Capítulo 1
Mi cumpleaños pasado pasé todo el día queriendo llorar. Escuchar por teléfono el coro de la iglesia, a las múltiples amigas de mi madre que me deseaban un feliz cumpleaños, que no me dejara rendir, solo me hizo sentir algo; pero cuando una de ellas me dijo «no llores», es cuando eso dentro de mí quiso desatarse, quiso gritar, caer de rodillas, rezarle a Dios para que me dejara morir, que yo no quería el milagro de la vida. Pero no hice nada de eso, solo me sonreí a mí misma, les agradecí por sus buenos deseos; sin embargo, no sentía nada bueno por cumplir otro año más en mi agonía. Es como si mi paz se hubiera roto. Todo el día las lágrimas estuvieron al borde de mis ojos vidriosos, pero nunca les di el poder de salir. Mi padre me abrazó tan fuerte como si tuviera miedo de que al soltarme me desvaneciera; mi madre estuvo lejos orando por mi salud, pero yo solo sentía una opresión en el pecho. Un año más siendo una carga.
—¿Estás segura de que no quieres pastel, hija? —me habló él.
—Como quieras, papi —le daba la opción de elegir si quería, pero sabía que había que pagar más cosas.
—Dime tú, gelatina —amaba ese apodo con todo mi ser, el recuerdo de lo especial que soy para alguien, lo que valgo, no lo hago perder.
—Yo sí quiero, pero mejor cómprame una hamburguesa —tenía muchas ganas de una desde la última vez que la comí.
—Cómprenle su pastel a mi gelatina y en la noche te compro tu hamburguesa —en mi cara se dibujó una sonrisa, lo amaba tanto, diría que es mi persona favorita.
—¿Y si en lugar del pastel me compras unas medicinas que ocupo? —negocié mientras veía mis manos.
—A ver, dime cuáles son, pídelas y las pago —me sonrió suavemente. Mis ojos se aguaron pero tuve que contenerme, es el mejor padre que pude haber pedido.
—Qué egoísta, en mi cumpleaños compraron pastel —la voz de Ivanna retumbó por el lugar, sus ojos se enfocaban en su teléfono, estaba molesta; ella sí quería pastel, pero para mí en ese momento no era prioridad.
—También compraré pastel —soltó mi padre mirándome.
A las horas mi pastel favorito estuvo frente a mí. No sentí nada al verlo, era solo el recuerdo de que un año más había pasado, un año más se había perdido. Aun así sonreí, amaba el sabor de ese pastel; entonces amaba el sabor del dolor.








