CAP#1 Cuando te conocí.
El aire frio de la noche Tokiota se colaba por las rendijas del callejón, mordiendo la piel de Akio.
Sus ojos, antes llenos de inocencia que el mundo se encargó de arrebatar, ahora reflejaban la luz de un farol distante, vacíos y endurecidos.
Las sombras danzaban alrededor, compañeras silenciosas de una existencia marcada por el abandono y supervivencia. Sus padres, figuras borrosas de un pasado que prefería no recordar, sé habían desvanecido Enel torbellino de un rio, arrastrando los últimos vestigios de un hogar. La libertad que siguió un acto de desesperado fue una espada de doble filo, lo libero de las cadenas de explotación, pero lo arrojo a la cruel indiferencia de las calles.
A pesar de las penurias, Akio poseía una belleza etérea, una delicadeza que lo distinguía entre la multitud de Omegas que poblaban en la ciudad. Su cabello oscuro caía suavemente sobre sus hombros, enmarcando un rostro de facciones finas y unos labios que a pesar de todo conservaban una curva natural. Esa singularidad, esa luz innegable fue lo que atrajo la mirada de Kael.
Kael se presentó como un refugio, un Alfa con sonrisa cálida y mano que prometían protección.
Akio, hambriento de afecto y seguridad, se aferró a él como un salvavidas.
Los primeros meses fueron un espejismo de felicidad, donde Kael lo colmaba de atenciones, susurrándole de un futuro juntos, un hogar donde la paz sería la única moderadora.
Kael-Eres tan hermoso, Akio- decía mientras acariciaba su mejilla con delicadeza y ternura.
Kael-Nadie te hará daño mientras yo esté aquí…- Akio se acurrucaba en su pecho de Kael, el aroma a Alfa dominante inundando sus sentidos una mezcla de café oscuro haciendo que Akio se sintiera seguro y protegido.
Akio -Gracias Kael, nunca me dejes...-
Pero el velo de la ilusión comenzó a deshilarse. La calidez de Kael se fue enfriando, su presencia se volvió intermitente y sus ojos, antes llenos de Adoración, ahora aportaban frialdad cortante. Las caricias se tornaron golpes, las palabras dulces se tornaron en gritos de insultos.
Kael se olvidaba de la existencia de Akio, lo golpeaba, lo abandonaba, lo violaba….
Akio simplemente se quedaba callado sin poder hacer nada, lloraba contra su almohada reprimiendo su dolor interno y físico. Odiaba ver su cuerpo maltratado, pasaba todo el día en casa siguiendo las ordenes de Kiel sin negarse, por miedo a lo que podría pasar si se negaba.








