Prólogo
—Miénteles a todos, diles que fuiste más de lo que yo merecía. Que te amaba menos de lo que decía y juraba más de lo que cumplía. No digas que acabaría con el mundo sin piedad si tu vida estuviera en juego; mejor diles que fui un abusivo y me diste una cucharada de mi propio veneno... mejor di que lo nuestro nunca fue algo sempiterno.
Fue la crudeza de sus palabras cuando salí por esa puerta. No me miró; sabía que no lo haría, pero aun así, algo en mí quería verlo venir, tomarme, detenerme y obligarme a quedarme; quería ver esa chispa obsesiva encendida, sentir el incendio de su piel de nuevo y escucharlo decir que soy suya para siempre. No lo hizo. Del otro lado de la calle, "él" me esperaba, pero no era la persona que mi corazón amaba.
Ella llegó, lo vio todo y con sorna me dijo adiós como si estuviera ganando algo. Me tragué las lágrimas y las ganas de escupirle en la cara todo el veneno que ahora me quemaba. Cuando me subí al auto… fue la última vez que estuve en la avenida Boston.








