La chica Reynolds
20 de agosto de 2016
El primer día de tercer grado comenzó como cualquier otro. Los alumnos corrían por los pasillos, algunos nerviosos y otros emocionados por volver a ver a sus amigos.
Sin embargo, para los hermanos Mora, ese día terminaría siendo uno que jamás olvidarían.
Mientras los hermanos Mora estaban sentados en una banca, Gilberto notó que había una chica que jamás había visto. Se veía perdida, así que decidió levantarse para ayudarla, pero antes de dar un paso Miguel lo detuvo.
Miguel: ¿¡Qué haces!? No me dejes solo. ¿A dónde vas?
Gilberto: Tranquilo, voy a ayudar a la chica de allá.
Dijo mientras señalaba a Ashley.
Miguel: ¡Pero ni la conoces!
Gilberto: Por eso. Se ve nueva, déjame ir a ayudarla.
Quitó la mano de Miguel de su brazo y se acercó a Ashley. Después le tocó el hombro.
Ashley: ¿Sí? Dime.
Dijo mientras se volteaba a verlo.
Gilberto: Ah, emmm… es que te ves perdida. ¿Necesitas ayuda?
Ashley: Uy… ¿se nota mucho?
Gilberto: Pues un poco sí, la verdad.
Ashley: Jajaja, bueno, la verdad es que sí. Soy nueva en este país y no sé dónde está mi salón. ¿Podrías ayudarme?
Gilberto: Claro que sí. ¿En qué grado estás?
Ashley: En 3ro A.
Gilberto: ¿¡Wow, en serio!? Yo también estoy en 3ro.
Ashley: Vaya, entonces podremos ser amigos.
Miguel (pensando): Mira este, no pierde el tiempo, ¿eh?
Gilberto: Bueno, ven conmigo. El salón está por aquí.
Ashley sonrió y comenzó a caminar junto a Gilberto. Miguel, al ver que los dos se alejaban, suspiró y corrió para alcanzarlos.
Miguel: ¡Oye, espérenme!
Ashley: Jajaja, ¿y él quién es?
Gilberto: Es mi hermano, Miguel…
Dijo mientras volteaba los ojos.
Miguel: ¡Hola!
Ashley: Hola, mucho gusto, Miguel. Soy Ashley.
Durante el camino, Ashley les contó que acababa de llegar al país y que todavía no conocía a nadie. Gilberto escuchaba atento cada palabra, mientras Miguel fingía no estar interesado, aunque en realidad también tenía curiosidad.
Al entrar al salón, la maestra les indicó sus lugares.
Maestra: Bienvenida, Ashley. Puedes sentarte junto a los hermanos Mora.
Ashley: ¡Muchas gracias, maestra!
Ashley tomó asiento entre los dos hermanos.
Gilberto (susurrando): Mira qué suerte.
Miguel: No, no es suerte. Solo no había otros lugares.
Ashley: ¿De qué hablan?
Dijo acercándose a ellos.
Gilberto: De nada. Ven, siéntate aquí en medio de los dos.
Ashley se sentó entre ellos. Pasaron unos minutos. Gilberto y Ashley no paraban de reírse y Miguel solo les volteaba los ojos.
Sin darse cuenta, aquel sería el inicio de una amistad que cambiaría sus vidas para siempre.
Cuando llegó la hora del recreo, Ashley se quedó sentada en su lugar.
Ashley: ¿Y ahora qué hago?
Gilberto: ¿No vas a salir al recreo?
Ashley: Ni conozco a nadie.
Miguel: Pero ya nos conoces a nosotros. No te hagas la del rogar.
Dijo mientras salía del salón.
Ashley: Jajaja, bueno, entonces ya tengo amigos.
Los dos salieron juntos al patio. Mientras caminaban, encontraron una cancha donde varios niños jugaban fútbol, incluyendo a Miguel.
Gilberto: ¿Quieres jugar?
Ashley: No sé jugar muy bien.
Miguel: Pues no juegues y deja ya a mi hermano. Vente, Gilberto, a jugar.
Ashley: Sí, Miguel tiene razón. Ve tú a jugar con ellos.
Gilberto: ¿Estás loca? Por supuesto que no. Yo me quedo contigo.
Ashley: Pero… ¿no dijiste que te gusta mucho el fútbol? Ve con ellos. Sirve que yo conozco a más gente.
Gilberto: ¿Estás segura?
Ashley: S-
De repente, un balón le pegó directamente en la cara.
Gilberto: ¡ASHLEY! ¿ESTÁS BIEN?
Ashley: Auch… me duele la cabeza.
Miguel: ¡ASHLEY! ¿ESTÁS BIEN?
Corrió rápidamente hacia ella.
Ashley: Sí… estoy bien.
Miguel y Gilberto: Ven, deja te ayudo.
Ambos le extendieron la mano. Ashley lo pensó unos segundos, pero terminó tomando la mano de los dos.
Ashley: Gracias, chicos.
Miguel: ¿No te pegaste fuerte?
Ashley: No, solo me duele un poco la cabeza.
Gilberto: Ven, deja te llevo a la enfermería.
Miguel: ¡No! La voy a llevar yo.
Así estuvieron discutiendo durante varios minutos.
Ashley: ¿Saben qué? Ninguno me va a llevar. Voy a ir yo sola.
Después de unos minutos, Ashley salió de la enfermería.
Ashley: Listo, chicos. Ya estoy bien.
Gilberto: ¿Estás segura?
Ashley: Sí, solo fue un golpe.
Miguel: Lo bueno es que no te pasó nada más grave…
Dijo en voz baja.
Ashley: Bueno, ya estoy mejor.
La campana sonó indicando el final de las clases. Mientras caminaban hacia la salida, Ashley observó a los demás alumnos irse con sus amigos.
Ashley: Muchas gracias por ser mis amigos.
Gilberto: No tienes que agradecer nada.
Miguel: Pues no me quedaba de otra.
Ashley: Bueno, bye. Nos vemos mañana.
Gilberto: ¡Byeee, Ash!
Pasaron unos minutos y la mamá de los hermanos llegó por ellos.
Señora Mora: Hola, hijos. ¿Qué tal les fue?
Gilberto: Bien, mami. Hoy nos hicimos amigos de una niña llamada Ashley.
Miguel: Es un poco molesta… No paraba de hablar con Gilberto.
Señora Mora: ¿Molesta? Mmm… bueno, justo hoy tenemos una cena con unos viejos amigos y tienen una hija de su edad llamada Ashley. Capaz se llevan bien.
Gilberto: ¡Ay, sí, mami! ¡Ya quiero que sea de noche!








