Prólogo
Qui intrant regnum Redambrae, non corpus suum curant, nec umbram suam, sed animam suam.
Prólogo
En los albores de un antiguo reino de Redambra, convivían dos razas en paz: Oncaris y humanos.
Año 1309.
Cuando los dioses de distintas especies caminaban entre los humanos, el poderoso felino, señor de los animales y símbolo de la noche estrellada, fijó su mirada en una mujer de gran virtud, belleza y pureza. Una humana.
De esta unión sagrada entre lo divino y lo terrenal nacieron los primeros hombres-jaguar o más bien conocidos como "Oncaris". Estos no eran simples monstruos, sino una especie de semidioses.
Los Oncaris habitaban en tierras más fértiles, viviendo una era de prosperidad y poder. Eran temidos y respetados.
Una reina divina los guiaba. La conocían como una diosa toda poderosa, la humana que flechó al poderoso felino, Lira.
Sin embargo la soberbia de los Oncaris los llevó a desafiar el mandato divino. La autoridad de su reina humana los llevó a cuestionarse cosas como "¿Por qué en un mundo donde deberías ser líderes y gobernar los Oncaris nos dirige una simple mortal?" "¿Por qué deberíamos obedecer a un ente sin poder alguno?".
Pero sus pensamientos no se limitaron a ser solo eso sino que tomaron acción a ello.
Había una manera de que gobernaran los Oncaris: asesinar a la reina.
Llevaron un plan a cabo hasta llegar al punto en que todo Redambra estuviera en su contra.
Todos creerían que el hostigamiento del pueblo no la sometería, pero justo eso la llevó a abismo del suicidio, no sin antes maldecir a los Oncaris.
Fueron maldecidos con una fragmentación de su ser. Su espíritu y su cuerpo ya no viajarían sincronizados en el tiempo.
Su sombra iría tres segundos por detrás.
Así, comenzó esta maldita historia.








