Prólogo
Prólogo
La Leyenda del Noveno Portal
Antes de que existieran los reinos.
Antes de que existieran los domadores.
Antes de que el mundo recibiera el nombre de Xerabia.
Existían los Ocho Portales.
Los antiguos relatos cuentan que aparecieron una noche en la que las estrellas dejaron de moverse y el cielo permaneció inmóvil durante siete días.
Nadie sabía de dónde habían venido.
Nadie sabía quién los había creado.
Solo sabían que estaban allí.
Esperando.
Ocho enormes arcos de piedra surgidos en distintos rincones del mundo.
Silenciosos.
Inmutables.
Imposibles.
Entonces los portales se abrieron.
Y las criaturas llegaron.
Miles de ellas.
Algunas capaces de surcar los cielos.
Otras nacidas de las profundidades del océano.
Algunas cubiertas de piedra y cristal.
Otras formadas por fuego vivo.
Criaturas del bosque.
Del hielo eterno.
De la luz.
De las sombras.
Seres tan distintos entre sí que los primeros humanos creyeron estar contemplando dioses.
Durante generaciones, humanos y criaturas se observaron con miedo.
Hasta que ocurrió el Primer Vínculo.
Las leyendas no se ponen de acuerdo sobre quién fue el primero.
Algunas afirman que fue una niña que salvó a una criatura herida.
Otras aseguran que fue una bestia celestial quien eligió a un pastor.
Pero todas coinciden en una cosa.
A partir de aquel momento, dos mundos quedaron unidos para siempre.
Las criaturas encontraron compañeros.
Los humanos encontraron poder.
Y juntos levantaron ciudades, reinos y maravillas que aún perduran.
Así nacieron los Domadores.
Así nació Xerabia.
Sin embargo, existe una historia que rara vez aparece en los libros.
Una historia que los padres cuentan en voz baja cuando quieren asustar a sus hijos.
Una historia que los sabios consideran un simple mito.
La historia del Noveno Portal.
Los antiguos decían que no existían ocho portales.
Decían que existían nueve.
Pero el noveno jamás debía abrirse.
Porque aquello que habitaba detrás de él no buscaba un vínculo.
No buscaba coexistir.
No buscaba evolucionar.
Buscaba consumir.
Consumir criaturas.
Consumir almas.
Consumir mundos enteros.
Se cuenta que los Primeros Domadores reunieron a las criaturas más poderosas de la existencia para enfrentarlo.
La guerra duró cien días y cien noches.
Montañas enteras desaparecieron.
Océanos hirvieron.
Los cielos se partieron en dos.
Y cuando todo terminó, el Noveno Portal fue sellado.
Pero antes de desaparecer, el último de los Domadores Primigenios dejó una advertencia.
Una advertencia que sobrevivió al paso de los siglos.
Mientras los Ocho Portales permanezcan unidos, el Noveno seguirá dormido.
Pero llegará una era en la que los hombres olvidarán por qué fueron elegidos.
Y las criaturas olvidarán por qué buscaron ayuda.
Cuando ambas especies se den la espalda...
El Noveno Portal volverá a abrirse.
Miles de años han pasado desde entonces.
Los reinos prosperan.
Las criaturas siguen eligiendo domadores.
El noveno portal fue olvidado y nadie cree que sea real.
Después de todo...
Solo es un cuento.
¿Verdad?





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