Prólogo
Siempre me han fascinado las historias que no tienen explicación. Y, entre todas ellas, las que hablan del fin del mundo son mis favoritas.
Es curioso. Da igual la época, la cultura o el lugar, la humanidad siempre ha imaginado el día en que todo llegará a su fin.
Algunos hablan de un gran diluvio capaz de cubrir hasta la montaña más elevada. Otros cuentan que el cielo se abrirá y los angeles descenderán para juzgar a la humanidad. Otras cuentan la historia opuesta: el suelo se abrirá y de él emergerán demonios para arrastrar consigo a los pecadores.
Hay quienes creen que el Sol terminará apagándose y la Tierra morirá congelada. O que explotará sin avisar y todo terminará de repente.
Hoy en día existen teorías nuevas más relacionada a nuestros tiempos: un meteorito imposible de detener, una guerra que acabe con un misil o bomba nuclear que lo deje todo en cenizas o un colapso tecnológico que haga desaparecer la electricidad y nos obligue a vivir sin todas esas comodidades de las que hoy dependemos.
Cada generación parece tener su propia versión del apocalipsis y, aunque las leyendas populares sean casi imposibles, no dejan de ser las más fascinantes.
Mis tatarabuelos decían proceder de un antiguo pueblo de un pequeño país que desapareció hace muchísimo tiempo. Con él también se perdieron su idioma, sus costumbres y casi todas sus historias. Casi todas.
Porque, entre las pocas que quedaban, una consiguió sobrevivir, transmitiéndose de abuelos a nietos, hasta llegar a mí.
Cuando era pequeño me la contaban antes de dormir, y, aunque me daba un poco de miedo, siempre les pedía que la repitieran una vez más.
Hablaba de una bestia nacida entre las estrellas.
No necesitaba incendiar ciudades.
No necesitaba levantar mares ni provocar terremotos.
Bastaba con que alzara la mirada hacia el firmamento.
Entonces comenzaría a devorar los astros uno a uno.
Y, con cada estrella que desaparecía, una deidad dejaba de existir... mientras el mundo daba un paso más hacia su final.
Aquella historia fue la que despertó mi interés por las antiguas mitologías.
Con el paso de los años seguí leyendo sobre dioses, profecías y leyendas de todo el mundo. Al final, se convirtió en un simple hobby... uno de esos que te acompañan durante toda la vida sin que esperes que vaya a significar nada más.
O eso creía.
Con el tiempo descubrí que disfrutaba tanto estudiando aquellas historias como explicándolas. Una cosa llevó a la otra, y antes de darme cuenta estaba dedicando mi vida a la historia y a la cultura antigua.
Hoy trabajo como profesor universitario. Imparto clases sobre civilizaciones, mitología y el origen de muchas de las creencias que han acompañado al ser humano desde hace miles de años.
A menudo les recuerdo a mis alumnos que las leyendas no son importantes porque sean ciertas, sino porque nos cuentan cómo pensaban quienes las imaginaron.
Y, durante mucho tiempo, yo también creí que eso era todo lo que podían ofrecerme.
Hasta el día en que alguien llamó a la puerta de mi casa.






![The Moon's Weapon : the cursed mate [ MOVING TO GALATEA]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_123f31099804e79c6de11657975bcaae.jpg)

