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El codigo del laberinto

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Summary

Arisha despierta en el Laberinto sin recordar quién es ni cómo llegó allí. Poco a poco conoce a Thomas, Newt, Minho, Chuck y los demás habitantes del Claro. Aunque intenta adaptarse, comienza a tener extraños recuerdos sobre laboratorios, científicos, pantallas y una familia que parece estar relacionada con todo lo que ocurre. Después de varias experiencias peligrosas dentro del Laberinto, Arisha descubre puertas ocultas que solo ella puede abrir mediante números, símbolos y mecanismos que aparecen en sus recuerdos. Esto hace que todos comprendan que ella es mucho más importante de lo que parecía. Mientras recupera fragmentos de su memoria, descubre una terrible verdad: su sangre contiene la cura para una enfermedad que está destruyendo al mundo. Durante un tiempo cree que para salvar a la humanidad tendrá que morir, ya que los científicos planeaban extraer toda su sangre. Más tarde llega una nueva novata de diez años llamada Gisela, quien resulta ser su hermana menor. Gisela le revela que su madre no es realmente cruel, sino que vive aterrorizada por su padre, un hombre obsesionado con usar a Arisha para completar el experimento. También le cuenta que existe otra manera de obtener la cura sin que Arisha tenga que morir.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1:La novata nueva

El ascensor subía con un ruido metálico que parecía latir al ritmo de su corazón.

Oscuridad, silencio y luego... luz.

Cuando las puertas se abrieron, una chica apareció. De repente sintió unas manos levantándola y sacándola de la caja. La pusieron sobre el pasto mientras varias voces gritaban y preguntaban si estaba bien, pero ella, sin saber dónde estaba, solo podía escuchar un simple pitido...

Intentó recordar algo, cualquier cosa, pero su mente era un lienzo en blanco.

—¿Una chica? —murmuró alguien entre la multitud.

Ella levantó la vista y vio un grupo de chicos rodeándola, como si fuera un misterio que no querían resolver.

—Tranquila —dijo uno alto, de cabello oscuro y mirada firme. Era Minho.

La novata intentó ponerse de pie, pero el mareo la hizo tambalearse. Dio un paso en falso y chocó de frente contra otro chico.

—¡Oye! —exclamó él, llevándose una mano a la cabeza—. Fíjate por dónde vas.

Ella lo miró confundida.

—Lo siento... no sé dónde estoy.

El chico suspiró, aunque una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Soy Gali y está más que claro que no sabes dónde estás.

Desde un poco más atrás, un joven rubio de expresión tranquila la observaba con curiosidad, pero también con algo más... interés.

—Déjenla respirar —intervino él, acercándose con calma—. Acaba de llegar. Denle un respiro para que analice lo que está pasando.

—Gracias —susurró ella. Sentía que su voz apenas le pertenecía.

—Tranquila, no te apresures. Todos pasamos por esto. En unos días sabrás tu nombre.

Ella, confundida, no supo qué hacer ni qué preguntar.

¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Cómo salgo de este lugar? ¿Qué hacemos aquí?

Eran demasiadas preguntas y ninguna respuesta. Solo eso podía pensar, pero las palabras no salían de su boca.

A la distancia, Minho no apartaba la mirada. Había algo en ella que lo inquietaba, pero no de forma negativa. Era como si su llegada fuera a cambiar el aire del laberinto.

Sin embargo, no todos compartían esa sensación.

Entre el grupo, un chico de ojos intensos la observaba con desconfianza.

Thomas no dijo nada, pero su expresión lo decía todo: algo no encajaba.

—¿Qué es eso? —preguntó la novata, confundida y curiosa.

—Tu nueva realidad —respondió Minho.

Como a todos los novatos, se realizó una fiesta de bienvenida. Ella no sabía qué hacer; aún no podía creer que estaría allí el resto de su vida.

Finalmente, se alejó de todos y se subió a un árbol.

No quería aceptar que aquella sería su nueva vida.

—¿Por qué no puedo recordar nada? Ni siquiera mi nombre o de dónde vengo. Mínimo mi edad... pero nada. No puedo recordar nada, tengo la mente en blanco...

Tan concentrada estaba en sus pensamientos que no escuchó a Gali subir al árbol.

—Todos pasamos por esto.

La novata se sobresaltó tanto que estuvo a punto de caerse. Por suerte, Gali alcanzó a sujetarla antes de que perdiera el equilibrio.

Él soltó una carcajada.

—Deberías estar más atenta.

Ella se rio también, aunque enseguida hizo un pequeño puchero.

—No es mi culpa que aparezcas de la nada.

Gali negó con la cabeza, divertido.

—¿Por qué no hay otra chica aquí? —preguntó ella después de unos segundos.

—Es raro. Jamás nos habían enviado una chica. Eres la primera.

La novata se quedó pensativa.

—Pero nos preocupa la caja. Desde que llegaste no ha bajado.

Ella soltó una risa.

—¿Qué tiene de especial esa caja? ¿Van a hacerle una fiesta de cumpleaños o algo así?

Gali se quedó mirándola unos segundos antes de responder.

—No estoy bromeando.

—Yo tampoco —dijo ella encogiéndose de hombros.

—La caja es la que nos da los suministros para sobrevivir. También es la que trae a los nuevos habitantes. Esta vez te trajo a ti, y eso es lo extraño.

La sonrisa de la novata desapareció poco a poco.

—Entonces... ¿ni siquiera saben por qué estoy aquí?

—No —respondió Gali—. Y eso es lo que más nos preocupa.

Después de hablar por un rato, Minho se acercó y les dijo que fueran a la fiesta. Sartén había preparado algo especial y nuevo para celebrar la llegada de la novata.

Los tres bajaron y se dirigieron hacia la fogata.

Ella, que al principio estaba temerosa, poco a poco comenzó a relajarse. Con el paso de las horas empezó a divertirse junto a los demás habitantes del laberinto.

Cuando se cansó, fue a sentarse junto a Newt.

—¿Ya estás más tranquila? —le preguntó él.

—Sí, ya estoy mejor... pero también estoy cansada.

En ese momento, Alby llamó la atención de todos.

—Es hora de irse a dormir.

Los habitantes del laberinto comenzaron a dirigirse a sus respectivas cabañas. Sin embargo, entonces recordaron algo importante: había una nueva novata y, además, era una chica.

Alby se quedó pensando qué hacer.

De repente, alguien habló.

—Puede dormir conmigo.

Era Minho.

Alby lo miró sorprendido.

—¿Estás seguro?

Minho respondió afirmando con la cabeza.

Pero Newt no sabía por qué sentía una extraña molestia, como si le estuvieran quitando algo que le pertenecía.

Antes de que alguien pudiera decir algo más, se acercó a la novata, la cargó en brazos y comenzó a caminar hacia su cabaña sin dar ninguna explicación.

Todos se quedaron completamente sorprendidos.

Nadie supo qué decir ni qué hacer.

Al final, decidieron irse a dormir.

Pero Minho no estaba tranquilo.

Por más que lo intentó, no pudo dormir en toda la noche...

Después, en la cabaña de Newt, la chica le gritó que la bajara, que podía caminar sola, pero él la ignoró totalmente.

Ella comenzó a enojarse tanto que, en un descuido, lo mordió e intentó escapar. Sin embargo, él la alcanzó rápidamente y la metió de nuevo a su cabaña.

—No había espacio en la cabaña de Minho, y por algo te traje a la mía.

—No me importa.

Pero él simplemente se rio.

Luego se quitó la camisa. Ella, asustada, se tapó de inmediato y se aferró a su ropa.

Newt la miró confundido.

—¿Estás bien?

—¡Aléjate! —gritó ella.

Pero él la ignoró. Cuando llegó hasta donde estaba, simplemente se acostó en la cama, se volteó y dijo:

—Duerme.

Ella se quedó en blanco por unos segundos.

Entonces él volvió a girarse y preguntó con tono burlón:

—¿Qué pensaste que íbamos a hacer?

Apenada, ella se volteó rápidamente.

—Nada... olvídalo y déjame dormir.

Él solo se rio y también se fue a dormir.

A la mañana siguiente, el sonido del laberinto despertó a todos.

La chica salió de la cabaña y quedó paralizada al ver, por primera vez con la luz completa del día, el enorme tamaño del laberinto.

Thomas se acercó sin siquiera saludar.

—¿Qué recuerdas?

—Nada.

—¿Segura?

Ella frunció el ceño.

—¿Por qué no confiarías en mí?

—Porque el laberinto no comete errores. Y tú... no pareces un error.

Antes de que pudiera responder, un grito interrumpió la tensión.

—¡Corredores, listos! —anunció Minho.

Sin pensarlo demasiado, ella dio un paso al frente.

—Quiero ir.

Todos la miraron como si hubiera dicho una locura.

—Ni siquiera sabes tu nombre —dijo Gali con ironía.

—Pero sé correr —respondió ella, sintiendo algo encenderse en su interior.

Minho la observó sorprendido... e impresionado.

Newt negó con la cabeza.

—Es demasiado peligroso, princesa.

Ella le respondió que no le importaba y que no la llamara princesa, porque seguía muy enojada por lo de la noche anterior.

Thomas la siguió estudiando en silencio, como si intentara descifrarla.

El viento sopló desde el interior del laberinto, frío y oscuro.

Y por primera vez, ella sintió algo más fuerte que el miedo.

Determinación.

Sin saberlo, su decisión no solo cambiaría el destino del laberinto...

También pondría a prueba sentimientos que apenas comenzaban a nacer.

Mientras discutían si la novata debía ir o no con los corredores, escuchó un ruido extraño, como si algo la estuviera llamando.

No podía describir qué tipo de sonido era ni de dónde venía, pero sentía que la atraía.

Estaba a punto de avanzar cuando alguien le gritó que se detuviera.

—¡No es seguro ir sola! ¡Y menos siendo una novata!

Ella se volteó.

Era Chuck, el más joven del laberinto.

Al verlo, ambos sintieron algo familiar. Una conexión inexplicable, como si ya se conocieran.

—¿De casualidad ya te conozco o te he visto en otro lugar? —preguntó ella.

Chuck se quedó pensativo.

—No estoy seguro... pero siento que sí. Como si ya nos conociéramos.

Antes de que pudieran seguir hablando, Gali los interrumpió.

—Hoy no vas a entrar con los corredores. Apenas llevas un día aquí.

Ella lo miró indignada.

—¿Y quién dice que no soy capaz?

—No es eso. Solo que aún no te hemos explicado cómo hemos sobrevivido aquí ni cuánto tiempo llevamos encerrados.

—Necesitamos un nombre para ti —dijo Newt aquella mañana, cruzado de brazos.

Ella bajó la mirada hacia sus manos.

Y entonces lo vio.

En el bolsillo de su pantalón había algo pequeño y suave.

Lo sacó con cuidado.

Era un muñequito tejido, algo desgastado, con una sonrisa torcida y un pequeño hilo azul en el cuello.

—Esto... esto es mío.

Chuck levantó la vista de inmediato.

—¡Oye!

Corrió hacia ella y sacó algo de su propio bolsillo.

—¡Miren esto!

Era casi igual.

Mismo tamaño. Misma sonrisa torcida. Incluso el mismo hilo azul.

El grupo guardó silencio.

—Eso no es normal... —murmuró Thomas.

Ella apretó el muñeco contra su pecho, sintiendo una extraña conexión.

—Creo... creo que me llamo Arisha.

El nombre salió de sus labios como un eco olvidado que por fin encontraba su lugar.

—Arisha —repitió Minho en voz baja, probando cómo sonaba.

Y sonrió apenas.

Chuck se acercó emocionado.

—¡Eso significa que estamos conectados! ¡Nuestros muñecos hacen match!

Arisha soltó una pequeña risa.

Fue la primera vez que sonrió sin miedo desde que llegó.

Newt la observaba con algo cálido en la mirada. Verla reír le daba una sensación que no podía explicar.

Pero Thomas no estaba convencido.

—¿No les parece demasiada coincidencia? Llega una chica, trae un muñeco idéntico al de Chuck y de repente recuerda su nombre...

El ambiente se tensó.

—No estoy mintiendo —respondió Arisha con firmeza.

Minho dio un paso al frente.

—Déjala en paz, Thomas.

Las miradas entre ellos casi chocaron como las paredes del laberinto al cerrarse.

Esa tarde, cuando Minho se preparaba para entrar como corredor, Arisha se acercó.

—Todavía quiero ir.

—No es un juego —respondió él—. Ahí afuera puedes morir.

—Entonces enséñame a sobrevivir.

Minho la miró.

Y por un momento, el ruido del laberinto desapareció.

Solo estaban ellos dos.

Desde lejos, Newt apretó la mandíbula.

Y Thomas observaba los muñecos idénticos en manos de Arisha y Chuck, sintiendo que algo mucho más grande estaba comenzando.

Porque en el laberinto no existían las casualidades.

Y si Arisha había llegado con una pieza que encajaba perfectamente...

Entonces quizá ella no era solo otra novata.

Quizá era la clave.

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