PRÓLOGO
Año 2015...
En el mar...
-Tenemos que movernos. Ahora.
Charlie ignoró la voz de su compañero por un segundo.
Los gritos volvieron a escucharse sobre el viento.
Venían del otro yate.
A la distancia.
Confusos.
Desesperados.
El mar estaba demasiado agitado para distinguir con claridad lo que ocurría.
Solo sombras.
Luces.
Personas corriendo.
Y miedo.
Mucho miedo.
Charlie tomó los binoculares.
Lo que vio hizo que el estómago se le tensara.
Algo iba mal.
Muy mal.
-Llama a la autoridad portuaria -ordenó.
Su compañero ya estaba haciéndolo.
En el otro yate alguien cayó.
Otro grito.
Luego otro.
Y entonces la vio.
No su rostro.
No con claridad.
Solo una silueta aferrada a la barandilla.
Joven.
Asustada.
Paralizada.
Por un instante, la muchacha giró la cabeza en dirección al mar.
Una luz reflejó algo sobre su cuello.
Un colgante.
Nada más.
-¡Charlie!
La misión.
Tenían una misión.
No podían exponerse.
No podían acercarse.
No podían intervenir.
Pero Charlie ya se estaba moviendo.
Saltó a la embarcación auxiliar y avanzó lo suficiente para reducir la distancia.
-¡Al agua! -gritó con todas sus fuerzas-. ¡Salta!
La joven dudó.
El viento casi se llevó sus palabras.
-¡Ahora!
Entonces ocurrió.
La vio lanzarse.
Un segundo después una ola enorme se interpuso entre ambos.
Cuando volvió a mirar, ya no estaba.
Solo agua.
Oscuridad.
Y caos.
Las sirenas comenzaron a escucharse a lo lejos.
La ayuda venía en camino.
Charlie permaneció inmóvil unos segundos.
Buscando.
Esperando volver a verla.
No ocurrió.
-Tenemos que irnos -dijo su compañero.
Charlie observó una última vez el mar.
No sabía quién era aquella chica.
No sabía si sobreviviría.
No sabía que pertenecía a una de las familias más poderosas del país.
Y tampoco sabía que, durante los siguientes diez años, una pequeña parte de él regresaría a aquella noche una y otra vez.
Preguntándose lo mismo.
¿Qué pasó con ella?








