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INDOMABLE MESTIZA

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Summary

En un mundo donde los humanos fueron desterrados hace épocas, Cala, arrastrada por sus instintos de supervivencia más salvajes no vive, sobrevive. Siempre ha tenido una conexión especial con los lobos, algo que la hace diferente aparte de modesta para muchas señoritas de la época. Ella no es femenina y sus vestimentas dejan mucho que desear para que futuros esposos deseen casamiento. Ahora, obligada a casarse, se somete a una prueba ante el pueblo de Aldor donde tendrá que demostrar su pureza como humana, aunque... ¿Y si todo aquello saliera mal y un joven de la corte de Mohiar decide llevársela antes de descubrir toda la verdad sobre sus verdaderos orígenes ligados al mal?

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Las piernas sufrían el impacto de las grandes zancadas y los pasos ladeantes hacían por momentos el recorrido más rápido. Cogimos atajos, callejuelas e incluso pasamos por algunos tejados viejos y destartalados que parecían de todo menos seguros.

La Luna era nuestra única aliada en mitad de la noche y los mercaderes ya nos pisaban los talones. Se sabían nuestros rápidos caminos de vuelta a casa, por lo que Álex nos condujo hacia uno de los miradores más oscuros de las tierras de Andor.

Mientras el trozo de tela cubría nuestro rostro y las capuchas ocultaban nuestro cabello, podía descifrar en sus ojos achinados la sonrisa traviesa que mi hermano escondía para conseguir, una vez más, la victoria.

Así pues, y cuando perdimos a los mercaderes furiosos, nos condujimos en el oscuro camino hacia el mirador. Un lugar al que íbamos desde que éramos tan pequeños como para apenas saber hablar. La tela que cubría mi cara ya me tenía en asfixia, por lo que me la quité de inmediato en cuanto me senté en la tierra húmeda mientras observaba la hermosa, aunque caótica, ciudad en la que habíamos crecido.

- Y puedo decir una vez más, que Álex Weyrron ha logrado conseguir lo que quería - dice orgulloso entre jadeos cansados mientras logra sacarse una piedra del bolsillo. Bueno, mejor dicho, la piedra. Esa que llevábamos observando de lejos semanas al saber que no lograba venderse por muy cara y lujosa que fuera, a pesar de la cantidad de gente que había con dinero por aquella zona. El sueldo que llegaba a casa no era ni un cuarto de lo que podía llegar a costar ese mineral. No era único, pero sí lo cuidaban con cautela entre los vendedores de la zona. Según antiguas leyendas, esa es la piedra que a los humanos nos ha mantenido con los pies en la tierra y sin ser devorados por licántropos en noches de luna llena. Hasta donde tengo entendido, la mayoría del pueblo de Aldor ha sido atacado bruscamente por nuestros propios dueños, por eso la espera de un ataque en nuestra casa, ya me está agotando.

Cuando logro alcanzar la piedra que mi hermano me tiende, la observo con atención. Tiene signos de haber sido golpeada en algunos bordes, pero está prácticamente intacta. Brilla bajo la luz de la Luna y es tan transparente como el agua limpia con la que se baña la realeza de las tierras de los alrededores. Todos menos nosotros, seres miserables y desterrados; lejos de cualquier contacto mágico por poseer el don de la empatía, algo que nadie más comparte en este mundo lleno de seres mágicos sin piedad.

Digamos que nuestro pueblo trabaja por y para ellos, tras la última masacre acordada por licántropos y vampiros, nuestro pueblo quedó en plena ruina; sin rey, sin leyes... Un auténtico caos que aprovecharon para hacerse con el poder. Para ellos somos peones, esclavos que se ocupan de la mugre y de la suciedad que arrastran con ellos. Lo único que conseguimos de ellos es agua potable con la que nos tienen para subsistir, lo suficiente para no caer en el abismo de la muerte. Sin embargo, el tema de la comida está más escaso y por ello es que Álex y yo llevamos años cazando en el bosque.

- ¡Cala! - insiste mi hermano al quedarme en el abismo del pensamiento.

Cuando dirijo mi mirada de nuevo hacia la piedra, quedo completamente helada. La luz y el brillo que desprende es antinatural; una luz azul radiante invade mi mano reflejada por ella. Se siente pesada, pero no en ese sentido, parece estar absorbiendo parte de mí, como si con un ligero tirón me estuviera llevando poco a poco... Aunque esa fuerza para vez en mayor a medida que la intensidad de la luz que irradia va aumentando.

La suelto de inmediato al notar un calor abrasivo en la palma de mi mano y la dejo caer. Por un momento pensaba que me derretiría la piel de la mano. Y cuando la miro, me encuentro con la sorpresa de una quemazón.

Cuando veo la expresión inexpresiva de mi hermano, no puedo evitar poner los ojos en blanco.

- Ya te dije que las mercancías de ese mercader no eran de fiar -

Cuando recoge la piedra ha dejado de brillar e irradiar esa luz, algo que me extraña pero no llego a darle importancia en absoluto. Aprieto mis manos en un puño. Había notado algo extraño, como una especie de conexión hacia ese trozo de mugre compacta.

Álex la agarra sin ningún tipo de problema y la mantiene sujeta. No parece estar quemando y la luz de la piedra se ha desvanecido, por lo que dudo de lo que ha pasado.

Cuando mi hermano se posiciona detrás de mí observando el mismo paisaje que mis ojos admiran, la conversación comienza y no con buen pie.

El silencio ha dado pistas del tema que Álex va a tratar, y eso no me gusta en absoluto.

- Cala, lo he estado pensando... - se escucha a su voz, cansada.

Algo me dice que esta conversación no va a acabar bien en ninguno de los sentidos, pero decido mantenerme en silencio. Escuchar la estupidez a la que van a estar sometidos mis oídos.

- Es la mejor opción -

Nada más escucharlo salir de su boca, en mi pecho un pinchazo. Siento traición, dolor...

- Estabas de mi lado - logró objetar con un doloroso nudo en la garganta que apenas me deja tragar saliva.

- Cala, ¿tú sabes lo que supondría eso? La gran oportunidad que le das a nuestra familia -

Me rio.

- ¿La gran oportunidad de estar retenida con una familia que no es la mía? Una familia que apenas conozco de nada - me quedo en silencio tratando de no dejar a la vista las ganas que tengo de echar a llorar como una cría -. ¿Vas a comprometerte tú con Marian? -

Me giro y lo miro. Sus ojos están apagados, como esperaba. No me dicen nada.

Afirma con la cabeza acompañando su movimiento con una ligera sonrisa. Su mirada está vacía y su decisión es precipitada. Se huele de lejos la intención con la que lo hace, y eso no es amor.

- No sabes lo que haces - me adelanto.

- Ayudo a nuestra familia-

- ¡Casándote con una mujer a la cuál apenas conoces, Álex! - respiro al dejar mi grito suspendido en el aire -. Y lo mismo queréis hacer conmigo -

- ¡Y qué demonios quieres que haga! -

- ¡Llevamos años cazando! - me levanto para mirarle a los ojos directamente.

- Sí, una caza que nos están quitando -

Cierro la boca y tragos saliva. Mi enfado se apaga de inmediato para dar lugar a la preocupación acompañada de temblores de cuerpo.

- Han encontrado formas de solucionar sus problemas más allá de las fronteras - dice -. Y nuestros suministros apenas estarán cubiertos... Todo hasta que decidan no darnos nada -

En ese mismo momento dejo de sentir las piernas. Estoy a punto de caerme, pero finalmente logro estabilizarme para mantenerme en pie.

De momento la información no ha sido analizada, aunque las cosas en mi mente se han vuelto caóticas en cuestión de segundos. Mi odio por esos miserables seres aumenta en masa y por un momento, deseo que se pudran todos ellos en el infierno.

- Ellos quieren que te cases con Jacob -

El campo de visión se reduce a un pequeño punto en el suelo mientras logro darle vueltas al anillo varias veces alrededor de mi dedo. Ese anillo lo valía todo, llevaba desde los trece años con esa reliquia. Según mi madre, ese anillo me protegía contra los demonios del sueño, quienes se adentraban en él mientras dormías en mitad de noche de Luna Llena, para acabar así con tu vida y llevarse tu alma. Desde que soy pequeña, me han hecho creer ese cuento chino en el que, al parecer, soy propensa a atraerlos, de ahí que nunca pueda quitarme el anillo.

- Sus padres tienen tierras, ganado y algo de arado... Es una buena... -

- Cállate - interrumpo. Mis ojos quieren derramar litros y litros de lágrimas rabiosas y calientes mientras mis manos se entierran bajo la ropa en puños apretados. Quiero gritar, quiero correr, quiero... Salir de esa mierda de mundo en la que nos ha tocado ser criados.

Rodeo a mi hermano sin apenas mirarle la cara. Baja la cabeza avergonzado, pero mi presencia ya ha desaparecido.

Durante el camino tropiezo, golpeo con rabia los tronos de los árboles y al llegar a casa, una sensación extraña me invade de pies a cabeza. Mi madre me recibe alegre, con una sonrisa marcada mientras destripa a uno de los conejos que esta mañana hemos ido a cazar Álex y yo. Cualquiera que la vea se asustaría presenciando esa escena, pero sé por qué está así de alegre; al fin ha logrado emparejarme con un supuestamente “muy buen marido”, y uno que pueda mantenerme, como si no lo hubiera estado haciendo durante años por cuenta propia.

La casa es pequeña, tanto que apenas cabemos siendo cuatro, cinco contando con la abuela. Todos aportamos algo en casa para no hundirnos en la miseria de la pobreza que nos invade poco a poco.

Yo me limito a ayudar a mi padre cortando la leña mientras se espera a que Álex tenga la decencia de aparecer. Todos saben que hemos robado una piedra valiosa de los mercaderes.

Según mi mano va agarrando con más fuerza el mango del hacha, más difícil es concentrarme con el hueco que habita en mi estómago producido por el escaso alimento con el que he sobrevivido desde que el Sol ha brindado sus primeros rayos de luz existentes.

Entre mi padre y yo aguarda un silencio envolvente; sabe lo primero que saldrá de mi boca si es que la abro y no quiere dar explicaciones como cómplice de la decisión que ha tomado mi madre.

En cuanto el grito de la abuela se escucha junto con el nombre de mi hermano, sabemos que debemos volver a casa; la cena está lista. De hecho, lo estaba para antes de que Álex volviese.

Mi madre le ha abrazado agradeciendo el trozo de roca que mi hermano saca de su bolsillo. Todos la admiran con atención pasando de una mano a otra hasta que llega mi turno.

- Es preciosa. De hecho, la he admirado antes de llegar - digo fríamente.

Me quedo quieta. No la toco. Sé que todas las miradas van directas a mí pero trato de evitar cruzarme con alguna.

Todos me miran buscando algún signo que me delate. Me siento forzada a acercarme mientras la mano temblorosa de la abuela sigue sosteniéndola. No sé qué ha sido lo que esa piedra ha hecho en el bosque pero si volvía a ocurrir a ojos de mi familia, podrían verme como una apestada.

La tensión va alimentándose del nerviosismo de mi cuerpo, y con él, las ganas de echar a correr hacia el bosque en mitad de luna llena.

Acerco la mano lentamente hacia el trozo de roca apenas opaca. Todos observan con atención a los hechos, como si supiesen que algo podría llegar a pasar.

En apenas segundos, la piedra cae al suelo por el carraspeo inesperado de mi hermano, quien se agacha de inmediato para agarrarla entre sus manos y dejar el tema olvidado en el aire.

- Madre, ¿y ese olor a estofado? - se escucha amable.

Mi madre esboza una sonrisa mientras aprovecho para irme a mi cuarto y captar la inquietante mirada persistente de la abuela.

Nada más pisar el suelo de mi cuarto, me tumbo en la cama chirriante bocarriba mientras juego con uno de los hilos de la prenda que recubre la herida de mi pierna; hoy, mientras mi hermano y yo salíamos a cazar uno de los conejos estofados por mi madre, una rama ha logrado rasgar mi pantalón y gran parte de mi piel dejándola en carne viva.

Al enderezarme en la cama y preparar mi pierna para cambiar la tela, mi cuerpo ha quedado rígido y sin aliento en los pulmones. Casi esbozando un grito ahogado que ha quedado sordo en mi garganta.

Las manos han empezado a temblarme mientras toco la parte supuestamente herida y donde ahora no hay ni rastro de rasguño, ni un fino hilo de cicatriz.

Vuelvo a mirar la tela ensangrentada, la cual agarro con fuerza y extiendo sobre la cama mientras acerco rápidamente la cara. Una vez más, mi respiración cesa durante unos segundos cuando mi mirada admira el suceso donde la sangre va desvaneciéndose poco a poco hasta no dejar rastro. El proceso es ligeramente lento y apenas quedo dolorida, simplemente tan desconcertada como cuando mi hermano me ha dado la noticia de mi posible pretendiente.

Sin nada que objetar a causa de la cantidad de pensamientos que visitan por primera vez mi cabeza, no me dejo aturdir; quiero pensar que por alguna razón, las moras que comimos Álex y yo esta mañana, podrían ser alucinógenas, algo muy causal por esta zona, por lo que no le doy la más mínima importancia y me cambio de ropa hasta ponerme las prendas sueltas para pasar la noche.

Tras seguir el rastro del exquisito olor a guiso de mamá, me adentro en la pequeña cocina donde se encuentran reunidos tanto mi padre, como mi hermano y mi madre. La abuela se encuentra tejiendo prendas viejas.

Cuando interrumpo en el lugar, todos quedan en silencio. Los miro a todos y a cada uno analizando sus expresiones sorprendidas y preocupadas.

- Si os preocupa que haya escuchado algo de vuestra ridícula conversación... Tranquilos, mis oídos no han tenido que someterse a semejante tortura como esa -

- ¡CALA! - se escucha la voz gruesa de mi padre pronunciar mi nombre con un timbre cabreado.

- Qué - me atrevo a decir -. ¡Me vas a prohibir callarme como una buena sumisa o vas a dejar que me defienda ante la injusticia de casarme con un hombre al que apenas conozco! - Mi madre y mi hermano se miran sorprendidos, sin palabras mientras mi padre me mira con rabia, como un perro a punto de saltarme al cuello.

- Cala, de eso íbamos a hablarte en la cena... Ahora podemos... - se escucha la voz temblorosa d mi madre.

- ¡CÁLLATE! - grito bruscamente sin apartar la mirada de mi padre.

Por primera vez, el enfrentamiento de mi padre no me asusta en absoluto. Su mirada odiosa corta respiraciones pero no la mía. Da un paso hacia mí para quedarse más cerca mientras me encara pero mis piernas no tiemblan ni toman el control para echar un paso hacia detrás.

Mi pecho empieza a subir y bajar cada vez más rápido de forma rabiosa mientras mis manos se aprietan formando un puño compacto con el que me quito el dolor de uñas que comienza a molestar insistentemente. El anillo que rodea mi dedo índice empieza a calentarse levemente hasta notar un pequeño quemazón en la zona que roza con el resto de mi mano.

Entonces, mi hermano se pone de por medio y relajo las manos estirándolas poco a poco, aunque sin apartar la mirada de los ojos de mi padre, enfrentándolo.

Mi madre se pone frente a él agarrando su cara mientras mi hermano me agarra y me retira de la cocina.

- ¿Pero qué demonios ha sido eso, Cala? -

Refunfuño y me suelto de su agarre, pero vuelve a agarrarme del brazo fuertemente. Entonces mi cuerpo toma el control y me giro de inmediato, me quedo apenas a medio metro de él desafiándolo con la mirada igual que con mi padre.

Algo pasa cuando mirándome, su expresión furiosa se convierte en una preocupada y asustada. La amargura de emociones me aturde y entre furia y desesperación, noto cómo un cosquilleo recorre todo mi cuerpo. Entonces, agarro el anillo y trato de librarme de él, está caliente, arde y molesta.

- Ni se te ocurra hacer semejante locura - advierte mi hermano rápidamente agarrando mi mano con brusquedad para parar mis actos.

A punto de estallar entre miles de sensaciones no muy agradables, me suelto de su agarre y salgo corriendo de casa dejando la puerta abierta. Hace un rato que la lluvia ha ablandado el suelo, por lo que mis huellas quedan marcadas hasta llegar al bosque, donde mis pies pisan las húmedas y mojadas pinochas que recubren el suelo.

Mis piernas parecen haber alcanzado una velocidad que me hace dudar si podría ser humano.

El nombre de Jacob me recorre la mente una y otra vez insistentemente. Acabo mareándome y dejo de correr, frenándome en seco. Respiro, lleno mis pulmones como si mi vida dependiera de ello. Arqueo la espalda, apoyando mis manos en las rodillas, mientras un sonido cercano me pone en alerta.

Cuando presto atención a mi alrededor, noto un pequeño cosquilleo en las orejas. A lo lejos, la muralla, esa misma recubierta de magia élfica, una de las más poderosas que habitan en este mundo. Aquella línea verdosa y brillante, es la única que nos separa salvajemente del mundo mágico y cruel de nos rodea de esas criaturas mágicas que nos esclavizan. Con solo pisar con un pie dentro sobrepasando la muralla, los Gritones de muro (criaturas del tamaño de un murciélago pero con colmillos afilados como agujas de coser. Protegen el muro que nos conecta con las tierras de Haroir, territorio vampírico) se lanzarían encima como mucha gente describe al ver cómo pequeñas aves lo han pasado para conseguir pequeños insectos del suelo.

El bosque del otro lado de la invisible muralla parece tranquilo, sin nadie que lo vigile tan enfermamente como los Gritones de muro.

Por un momento, mi cabeza lo piensa; me imagino pasando la muralla lentamente, un pie tras otro. Todos los gritones de muro lanzándose encima clavando sus colmillos en mi piel hasta hace recorridos de sangre.

Sin apenas darme cuenta, mis piernas están avanzando muy lentamente y mi cuerpo cada vez se encuentra más cerca de la muralla. La respiración es entrecortada y mi pulso cardiaco se encuentra acelerado, tanto que podría notar en cualquier momento cómo el corazón se sale del pecho.

Estando apenas a unos cuantos metros para cruzar, un ruido ensordece mis oídos.

Me paralizo cuando en tan solo segundos, un lobo del tamaño de un caballo, bloquea el camino prohibiéndome el paso hacia la mágica muralla.

Su boca libera saliva blanca y espesa mientras deja al visto sus tremendos colmillos que podrían desgarrarme sin apenas esfuerzo.

No me asusto. Su mirada insistente, me reta a no dejarlo de mirar, y de hecho, no lo hago. Lo miro fijamente sin miedo alguno.

Sus ojos son de distinto color; uno de ellos, azul como el cielo en un día despejado. Brilla solo y suelta pequeños destellos que no van a lograr deslumbrarme. El otro de ellos es de un color miel que casi hipnotiza y aturde. Su hocico se marca por pequeños pliegues mientras sigue dejando al descubierto sus dientes blancos, brillan como la luna pero no me distrae para seguir mirándolo a sus ojos y no apartar mi mirada de ellos.

Me acerco con paso firme, sin miedo, sin temblores. No le tengo miedo y eso me hace formular demasiadas preguntas en mi mente.

Mi mirada se despega del animal en cuanto un pájaro decide posarse en suelo vampírico, donde segundos después acaba rodeado y devorado por Gritones de muro.

La visión no es nada agradable, más cuando del pájaro acaban quedando únicamente huesos, quitando el charco de sangre que ha quedado manchando el suelo.

Cuando vuelvo a dirigir mi mirada al lobo de pelaje negro como el carbón, su mirada va directa a mi anillo. No despega la mirada de él mientras sus colmillos brillan más que nunca en la oscuridad del bosque.

Fruzco el ceño pero antes de volver la mirada hacia el animal, un sonido a mis espaldas. Lo que me hace girarme de inmediato en forma de alerta.

Unos pasos se escuchan y tengo la confianza de dar la espalda a un lobo de semejante tamaño como ese. Desde pequeña, la presencia de lobos en mitad de la caza se ha hecho algo rutinario. Siempre que salimos a cazar, los ojos de los lobos vigilan desde lejos. Una conexión que siento real aunque solo lo hagan para marcar su territorio.

Un par de respiraciones más y la figura joven de un muchacho se presenta en mi campo visual agarrando un farolillo.

Mis manos se relajan en el momento que veo a mi hermano aparecer.

- ¡Cala! -

Miro a mi espalda buscando la presencia de algún lobo, y no. El lobo de pelaje negro como la noche, ha desaparecido y ha dejado lugar a un silencio matador.

Las manos de mi hermano agarran mi cara como si su vida dependiera de ello. Mira el muro invisible.

- ¿Habías pensado en...? - en sus ojos veo el miedo reflejado, pero aparto sus manos casi de inmediato.

- ¡No digas tonterías! - exclamo.

Decido esconder tras la espalda la mano que contiene el anillo que ahora brilla queriendo liberar algo, o al menos lo parece.

Noto un pequeño pinchazo en la lengua pero no le doy importancia ninguna, nada que se merezca. Pero la mirada de mi hermano va directa hacia mi labio junto con su dedo que lo roza suavemente hasta enseñármelo.

Sangre.

- Cala... - su voz tiembla.

Rozo mi dedo pulgar en el labio, el cual sale igual de ensangrentado que el de mi hermano.

Mi boca sabe a hierro y noto algo puntiagudo que insiste en clavarse en algo o, alguien...

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