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Soldados Enemigos

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Summary

En época de guerra dos chicos se conocen en el peor momento, uno es un prisionero y el otro debe vigilarle. (Aziracrow)

Genre
Lgbtq
Author
MokyMoky
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

El olor de la sangre inunda sus fosas nasales aturdiendo sus otros sentidos, la guerra es un desencadenante horrible e injusto que cobra la vida de inocentes enviados a una muerte segura por quienes sólo buscan dinero o poder. Asa Fell es un chico de treinta y cinco años con cabellos rubios platinados, amante de los libros y un apasionado del pastel de tres chocolates con nata y galleta de la pastelería de Mama Imelda justo al final de la calle.

No es un soldado. Jamás lo fue y muy posiblemente eso es justo lo que acabará con su vida.

Respira con dificultad con un pitido horrible en los oídos por culpa de la mina que uno de sus compañeros había pisado sin querer. ¿Dónde estaba? ¿Por qué siente la cabeza tan palpitante? Su cuerpo tiembla y aunque intenta levantarse no puede, sus músculos agotados fallan por el choque de la explosión que ha surgido a escasos pasos de él. La presión de su pecho es casi insoportable, respirar es una virtud que ahora duele demasiado y sin más ya no puede mantener los ojos abiertos, desplomándose sin saber si sus compañeros seguían vivos o si él volvería a despertar.

El choque del agua congelada sobre su cuerpo lo hace despertar intentando tomar todo el aire posible pero ese simple movimiento crea un dolor punzante en sus pulmones. Se queja y gime aún confuso, no puede moverse, cuando su cerebro parece volver a la realidad se ve a si mismo sentado en una silla que ha visto días mejores y sus pies y manos están fuertemente atados a la madera. El miedo inunda todo su ser tan rápido como lo habían despertado y con ojos asustados miran la figura frente a él, un hombre alto de facciones duras y expresión de asco, la misma expresión que pondrías al ver una cucaracha en tu cocina.

—¿D-dónde estoy? —El hombre tira el cubo de metal sin cuidado creando un ruido que perfora sus delicados oídos, aún tiene el tímpano dañado por culpa de la explosión por lo que no puede evitar encoger el rostro en una mueca de dolor.

—Estás en el infierno muchacho y si valoras un poco tu vida contestarás a todas nuestras preguntas —Son enemigos buscando información para ganar la guerra pero lo que ese hombre no sabe es que ha capturado al único soldado inepto que no tiene idea de nada y que su único deseo es volver a casa. Empieza a negar con la cabeza dispuesto a decirle la verdad pero una fuerte cachetada corta el hilo de sus pensamientos, el dolor pronto se intensifica con un calor punzante que llega hasta su oído. Su tímpano dañado rebota por el golpe y su vista se vuelve borrosa sintiendo un intenso mareo que mueve todo a su alrededor— Esto no es un campamento de verano chaval, tienes dos opciones: Morir sin dolor y rápido o tener una muerte lenta y muy dolorosa

Pestañea confuso, todo es demasiado intenso y su cerebro aún no se encuentra recuperado de la explosión. Las opciones eran horribles por igual y algo dentro de él se rompe al darse cuenta que jamás volverá a casa, nunca volverá a ver a su madre ni a sus hermanos y lo que más le duele es que no volverá a ver a su chica— Y-yo...no se nada lo juro —Solloza aún perdido y con el cuerpo tembloroso negando lentamente con la cabeza.

La tortura comienza y sus gritos son ahogados por el trozo de tela que colocan entre sus dientes.

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Han pasado varios días desde su captura y ya conoce la rutina de estos indeseables seres; por la mañana demasiado temprano lo despiertan con un balde de agua helada que cala cada rincón de su piel y lo hace temblar, manteniendo su cuerpo en un estado de semi hipotermia que obliga a su mente a mantenerse despierta durante todo el bendito día. Luego viene la tortura, lo golpean o ahogan con más agua siempre obteniendo la misma respuesta “No sé nada lo juro” entre suplicas y gemidos ahogados.

Lo único bueno de todo esto es que después de horas sufriendo lo dejan tranquilo hasta el día siguiente y es custodiado por un soldado de cabello pelirrojo que al principio lo miraba con el mismo asco que los demás pero a medida que pasaban las horas y los días empezaron a entablar una extraña relación. Una en la que él le habla esperando mantener una conversación que nunca llegaba. No quiere volverse loco y necesita encontrar algo que desvíe sus pensamientos de la tortura que le espera al día siguiente.

Pero al tercer día todo cambia.

—¿Sabes? Creo que el Bing Bang es solo una excusa para darle un sentido a toda la creación del universo, ¿Quién se creería que todo empezó con una explosión? ¿Qué la originó? —Sus tímpanos ya no sufrían de ese intenso pitido insoportable y aunque le sigue costando respirar, posiblemente derivado por alguna costilla rota, al menos hablar le ayuda a olvidar y su cuerpo parece doler bastante menos.

—¿Cómo puedes ser tan idiota? —Abre los ojos y levanta la mirada hasta el soldado que por primera vez destapa su rostro dejando ver una mueca desagradable formándose en sus labios— No fue una explosión sino una expansión, existen pruebas de que el universo se expande continuamente y la radiación residual confirma el punto donde todo empezó —Su tono de voz es de alguien que pretende explicar algo sumamente obvio a un niño tonto aunque no le molesta en lo absoluto— ¿P-por qué demonios pones esa cara de tonto?

Sonríe debido al intenso calor que se crea en su pecho y la cantidad de endorfinas que su cerebro genera le da la paz momentánea que tanto necesitaba. Jamás pensó que conseguir hablar con ese hombre, quien lo vigila y da de comer, sería uno de los mejores triunfos de su vida. Un triunfo que le evitaría caer en la locura.

—Sabes mucho de eso...te he hablado de muchas cosas y no has contestado a nada ¿Te gusta la astronomía? —Silencio de nuevo y aquel hombre vuelve a tapar la mitad de su rostro con las cejas fruncidas y la mirada desviada. Incluso podría jurar que la piel de sus mejillas empezaba a colorearse.

No, no, no...estaba tan cerca.

—Vamos venga, ¿Por qué el sol es tan caliente? ¿Realmente podemos seguir viendo la luz de una estrella ya muerta? ¿Cómo muere una estrella? ¿Fuimos a la luna de verdad o fue un invento? —Aquel hombre endereza su cuerpo y sigue dándole la espalda, siempre se quedaba ahí fuera de aquel cubículo donde lo tenían encerrado. Siempre en silencio, siempre manteniendo un muro entre ellos— Por favor...habla conmigo

—Deberías hablar con el coronel y decirle lo que quiere saber si tanto te gusta hablar —La voz le llega algo amortiguada por la tela y la distancia pero sigue siendo un bálsamo para su cerebro.

—Ya os lo he dicho, no sé nada...no soy valiente ni mi país me importa lo suficiente como para soportar todo esto, nadie me ha dicho nada solo me decían donde ir y rezaba por no tener que matar a nadie...no sé nada, no sé nada...—Empieza a repetir con el ardor subiendo por su garganta y gruesas lágrimas cayendo por sus mejillas— Sólo quiero volver a casa...—Gimotea dejando caer su cabeza como si esta le pesara demasiado.

—Entonces reza porque pronto te vean como un gasto de energía inútil, al menos podrás escapar de todo esto cuando mueras

Ese día lloró lo que no había llorado desde que lo reclutaron a la fuerza, lloró al saber que no tendría una segunda oportunidad, por estar olvidando como sonaba la voz de su madre y por pensar en el dolor que su novia sentiría al darse cuenta que él no volvería jamás.

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—Deberías comer idiota —Al cuarto día había decidido no volver a comer, ¿para qué? al menos así podría morir de desnutrición y las torturas acabarían pero ese soldado parece ser demasiado terco y sigue acercando ese sucia cuchara con arroz pasado y sabor a tierra mojada.

—Déjame en paz —Susurra moviendo la cabeza para evitar aquella porquería, la tortura de hoy le ha dejado con un oído afectado y el pitido había vuelto provocando un intenso dolor de cabeza.

Ya ni sentía el dolor en todo su cuerpo pues ya no eran algunas zonas afectadas, ahora no había ningún zona de si mismo que no se encuentre dañada.

—Si mueres bajo mi cuidado me castigarán a mi —Le vuelve a acercar la comida pero de nuevo mueve la cabeza huyendo de ella con un rostro asqueado, una y otra vez volvía a intentar lo mismo pero todas las veces terminaban igual— Joder eres insufrible, bien no comas —Escupe bajo aquella tela que cubre la mitad de su rostro y sin más se va dejándolo de nuevo sólo.

Al día siguiente pensaba hacer lo mismo, hoy tocaba pasta con sabor a pis y mayonesa caducada y como el resultado fue el mismo que el día anterior finalmente el soldado suspira cansado y vuelve a irse sin decir una sola palabra.

Un día más, piensa cansado con el cuerpo tiritando de frío por el agua congelada que le hace castañear los dientes.

Pero ese hombre vuelve, esto es nuevo y es lo suficientemente entretenido como para alzar la mirada y fijarse en todos y cada uno de sus movimientos, curioso por saber que hacía ahí si no pensaba comer aquella bazofia. Con movimientos tensos y lentos el pelirrojo se aparta la tela de la cara, al estar más cerca y de frente debe admitir que es bastante atractivo, sus facciones son afiladas pero no tiene un rostro cruel ni desarmado como el coronel que lo torturaba todos los días.

Lo ve rebuscar en uno de sus bolsillos delanteros, donde se suelen guardar la munición y de él saca un paquete de plástico con un bollo de crema en su interior. Abre los ojos al verlo y la boca se el hace agua, lo ve abrirlo con demasiada tranquilidad y aunque sus labios se abren con una clara necesidad el bollo es mordido por aquel soldado como si todo su ser fuera a cámara lenta.

Genial, ¿Ahora buscaban torturarlo con comida?

Cierra los labios en una mueca y traga el exceso de saliva, sus cejas se fruncen en un gesto hastiado pero, sin poder evitarlo, sus ojos brillan con una suplica que no puede controlar. El soldado sigue comiéndose el bollo lentamente pero cuando llega a la mitad de este y tras pasar la lengua por los labios para limpiar el rostro de crema termina estirando el brazo hacia él dejando el bollo a centímetros de su cara.

Mira el dulce y luego lo mira a él sin entender nada y con la desconfianza marcada en su rostro.

—No tengo más hambre ¿Prefieres que lo tire? —Lo mira ciertamente sorprendido por ello pero no lo duda demasiado y acepta con gusto morder aquel paraíso de textura suave y cremoso relleno de avellanas. Gime al masticar y podría llorar de felicidad en este preciso momento, ese maldito dulce es lo mejor que ha comido en meses y el extra de azúcar sólo aumenta la sensación de satisfacción en su cerebro.

Quizás si no estuviera tan centrado en comerse ese dulce habría visto el intenso sonrojo en el cuello y mejillas del soldado o como, sin saber por qué se queda embelesado ante la imagen de ese soldado rubio disfrutando de sus sobras. Lo oye carraspear cuando termina el último bocado pero antes de levantar la vista este ya se había cubierto el rostro de nuevo.

—Gracias...estaba delicioso —Sonríe con cierta dulzura, lo que le permite dada su situación, pero es suficiente para que ese hombre pelirrojo sienta un intenso apretón en su pecho que lo hace alejarse y tomar su puesto con los músculos tensos y el corazón latiendo con demasiada fuerza.

La repentina huida de su vigilante solo lo confunde pero decide seguir disfrutando del sabor dentro de su boca todo lo que pueda, a saber cuando podrá disfrutar de una comida de verdad de nuevo.

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Hoy le han roto los dedos de la mano derecha y duele demasiado, los sollozos siguen incluso cuando el soldado llega tras la tortura y aunque al principio parece ignorarlo, al final entra en su celda con paso lento como si realmente dudara de sus propias acciones.

No le habían quitado la tela de la boca y podía notar como empezaba a ahogarse por el dolor de su cuerpo y su propio llanto, pero el calor de una mano lo obliga a levantar la cabeza siendo obligado a mirar aquel rostro descubierto que lo mira con seriedad y determinación— Escúchame idiota, esto va a doler pero tienes que intentar no hacer ruido ¿vale? —El dolor no le permite entender nada y el temblor constante de su cuerpo provoca que sus heridas y huesos rotos se sientan como miles de pinchazos que se intensifican a cada segundo— Me estoy jugando el cuello por ti, di que lo entiendes —El chico sisea casi sobre su rostro con una voz encendida y amenazante al mismo tiempo que la mano que agarra su mentón aprieta su agarre y lo sacude brevemente para despertarlo.

—V-vade...—Lloriquea intentando articular las palabras aún con el trozo de tela entre sus dientes. Su rostro es liberado y con horror mira como toma su mano lastimada, vuelve a mirarlo y niega con la cabeza tan rápido que le provoca un intenso mareo— N-no..pod davod...n-no...—Suplica pero de nada sirve pues el chico empieza a tirar de sus dedos fracturados, los mueve con brusquedad y el dolor lo hace ahogar un grito que muere en su pecho. Sus dientes se aprietan y su cuerpo de sacude, ¿por qué le estaba haciendo esto? El dolor es insoportable y no termina hasta que todos y cada uno de sus dedos han sido recolocados y entablillados con pequeños palos y trozos de tela sucia.

Cuando vuelve a abrir los ojos mira su mano abierta y tensa por aquellas tablillas y no entiende porque, mira al soldado y tampoco entiende por qué lo mira así ni por qué le termina liberando de la tela sobre su boca permitiéndole de nuevo respirar un poco mejor— Debo quitarte eso antes de irme por la mañana y volveré a colocártelo cuando terminen, cómo digas algo de esto yo mismo te cortaré el cuello ¿Entiendes? —No lo entiende pero asiente incapaz de controlar su voz, joder esto duele demasiado— Pues deja de llorar eres un soldado, compórtate como tal —Ahoga un gemido y su cuerpo se encoge, no es un soldado era un simple librero pero a nadie parece importarle.

Intenta controlar sus emociones pero todo es demasiado, todo el dolor, las torturas, la soledad y saber que todo eso es para nada le impide poder detener las lágrimas porque esta roto y perdido. Un suspiro pesado sale de aquellos labios delgados y sin saber muy bien por qué, se ve obligado a levantar la cabeza de nuevo y una suavidad inusual acaricia sus mejillas lentamente.

Cuando se da cuenta de la situación aquel hombre está pasando un pañuelo por su cara, limpiando cualquier resto de suciedad y lágrimas con tanto cuidado que parece irreal— Eres un debilucho —El susurro llega a sus oídos dañados pero no dice nada ni se mueve un centímetro porque aquel simple contacto es tan agradable que teme perderlo demasiado pronto.

El silencio se instala entre ellos y la tela pasa por debajo de sus ojos, delinea su nariz, limpia su frente y acaricia la forma de su rostro incluso limpia su cuello con sumo cuidado y toques suaves, evitando agrandar las heridas de su piel hasta que, más pronto de lo que hubiera querido, termina tan rápido como había empezado— G-Gracias...—Susurra con una calidez en su pecho que contrasta con el frío de su piel y como única respuesta obtiene un chasquido con la lengua de aquel tipo que guarda el trozo de tela y saca un bollo de sus bolsillos delanteros.

Traga saliva y se remueve un poco pero lo que no se esperaba es que, tras abrirlo, se lo ofreciera directamente. Había sobrevivido estos días con la mitad del dulce, siempre disfrutando del sabor y agradeciendo internamente por el amable gesto pero ahora se lo estaba ofreciendo entero. Lo mira con ojos interrogantes pero el chico desvía la mirada notablemente incómodo— No tengo hambre, empieza antes de que me arrepienta —Y no lo duda ni un solo instante.

Sonríe mientras mastica porque prefiere aferrarse a esas pequeñas muestras de bondad de un enemigo que debería disfrutar al verlo sufrir.

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—Anthony J. Crowley —Ante la repentina voz de su captor solo puede levantar la mirada, ese día estaba especialmente alejado de él y no pensaba obtener ningún tipo de conversación pero esta vez es él quien ha empezado a hablar y un cosquilleo de emoción invade su pecho.

—¿Perdón? —Ladea la cabeza y junta las cejas en una expresión confusa.

—Es mi nombre...

—¡Oh! —Es lo único que logra decir por unos segundos demasiado eternos para el pelirrojo— ¿Qué quiere decir la J?

—No lo sé, simplemente me llamaron así —Crowley se encoge de hombros y mira por el pasillo para asegurarse que, como siempre, se encuentran solos y así poder entrar en aquel cuarto.

—Oh...pues es un nombre muy bonito, parece de escritor —Con cierta diversión nota como el gesto de quitarse la tela del rostro se queda a mitad de camino y decide no hacerlo pero él puede apreciar que no lo hace por estar avergonzado, sus ojos son demasiado expresivos— Yo me llamo Asa Fell, encantado de conocerte

—Definitivamente eres idiota —Crowley bufa y rueda los ojos, solo ese chico extraño puede decir tal cosa en una situación como esta, ¿Cómo va a decir eso cuando lleva más de semana y media siendo torturado por los suyos?

Y encima lo hace con esa sonrisa demasiado dulce ¿De dónde ha salido y por qué demonios se arriesga tanto por él? No es la primera vez que torturan enemigos por información y no es la primera vez que los debe vigilar pero con ese chico de cabello platinado y ojos azules todo es demasiado diferente y odia no saber por qué.

—Mi madre siempre me enseñó que debo ser agradable con todo el mundo, es la mejor forma para convivir —Un nuevo bufido del soldado hace que forme una mueca con los labios.

—Y se ve que te ha ido muy bien —Escupe cruzándose de brazos.

—Bueno...contigo ha funcionado, con eso me basta —Asa no sabe muy bien si ha sido buena idea decir aquello, Crowley sisea hastiado y sale de nuevo de aquella habitación para seguir haciendo su guardia en silencio pero...

Ha podido ver vergüenza en sus ojos y eso es suficiente para hacerlo sonreír débilmente por el resto del día. Eso sí, hoy se ha quedado sin dulce.

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Los días pasaron, las torturas no cesaron pero su relación con Crowley cada vez es más cercana y eso lo motiva a seguir intentando mantener esa especie de amistad rara. No es que espere nada de él, demasiado se arriesga en curar sus heridas, darle mantas para evitar el frío u obsequiarle con esos deliciosos dulces.

Sabe que no volverá a casa pero al menos puede encontrar un pequeño refugio con el pelirrojo, es lo único a lo que se aferra su mente para no perder la cabeza.

—Por eso podemos ver las estrellas por muy lejos que se encuentren ¿sabes? —Ahora sabe que Anthony es un apasionado del universo y se sorprendió al saber que era profesor de astronomía en la universidad cuando la guerra entre sus países lo obligó a alistarse.

Vamos que ambos estaban obligados a estar frente a la muerte cada día sin poder hacer nada por evitarlo.

—Nunca me había fijado que el universo fuera tan interesante, ¿Sabes más datos curiosos? —Podría pensar sus propias preguntas, le gusta como los ojos de su amigo se iluminan cuando hablan del espacio pero se siente muy cansado. Hoy la tortura ha durado más de lo normal y casi lo ahogan por la cantidad de agua que ha tenido que tragar.

—En Jupiter hay una tormenta igual de grande que la Tierra y lleva activa más de 350 años —Crowley se encuentra sentado en un banco al lado del prisionero, con la cara descubierta y una sonrisa pequeña pero emocionada, le encantaba enseñar.

—Oh...eso es mucho tiempo —Su voz empieza a apagarse a medida que habla hasta que la última palabra es casi inaudible, sus ojos se empiezan a cerrar y no nota el dolor o el frío, ya no nota miedo...realmente ya no nota nada y Crowley lo mira con cierta confusión al mismo tiempo que se levanta para poder zarandearlo suavemente.

—¿Asa?...Asa despierta...¡Asa! —Su voz queda ahogada en su pecho cuando coloca dos de sus dedos sobre el cuello del chico y es incapaz de encontrar su pulso. Mierda, mierda, mierda.

Empuja la silla para hacerlo caer de espaldas y así tener su cuerpo en una superficie dura para empezar con las compresiones sobre su pecho— Vamos joder —Al tercer empuje se detiene de repente, su mente trabaja demasiado rápido y por un momento piensa si reanimarlo es lo mejor.

Si lo deja morir nadie lo castigaría, ha tenido un shock inevitable por toda la tortura que ha soportado y nadie lo cuestionaría. Igualmente el chico ya estaba muerto cuando lo encontraron ¿Por qué prolongar su dolor? ¿Es egoísta querer que viva sabiendo que volverá a sufrir día tras día hasta que sus mandos se convencieran que realmente no tiene información?

Mira el rostro de Asa y aprieta su camisa con fuerza, donde sus manos aún están en posición para hacer aquel masaje que le salvaría la vida. Lo mira y recuerda lo mucho que aprecia sus charlas, el calor de su pecho cuando lo llama por su nombre o le dedica una sonrisa, esa necesidad de protegerlo aunque sus manos se encuentren atadas...

Aprieta los dientes y cierra los ojos con fuerza— Lo siento mucho Asa...de verdad que lo siento —Empieza de nuevo a hundir aquel pecho con un ritmo constante. No sabe cuanto tiempo pasa así, han podido ser minutos o quizás horas, sus músculos duelen y se encuentra agotado pero no desiste un solo segundo hasta que, con un sobresalto, aquel chico abre los ojos de golpe y abre los labios buscando oxigeno— Joder...—Susurra con la respiración agotada y la frente cubierta de sudor y cae sentado a su lado intentando recobrar el aliento.

—¿Q-qué...ha pasado? —Pregunta confuso y asustado mirando a su alrededor como si no supiera donde estaba.

—Se te ha parado el corazón...—Tras aquello el silencio entre ambos podría cortarse con un cuchillo, Asa lo mira sin entender al principio pero cuando su cerebro logra procesar la información su mirada cambia a una llena de tristeza y desesperación que oprimen su pecho con fuerza.

—Iba a morir...¿P-por qué no me has dejado? —el cuerpo de Asa se sacude aún atado a la maldita silla, ¿Cuándo fue la última vez que pudo andar o la última vez que miró el cielo? ¿Cómo era el rostro de su madre? El pecho le duele por las compresiones y con rabia vuelve a sacudirse con los dientes apretados y los ojos aguados— ¡¿Por qué me has salvado?! ¡Creía que eras mi amigo!...¡Que no se nada hostias! ¡JODER! —Intenta desatarse, intenta forcejear gruñendo y gritando como un verdadero animal atrapado y desesperado.

—Asa...lo siento, no podía...—Cada grito del joven atraviesa su alma como cuchillos con hoja de cierra, pero no puede hacer nada más que observar como Asa termina perdiendo el último hilo de esperanza que tenía por escapar de allí, aunque fuera muerto.

—¡Déjame morir! —El llanto escapa de sus labios su poder contenerlo, por fin era libre, por fin ya no tenía que sufrir más y Anthony no tenía que hacer nada, solo dejarlo en paz pero ni eso ha podido hacer por él. Llora como jamás a llorado en su vida sin darse cuenta que aquel soldado termina rompiéndose también, porque no podía dejarlo morir, porque es el único amigo que tiene y no quería quedarse solo.

Crowley se inclina sobre él y lo abraza aún en el suelo e ignora todas las sacudidas del otro, los insultos y la lucha inútil por liberarse— Lo siento, lo siento, lo siento...—Su voz se entrecorta por su propio llanto y tras varios minutos ambos se quedan así.

Con Asa demasiado cansado por seguir luchando y con Crowley deseando que siga haciéndolo.

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Después de aquel día nada pudo ser como antes, Asa se mantenía aislado de todo, no respondía a nada ni deseaba comer o beber, estaba roto y cansado y ya no deseaba seguir siendo el juguete roto de un soldado al que creía un amigo.

Crowley por su parte no dejó de intentar obtener alguna reacción de él, alguna palabra aunque fuera un “te odio” o “Púdrete” pero nada, solo había silencio entre ellos y eso lo estaba matando. Realmente disfrutaba hablar con él, sus días se volvieron un poco más coloridos y ligeros gracias a esa sonrisa dulce y esa energía desbordante.

Pero el rubio parece haber llegado a su límite y ahora solo parece un cadáver que respira y de vez en cuando pestañea.

—Oye, ¿Sabes qué siempre quise tener una casa en las afueras? Un bonito jardín, mirando las estrellas...disfrutando de la tranquilidad...—Cómo siempre se sienta en su banco al lado del chico pero no obtiene ningún tipo de reacción de él, traga saliva y aprieta los labios— Podría robar otra vez algunas botellas de alcohol, ¿te gustaría emborracharte como el otro día? —Nada— ¿S-sabías que por cada 24 latidos de tu corazón nacen alrededor de 275 millones de estrellas? Son muchas estrellas en pocos segundos ¿no te parece?

Nada, ni un sonido, ni una mueca...ni siquiera una mísera mirada.

El silencio que sigue es largo pero como siempre están solos al menos hasta la mañana siguiente cuando vuelva el coronel, sabe que ya han dado el chico por perdido pero ese hijo de puta le gusta seguir con este juego por lo que hace días que la tortura ya no es necesaria y saber aquello solo lo destroza más por dentro.

¿Y acaso no es igual que el desgraciado de su coronel? ¿Acaso no es el primero en querer mantener a Asa vivo por puro egoísmo? ¿Por no quedarse sólo de nuevo?

—No te mereces esto...—Empieza a hablar en un susurro, más para si mismo que para el otro— Lo siento mucho Asa...no quería perderte porque...porque...—Su voz se rompe y un nudo se atasca en su garganta, no puede decirlo, no debe decirlo pero desea hacerlo más que nada.

—¿Por...qué...? —Alza la mirada sorprendido al escuchar la débil voz del chico pero este mantiene su mirada agachada casi sin vida.

—Porque...soy un puto egoísta, no pude dejarte morir porque...te quiero...

Y por fin Asa alza la cabeza por primera vez en días solo para mirarlo con esos ojos marcados por una sorpresa confusa y hundidos por la falta de sol y comida— ¿Qué...?

—Eres la persona más pura que he conocido en mi vida y aún después de soportar horribles torturas seguías sonriéndome aunque yo fuera tu enemigo —Nota los ojos húmedos y ardientes pero no piensa llorar, Asa se merece la verdad y piensa dársela sin mostrar un atisbo de debilidad— Me has escuchado hablar del universo durante horas aunque no te interesara y siempre me has mirado con esos ojos tan...preciosos ¿Cómo crees que no terminaría enamorándome de ti? —Respira pesadamente, su corazón late demasiado deprisa y su mente es un desorden de ideas y palabras que desea pronunciar pero es incapaz de ordenarlas correctamente— Lo que quiero decir es que...eres como un ángel para mi porque me salvaste sin darte cuenta...iba a dejarte morir pero no pude...lo siento—Una solitaria lágrima escapa de su ojo derecho al mismo tiempo que su cuerpo se inclina y, tomando el rostro del menor une sus labios sin pensarlo demasiado.

Y todo parece detenerse en ese mismo momento para ambos como si ya no se encontraran en aquel zulo, como si ya no fueran enemigos naturales...cómo si ya no existiera nada más que ellos mismos.

Porque es cierto que Asa se sorprendió al principió y quiso alejarse por un segundo pero una sensación demasiado cálida nace como una chispa con el roce de sus labios y viaja por su cuerpo erizando toda su piel desde sus pies hasta su cabeza.

Tenía novia, una muy guapa que le esperaba en casa. Que su solo recuerdo le permitía seguir luchando contra su mala suerte pero algo cambió en él, como un chasquido en medio del silencio, como un sentimiento inexplicable, inefable, que le obliga a cerrar los ojos y perderse en esa caricia que calienta todo su ser y renueva todas sus energías.

Una chispa que ambos sienten por igual pues parecía que sus cuerpos se reconocen de vidas pasadas y sus almas por fin se entrelazan como un hechizo que ninguno de los dos entiende pero tampoco desean hacerlo.

Cuando se separan se miran a los ojos con el mismo sentimiento de confusión pero con el anhelo de seguir juntos marcado a fuego en cada poro de sus pieles— Voy a sacarte de aquí, ángel —Susurra y el rubio siente como un escalofrío recorre su ser y perturba su misma alma.

Él solo asiente y le cree aunque no sabe muy bien porque lo hace.

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El sonido de una explosión detiene el puño del coronel que iba dirigido a su rostro de nuevo, una breve pausa que se convierte en un bálsamo de tranquilidad aunque aquel horrible ruido y el temblor de la tierra debería afectarlo un poco más, pero los golpes lo han dejado medio inconsciente.

—¿Pero que mierda...? —Una nueva explosión y por fin su cuerpo reacciona encogiéndose en la silla como si eso lo protegiera de algo— ¡¿Qué mierda está pasando?!

El sonido de unos pasos y una puerta abriéndose de forma apresurada los alerta a ambos viéndose al los poco segundos la figura de Crowley con su arma entre las manos y su rostro tapado como siempre— ¡Coronel nos atacan! ¡No sabemos de donde vienen!

—¡Joder! ¡Tenemos que proteger la base! ¡Vuelve a la zona de artillería y repliega el segundo pelotón! ¡YA! —El pelirrojo asiente y aunque sea por un segundo ambos conectan sus miradas antes de quedarse completamente solo por primera vez en semanas.

El miedo empieza a trepar por su cuerpo e intenta tirar de los nudos para liberarse pero cual es su sorpresa cuando, con un solo tirón, las cuerdas se parten fácilmente. ¿Habrá sido él? No, ahora no es tiempo de pensar, intenta levantarse solo para acabar dándose de bruces contra el suelo. Sus piernas se vuelven gelatina por llevar tanto tiempo sin usarla pero se esfuerza y se arrastra intentando salir de allí.

Una nueva explosión demasiado cerca mueve el suelo y crea grietas en aquella habitación haciendo que su propio cuerpo también tiemble— Joder...—Aprieta los dientes e intenta levantarse de nuevo con la ayuda de la pared, le cuesta horrores mantener su cuerpo erguido y el dolor de sus heridas y músculos es insoportable pero se obliga a caminar con paso demasiado lento.

Escucha unos pasos acercarse y por un momento teme que todo su esfuerzo no haya válido para nada, tan cerca de sentir la libertad para que venga un soldado cualquiera a acabar con el único rehén que tienen. Pero nada de eso pasa pues quien abre aquella puerta no es otro que Crowley que se quita la tela que cubre su rostro tan pronto como lo ve— ¿Qué haces aún aquí? ¡Tienes que irte! ¡Vamos! —Abre los labios para responderle, “lleva tu casi un mes postrado en una silla mientras te torturan y a ver como de rápido eres” pero las palabras mueren en su boca cuando siente el tirón de su brazo hacia el exterior.

El campamento es un auténtico caos, cientos de soldados corren de un lugar a otro sin saber quien los estaba atacando, sin saber de donde provenía el ataque pero no le da tiempo de seguir absorto en aquella batalla invisible cuando un nuevo tirón lo lleva por detrás de aquella casa. Después aprovechan para correr tras un coche cercano, luego a una tienda y finalmente se esconden tras un tanque que, milagrosamente, estaba cerca de un camino boscoso y algo alejado— Crowley...

—Escucha, te he preparado algo de comida, agua y un saco de dormir —Cierra los labios y con sorpresa deja que este le colocara la mochila tras la espalda y un arma entre sus manos— Cuando vean que no estás te buscaran por el Norte, es donde están los tuyos por eso te vas hacia el Este...—Su mente confusa intenta retener toda aquella información pero una nueva explosión lo hace encogerse y mirar a su alrededor— ¡Asa escúchame! —Su rostro es tomado y dirigido hacia delante para obligarlo a mirar al pelirrojo en un intento por mantener su concentración solo en él— Corre todo lo que puedas, a dos días de camino hay un puente pero no debes tomarlo está custodiado por los míos, tienes que seguir hasta el molino abandonado ahí podrás esconderte hasta que puedas pedir ayuda

—¿C-Cómo...? ¿Qué está pasando?

—Lo que pasa es que tienen demasiado descontrol con las minas y las granadas —El pelirrojo sonríe de lado como si eso realmente tuviera algo de gracia— No quiero que los míos ganen, son bestias horribles, aunque pienso que ninguno de los dos bandos es bueno realmente —Susurra para si mismo, la guerra nunca es la solución a nada solo conlleva muerte de miles de inocentes—Vuelve y dile a los tuyos que pensamos atacar dentro de un mes los pueblos cercanos y cuando puedas volver con honores...vuelve a tu librería, vuelve con tu madre y...dale un beso a tu chica

Ni siquiera siente la siguiente explosión cuando sus labios son atacados nuevamente, esta vez en un beso demasiado intenso y necesitado que vuelve a dejar sus piernas flojas y su corazón galopando sin control.

Anthony le sonríe antes de volver a tomar su arma y alejarlo con un empujón— ¡Vete!

—No...¡No! Ven conmigo —Se aferra al brazo del mayor casi sin pensar en lo que dice, porque no puede alejarse de él sin más y le aterra no volver a verle— Sabrán que has sido tú...ven conmigo, por favor

Crowley detiene cualquier movimiento de su cuerpo y mira al rubio como si le hubiera dicho que el cielo es rojo y los perros hablan cuando no los miras.

—¡No seas idiota! ¡Vete de una vez joder!

—¡NO! No puedo...por favor Crowley te necesito —Y esas palabras fueron suficientes para hacerlo dudar ¿Y si pudieran escapar juntos? No, tiene que quedarse y darle más tiempo para que pueda escapar— Te necesito...

Mierda, esos ojos de cachorro no.

—Joder, eres un idiota ángel —Gruñe y tras mirar a su alrededor le hace una señal para que corriera todo lo rápido que sus piernas le dejaran y sin mirar atrás ambos corren hacia los árboles.

Pero nada en este universo es tan perfecto porque el sonido de varios disparos lo hace encogerse— ¡Traidor asqueroso! —Al girar todo su cuerpo se llena de terror al ver a ese hombre que lo ha torturado durante semanas caminar con su arma apuntando hacia ellos.

Y lo siguiente que ve es como su amigo se encuentra tirado en el suelo con una expresión de dolor y sangre tiñendo su pierna— ¡Crowley!

—¡VETE ASA! ¡CORRE!

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Pestañea un par de veces y suspira con pesadez notando el olor del café inundar la cocina, no puede evitar perderse en los recuerdos de aquella terrible guerra incluso si hace años que todo paso y su bando terminó ganando.

¿Y todo para qué?

Aún después de cinco años es incapaz de responder esa simple pregunta.

Unos brazos rodean su cuerpo por la espalda sobresaltándolo enseguida pero pronto se relaja al sentir ese cuerpo pegado a él provocando un calor que lo hace suspirar de nuevo— Me asustaste

—Lo siento, pero llevo llamándote un buen rato ¿los recuerdos otra vez? —Asiente y cierra los ojos dejando que el dulce sonido de aquella voz relaje sus músculos— ¿Cuándo tienes la cita con el psicólogo?

—Pasado mañana

—Si quieres podemos ir juntos y luego podemos pasar por la pastelería...—Siente un dulce beso sobre su hombro y una sonrisa se forma en sus labios— dar un paseo por el parque —Un nuevo beso sobre su cuello le provoca un escalofrío por toda la espalda— Y luego podemos ir a cenar al italiano que tanto te gusta —un último beso sobre su mejilla lo hace sonreír como un auténtico bobo.

—No es mala idea ¿Me acompañarás luego a su tumba?

—Sigo sin entender porque quieres ir todas las semanas Asa...

—Porque él me salvo, no estaría aquí si no fuera por que dio su vida por mi —Susurra con cierta añoranza pero pronto se ve sorprendido cuando aquellas manos se posan sobre sus caderas y le obligan a girarse sólo para tener esa intensa mirada adornada con una sonrisa hastiada tan características en su pareja.

—Ya lo sé, pero sigue siendo una tumba vacía con un nombre olvidado

—Igualmente me gusta ir, el psicólogo me lo recomendó —Su pareja gime con molestia pero finalmente suspira y termina asintiendo.

—Realmente eres un idiota, ángel —Sonríe y toma el rostro de su chico en un toque delicado para unir sus labios en un beso profundo y agradecido— Sabes que no estoy en esa tumba ¿verdad?

—¡Lo sé! Es sólo que me relaja, no puedo explicarlo David —El pelirrojo alza una de sus cejas y niega con la cabeza para luego volver a unir sus labios pero esta vez en un beso mucho más corto y juguetón.

—Vale, te acompaño pero yo elijo la película de hoy —Forma una mueca infantil, siempre elige películas de miedo y las odia— No me pongas esa cara, es un trato

Al final suspira sin saber como librarse de varias noches sin dormir y finalmente asiente con cierta diversión. Aún no puede creer que salieran de allí, que lograra apretar el gatillo contra aquel coronel y llevarse a Crowley a ese molino con la pierna herida y sin medicamentos.

No quiere pensar en lo que hubiera pasado si no hubieran sido rescatados justo cuando la herida de su amigo estaba gravemente infectada y aún no entiende cómo lograron convencer a sus superiores de que Crowley era quien lo salvó y que estaba dispuesto a un trato justo para ayudarles.

Anthony J. Crowley murió oficialmente para los suyos y tras la victoria le otorgaron un nuevo nombre y, milagrosamente, le ofrecieron los títulos necesarios para poder seguir siendo profesor.

Quizás fue merecida la cachetada de su chica cuando volvió y la recibió con una ruptura, fue ciertamente doloroso ver sus lágrimas y hubiera hecho cualquier cosa por evitarle el dolor pero ¿Qué podría hacer?

Inexplicablemente estaba jodidamente enamorado de esos cabellos cobres y esa sonrisa pícara.

Un nuevo beso lo devuelve a la realidad de nuevo y no puede evitar perderse en esos labios con sabor a café y menta que le provocan sensaciones demasiado intensas y tan antinaturales que ninguno de los dos es capaz de explicarlo aunque tampoco se esfuerzan demasiado en averiguarlo.

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