cosas, pero definitivamente no es suficiente. Huele a tristeza aquí.
—¿Sabes que eres mi ángel, Ornella Portella?
Nella restó importancia al cumplido con un ademán vago de la mano, pero la determinación en su rostro no flaqueó al responder:
—Solo sé que somos un equipo. Mateo ha incendiado la casa, pero nosotras vamos a decidir quién se quema en el incendio. Es hora de trabajar.








