Un detalle
Rosabel Solís es una joven enamorada. Pero, ¿de quién realmente lo está? ¿De Marco o de Sara?
Todo comienza con una preciosa voz y termina con una sonrisa radiante como la luz del sol.
Rosabel sabía que estaba perdidamente enamorada de su compañero del asiento de al lado: Marco. Le veía muy discretamente todos los días, pero no fue hasta que una mañana denotó algo diferente en su comportamiento que su corazón se alertó y se tornó amargo. Aquel adolescente apuesto de piel nívea, cabello oscuro y filosos ojos avellana miraron en una dirección distinta a donde siempre enfocaba que comenzó a sospechar: a Marco le gustaba Sara Luna; la alumna más destacada y popular del aula 3°III.
Esa mañana suspiró cansada mientras el reloj digital en su muñeca marcaba las 7:21 a.m. y el día parecía nublado ante sus ojos anhelantes de la atención de Marco Lara.
Sus dedos tamborileaban en la vieja madera de la banca cuando de pronto un sutil toque a su hombro le asustó.
—Rosabel. ¿Puedes decirme si en mi rostro se perciben ojeras? Es un favor.
Su mejor amigo, Demián, le sonreía gentilmente señalando con el dedo índice derecho uno de sus almendrados ojos verdes.
Rosabel palideció al observar que Marco también estaba atento a la respuesta.
—Se notan ligeramente —dijo. Sólo eso y nada más.
Demián no aceptó esta simple oración, así que se giró tomando la cabeza de su amiga con ambas manos para que le mirara mejor.
—¿Estás segura? —preguntó con una mirada apacible, pues Demián solía ser tranquilo, aunque muy honesto.
Rosabel asintió repetidamente para luego cerrar sus ojos. Estaba muerta de vergüenza. Escuchó a Marco toser y después hablar con su amigo Hugo que se sentaba justo frente a él. Ella no apartaba la mirada de Marco, pese a que hablaba con alguien más. Cualquiera de sus compañeros que pusiera la suficiente atención se percataría que a la hermosa Rosabel le encantaba observar a Marco Lara.
—Nunca te hará caso si te comportas como una espía del gobierno —le dijo Demián sonriendo mientras observaba a la profesora de cálculo escribir números al azar en el pizarrón blanco con un apestoso plumón azul.
Rosabel se acercó para susurrar:
—No puedo. Me gusta mucho.
Demián suspiró. Algunas veces su mejor amiga le caía muy mal. ¿Que veía en él que le agradaba tanto? Desde su perspectiva, Marco parecía un idiota superficial.
—Bueno, porque te gusta es que deberías dar el primer paso, al menos antes de que se adelante a ir por Sara. ¿Ya viste cómo la mira? Es evidente que, poco a poco, ella llama su atención. Pero si te gusta sólo mirarlo, no me hagas caso. Ya sabes lo que pienso de él.
La profesora rápidamente se percató de la casi silenciosa conversación entre ambos estudiantes, por lo que, de inmediato pidió a Rosabel pasar al frente para resolver el siguiente ejercicio con los antecedentes vistos durante la clase anterior.
Rosabel, aunque torpe con sus sentimientos, en cuanto a estudios respectaba resultaba ser bastante aplicada. Lástima que cuando se trataba de Marco... Aquello sí que parecía un campo minado.
—¡Muy bien, Solís! —exclamó con orgullo la profesora señalando que podía regresar a su asiento.
Por supuesto, todos le miraban sorprendidos, incluso Marco que sonrió antes de que se diera la vuelta para sentarse en su lugar asignado; sus mejillas se pintaron automáticamente de rojo en consecuencia. Y Demián se percató.
Cuando Rosabel se sentó, su amigo le picó en el brazo señalando a Marco, pero ella no hizo caso, sólo se llevó las manos al rostro. ¿Qué podía hacer? Es el último año de preparatoria y debe enfocarse en la universidad. No obstante, algo en su interior le gritaba que se confesara. Pero su mirada se desvió hacia Sara que se sentaba en la primera fila al frente del escritorio, vio cómo pasó su delicada mano por su largo cabello negro que recogió en una coleta. ¿Por qué la miraba con tanta atención? Es que, de vez en cuando se cuestionaba que veía Marco en ella para que le gustara.
Y como si Sara tuviera ojos en la espalda, se giró a verla y le sonrió.
Rosabel cubrió sus ojos con leve calor en sus mejillas. No entendía que podía ver Marco de atractivo en ella.








