Epílogo
No era una risa natural. Era alta, calculada, diseñada para llenar cada rincón del salón.
Y lo estaba logrando.
Las conversaciones se apagaban poco a poco, reemplazadas por murmullos que corrían como pólvora entre los invitados.
-¿Ese no es su esposo?
-Sí... los casaron hace poco.
-Dicen que fue por negocios...
-Se nota.
Minho escuchaba todo.
Por supuesto que lo hacía.
Y le encantaba.
Rodeado de chicas, jugaba el papel a la perfección: despreocupado, encantador, excesivo. Una de ellas se aferraba a su cuello mientras él la acercaba más de la cuenta, su mano firme en su cintura, sin ninguna intención de disimular.
Cada gesto tenía un propósito.
No era coqueteo.
Era provocación.
Al otro lado del salón, Han Jisung permanecía de pie, aparentemente tranquilo, conversando con un par de personas que claramente ya no tenían su atención. Su postura era impecable, su expresión controlada... casi fría.
Pero sus ojos.
Sus ojos decían otra cosa.
No dolor.
No celos.
Desprecio.
Puro, claro, sin intención de ocultarlo.
Y eso era exactamente lo que Minho quería romper.
-Vamos... reacciona -pensó, sin dejar de sonreír-. Haz el ridículo.
Pero Jisung no se movía.
Ni un gesto.
Ni una palabra fuera de lugar.
Nada.
Como si Minho no existiera.
Como si todo ese espectáculo fuera insignificante.
Los murmullos crecieron.
-Es incómodo de ver...
-Ni siquiera se miran.
-Ese matrimonio va a durar poco.
Minho entrecerró los ojos apenas un segundo.
Molesto.
No por los comentarios.
Sino porque Jisung seguía sin caer.
Apretó la cintura de la chica con más fuerza, acercándola aún más, inclinándose hacia ella mientras reía de nuevo, exagerando cada movimiento.
-Mírame -exigía en silencio.
Y entonces-
Sus miradas se cruzaron.
Jisung lo observó directamente.
Sin emoción.
Sin interés.
Como si estuviera viendo algo desagradable... pero irrelevante.
Eso fue suficiente.
La sonrisa de Minho cambió.
Se volvió más tensa. Más peligrosa.
Desde el principio había sido así.
Desde aquella noche en la que, sin previo aviso, sus familias anunciaron el compromiso. Como si firmaran un contrato. Como si sus opiniones no importaran.
Minho ni siquiera fingió sorpresa.
Jisung ni siquiera levantó la vista.
Y desde ese momento, lo único que existió entre ellos fue rechazo.
Vivir juntos solo confirmó lo inevitable.
Discusiones constantes, silencios incómodos, provocaciones que no buscaban respuesta... sino reacción.
Pero Jisung rara vez se la daba.
Y eso era un problema.
Porque Minho no quería paz.
Quería verlo caer.
De vuelta al presente, Jisung observó la escena unos segundos más.
Luego, como si finalmente hubiera tomado una decisión...
Se movió.
Tomó una copa de vino sin prisa, girándola suavemente entre sus dedos.
Su expresión no cambió. Seguía siendo la misma máscara de calma.
Pero sus pasos...
Directos.
El murmullo empezó a apagarse.
-Ahí va...
-Esto se va a poner feo...
Minho lo vio acercarse.
Y esta vez, sonrió de verdad.
Ahí estaba.
Por fin.
No soltó a la chica.
Ni un centímetro.
Jisung se detuvo frente a él.
Ignoró por completo a la mujer.
Sus ojos estaban clavados en Minho.
-Qué espectáculo tan... lamentable -dijo, con una voz baja, firme, sin emoción.
La chica se tensó.
Minho soltó una pequeña risa.
-¿Te molesta?
Jisung alzó ligeramente una ceja.
-¿Eso? -lo recorrió con la mirada, de arriba abajo-. Apenas.
Silencio.
Tenso.
Cortante.
Y entonces-
Sin cambiar la expresión, inclinó la copa.
El vino cayó directamente sobre el traje de Minho.
Y salpicó el vestido de la chica.
Un jadeo colectivo recorrió el salón.
La chica se apartó de inmediato, horrorizada.
Minho no.
Ni siquiera parpadeó al principio.
Bajó la mirada lentamente hacia la mancha oscura que arruinaba su traje perfecto.
Luego alzó los ojos.
Directo a Jisung.
Sin rastro de diversión.
Solo ira contenida.
-Mírate -murmuró Minho, lo suficientemente bajo para que solo él lo escuchara-. Exactamente lo que esperaba.
Jisung sostuvo su mirada.
Imperturbable.
-¿De verdad? -respondió con frialdad-. Qué decepción.
Minho dio un paso hacia él, invadiendo su espacio.
-Ahora todos vieron lo que eres -susurró, afilado-. Inestable.
Problemático. Justo lo que necesitaba.
Ahí estaba.
La verdad.
Eso era lo que buscaba desde el inicio.
Jisung no reaccionó como esperaba.
No se alteró.
No se justificó.
No retrocedió.
Solo lo miró... con un desprecio aún más evidente.
-Si necesitabas esto para sentir que tienes el control... -murmuró- deberías preocuparte más.
Minho apretó la mandíbula.
Por primera vez, algo no salía como quería.
-No te equivoques -dijo, más bajo-. Esto recién empieza.
Jisung dejó escapar una leve exhalación, casi una burla.
-Para ti, quizá.
Se giró.
Como si ya hubiera terminado.
Como si Minho no mereciera más de su tiempo.
Y eso-
Eso fue peor que cualquier escándalo.
Porque al final...
Minho consiguió la escena.
Pero no consiguió quebrarlo.








