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Sangre, amor y familia《CharlieBabe 》

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Summary

3 parte del ONE SHOT "La familia del Enigma"....

Genre
Drama
Author
Vanesa
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

ONE SHOT

Montando el Deseo

Babe siguió moviéndose encima de Charlie con ritmo lento pero profundo, subiendo y bajando con deliberada sensualidad. Sus manos estaban apoyadas en el pecho firme de Charlie, mientras sus caderas giraban y descendían, tomándolo por completo con cada movimiento.

—Ahh… Charlie…te siento tan adentro…— gimió Babe, mordiéndose el labio inferior.

Charlie gruñó de placer, sus manos apretando con fuerza las caderas de Babe, guiándolo para que bajara más duro.

—Así…justo así, mi amor.— murmuró con voz ronca, mirándolo con ojos oscuros de deseo.— Me vuelves loco cuando me montas de esta forma. Tan hermoso…tan mío.

Babe aceleró un poco el ritmo, apoyándose mejor para poder subir y bajar con más fuerza. Cada descenso hacía que Charlie entrara hasta el fondo, arrancándole gemidos agudos y entrecortados.

—Mi amor…eres tan grande…me llenas completamente.— jadeó Babe, inclinándose hacia adelante para besarlo con hambre.

Charlie tomó su nuca y devoró su boca, mordiendo su labio inferior mientras sus caderas empezaban a empujar hacia arriba, encontrándose con cada bajada de Babe.

—Quiero que sientas cada centímetro.— gruñó contra sus labios.— Quiero que mañana todavía me sientas dentro de ti cuando camines.

Babe soltó un gemido más alto y empezó a moverse más rápido, montándolo con necesidad. Charlie bajó una mano hasta su trasero, abriéndolo más mientras lo ayudaba a subir y bajar con fuerza.

—Eres tan apretado…tan caliente y mojado para mí.— susurró Charlie, mordiendo su cuello y luego bajando hasta uno de sus pezones hinchados. Lo chupó con fuerza, haciendo que Babe arqueara la espalda.

—Charlie…¡ahh! Sí…chúpame así…— gimió Babe, enredando los dedos en su cabello y tirando suavemente.

Charlie succionó con más intensidad, alternando entre ambos pezones mientras sus caderas embestían hacia arriba con estocadas profundas y brutales, follándolo desde abajo.

—Tan perfecto…— gruñó contra su pecho.— Mi esposo…mi alfa…montándome como si no pudieras tener suficiente.

Babe temblaba encima de él, moviéndose cada vez más rápido y desesperado.

—No puedo…no tengo suficiente de ti…— confesó entre gemidos agudos.— Te necesito siempre, Cachorro.

Charlie lo sujetó con más fuerza por las caderas y empezó a embestirlo desde abajo con mayor violencia, penetrándolo profundo y salvaje mientras Babe seguía montándolo.

—Entonces tómalo todo.— ordenó con voz ronca.— Córrete para mí, mi amor. Quiero sentir cómo me aprietas.

Babe echó la cabeza hacia atrás con un gemido largo y agudo, contrayéndose fuertemente alrededor de Charlie mientras llegaba al orgasmo. Charlie gruñó y lo penetró unas cuantas veces más, profundo y brutal, antes de correrse con fuerza dentro de él, llenándolo por completo.

Babe se derrumbó sobre su pecho, jadeando agitado. Charlie lo abrazó con fuerza, todavía enterrado en él, acariciando su espalda con ternura.

—Te amo.— susurró Charlie contra su cabello.— Te amo cada día más.

Babe sonrió contra su pecho, besándolo suavemente.

—Y yo a ti, mi amor…Gracias por darme esta vida…y por amarme así.

Charlie besó su frente y lo apretó más contra sí.

—Esta vida apenas empieza, Babe. Y pienso disfrutarla contigo…todas las noches…por el resto de nuestras vidas.

Se quedaron así, unidos y abrazados, con las respiraciones calmándose poco a poco mientras la noche los envolvía en una paz llena de amor y deseo.

La Quietud de la Madrugada

Era todavía de madrugada cuando Charlie despertó. Instintivamente, su mano buscó el cuerpo cálido de Babe a su lado, pero solo encontró sábanas frías. Frunció el ceño y abrió los ojos. El lugar de Babe estaba vacío.

Se levantó, se puso unos boxers y un pantalón de chándal oscuro y salió de la habitación en silencio. Caminó por el pasillo y se dirigió directamente a la habitación de Malai. La puerta estaba entreabierta, dejando escapar una suave luz dorada de la lamparita nocturna.

Al entrar, Charlie se detuvo en el umbral con una sonrisa tierna.

Babe estaba dormido en el sillón reclinable, con la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado. Llevaba puesta una de las camisas negras de Charlie, que le quedaba grande y abierta en la parte superior. Sus pezones hinchados estaban a la vista y un pequeño hilo de leche se escapaba de uno de ellos, brillando bajo la luz tenue. En la cuna, Malai dormía profundamente, con su puñito cerca de la boca.

Charlie se acercó en silencio y se arrodilló frente a Babe. Con cuidado, abotonó lentamente la camisa, cubriendo su pecho con delicadeza.

—Mi amor…— susurró con cariño.

Babe se removió, desorientado, y abrió los ojos poco a poco.

—¿Cachorro…?— murmuró con voz ronca y somnolienta.

Charlie sonrió con ternura y terminó de abotonar la camisa.

—Vamos a dormir, mi amor. Te quedaste dormido aquí otra vez.

Babe intentó levantarse, pero sus piernas temblaron de cansancio y volvió a sentarse con un suspiro.

—Cachorro…ayúdame.— pidió, mordiéndose el labio inferior con vergüenza.

Charlie soltó una risa baja y suave.

—No te rías.— protestó Babe, aunque también sonreía débilmente.

—Perdón, es que te ves adorable.— respondió Charlie, aún sonriendo. Se inclinó, pasó un brazo por debajo de sus rodillas y otro por su espalda, levantándolo sin esfuerzo.

Babe se aferró a su cuello y escondió el rostro en su hombro.

—Estoy muy cansado…Malai se despertó con hambre y no quería despertarte.

Charlie besó su sien mientras caminaba hacia la puerta.

—Debiste llamarme. No me molesta levantarme por las noches.

Antes de salir, Charlie se detuvo frente a la cuna y se inclinó con Babe aún en brazos.

Dejó un beso suave en la mejilla de Malai.

—Duerme bien, princesa. Papá y papá grande te cuidamos.

Malai soltó un pequeño suspiro dormido, como si lo hubiera escuchado.

Charlie salió de la habitación y llevó a Babe de regreso a su dormitorio. Lo depositó con cuidado en la cama y se acostó a su lado, atrayéndolo inmediatamente contra su pecho.

—¿Mejor?— preguntó Charlie, acariciando su espalda con movimientos lentos y reconfortantes.

Babe asintió, acurrucándose más contra él.

—Mucho mejor. Me gusta cuando me cargas…me hace sentir seguro.

Charlie besó su cabello y lo abrazó más fuerte.

—Siempre voy a cargarte cuando lo necesites. Y voy a cuidar de ti y de nuestras hijas todas las noches que haga falta. No estás solo en esto, mi amor.

Babe levantó la cabeza y lo miró con ojos cansados pero llenos de amor.

—Te amo, Charlie. Gracias por ser el mejor padre y el mejor esposo.

Charlie sonrió y besó sus labios con ternura.

—Y yo te amo a ti. Descansa ahora. Mañana Malai va a querer leche otra vez y Malee va a querer jugar desde temprano.

Babe soltó una risa suave y cerró los ojos, apoyando la cabeza en el pecho de Charlie.

—Buenas noches, Cachorro.

—Buenas noches, mi amor.— susurró Charlie, acariciando su espalda hasta que sintió cómo Babe se relajaba completamente en sus brazos.

La mansión estaba en silencio, solo interrumpido por la suave respiración de sus hijas a lo lejos. Cuatro corazones latiendo en perfecta armonía bajo el mismo techo.

Un Nuevo Día en Familia

La mañana siguiente amaneció tranquila y luminosa en la mansión. El sol entraba suavemente por las ventanas, iluminando el comedor familiar donde los cuatro —junto con Ploy— comenzaban el día.

Malee estaba sentada en su silla alta, comiendo trozos de fruta con las manos mientras charlaba sin parar. Charlie, ya vestido con camisa negra y pantalones formales, tomaba café mientras observaba la escena con una sonrisa suave.

Babe, aún con ojeras de la noche anterior, sostenía a Malai en brazos después de haberla alimentado.

—Buenos días, familia.— saludó Charlie con voz cálida, inclinándose para besar la frente de Malee y luego los labios de Babe.— ¿Cómo amanecieron mis princesas y mi esposo?

Malee levantó los brazos con entusiasmo.

—¡Papá grande! ¡Hoy quiero dibujar con Malai!

Charlie rio bajo.

—Malai todavía es muy pequeña para dibujar, pero puedes enseñarle cuando crezca.

Babe sonrió con cansancio pero feliz, meciendo suavemente a Malai.

—Esta noche estuvo más tranquila, pero aún se despierta cada tres horas. Creo que está teniendo un estirón.

Ploy entró desde la cocina con una bandeja de té y jugo fresco.

—Déjame a Malai un rato, Babe. Tú necesitas desayunar bien. Anoche apenas dormiste.

Babe besó la cabecita de la bebé y se la entregó con cuidado a Ploy.

—Gracias, Ploy. Solo hasta que se calme del todo. Luego puedes llevarla con Malee al jardín si quieres.

Ploy tomó a Malai con ternura y le hizo caritas.

—Claro. Tú ve a trabajar con tu esposo. Yo me encargo de las dos princesas.

Malee estiró los brazos hacia Ploy.

—¡Tía Ploy! ¿Podemos llevar a Malai a ver las flores?

—Solo si se porta bien y no hace mucho ruido.— respondió Ploy con una sonrisa.

Babe se sentó junto a Charlie y empezó a comer despacio. Charlie lo observó con atención y colocó una mano en su rodilla por debajo de la mesa.

—¿Estás bien?— preguntó en voz baja.— Si necesitas descansar más, puedo manejar las reuniones solo hoy.

Babe negó con la cabeza y le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

—Estoy bien, mi amor. Un poco cansado, pero quiero trabajar contigo. Además, me gusta estar a tu lado en el despacho.

Charlie apretó suavemente su rodilla.

—Está bien. Pero si en algún momento te sientes agotado, me lo dices. No quiero que fuerces nada.

Después del desayuno, Ploy se llevó a las niñas. Malee iba saltando al lado de Ploy, hablando emocionada sobre las flores, mientras está cargaba a Malai con cuidado.

Babe y Charlie se dirigieron al despacho. Una vez dentro, Babe se sentó en su escritorio frente al de Charlie y abrió su laptop.

—Los reportes de Pattaya ya están listos.— dijo Babe, concentrado.— También revisé los números del muelle del este. Todo está en orden.

Charlie lo miró con orgullo y se levantó para acercarse. Se colocó detrás de él y masajeó suavemente sus hombros.

—Eres increíble, ¿lo sabías?— murmuró, besando su nuca.— A pesar de no dormir bien y de estar criando a dos niñas, sigues siendo el mejor socio que podría tener.

Babe inclinó la cabeza hacia atrás, apoyándose en él.

—Y tú eres el mejor esposo y padre. Gracias por levantarte conmigo anoche cuando Malai se despertó.

Charlie sonrió y besó su sien.

—Siempre. Somos un equipo. En todo.

Babe giró la cabeza y lo besó suavemente en los labios.

—Te amo, Cachorro.

—Y yo te amo más.— respondió Charlie, profundizando el beso un momento antes de volver a su lugar.— Ahora, manos a la obra. Tenemos un imperio que mantener…y dos princesas que cuidar cuando terminemos.

Babe sonrió, sintiéndose lleno de paz y amor, mientras ambos se sumergían en el trabajo, sabiendo que al final del día volverían con sus hijas y su hogar feliz.

Trabajo en Equipo

En el despacho, el ambiente era concentrado pero cómodo. Charlie y Babe revisaban documentos juntos, sentados uno al lado del otro.

—Los envíos del sur llegaron completos.— dijo Babe, señalando una fila de números en la pantalla.— Pero sigo pensando que debemos reforzar la seguridad en el almacén 4. El último informe menciona movimientos extraños cerca de la zona.

Charlie asintió, apoyando una mano en el respaldo de la silla de Babe.

—Tienes razón. Confío en tu instinto. Prepara una orden para duplicar los guardias nocturnos. Y agrega cámaras adicionales.

Babe tecleó rápidamente y levantó la mirada con una sonrisa.

—Listo. También revisé los contratos con los de Phuket. Logré que aceptaran el nuevo porcentaje sin amenazas. Creo que empiezan a entendernos mejor como pareja.

Charlie sonrió con orgullo y besó su sien.

—Eres brillante, mi amor. Cada día demuestras por qué eres mi mano derecha y mi esposo. No podría hacer esto sin ti.

Babe se sonrojó ligeramente y entrelazó sus dedos con los de Charlie.

—Y yo no podría ser quien soy sin ti. Trabajar juntos se siente…correcto.

Tiempo para la Familia

Terminaron el trabajo a media tarde. Charlie cerró su laptop y miró a Babe con cariño.

—Suficiente por hoy. Vamos con nuestras hijas. Se merecen a sus papás completos.

Babe sonrió, visiblemente feliz.

—Vamos. Malai debe estar despierta ya.

Salieron al jardín, donde Ploy vigilaba a las niñas. Malee corría por el césped persiguiendo una pelota, mientras Malai estaba despierta en su moisés, moviendo sus bracitos.

—¡Papá! ¡Papá grande!— gritó Malee al verlos, corriendo hacia ellos.

Charlie la levantó en brazos y la hizo girar, arrancándole risas.

—Aquí está mi princesa mayor. ¿Cómo estuvo tu día con la tía Ploy?

—Jugamos mucho y le canté a Malai.— respondió Malee orgullosa.— ¿Podemos jugar los cuatro ahora?

Babe se acercó a la moisés y tomó a Malai en brazos con cuidado, besando su cabecita.

—Claro que sí, mi vida. Hoy jugamos todos juntos.

Se sentaron en una manta grande bajo el árbol.

Malee se colocó entre Charlie y Babe, mientras este acunaba a Malai contra su pecho.

—Mira, Malai.— dijo Malee, mostrándole una florecita que había recogido.— Cuando seas grande vamos a correr juntas por todo el jardín.

Charlie sonrió y pasó un brazo alrededor de los hombros de Babe.

—¿Ves? Ya tiene planes para su hermanita.

Babe rio suavemente y miró a Charlie con amor.

—Nunca me canso de esto. Los cuatro juntos, sin prisas, sin peligro…solo familia.

Charlie besó su sien y luego la frente de Malai.

—Esto es lo que siempre quise sin saberlo. Una familia real. Tú, Malee, Malai…y yo. No necesito nada más.

Malee se recostó contra el pecho de Charlie y tomó la mano de Babe.

—Papá grande, ¿Malai va a tener mi mismo nombre empezando con “Ma”?

—Sí.— respondió Charlie con ternura.— Malee y Malai. Las dos princesas de la casa.

Babe miró a sus hijas y a su esposo con los ojos llenos de emoción.

—Te amo, Charlie. Gracias por darnos esta vida tan hermosa.

Charlie apretó su mano y respondió con voz profunda y sincera:

—Te amo más, mi esposo. Gracias a ti por enseñarme lo que realmente importa.

Malee soltó una risita y abrazó a ambos.

—¡Abrazo familiar grande!

Los cuatro se abrazaron bajo el sol de la tarde, riendo y disfrutando de la calidez de su hogar. Ploy los observaba desde lejos con una sonrisa, feliz de ver a su amigo finalmente en paz y rodeado del amor que tanto merecía.

La familia estaba completa, unida y profundamente feliz.

La Rutina que Nos Une

Los días siguientes siguieron un ritmo cálido y estable. Por las mañanas, Charlie y Babe trabajaban juntos en el despacho, y por las tardes y noches se dedicaban por completo a su familia.

Socios en el Despacho

En el despacho, el sol entraba por los grandes ventanales mientras Charlie y Babe revisaban los reportes semanales.

—Los ingresos del muelle del este aumentaron un 18% este mes.— dijo Babe, girando la pantalla para que Charlie lo viera.— La nueva ruta que propusiste está funcionando mejor de lo esperado.

Charlie asintió con una sonrisa orgullosa y apoyó una mano en el hombro de Babe.

—Tu idea de reforzar la seguridad en los puntos clave fue clave. Nadie más habría pensado en los detalles logísticos como tú. Eres indispensable, mi amor.

Babe sonrió con calidez y cubrió la mano de Charlie con la suya.

—Trabajamos bien juntos. Me gusta ser tu socio en esto…y en todo lo demás.

Charlie se inclinó y besó su sien con ternura.

—Eres mi mejor socio. En los negocios y en la vida. Sin ti, este imperio se sentiría vacío.

Babe entrelazó sus dedos.

—Entonces sigamos construyéndolo juntos. Por nosotros y por nuestras hijas.

Tardes de Juego y Cariño

Por las tardes, el jardín se convertía en su refugio favorito. Malee corría por el césped persiguiendo una pelota, mientras Babe sostenía a Malai en brazos, meciéndola suavemente.

—¡Papá, mira cómo la lanzo!— gritó Malee, tirando la pelota con fuerza.

Charlie la atrapó al vuelo y se la devolvió con suavidad.

—Muy bien, princesa. Cada día tienes más fuerza.

Malee corrió hacia ellos y se sentó al lado de Babe, mirando a su hermanita con curiosidad.

—¿Malai ya puede jugar conmigo?

Babe sonrió y bajó un poco a Malai para que Malee pudiera verla mejor.

—Aún no, mi vida. Pero muy pronto va a reírse cuando le hagas caras. ¿Quieres cantarle la canción qué te gusta?

Malee asintió emocionada y empezó a cantar bajito la canción de los elefantes. Malai movió sus bracitos como respuesta.

Charlie se sentó al lado de Babe y pasó un brazo por sus hombros.

—Cada día se parecen más a ti.— le dijo a Babe en voz baja.— Tienen tu sonrisa y tu calidez.

Babe apoyó la cabeza en su hombro.

—Y tu fuerza. Malee ya es tan valiente…y Malai tiene tus ojos. Somos muy afortunados.

Charlie besó su cabello.

—Somos una familia. Eso es lo que importa.

Noches de Paz y Promesas

Por las noches, después de cenar, los cuatro se reunían en la habitación principal. Malee estaba acurrucada entre Charlie y Babe, mientras Malai dormía en su moisés cerca de la cama.

—Papá grande, ¿mañana podemos ir al parque otra vez?— preguntó Malee con sueño.

Charlie acarició su cabello con ternura.

—Claro que sí, princesa. Iremos los cuatro juntos.

Babe miró a Charlie por encima de la cabeza de Malee y sonrió.

—Nunca me canso de esto.— susurró.— Despertar, trabajar juntos, volver a casa y terminar el día así.

Charlie extendió la mano y entrelazó sus dedos con los de Babe.

—Esto es lo que siempre quise sin saberlo. Una familia real. Contigo y con nuestras hijas. No necesito nada más.

Malee bostezó y se acurrucó más contra ellos.

—Los quiero mucho…familia grande.

Babe besó su frente y luego miró a Charlie con amor profundo.

—Te amo, mi esposo.

—Y yo te amo a ti.— respondió Charlie, besando sus labios con suavidad.— A ti y a nuestras dos princesas. Para siempre.

Malai soltó un pequeño suspiro dormido, como si aprobara el momento. Los cuatro se quedaron en silencio, envueltos en la calidez de su hogar, con la certeza de que su amor y su familia eran lo más valioso que tenían.

La rutina continuaba, día tras día, llenándolos de paz y felicidad.

La Voz del Enigma

Era una noche tranquila en la mansión. Babe estaba de pie en la habitación de las niñas, mirando con ternura cómo Malee dormía profundamente en su cama. A su lado, en el moisés, Malai también dormía plácidamente, con su puñito cerrado cerca de la boca. Babe estaba tan concentrado en observar a sus hijas que no escuchó los pasos suaves detrás de él.

De repente, una voz grave, siniestra y cargada de autoridad resonó cerca de su oído. Era la voz de mando de Charlie, esa que usaba para intimidar a sus enemigos, profunda y peligrosa.

—¿Qué haces, dulzura?

Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Babe.

Su instinto alfa se activó al instante. Levantó la mano con rapidez para golpear hacia atrás, pero Charlie fue más rápido. Lo detuvo con facilidad, sujetando su muñeca con una mano firme pero sin lastimarlo.

Charlie lo giró con un movimiento fluido y lo presionó contra la pared del pasillo, justo fuera de la habitación de las niñas. Su cuerpo grande y dominante lo cubrió por completo.

Babe abrió los ojos con sorpresa, el corazón latiéndole con fuerza.

—Me asustaste, Cachorro…—.susurró, aún con la respiración agitada.

Charlie rio bajo, una risa oscura y divertida.

Volvió a usar esa voz de mando, grave y siniestra, cerca de su oído:

—Esa era la intención.

Babe protestó, sintiendo un escalofrío mezclado con algo más profundo.

—Charlie…esa voz…es la primera vez que la usas conmigo. Me pone en alerta.

Charlie sonrió con arrogancia posesiva y se inclinó más, sus labios rozando el cuello de Babe.

—¿No te gusta, mi amor?— susurró con esa misma voz ronca y dominante, haciendo que Babe se estremeciera.

Babe se mordió el labio inferior, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba a esa autoridad.

—Es…intimidante.— admitió en voz baja.— Pero también…me excita un poco.

Charlie gruñó satisfecho y lo presionó más contra la pared, una mano sujetando su cintura y la otra subiendo hasta su cuello, dominándolo con suavidad pero firmeza.

—Bien.— murmuró contra su piel, mordiendo suavemente el lóbulo de su oreja.— Porque me encanta cuando te pones así de alerta para mí.

Babe jadeó suavemente cuando Charlie besó y mordió su cuello, bajando hasta la marca de pareja.

—Charlie…las niñas están durmiendo…— susurró Babe, aunque su cuerpo se arqueaba buscando más contacto.

Charlie sonrió contra su piel y lo levantó en brazos, llevándolo rápidamente hacia su habitación compartida.

—Entonces hagamos silencio.— dijo con esa voz grave y siniestra que tanto afectaba a Babe.— Pero no te voy a soltar hasta que estés temblando por mí.

Cerró la puerta tras ellos y presionó a Babe contra ella, besándolo con hambre mientras sus manos recorrían su cuerpo con posesividad.

—Eres mío.— gruñó contra sus labios.— Mi esposo. Mi alfa. Y me encanta cuando reaccionas así a mi voz.

Babe gimió bajito y se aferró a sus hombros.

—Entonces úsala más…Cachorro. Me gusta cuando me dominas así.

Charlie sonrió con una oscura satisfacción y lo besó de nuevo, más profundo y exigente, mientras sus manos bajaban para apretar su trasero.

—Como desees, mi amor.

La noche se llenó de susurros, gemidos contenidos y la voz grave y dominante de Charlie, que volvía loco a Babe una y otra vez.

Reflejos de Amor

Después de ese momento intenso contra la puerta, Charlie y Babe terminaron exhaustos pero saciados en su gran cama. Ambos estaban desnudos bajo la suave frazada, con los cuerpos entrelazados. Babe descansaba con la cabeza en el pecho de Charlie, escuchando los latidos fuertes y constantes de su corazón. Charlie acariciaba su espalda con movimientos lentos y posesivos.

Babe levantó la mirada y lo observó con una sonrisa suave y llena de amor.

—Cuando miraba a las niñas hace un rato…me di cuenta de algo.— dijo en voz baja.

Charlie lo miró con curiosidad, pasando los dedos por su cabello.

—¿Qué cosa?

Babe trazaba círculos suaves en su pecho.

—Malee es una versión mía…y Malai es una versión tuya, Cachorro. Es increíble el parecido. Malee tiene mis ojos y mi sonrisa, esa calidez que siempre me dices que te enamora. Y Malai…tiene tu mirada intensa, esa fuerza silenciosa que se nota incluso cuando duerme. Es como si la naturaleza hubiera querido que cada una llevara un pedazo de nosotros.

Charlie sonrió con ternura y lo apretó más contra su cuerpo, besando su frente.

—Es verdad. Cuando miro a Malee, veo tu corazón grande y tu forma de amar sin condiciones. Y cuando miro a Malai…veo mi propia determinación, pero suavizada por tu calidez. Son perfectas. Nuestras.

Babe se incorporó un poco sobre un codo para mirarlo mejor a los ojos.

—Nunca pensé que tendría esto. Dos hijas tan hermosas, un esposo que me ama y me protege…y una vida donde puedo ser yo mismo sin miedo. Gracias, Charlie. Gracias por elegirnos.

Charlie tomó su rostro con una mano y lo besó con lentitud y profundidad, saboreando sus labios como si fuera la primera vez.

—No tienes que agradecerme nada.— susurró contra su boca.— Tú me salvaste de una vida vacía. Tú y las niñas me dieron un propósito real. Te amo, Babe. A ti, a Malee y a Malai. Los tres son mi mundo entero.

Babe se recostó de nuevo sobre su pecho, dibujando patrones invisibles en su piel.

—Malai se parece tanto a ti…esa fuerza tranquila. Y Malee…es tan risueña y cariñosa como yo. Me hace pensar en cómo van a crecer juntas. Dos hermanas que van a ser inseparables.

Charlie rio bajo y acarició su espalda.

—Imagino a Malee enseñándole a Malai a correr por el jardín y a construir torres de bloques. Y yo enseñándoles a las dos a ser fuertes, pero con tu corazón.

Babe levantó la cabeza y lo besó con ternura.

—Vamos a criarlas bien, ¿verdad? Con amor, con protección…pero también con libertad para que elijan su propio camino.

—Siempre.— prometió Charlie, abrazándolo con más fuerza.— No voy a repetir los errores del pasado. Nuestras hijas van a saber que son amadas y valoradas. Y tú…tú vas a estar a mi lado en cada paso.

Se quedaron en silencio un rato, solo disfrutando del calor del otro y del sonido lejano de la respiración tranquila de sus hijas a través del intercomunicador.

—Te amo, Cachorro.— susurró Babe finalmente, cerrando los ojos.

—Y yo te amo más, mi amor.— respondió Charlie, besando su cabello.— Descansa. Mañana nuestras princesas van a querer a sus papás bien activos.

Babe sonrió contra su pecho y se durmió con la certeza de que su familia era su mayor tesoro. Charlie se quedó despierto un poco más, velando el sueño de su esposo y pensando en el futuro brillante que tenían por delante.

La Sombra en el Balcón

La gala de la mafia era un evento de alto nivel en uno de los hoteles más lujosos de Bangkok. Líderes de diferentes organizaciones de varios países se reunían para establecer alianzas, cerrar negocios y medir fuerzas. Charlie y Babe asistían juntos, como la pareja poderosa que eran.

Babe, vestido con un traje negro elegante que resaltaba su figura, se disculpó suavemente con Charlie.

—Necesito un poco de aire fresco. ¿Te molesta si voy al balcón un momento?

Charlie lo miró con cariño y asintió, rozando su mano discretamente.

—Ve. Cualquier cosa, llámame. No dudes en hacerlo.

Babe le dio un beso breve pero cariñoso en los labios.

—No tardaré.

Se alejó entre la multitud y salió al amplio balcón con vista a la ciudad iluminada. El aire nocturno de Bangkok era fresco y le ayudó a despejar la mente. Se apoyó en el barandal, observando las luces de la ciudad.

De pronto, sintió una presencia detrás de él.

Se giró con cautela y se encontró con un hombre alto, de presencia imponente. Era un Enigma, con un aura similar a la de su ex pareja Sakda, pero con un acento ruso marcado.

—Buenas noches.— dijo el hombre con una sonrisa calculadora.— Soy Viktor Kuznetsov, jefe de una de las principales organizaciones de Rusia. He estado observándote desde que llegaste.

Babe mantuvo una expresión educada pero distante, respondiendo con profesionalidad.

—Un placer, Khun Kuznetsov. Soy Babe Charoen, mano derecha y esposo de Khun Charlie Charoen.

Viktor se acercó un paso más, sin invadir su espacio pero claramente interesado.

—Tu belleza y tu presencia me han cautivado desde que te vi. Tienes una elegancia y una fuerza que rara vez se ven juntas en este mundo. Quería saber si aceptarías cenar conmigo alguna noche…o salir a conocer la ciudad. Me gustaría conocerte mejor.

Babe mantuvo la calma, aunque sintió una ligera tensión en el aire. Su aroma cambió sutilmente, volviéndose más alerta.

—Agradezco la invitación, pero soy casado. Mi lugar está al lado de mi esposo.

Viktor sonrió, pero sus ojos mostraron un brillo posesivo y lujurioso mientras recorría discretamente la figura de Babe.

—Un matrimonio no siempre es una barrera definitiva. Podría ofrecerte cosas que tu actual pareja no puede. Poder, protección…placeres que ni imaginas.

Babe endureció su expresión, manteniendo la elegancia pero con firmeza.

—Mi matrimonio no es negociable. Y mi esposo es más que suficiente en todos los aspectos. Si me disculpa, voy a regresar con él.

Se dio la vuelta para marcharse, pero sintió la mirada de Viktor clavada en su espalda como un peso. El ruso murmuró para sí mismo, con voz baja y peligrosa:

—No te rindes fácilmente…pero yo tampoco. Te tendré, Babe Charoen. Cueste lo que cueste.

Babe regresó al salón principal sintiendo un escalofrío. Encontró a Charlie hablando con otros líderes y se acercó a él, entrelazando sus dedos discretamente.

Charlie notó su expresión y lo miró con preocupación.

—¿Todo bien?

Babe sonrió, aunque con algo de tensión.

—Solo necesitaba aire. Ya estoy mejor.

Charlie apretó su mano con posesividad y lo atrajo un poco más cerca.

—Si alguien te molesta, dímelo. Nadie toca lo que es mío.

Babe se apoyó ligeramente en él, sintiéndose seguro.

—Lo sé. Gracias, mi amor.

Mientras tanto, en el balcón, Viktor Kuznetsov seguía mirando hacia el interior del salón con una sonrisa oscura y calculadora, sus ojos fijos en la figura de Babe.

La noche continuaba, pero una nueva sombra se había posado sobre ellos.

La Sombra Rusa

Después de la gala, el viaje de regreso a la mansión fue silencioso. Babe se mantuvo mirando por la ventana, sintiendo aún la mirada persistente de Viktor Kuznetsov en su espalda. Charlie notó su inquietud, pero no dijo nada. Respetó su espacio y esperó a que Babe estuviera listo para hablar.

Al llegar, Malee aún estaba despierta, esperándolos en la sala junto a Ploy.

—¡Papá! ¡Papá grande!— exclamó la niña, corriendo hacia ellos.

Charlie la levantó en brazos y la besó en la mejilla.

—Aquí estamos, princesa. ¿Nos extrañaste?

—Mucho.— respondió Malee, abrazándolo fuerte.

Babe sonrió y acarició su cabello.

—Vamos a ponernos cómodos y vemos una película juntos, ¿te parece?

Poco después, los tres estaban en la sala con ropa cómoda. Ploy trajo a Malai, que se había despertado con hambre. Babe la tomó en brazos y se sentó en un rincón discreto para darle de mamar, cubriéndose con una manta ligera.

—Gracias, Ploy.— dijo Babe con cariño.

—De nada, cariño. Cualquier cosa, avísenme.

Malai se durmió pronto después de comer y eructar. Babe la llevó a su habitación, no sin antes que Charlie y Malee le dieran un beso de buenas noches.

—Duerme bien, pequeña.— susurró Charlie, besando su frente.

Cuando Babe regresó a la sala, Malee ya estaba dormida en el sofá. Charlie la tomó en brazos con cuidado y la llevó a su habitación.

Al volver, no encontró a Babe en la sala. Lo buscó y lo encontró en la cocina, tomando un vaso de agua.

Babe sintió su presencia y dejó el vaso. Se acercó y lo abrazó con fuerza. Charlie correspondió el abrazo de inmediato.

—¿Estás bien, mi amor?— preguntó Charlie con voz suave, acariciando su espalda.

Babe se separó un poco y lo miró a los ojos.

—Debo contarte algo.

Charlie asintió, sin presionarlo.

—Dime.

Babe respiró hondo y confesó:

—Durante la gala, en el balcón, apareció un hombre llamado Viktor Kuznetsov. Es jefe de una de las principales organizaciones de Rusia. Me dijo que me había estado observando desde que llegué y me invitó a cenar o a salir con él. Charlie…le interesé. No me gustó su forma de mirarme. Es un Enigma, no de tu linaje, pero lo es.

Charlie se tensó visiblemente. Su aroma dominante se intensificó, volviéndose más protector y peligroso.

—¿Te tocó?— preguntó con voz grave.

—No.— respondió Babe rápidamente.— Solo habló. Pero insistió. Le dije que estaba casado, pero sentí que no iba a aceptar un no fácilmente.

Charlie lo abrazó con más fuerza, besando su sien.

—Nadie te va a tocar. Eres mío. Mañana mismo investigaré todo sobre Viktor Kuznetsov. Si se atreve a acercarse a ti de nuevo, se arrepentirá.

Babe se aferró a él, sintiéndose seguro en sus brazos.

—No quiero que esto afecte a nuestra familia. Solo…quería que lo supieras.

Charlie tomó su rostro entre las manos y lo miró con intensidad.

—Hiciste bien en decírmelo. No estás solo en esto. Nadie va a separarnos. Ni él, ni nadie.

Babe asintió y lo besó con ternura.

—Te amo, Charlie. Gracias por protegerme siempre.

—Y yo te amo a ti.— respondió Charlie, besándolo de nuevo.— Vamos a la cama. Mañana seguimos hablando de esto si quieres. Por ahora, solo quiero abrazarte.

Ambos se dirigieron a su habitación, donde se acostaron abrazados. Charlie lo sostuvo con fuerza toda la noche, como si quisiera protegerlo incluso en sueños.

La amenaza de Viktor Kuznetsov flotaba en el aire, pero la familia Charoen estaba más unida que nunca.

La Sombra Rusa se Acerca

Al día siguiente, Charlie dedicó las primeras horas de la mañana a investigar a Viktor Kuznetsov. Lo que encontró no le gustó en absoluto.

En su despacho, con Babe sentado a su lado, Charlie le mostró los informes.

—Viktor Kuznetsov no es un hombre cualquiera.— dijo Charlie con voz grave.— Es uno de los jefes más importantes de la mafia rusa. Controla rutas de contrabando en Europa del Este, tiene conexiones con gobiernos corruptos y es conocido por su brutalidad cuando quiere algo. Es un Enigma poderoso, aunque no de mi linaje. No es alguien a quien se pueda subestimar.

Babe leyó los documentos con el ceño fruncido.

—¿Qué vamos a hacer?

Charlie tomó su mano y la apretó con firmeza.

—He doblado la seguridad en la mansión y en todos nuestros puntos clave. Nadie entra ni sale sin que yo lo sepa. Te quiero cerca de mí o de los hombres de confianza en todo momento. No voy a actuar de forma impulsiva. Para acabar con alguien como él se necesita un plan sólido, que no ponga en peligro a ti ni a nuestras hijas.

Babe asintió, aunque se veía preocupado.

—No quiero que esto afecte a nuestra familia. Solo…no me gusta cómo me miró.

Charlie lo atrajo hacia sí y besó su frente.

—Nadie te va a tocar. Eres mi esposo. Mi pareja. Y yo protejo lo que es mío.

En ese momento, uno de los empleados entró con un ramo de flores elegantes y una nota.

—Khun Babe, esto llegó para usted.

Babe frunció el ceño al ver el ramo. Charlie lo tomó primero, leyó la nota y su expresión se endureció.

—Es de él.— dijo con frialdad.— “Para el alfa más cautivador de la noche. Espero que reconsideres mi oferta. V.K.”

Sin decir una palabra más, Charlie llevó el ramo al jardín trasero y lo quemó frente a Babe.

—No quiero nada de ese hombre cerca de ti.— dijo Charlie, viendo cómo las flores se consumían en llamas.— Ni flores, ni mensajes, ni miradas.

Babe se acercó y lo abrazó por la cintura.

—Gracias. No quiero nada de él. Solo quiero nuestra vida…contigo y con las niñas.

Charlie lo abrazó con fuerza.

—Y la tendrás. Voy a mantenernos a salvo. Viktor Kuznetsov va a aprender que tocar lo que es mío tiene consecuencias.

Mientras tanto, en un lujoso penthouse con vista a la ciudad, Viktor Kuznetsov estaba de pie frente a la ventana, con una copa de vodka en la mano. Su mente estaba fija en el rostro de Babe, en su elegancia y en esa fuerza contenida que había visto en él.

—Babe Charoen…— murmuró con una sonrisa oscura.— Eres mío. No importa lo que cueste. Si no puedo tenerte por las buenas…te tendré por las malas.

Había enviado las flores como un primer movimiento. Ahora empezaba a trazar un plan más profundo. Babe sería suyo, costara lo que costara.

De vuelta en la mansión, Charlie y Babe regresaron al despacho. Charlie lo miró con determinación.

—Vamos a reforzar todo. Y tú no vas a salir solo a ningún lado. ¿Entendido?

Babe asintió y besó su mejilla.

—Entendido, mi amor. Estamos juntos en esto.

La amenaza estaba presente, pero la familia Charoen se mantenía unida y más fuerte que nunca. Viktor Kuznetsov acababa de declararse enemigo de uno de los Enigmas más peligrosos del mundo…y no sabía el precio que pagaría por ello.

Miedo y Deseo en la Terraza

A la madrugada, Babe se removió en la cama buscando el calor del cuerpo de Charlie, pero solo encontró sábanas frías. Se levantó, solo con la camisa negra de Charlie puesta, y lo buscó por toda la casa. No estaba en el baño, ni en las habitaciones de las niñas (donde se aseguró de que Malee y Malai estuvieran bien dormidas). Tampoco estaba en la sala ni en la cocina.

Finalmente, salió a la terraza y lo encontró recostado en el sofá cama exterior, mirando el cielo nocturno. Babe sabía que no estaba dormido.

Se acercó en silencio y se subió a horcajadas sobre él. La camisa se subió ligeramente, revelando la piel suave de sus muslos.

—¿Te encuentras bien, cariño?— preguntó Babe con voz suave, acariciando su pecho.

Charlie abrió los ojos y suspiró profundamente, rodeando su cintura con los brazos.

—Solo temo perderte, Babe…A ti y a las niñas. Es por eso que no estoy haciendo nada loco y trato de pensar con la cabeza fría.

Babe se mordió el labio inferior y se sintió culpable.

—¿Te preocupa qué me termine yendo con él? ¿Qué me aleje de ti y de las niñas?

Charlie arqueó una ceja, confundido.

—¿Qué?

Babe aclaró con voz temblorosa:

—¿Te preocupa qué al final me termine gustando?

Charlie negó con la cabeza y lo miró con intensidad.

—No es eso. Confío en ti y en lo que sientes por mí, Babe. Solo me preocupa que ese tipo logre acercarse a ti y que te haga daño para llevarte a la fuerza…o que las niñas salgan perjudicadas.

Babe se removió en su regazo y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No quiero perderte, Cachorro…Solo quiero estar contigo, solo contigo.

Charlie lo tomó de la nuca con firmeza y lo acercó más.

—Voy a protegerte, mi amor…Eres mío y nadie te pondrá un dedo encima.

Devoró su boca con un beso hambriento y posesivo. Gruñó al sentir cómo Babe se movía sensualmente en su regazo, rozándose contra él.

—Babe…— murmuró contra sus labios.

Charlie bajó su pantalón lo suficiente para liberar su miembro duro y lo llevó directamente a la entrada de Babe. Este jadeó cuando lo sintió presionando.

—Charlie…— gimió Babe, bajando lentamente hasta tomarlo por completo.

Empezó a montarlo con movimientos sensuales y profundos, su trasero rebotando con cada bajada. La camisa abierta dejaba a la vista su pecho.

Babe se desabrochó un poco más la camisa y se inclinó hacia adelante.

—Chúpame…— suplicó en un susurro.

Charlie gruñó posesivamente y tomó uno de sus pezones hinchados en la boca, succionando con fuerza mientras Babe seguía moviéndose encima de él. Un chorro de leche tibia llenó su boca.

—Tan dulce…— gruñó Charlie, chupando con más hambre.— Después de darme una hija y sigues siendo tan perfecto para mí.

Babe gimió agudamente, arañando sus pectorales, brazos y hombros mientras cabalgaba con más intensidad.

—Mi amor…me estás llenando tanto…— jadeó Babe, mordiendo su cuello y mandíbula.

Charlie sujetó sus caderas con fuerza y empezó a embestir hacia arriba, follándolo con estocadas lentas, profundas y bruscas, golpeando justo en ese punto sensible.

—Eres mío.— gruñó contra su pecho, mordiendo y chupando sus pezones alternadamente.— Mírate…montándome así después de darme una hija. Tan hermoso…tan entregado.

Babe gemía en su oído con voz aguda y rota, volviéndolo completamente loco.

—Charlie…más profundo…quiero sentirte mañana…— suplicó, chupando y mordiendo su cuello.

Charlie aceleró, follándolo con más fuerza y profundidad, sujetándolo con posesividad mientras succionaba sus pezones y besaba su boca con violencia.

—Te amo.— gruñó contra sus labios.— Te amo tanto que duele.

Babe se corrió con un gemido agudo, contrayéndose alrededor de él. Charlie lo siguió poco después, llenándolo con un gruñido ronco y profundo.

Se quedaron unidos, jadeando. Charlie lo abrazó con fuerza contra su pecho, besando su cabello.

—Nunca te voy a perder.— prometió en voz baja.— Ni tú a mí.

Babe sonrió exhausto contra su cuello.

—Nunca, mi amor. Juntos para siempre.

La noche los envolvió en silencio, solo interrumpido por sus respiraciones calmadas y el latido de dos corazones que laten como uno solo.

Vergüenza y Deseo Contenido

Babe se inclinó y besó a Charlie con ternura, calmando su cuerpo después de la intensidad anterior. Sus labios se movieron suavemente contra los de su esposo, saboreando la cercanía.

De pronto, un ruido afuera —pasos en la terraza— hizo que Babe se sobresaltara. Se tensó en los brazos de Charlie y miró hacia la puerta con los ojos muy abiertos.

Charlie rio bajo, una risa grave y divertida que vibró contra su pecho.

Babe se sonrojó y lo miró con vergüenza.

—No te burles…

Charlie siguió riéndose suavemente, acariciando su espalda.

—Solo es uno de nuestros hombres haciendo guardia. No pasa nada, mi amor.

Babe se cubrió el rostro con las manos, aún sonrojado.

—¿Y tú crees qué escuchó todo?

Charlie sonrió con malicia y amasó su trasero con ambas manos, apretándolo con posesividad.

—¿Tal vez?…quién sabe.

Babe se quedó callado un segundo, mordiéndose el labio inferior. Un pequeño gemido escapó de su garganta cuando Charlie movió las caderas a propósito, rozándose contra él.

Charlie notó su reacción y arqueó una ceja, divertido.

—¿Te da vergüenza…o te excita qué nos haya escuchado?

Babe admitió en voz baja, casi avergonzado:

—Las dos cosas…

Charlie gruñó satisfecho y lo besó con hambre, dominando su boca mientras sus manos seguían apretando y abriendo su trasero.

—Entonces déjame recordarte a quién perteneces.— susurró contra sus labios.

Lo levantó ligeramente y volvió a penetrarlo con un movimiento lento pero profundo, llenándolo por completo. Babe soltó un gemido ahogado contra su boca.

—Charlie…ahh…

Charlie empezó a moverse con embestidas lentas, profundas y deliberadamente bruscas, sujetándolo por las caderas para clavarse más adentro.

—Gime para mí.— ordenó con voz ronca.— Quiero oírte. Quiero que sepan que eres mío.

Babe se aferró a sus hombros, gimiendo con cada estocada profunda.

—Mi amor…me estás llenando tanto…— jadeó, mordiendo su cuello.

Charlie aceleró el ritmo, follándolo con más fuerza contra el sofá cama, besando, chupando y mordiendo su cuello y pezones mientras lo penetraba sin piedad.

—Eres tan apretado…tan perfecto.— gruñó contra su pecho.— Me encanta cuando te pones así de sensible.

Babe arañó su espalda, gimiendo agudamente en su oído.

—Más…por favor…no pares…

Charlie lo embistió con estocadas profundas y violentas, sujetándolo con posesividad mientras devoraba su boca.

—Nunca voy a parar.— prometió contra sus labios.— Eres mío, Babe. Para siempre.

Babe se corrió con un gemido largo y tembloroso, contrayéndose alrededor de él.

Charlie lo siguió poco después, gruñendo su nombre mientras lo llenaba completamente.

Se quedaron unidos, jadeando. Charlie besó su frente con ternura.

—Te amo.— susurró.

Babe sonrió exhausto contra su cuello.

—Y yo a ti, Cachorro…aunque me hagas sonrojar hasta la muerte.

Charlie rio bao y lo abrazó más fuerte.

—Vale la pena.

La noche los envolvió en calma, con el sonido lejano de los guardias recordándoles que estaban protegidos…y que su deseo seguía ardiendo con la misma intensidad.

La Promesa del Enigma

Unos días después, la tensión en la mansión era palpable. Viktor Kuznetsov había declarado abiertamente la guerra a Charlie por Babe. El ruso no aceptaba los rechazos y planeaba llevárselo a la fuerza.

En el despacho, Charlie reunió a sus hombres más leales para planear la emboscada.

—Viktor es poderoso, pero predecible.— dijo Charlie con voz fría.— Atacaremos en el punto débil de su ruta de suministro en la frontera. No quiero errores. Babe se queda aquí con las niñas y Ploy, bajo la protección de nuestros mejores hombres.

Babe, que estaba presente, cruzó los brazos y su rostro cambió por completo. Era la primera vez que mostraba ese descontento tan claro frente a los demás.

—No me gusta tu plan, Charlie.— dijo con voz firme.

Un silencio pesado se adueñó del despacho.

Los hombres miraron al suelo, incómodos.

Charlie les ordenó con un gesto:

—Salgan. Necesito hablar a solas con mi esposo.

Los hombres asintieron y salieron rápidamente.

Una vez solos, Charlie se paró frente a Babe.

—¿Qué pasa, Babe?

Babe lo miró directamente a los ojos.

—Quiero ir también a la batalla contigo.

Charlie negó con la cabeza, serio.

—Es peligroso, Babe. No sería correcto llevarte. Solo te estaría entregando en bandeja de plata a Viktor.

Babe se mantuvo firme, desafiándolo con la mirada.

—No me importa. Quiero ir igual.

Charlie le llamó la atención con tono grave:

—Babe.

Babe no retrocedió, lo que enorgulleció a Charlie en el fondo, pero sabía que esa actitud no era la indicada en este momento.

—Te necesito aquí con las niñas.— insistió Charlie.

Babe lo miró con los ojos llenos de preocupación y miedo.

—Y yo quiero estar contigo, Charlie…No quiero que vayas solo. No quiero perderte.

Charlie entendió entonces la verdadera razón detrás de su actitud. No era rebeldía, era miedo. Se acercó y lo tomó de la cintura con un brazo, mientras con la otra mano tomaba su rostro con ternura.

—Escúchame bien.— dijo con voz suave pero firme.— Nada malo me va a pasar. Voy a salir vivo de esto. No voy a dejarte solo con las niñas.

Babe lo miró con los ojos húmedos.

—Prométeme que te cuidarás…que regresarás con vida. Promételo, Cachorro.

Charlie lo miró con absoluta sinceridad y asintió.

—Te lo prometo, mi amor.

Babe se acercó y lo besó con fuerza, un beso lleno de miedo, amor y determinación. Charlie correspondió con la misma intensidad, abrazándolo como si quisiera grabar su presencia en su piel.

Cuando se separaron, Babe apoyó la frente contra la de él.

—Te amo. No me hagas viudo antes de tiempo.

Charlie sonrió con ternura y besó su frente.

—Te amo más. Y voy a volver. Siempre vuelvo a ti.

Se quedaron abrazados un rato más, en silencio, fortaleciendo su vínculo antes de la tormenta que se avecinaba. Viktor Kuznetsov había declarado la guerra…pero no sabía contra quién se enfrentaba realmente.

La Ira del Enigma

El día de la emboscada llegó tal como Charlie lo había planeado. Sus hombres se movilizaron con precisión militar en las afueras de la ciudad, donde la ruta de suministro de Viktor Kuznetsov era más vulnerable. La guerra entre ambos bandos estalló con disparos y gritos de batalla.

Charlie avanzó entre la multitud de enemigos caídos, buscando a Viktor con una expresión fría y letal. Su aroma dominante de sándalo y hierro saturaba el aire, intimidando a cualquiera que se atreviera a acercarse.

No lo encontraba.

De pronto, un puño poderoso apareció frente a su rostro. Charlie lo detuvo con facilidad, sujetando el brazo del atacante con una mano de hierro.

Era Viktor Kuznetsov.

—Finalmente nos vemos cara a cara, Charoen.— escupió Viktor con odio.

No hubo un duelo real. Viktor atacó con toda su fuerza de Enigma, pero Charlie era de un linaje superior. Lo esquivó sin esfuerzo, contraatacó con un golpe brutal en las costillas que lo hizo retroceder tambaleante.

—Eres patético.— dijo Charlie con voz fría.— Creíste que podías tocar lo que es mío.

Viktor se rio con dificultad, escupiendo sangre.

—Tal vez no te lleve a tu puta…pero ya mandé a mis mejores hombres a la mansión. Van por Babe…y van a llevarse a tus hijas también. Las usaré para obligarlo a venir conmigo.

Charlie no mostró ninguna emoción en su rostro. Su mirada se volvió aún más oscura y peligrosa. En un movimiento borroso, tomó a Viktor del cuello y lo levantó del suelo.

—Eres hombre muerto.— gruñó con voz siniestra.

Lo usó como saco de boxeo. Golpe tras golpe, rompiendo huesos con brutal precisión.

Viktor intentó defenderse, pero fue inútil.

Charlie era superior en todos los sentidos.

Con un último golpe demoledor en la cabeza, acabó con su vida. Viktor cayó inerte al suelo.

Charlie miró el cadáver sin piedad.

—Limpien esto.— ordenó a sus hombres.— Quiero que el mensaje llegue claro a todos los que piensen en acercarse a mi familia.

Sus hombres asintieron con respeto.

—Sí, Khun Charlie.

Charlie se subió inmediatamente a una de las camionetas blindadas.

—Regresamos a la mansión. Ahora.

Mientras el vehículo aceleraba por la carretera, Charlie apretó los puños. Su mente solo pensaba en Babe y en sus hijas. Viktor había cometido el peor error de su vida al amenazarlos.

La guerra había terminado para Viktor Kuznetsov…pero la protección de Charlie apenas comenzaba. Nadie tocaba a su familia y vivía para contarlo.

La Furia Protectora del Alfa

En la mansión, la tranquilidad de la noche se rompió de golpe. Babe estaba en la cocina cuando escuchó los primeros gritos y disparos afuera. Su instinto se activó al instante. Corrió hacia la habitación de las niñas, donde Ploy intentaba calmar a Malee y Malai.

—¡Ploy!— ordenó Babe con voz firme.— Ve con las niñas al sótano. Estarán seguras ahí.

Ploy negó con la cabeza, con lágrimas en los ojos.

—Ven con nosotras, Babe. Por favor.

Babe tomó su rostro con ambas manos, mirándola con determinación.

—Ve con ellas, Ploy. Ahora.

Ploy sollozó, pero obedeció. Sostuvo a Malai con un brazo y tomó la mano de Malee con la otra.

—No me hagas esto, Babe…por favor, ven con nosotras.

Babe la abrazó brevemente, con fuerza.

—No me la hagas difícil, enana…Ve con ellas.

Ploy dudó un segundo más, pero finalmente se movió. Babe las acompañó hasta la entrada del sótano, cerró la puerta con llave y se aseguró de que quedara bien sellada.

Sacó un arma de uno de los escondites cercanos y escondió una navaja entre sus ropas. Salió al exterior con paso decidido.

Un grupo de hombres armados ya había irrumpido en el perímetro. Uno de ellos, claramente al mando, lo señaló.

—Venimos por usted, por orden del jefe Viktor.

Babe se plantó frente a ellos con calma letal.

—No me importa lo que diga su jefe. Esta es mi casa. Les ordenó que se vayan.

El hombre sonrió con arrogancia.

—Entonces tendremos que hacerlo a las malas. Tomaremos a una de las niñas para que coopere.

El silencio cayó como una losa. El cambio en Babe fue radical. Sus ojos cambiaron de color a un azul grisáceo frío, sin ninguna emoción.

Su Alfa especial había tomado el control por completo, apagando cualquier rastro de humanidad.

Sin que el hombre se lo esperara, Babe se movió como un rayo. Lo tomó del cuello con una mano y lo levantó del suelo.

—A mis hijas no les van a poner un dedo encima, hijos de puta.— dijo con voz fría y letal.— Me los cargo antes de permitir tal cosa.

Con un movimiento seco, rompió su cuello como si fuera un juguete. El cuerpo cayó inerte.

Los demás hombres reaccionaron, pero ya era tarde. Babe se lanzó contra ellos junto con sus hombres de confianza. No necesitaba armas de fuego. Con su navaja en mano, se convirtió en una sombra mortal.

Cortó la garganta del primero que se le acercó, salpicando sangre en su mejilla. Giró con precisión y clavó la navaja en el pecho del segundo, retorciéndola antes de sacarla.

Un tercero intentó dispararle, pero Babe fue más rápido: desvió el brazo y le rebanó el cuello de un solo tajo.

Fuera de la mansión se había convertido en un campo de batalla. Babe luchaba con una ferocidad inhumana, cuerpo a cuerpo y con su navaja. Cada movimiento era preciso, letal.

Un hombre intentó agarrarlo por detrás; Babe lo lanzó por encima de su hombro y le clavó la navaja en el corazón.

—Nadie toca a mi familia.— gruñó mientras destrozaba a otro atacante con un corte profundo en el abdomen.

Sus hombres luchaban a su lado, pero era evidente que Babe era el más peligroso en ese momento. Su Alfa especial estaba en pleno control: fuerza sobrehumana, reflejos perfectos y una frialdad absoluta.

Uno de los últimos atacantes cayó de rodillas, sangrando profusamente.

—Por favor…— suplicó.

Babe lo miró sin piedad y le cortó la garganta de un solo movimiento.

—Demasiado tarde.

Cuando el último enemigo cayó, Babe se quedó de pie en medio del caos, respirando agitado, cubierto de sangre ajena. Su mirada seguía siendo fría y letal.

Uno de sus hombres se acercó con cautela.

—Khun Babe…¿está bien?

Babe parpadeó, y poco a poco sus ojos volvieron a la normalidad. La humanidad regresó.

—Limpien todo.— ordenó con voz ronca.— Y refuercen la seguridad. Nadie más entra.

Se limpió la sangre de las manos y regresó al interior de la mansión. Ploy y las niñas seguían seguras en el sótano. Babe se apoyó contra la pared un momento, cerrando los ojos.

—Nadie va a tocarlas.— susurró para sí mismo.— Nadie.

La mansión había resistido. Pero la guerra con Viktor Kuznetsov apenas había comenzado.

El Regreso del Enigma

Charlie llegó a la mansión en una de las camionetas blindadas, acompañado de sus hombres más leales. Apenas bajó del vehículo, observó el caos afuera: cuerpos sin vida esparcidos por el suelo, sangre en el pavimento y sus hombres trabajando rápidamente para limpiar la escena.

Uno de los guardias de la mansión se acercó de inmediato y le reportó con respeto:

—Jefe, un grupo de hombres mandados por Viktor llegó para llevarse al Jefe Babe. Amenazaron con tomar a una de las niñas para doblegarlo. Sin embargo, el Jefe Babe acabó con ellos.

Charlie sintió una oleada de orgullo y satisfacción profunda. Su expresión se mantuvo seria, pero en sus ojos brilló un brillo feroz.

—Bien hecho. Limpien todo. No quiero rastro de esto cuando las niñas estén presentes.

Se dirigió al interior de la mansión con paso firme, buscando a Babe y a sus hijas.

En la sala principal, Babe estaba recargado contra la pared, aún con la navaja en la mano. Cuando escuchó pasos detrás de él, su Alfa especial tomó el control nuevamente.

Giró con velocidad letal, levantando la navaja para apuñalar al intruso.

Charlie lo sujetó con facilidad, aunque con un poco de esfuerzo, sosteniendo su muñeca en el aire.

—Soy yo, mi amor.— dijo Charlie con voz calmada pero firme.

Babe parpadeó varias veces. Sus ojos volvieron lentamente a la normalidad al reconocerlo. Soltó la navaja y se lanzó a sus brazos, abrazándolo con fuerza.

—Charlie…estás vivo…sin heridas…— susurró contra su cuello, inhalando su aroma protector.

Charlie lo abrazó con la misma intensidad, una mano en su nuca y la otra en su espalda.

—Estoy aquí. Y tú…acabaste con todos ellos. Estoy orgulloso de ti, Babe. Muy orgulloso. Defendiste a nuestras hijas como un verdadero alfa.

Babe escondió el rostro en su cuello, respirando profundamente.

—Tenía miedo…no iba a dejar que se llevarán a las niñas. No iba a permitirlo.

Charlie besó su cabello y lo apretó más contra sí.

—Lo sé. Hiciste lo correcto. Ahora estás a salvo. Todos lo estamos.

Babe se separó un poco y lo besó con urgencia, un beso lleno de alivio y amor.

Charlie correspondió con la misma intensidad, sujetándolo por la cintura.

Cuando se separaron, Charlie acarició su mejilla, notando la sangre seca en su ropa y rostro.

—Ve a la habitación a limpiarte y cambiarte de ropa. No es bueno que las niñas, especialmente Malee, te vean así.

Babe asintió, aún temblando ligeramente por la adrenalina.

—Está bien. Voy ahora.

Charlie lo besó una vez más en la frente antes de dejarlo ir.

Luego, Charlie bajó al sótano. Ploy estaba sentada con las niñas, visiblemente aliviada al verlo.

—Khun Charlie…— suspiró Ploy.— ¿Babe está bien?

Charlie asintió y la calmó con una mano en su hombro.

—Está bien. Un poco cansado, pero entero. Gracias por protegerlas.

Malee corrió hacia él y Charlie la levantó en brazos, tomando también a Malai con cuidado.

—Papá grande…— dijo Malee con voz temblorosa.— Hubo ruidos feos.

Charlie besó su frente y la de Malai.

—Ya pasó, princesa. Papá grande y papá se encargaron de todo. Ahora estamos seguros.

Salieron del sótano juntos. Malee se aferró a su cuello.

—¿Dónde está papá?

—Está cambiándose. Vamos a esperarlo en la sala.

Babe apareció poco después, ya limpio y con ropa fresca. Al ver a sus hijas en brazos de Charlie, sus ojos se llenaron de alivio.

—Mis niñas…— susurró, acercándose para abrazarlas junto con Charlie.

Los cuatro se abrazaron en medio de la sala, formando un círculo protector. Ploy los miró con lágrimas en los ojos, feliz de verlos sanos y juntos.

—Estamos bien.— dijo Charlie con voz firme, mirando a su familia.— Y vamos a seguir estándolo. Nadie nos va a separar.

Babe besó la frente de Malee y luego la de Malai.

—Los amo. A los tres.

Malee sonrió entre ellos.

—Familia grande…siempre juntos.

La mansión, aunque marcada por la batalla, volvía a sentirse como un hogar. Charlie y Babe se miraron por encima de las cabezas de sus hijas, sellando en silencio una promesa: protegerían a su familia a cualquier precio.

El Celo del Alfa

Después de la batalla, la mansión recuperó su calma. Charlie y Babe estaban con sus hijas en la sala, disfrutando de un momento de paz.

Charlie preparó la comida para Malee con cuidado, cortando los alimentos en trozos pequeños mientras Babe alimentaba a Malai, cubriéndose discretamente con una manta ligera.

—Come bien, princesa.— dijo Charlie con ternura, acercándole el plato a Malee.

Malee comió con apetito, sonriendo.

—Está rico, papá grande.

Babe terminó de amamantar a Malai, la hizo eructar con suavidad y la acunó en sus brazos hasta que se durmió. Luego dejó que Charlie y Malee le dieran un beso de buenas noches.

—Buenas noches, pequeña.— susurró Charlie, besando su cabecita.

Babe también besó la mejilla de Malee.

—Duerme bien, mi vida.

Babe llevó a Malai a su habitación, la acostó con cuidado en su cuna, la tapó y apagó las luces, dejando solo la alarma encendida por cualquier cosa.

Luego fue a su habitación compartida. Entró al baño para lavarse la cara y se puso una camisa ligera para dormir, sintiendo mucho calor. Sus ojos volvieron a tener ese tono azul grisáceo frío; su Alfa especial había estado despierto desde la amenaza a sus hijas.

Fue entonces cuando Babe se dio cuenta: le había llegado su celo. Sintió la humedad caliente recorriendo sus muslos.

Mientras tanto, Charlie en el comedor tomó a Malee una vez que terminó de comer y la llevó a cepillarse los dientes. Una vez hecho, la acostó en su cama.

—Duerme bien, princesa.— susurró, besando su mejilla y tapándola.

Malee se durmió en cuestión de minutos.

Charlie apagó la luz, encendió la alarma y salió de la habitación.

Fue a la de Malai para verificar que estuviera bien. La bebé dormía con tranquilidad. Charlie sonrió y dejó un beso suave en su cabecita.

—Buenas noches, mi guerrera.

Finalmente, fue en busca de Babe. Al entrar a la habitación, lo encontró parado en medio de la estancia. Notó inmediatamente sus mejillas sonrojadas, sus pupilas dilatadas con ese tono grisáceo, la respiración agitada…y entonces vio la humedad brillando en sus muslos.

Charlie cerró la puerta tras de sí. Su aroma dominante se intensificó al instante, llenando la habitación.

—Babe…— gruñó con voz ronca y posesiva, acercándose lentamente.

Babe lo miró con los ojos nublados por el celo.

—Charlie…me llegó…no puedo controlarlo…

Charlie lo tomó por la cintura y lo atrajo contra su cuerpo con fuerza.

—Entonces no lo controles.— susurró contra su oído, mordiendo el lóbulo.— Déjame cuidarte.

Lo besó con hambre, devorando su boca mientras sus manos bajaban hasta apretar su trasero. Lo levantó y lo llevó contra la pared, presionando su cuerpo contra él.

—Tan mojado ya…— gruñó Charlie, deslizando dos dedos entre sus piernas y sintiendo la humedad caliente.— Tu cuerpo me está pidiendo que te llene.

Babe gimió contra su boca, enredando las piernas alrededor de su cintura.

—Te necesito…por favor…

Charlie se desabrochó el pantalón con urgencia y entró en él de un solo movimiento profundo, llenándolo por completo. Babe soltó un gemido agudo, arqueándose contra la pared.

—Charlie…ahh…tan profundo…

Charlie empezó a moverse con embestidas lentas pero brutales, profundas y controladas, follándolo contra la pared mientras besaba, chupaba y mordía su cuello y pezones.

—Eres mío.— gruñó contra su piel.— En celo o no, siempre serás mío. Te voy a follar hasta que no puedas pensar en nada más que en mí.

Babe arañó su espalda, gimiendo con voz aguda y rota.

—Más…mi amor…más fuerte…te siento tan adentro…

Charlie aceleró, penetrándolo con estocadas profundas y violentas, sujetándolo con posesividad mientras devoraba su boca y mordía sus pezones hinchados.

—Tan apretado…tan caliente y mojado para mí.— gruñó, follándolo sin piedad.— Quiero que te corras así, lleno de mí.

Babe tembló violentamente, gimiendo su nombre mientras se corría con fuerza. Charlie lo siguió poco después, llenándolo con un gruñido ronco y profundo.

Se quedaron unidos contra la pared, jadeando. Charlie besó su frente con ternura.

—Te amo.— susurró.— En todos tus estados.

Babe sonrió exhausto, acariciando su nuca.

—Y yo a ti…siempre.

La noche los envolvió en calma, con el aroma de ambos entrelazado en una promesa silenciosa de protección y amor eterno.

Hambre Insaciable

Babe tomó la mejilla de Charlie con una mano, besó su mandíbula con lentitud y la mordió suavemente. Sus labios rozaron los de Charlie mientras susurraba con voz ronca y cargada de deseo:

—Cachorro…quiero más sexo.

Sin esperar respuesta, Babe rompió la camisa de Charlie con un tirón impaciente y empezó a besar y marcar sus pectorales con mordidas y succiones, dejando huellas rojas en su piel pálida y marcada.

Charlie gruñó de placer y rompió la camisa de Babe con facilidad, dejando al descubierto su pecho. Sus ojos se oscurecieron al ver los pezones hinchados, rosados y llenos por la lactancia.

—Joder, Babe…— murmuró con voz ronca y posesiva.— Mírate…tan sensible, tan lleno para mí.

Lo besó con violencia, devorando su boca mientras sus manos apretaban su trasero.

Luego bajó hasta su cuello, chupando y mordiendo la marca de pareja con hambre.

Babe gimió contra sus labios, arqueándose.

Charlie sacó su miembro y entró en él de un solo golpe profundo nuevamente, llenándolo por completo.

—Ahh…Charlie…— jadeó Babe, clavando las uñas en su espalda.

Charlie empezó a follarlo con embestidas profundas y rudas, saliendo casi por completo para volver a hundirse con fuerza.

—Tan apretado…tan mojado y caliente por dentro.— gruñó contra su cuello, mordiendo y chupando la piel sensible.— Me vuelves loco cuando estás así.

Babe gimió agudamente, rodeando su cintura con las piernas y moviendo las caderas para recibirlo más profundo.

—Más…mi amor…fóllame más fuerte…quiero sentirte todo.— suplicó, besando y mordiendo su mandíbula.

Charlie aceleró, penetrándolo con estocadas brutales y profundas, sujetándolo con posesividad mientras bajaba la cabeza para chupar y morder uno de sus pezones hinchados. Un chorro de leche tibia llenó su boca.

—Tan dulce…— gruñó, succionando con más fuerza mientras follaba sin piedad.— Llevaste a nuestra hija dentro y sigues siendo tan perfecto para mí.

Babe arañó su espalda y hombros, gimiendo con voz rota en su oído.

—Charlie…ahh! Sí…chúpame así…me estás volviendo loco…

Charlie cambió al otro pezón, lamiendo y mordiendo mientras sus caderas chocaban con violencia contra él, follándolo con rudeza contra la pared.

—Eres mío.— gruñó contra su pecho.— Mío para follarte, para llenarte, para marcarte. Dime que eres mío.

—Soy tuyo…solo tuyo, Cachorro.— gimió Babe, temblando con cada embestida profunda y brutal.— Fóllame más duro…quiero que me dejes marcado por días…

Charlie lo embistió con mayor fuerza, profundo y salvaje, sujetándolo por las caderas mientras devoraba su boca, cuello y pezones sin descanso. Babe se corrió con un gemido agudo y largo, contrayéndose fuertemente alrededor de él. Charlie gruñó su nombre y lo llenó con fuerza, corriéndose profundamente dentro de él.

Se quedaron unidos contra la pared, jadeando. Charlie besó su frente con ternura posesiva.

—Te amo.— susurró contra su piel sudorosa.— Te amo tanto que me duele.

Babe sonrió exhausto, acariciando su nuca.

—Y yo te amo a ti…mi Enigma. Mi todo.

Charlie lo llevó hasta la cama sin salir de él, dispuesto a seguir recordándole toda la noche a quién pertenecía.

Deseo Renovado

Babe y Charlie seguían entrelazados en la cama, respirando con dificultad después de la intensidad anterior. Charlie aún estaba dentro de él, moviéndose lentamente con embestidas perezosas y profundas, prolongando el placer.

—Charlie…— jadeó Babe, acariciando su espalda marcada.— No pares…quiero más de ti.

Charlie gruñó contra su cuello y aceleró el ritmo, penetrándolo con estocadas más firmes y profundas.

—Nunca voy a parar de desearte.— susurró, mordiendo suavemente su marca de pareja.— Eres mío, Babe. Mi esposo. Mi todo.

Babe arqueó la espalda, gimiendo con voz aguda cuando Charlie golpeó ese punto sensible una y otra vez.

—Más fuerte…mi amor…quiero sentirte todo.— suplicó, clavando las uñas en sus hombros.

Charlie lo sujetó por las caderas y empezó a follarlo con mayor intensidad, embestidas profundas y brutales que hacían que la cama crujiera. Bajó la cabeza y capturó uno de sus pezones hinchados, succionando con hambre mientras seguía penetrándolo sin piedad.

—Tan dulce…tan sensible.— gruñó contra su pecho, lamiendo y mordiendo suavemente.— Me encanta cuando estás así para mí.

Babe gimió más alto, enredando las piernas alrededor de su cintura y atrayéndolo más cerca.

—Charlie…ahh! Sí…chúpame así…me estás volviendo loco…

Charlie cambió al otro pezón, succionando con más fuerza mientras sus caderas chocaban con violencia contra él. Sus movimientos eran profundos, rudos y posesivos, llenándolo por completo con cada embestida.

—Eres tan perfecto.— gruñó contra su piel.— Mi alfa…mi pareja…tan entregado para mí.

Babe arañó su espalda, gimiendo con voz rota en su oído.

—Te amo…fóllame más duro…quiero que me dejes marcado…

Charlie aceleró, penetrándolo con estocadas salvajes y profundas, sujetándolo con fuerza mientras devoraba su boca, cuello y pezones. Babe se corrió con un gemido agudo y tembloroso, contrayéndose fuertemente alrededor de él. Charlie lo siguió poco después, gruñendo su nombre mientras lo llenaba con fuerza.

Se derrumbaron juntos en la cama, jadeando. Charlie lo abrazó con posesividad, besando su frente y sus labios con ternura.

—Te amo.— susurró contra su piel sudorosa.— Más que a nada en este mundo.

Babe sonrió exhausto, acurrucándose contra su pecho.

—Y yo a ti, Cachorro…siempre.

Charlie lo mantuvo cerca, acariciando su espalda mientras ambos se recuperaban, envueltos en el calor de su amor y la paz de su hogar. La noche era de ellos, y el futuro —con sus dos hijas— brillaba lleno de promesas.

La Rutina que Nos Hace Felices

Los días transcurrían con una armonía que Charlie y Babe valoraban cada vez más. La rutina se dividía entre el trabajo en la torre y los momentos preciosos en familia con Malee y Malai.

Socios en el Despacho

Por las mañanas, el despacho principal se convertía en su espacio de trabajo compartido. Charlie revisaba informes mientras Babe organizaba las reuniones del día.

—Los de Pattaya confirmaron el envío.— dijo Babe, girando la pantalla hacia Charlie.— Todo llegó completo y sin problemas. También revisé los contratos con los rusos restantes. Después de lo de Viktor, están mucho más cooperativos.

Charlie sonrió con orgullo y apoyó una mano en su hombro.

—Tu forma de manejar las negociaciones es impecable. Nadie más podría haber cerrado esos acuerdos con tanta elegancia y firmeza. Eres mi mejor socio, Babe.

Babe entrelazó sus dedos con los de Charlie por un momento.

—Me gusta serlo. Trabajar contigo me hace sentir que realmente formamos un equipo. No solo en casa, sino también aquí.

Charlie besó sus nudillos con ternura.

—Siempre fuimos un equipo. Ahora simplemente lo hacemos oficial todos los días.

Tardes con Nuestras Princesas

Por las tardes, regresaban temprano a la mansión para estar con las niñas. Malee corría por el jardín persiguiendo mariposas, mientras Malai gateaba sobre la manta bajo la supervisión de Ploy.

—Papá, ¡mira!— gritó Malee, mostrando una flor que había recogido.— Es para Malai.

Babe tomó a Malai en brazos y la acercó para que viera la flor.

—Mira qué bonita te trajo tu hermana mayor.

Malai soltó un gorgojeo feliz y estiró sus manitas hacia la flor. Charlie se acercó y besó la cabecita de ambas.

—Nuestras princesas están creciendo tan rápido.— dijo con voz llena de cariño.— Malee ya quiere enseñarle todo a Malai.

Malee se sentó entre ellos y abrazó a su padre.

—Quiero que Malai sea fuerte como papá grande y cariñosa como papá.

Babe sonrió con los ojos brillantes y abrazó a su familia.

—Va a ser las dos cosas. Y nosotros vamos a estar aquí para guiarlas.

Charlie rodeó los hombros de Babe con un brazo y besó su sien.

—Esto es lo que más me gusta del día. Volver a casa y verlas felices.

Noches de Historias y Promesas

Por las noches, después de cenar, los cuatro se reunían en la habitación de las niñas para la hora del cuento.

Malee estaba acurrucada entre Charlie y Babe, mientras Malai dormía plácidamente en su cuna cerca de la cama.

—…y el dragón protegió al príncipe y a su familia para siempre.— leyó Babe con voz suave y expresiva.

Malee bostezó y se acurrucó más contra Charlie.

—Papá grande es el dragón…y papá es el príncipe.

Charlie rio bajo y besó su frente.

—Y tú y Malai son las princesas más valientes del reino.

Cuando las niñas se durmieron, Charlie y Babe se quedaron un rato más observándolas.

—Cada día me doy cuenta de lo afortunado que soy.— susurró Babe, apoyando la cabeza en el hombro de Charlie.

Charlie besó su cabello y lo abrazó con ternura.

—Yo también. Tenerte a ti, a Malee y a Malai…es más de lo que nunca soñé. Gracias por darme esta vida, mi amor.

Babe lo miró con ojos llenos de amor.

—Gracias a ti por elegirnos y por amarnos tanto.

Se besaron suavemente, sellando otro día perfecto en su rutina familiar. La mansión estaba en paz, y su amor seguía creciendo con cada amanecer.

Los cuatro corazones latían en armonía, construyendo un futuro lleno de esperanza y felicidad.

Risas en el Jardín

Era una tarde soleada y perfecta en el jardín de la mansión. Los cuatro —Charlie, Babe, Malee y Malai— disfrutaban de un momento de pura felicidad familiar. Malai estaba sentada en una manta bajo la sombra de un gran árbol, moviendo sus manitas y gorgojeando alegremente. Malee corría alrededor de ellos, llena de energía.

—¡Papá, mira!— exclamó Malee, haciendo una mueca graciosa con la cara mientras intentaba imitar a un mono.— ¡Soy un mono que quiere plátanos!

Babe soltó una carcajada y aplaudió.

—¡Muy bien, mi vida! Eres el mono más gracioso del jardín.

Charlie rio con ganas, una risa profunda y sincera que llenaba el aire.

—Definitivamente heredaste el sentido del humor de tu papá.— dijo, mirando a Babe con cariño.— Ven aquí, princesa, hazla otra vez para que la capturemos.

Malee repitió la mueca y Charlie sacó su teléfono para tomar una foto.

—Perfecta.— dijo Charlie, mostrándosela a Babe.— Esta va directo al álbum familiar.

Babe tomó a Malai en brazos y la acercó a Malee.

—Ven, Malai, vamos a hacer una foto de hermanas.

Malee se sentó al lado de su hermanita y puso una cara graciosa mientras Babe tomaba la foto.

—¡Mira, papá grande! ¡Malai se rió!— dijo Malee emocionada.

Charlie se acercó y tomó otra foto de los cuatro juntos. Babe sostenía a Malai, Malee estaba entre ellos dos, y Charlie rodeaba los hombros de Babe con un brazo.

—Sonríe, mi amor.— le dijo Charlie a Babe, besando su sien antes de tomar la foto.

Babe sonrió con ternura, apoyando la cabeza en su hombro.

—Esto es lo mejor del mundo.— murmuró.— Los cuatro juntos, riendo sin preocupaciones.

Malee se levantó de un salto y empezó a hacer más payasadas.

—¡Ahora soy un dragón! ¡Rooar!— gritó, extendiendo los brazos como alas

Charlie y Babe estallaron en risas. Malai, contagiada por la alegría, soltó un gorgojeo feliz.

—Mira, Malai también quiere ser dragón.—.dijo Babe, levantándola un poco para que moviera los bracitos.

Charlie tomó más fotos, capturando cada momento.

—Estas van a ser las mejores del álbum.— comentó, guardando el teléfono.— Quiero que cuando crezcan vean lo felices que fuimos siempre.

Malee se lanzó sobre ellos, abrazándolos a los tres.

—¡Abrazo familiar grande con dragones!

Babe y Charlie la abrazaron con fuerza, incluyendo a Malai en el centro del abrazo.

—Te amo, mi vida.— susurró Babe a Malee.

—Y yo a ti, papá.— respondió la niña.

Charlie miró a su familia con los ojos llenos de amor.

—Esto es todo lo que necesito. Ustedes tres. Mi mundo completo.

Se quedaron un rato más en el jardín, riendo ante las ocurrencias de Malee, tomando fotos y creando recuerdos que atesorarían para siempre. La familia Charoen estaba completa, feliz y unida bajo el sol de Bangkok.

No había nada más perfecto que eso.

Baño y Cariño Familiar

Luego de pasar una tarde maravillosa en el jardín, Babe y Charlie entraron a la mansión con las niñas para bañarlas, luego de cenar en el jardin y darle de amamantar a Malai. Era uno de sus rituales favoritos del día.

En el baño principal, Babe se encargó de Malai. La bebé estaba en su bañera especial, chapoteando con sus manitas y soltando gorgojeos felices.

—Mira qué traviesa estás hoy.— dijo Babe con voz suave y cariñosa, lavando con cuidado su cabecita.— Te gusta el agua, ¿verdad, mi princesita?

Malai respondió con una risita y movió sus piecitos, salpicando un poco de agua. Babe rio bajo y le echó agua tibia con la mano.

—Papá te va a dejar bien limpita para que duermas tranquila.

En la otra bañera, Charlie estaba con Malee.

La niña jugaba con sus juguetes de goma, haciendo burbujas.

—Papá grande, ¡mira!— exclamó Malee, soplando para hacer más burbujas.— ¡Soy una fábrica de burbujas!

Charlie soltó una risa profunda y le echó shampoo en el cabello.

—Eres la mejor fábrica de burbujas del mundo. Ahora cierra los ojos para que no te entre jabón.

Malee obedeció y cerró los ojos con fuerza mientras Charlie le lavaba el cabello con movimientos suaves y cuidadosos.

—Listo, princesa. Ya estás toda limpia.

Una vez terminado el baño, ambos padres trabajaron en equipo. Babe secó a Malai con una toalla suave y le puso su pijama cómoda.

Charlie hizo lo mismo con Malee, secándola y ayudándola a vestirse.

—Levanta los brazos.— dijo Charlie a Malee, poniéndole la parte de arriba.

Malee levantó los brazos y rio cuando Charlie le hizo cosquillas en la barriga.

—¡Papá grande, nooo!

Charlie sonrió y la peinó con cuidado, haciendo dos pequeñas trenzas.

—Listo. Ahora estás lista para dormir como una princesa.

Babe, con Malai ya vestida y en brazos, miró la escena con ternura.

—Formamos un buen equipo.— comentó Babe, acercándose a ellos.

Charlie tomó a Malee en brazos y besó su mejilla.

—El mejor equipo. ¿Verdad, princesas?

Malee asintió con entusiasmo.

—Sí. ¡El mejor equipo del mundo!

Los cuatro se dirigieron a las habitaciones.

Babe acostó a Malai en su cuna, arropándola con ternura.

—Duerme bien, mi niña hermosa.— susurró, besando su frente.

Charlie acostó a Malee en su cama y le dio un beso en la mejilla.

—Buenas noches, mi guerrera. Mañana seguimos jugando.

Malee bostezó y sonrió.

—Buenas noches, papás. Los quiero mucho.

Babe y Charlie se miraron con amor profundo antes de apagar las luces y salir de las habitaciones.

—Esto es lo mejor del día.— dijo Babe en voz baja, apoyándose en Charlie mientras caminaban hacia su habitación.

Charlie lo abrazó por la cintura y besó su sien.

—Cada día contigo y con ellas es el mejor. Te amo, mi esposo.

—Y yo te amo a ti.— respondió Babe, recostando la cabeza en su hombro.— Gracias por esta familia tan hermosa.

Se quedaron un momento en el pasillo, abrazados, escuchando el silencio pacífico de la mansión. Su vida juntos era exactamente como siempre habían soñado: llena de amor, risas y momentos simples pero perfectos.

Deseo Bajo el Agua

Charlie y Babe entraron a su habitación compartida. Babe se dirigió directamente al baño para darse una ducha. Apenas abrió el agua caliente y se metió bajo el chorro, sintió la presencia de Charlie detrás de él.

Jadeó suavemente cuando las manos grandes y fuertes de su esposo recorrieron su cuerpo, deteniéndose especialmente en sus pezones hinchados, donde aún salía un poco de leche por la lactancia.

—Charlie…— susurró Babe, apoyándose contra el azulejo.

Charlie susurró en su oído con voz ronca y posesiva:

—Ahora me toca a mí disfrutar de mi esposo…Tengo ganas de follarte, mi amor.

Lo volteó con facilidad e hizo que Babe enredara sus piernas alrededor de su cintura, apoyándolo contra el azulejo húmedo del baño. El agua caliente caía sobre ellos, haciendo que sus cuerpos brillaran.

Charlie lo besó con hambre, devorando su boca mientras una mano bajaba para guiar su miembro duro hacia la entrada de Babe. Entró en él con un movimiento profundo y brusco, llenándolo por completo.

—Ahh…Charlie…— gimió Babe, clavando las uñas en sus hombros.

Charlie empezó a moverse con embestidas profundas y bruscas, follándolo contra la pared mientras el agua caía sobre ellos.

—Tan apretado…tan caliente.— gruñó contra su cuello, mordiendo y chupando la marca de pareja.— Me encanta follarte así, mi amor.

Babe gemía con cada estocada, moviendo las caderas para recibirlo más profundo.

—Más…por favor…fóllame más fuerte.— suplicó, besando y mordiendo su mandíbula.

Charlie aceleró, penetrándolo con fuerza brutal y profunda, sujetándolo por las caderas mientras besaba, chupaba y mordía su boca, cuello y pezones. Succionó uno de ellos con avidez, bebiendo la leche que salía mientras lo follaba sin piedad.

—Tan dulce…tan mío.— gruñó contra su pecho.— Llevaste a nuestras hijas y sigues siendo tan perfecto para mí.

Babe arañó su espalda, gimiendo agudamente en su oído.

—Charlie…ahh! Sí…me estás destrozando…pero no pares…

Charlie lo embistió con mayor violencia, profundo y salvaje, sujetándolo con posesividad mientras devoraba su boca y mordía sus pezones.

—Eres mío.— gruñó contra sus labios.— Mío para follarte cuando quiera. Dime que eres mío.

—Soy tuyo…solo tuyo, mi amor.— gimió Babe, temblando con cada embestida.

Charlie lo folló con estocadas brutales y profundas hasta que ambos llegaron al orgasmo casi al mismo tiempo. Babe se corrió con un gemido agudo, contrayéndose alrededor de él. Charlie gruñó su nombre y lo llenó con fuerza, corriéndose profundamente dentro.

Se quedaron unidos bajo el agua caliente, jadeando. Charlie besó su frente con ternura posesiva.

—Te amo.— susurró contra su piel.

Babe sonrió exhausto, acariciando su nuca.

—Y yo a ti, Cachorro…siempre.

La ducha siguió cayendo sobre ellos, lavando el cansancio del día mientras su amor seguía ardiendo con la misma intensidad.

Rutina de Amor y Familia

Los días en la torre seguían su curso con la misma eficiencia de siempre. Charlie y Babe trabajaban codo a codo, complementándose a la perfección.

Charlie revisaba un contrato importante mientras Babe organizaba la agenda del día siguiente.

—Los de Singapur aceptaron las condiciones.— dijo Babe con satisfacción, girando la pantalla.— Logré que subieran el porcentaje sin tener que presionar demasiado. Creo que empiezan a respetarnos más como pareja.

Charlie sonrió con orgullo y apoyó una mano en su hombro.

—Eres excepcional en esto. Nadie más podría negociar con esa combinación de firmeza y elegancia. Me alegra tenerte como mi mano derecha…y como mi esposo.

Babe entrelazó sus dedos con los de Charlie por un momento.

—Y a mí me encanta estar aquí contigo. Trabajar juntos me hace sentir que realmente construimos algo grande.

Charlie se levantó y lo besó con ternura.

—Construimos un imperio, sí. Pero lo más importante es lo que tenemos en casa.

Regreso al Hogar

Al terminar la jornada, regresaron a la mansión. Apenas cruzaron la puerta, Malee corrió hacia ellos con los brazos abiertos.

—¡Papá! ¡Papá grande!

Charlie la levantó en brazos y la hizo girar.

—Aquí estamos, princesa. ¿Nos extrañaste?

—Mucho.— respondió Malee, abrazándolo fuerte.— Malai también preguntó por ustedes.

Babe sonrió y tomó a Malai de los brazos de Ploy, besando su cabecita.

—Aquí estamos, mi pequeña. Papá te extrañó todo el día.

Ploy sonrió desde la puerta.

—Las dos estuvieron muy tranquilas. Malai ya comió y Malee dibujó para ustedes.

Los cuatro se sentaron en la sala. Malee les mostró sus dibujos mientras Malai dormía plácidamente en el moisés.

—Mira, papá. Este eres tú y papá grande protegiendo a Malai y a mí.— explicó Malee con orgullo.

Charlie tomó el dibujo con una sonrisa enorme.

—Es el mejor dibujo que he visto. Lo vamos a poner en el álbum familiar.

Babe besó la mejilla de Malee.

—Eres una artista increíble, mi vida.

Noche de Película Familiar

Más tarde, en la noche, se sentaron todos en el sofá grande de la sala para ver una película animada que Malee había elegido.

Malee estaba acurrucada entre Charlie y Babe, con Malai dormida en el moisés a su lado. La luz tenue de la pantalla iluminaba sus rostros.

—Esta parte es mi favorita.— dijo Malee emocionada, señalando la pantalla.— Cuando el dragón salva al príncipe.

Charlie pasó un brazo por los hombros de Babe y lo atrajo más cerca.

—A mí también me gusta esa parte.— comentó, besando su sien.— Me recuerda a nosotros.

Babe sonrió y apoyó la cabeza en su hombro.

—Nuestro dragón particular.

Malee bostezó y se acurrucó más contra ellos.

—Papás…¿siempre vamos a ver películas juntos?

—Siempre.— respondió Charlie con voz suave.— Todas las noches que quieras.

Babe acarició el cabello de Malee.

—Somos una familia. Y las familias hacen esto: estar juntos, reír y crear recuerdos.

La película continuó mientras los cuatro disfrutaban de la calidez del hogar. Malee se durmió poco después, acurrucada contra el pecho de Charlie. Babe miró a su esposo con amor infinito.

—Esto es lo que siempre soñé.— susurró.

Charlie besó sus labios con amor.

—Y yo también. Gracias por darme esta vida, mi amor.

Se quedaron en silencio, disfrutando de la película y de la paz de su familia. Cuatro corazones latiendo en perfecta armonía.

La rutina continuaba, día tras día, llenándolos de amor y recuerdos inolvidables.

Momentos que Atesoran

Los días continuaban llenos de pequeños momentos que fortalecían su lazo familiar.

Charlie y Babe sabían que esos instantes eran los verdaderos tesoros de la vida.

Desayunos en Familia

Cada mañana, el comedor se llenaba de risas y conversaciones. Malee estaba sentada en su silla alta, comiendo con entusiasmo, mientras Malai observaba todo desde su moisés.

—Papá, ¿hoy vamos a jugar en el jardín?— preguntó Malee con la boca llena de fruta.

Babe sonrió y le limpió la comisura de los labios.

—Claro que sí, mi vida. Después del trabajo de papá y papá grande, jugamos un rato.

Charlie, que estaba dando de comer a Malai con una cuchara pequeña, miró a Babe con cariño.

—Hoy terminaremos temprano. Quiero pasar la tarde con mis tres amores.

Malee aplaudió.

—¡Sí! ¡Vamos a hacer una casita de bloques gigante!

Babe rio bajito y miró a Charlie.

—Parece que ya tiene planes. ¿Estás listo para construir castillos, Cachorro?

Charlie besó la mano de Babe por encima de la mesa.

—Contigo y con ellas, estoy listo para cualquier cosa.

Tardes de Juego y Descubrimientos

Por la tarde, en el jardín, Malee corría con una pelota mientras Malai gateaba sobre la manta, explorando el mundo con curiosidad.

—Mira, Malai, ¡esto es una flor!— dijo Malee, mostrándole una margarita.

Babe estaba sentado en la manta, sosteniendo a Malai para que no se alejara demasiado.

—Ten cuidado, princesa. No la arranques toda.

Charlie se acercó y se sentó a su lado, rodeando sus hombros con un brazo.

—Se parece a ti.— comentó Babe, mirando a Malee.— Tan curiosa y llena de energía.

Charlie besó su sien.

—Y Malai tiene tu calma. Es increíble ver cómo crecen. Cada día aprenden algo nuevo.

Malee regresó corriendo y se lanzó sobre ellos.

—Papás, ¡vengan a jugar! ¡Soy un dragón y ustedes son los príncipes que tengo que proteger!

Charlie rio y se levantó, tomando a Malee en brazos.

—Entonces vamos, dragón valiente. Protege a tus príncipes.

Babe se unió a ellos con Malai en brazos, y los cuatro jugaron juntos, riendo bajo el sol de la tarde. Malee fingía volar mientras Charlie y Babe la seguían, haciendo sonidos de dragón.

—Esto es lo mejor.— dijo Babe, mirando a Charlie con amor.— Verlos felices.

Charlie lo miró con la misma intensidad.

—Contigo todo es mejor.

Noches de Cuentos y Promesas

Por las noches, el ritual era sagrado. Los cuatro se reunían en la habitación de las niñas para la hora del cuento.

Malee estaba acurrucada entre Charlie y Babe, mientras Malai dormía plácidamente en su cuna.

—…y vivieron felices para siempre.— terminó Babe de leer, cerrando el libro.

Malee bostezó y se abrazó a Charlie.

—Papá grande, ¿tú siempre vas a protegernos como el dragón del cuento?

Charlie la abrazó con ternura.

—Siempre, mi princesa. Papá y yo vamos a protegerlas a ti y a Malai con todo lo que tenemos.

Babe besó la frente de Malee y luego miró a Charlie con los ojos llenos de amor.

—Somos afortunados. Muy afortunados.

Charlie extendió la mano y entrelazó sus dedos con los de Babe por encima de Malee.

—Esto es lo que siempre quise. Una familia que me espera en casa. Te amo, Babe.

—Y yo te amo a ti, mi esposo.— respondió Babe, apretando su mano.

Malee sonrió dormida entre ellos.

—Familia grande…te quiero…

Los cuatro se quedaron en silencio, disfrutando de la calidez del momento. La mansión estaba en paz, y su amor seguía creciendo con cada día que pasaba.

La vida les había dado una segunda oportunidad, y ellos la estaban viviendo con todo el corazón. Juntos, como siempre.

¡FIN!

Dedicado a @berlineda…la tercera parte que me has pedido, mil disculpas por la tardanza, pero no he estado bien….

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Strong Dialog

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ya se te extrañaba hermosa

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plis más

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Gracias por la historia, cuídate 🙏

3 days
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