La Ruina Del Heredero by Chellmy at Inkitt
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La Ruina Del Heredero

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Summary

"Algunas coronas pesan más cuando se comparten." Crecí creyendo que las cargas debían llevarse en silencio. Que mostrar debilidad era un error y que depender de alguien más solo terminaba en decepción. Pero con el tiempo entendí que incluso las personas más fuertes necesitan un lugar donde descansar. Hay personas que llegan a nuestra vida y, sin darnos cuenta, comienzan a sostener parte de nuestro peso. Nos acompañan en los días difíciles, convierten el dolor en algo más llevadero y hacen que las heridas no se sientan tan profundas. A veces creemos que somos nosotros quienes las protegemos, cuando en realidad son ellas quienes nos mantienen de pie. Sin embargo, compartir el peso de una corona también significa compartir sus consecuencias. Porque cuanto más importante se vuelve alguien para nosotros, más miedo tenemos de perderlo. Y amar a alguien no siempre es sencillo; a veces significa arriesgarlo todo, incluso aquello que juramos proteger. Quizá por eso las coronas pesan más cuando se comparten. Porque el amor puede convertirse en nuestra mayor fortaleza, pero también en nuestra más grande ruina.

Genre
Romance
Author
Chellmy
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

La caída

El sonido de las espadas chocando resonó por todo el patio de entrenamiento.

—Otra vez —ordenó mi padre.

Apreté la mandíbula.

Habíamos estado entrenando durante casi dos horas. El sudor empapaba mi camisa y mis brazos comenzaban a doler, pero el rey Edmund Aster nunca había sido un hombre conocido por su compasión.

—Padre, Darien ya ganó cinco veces seguidas —intervino Clide desde las gradas—. Creo que el capitán de la guardia necesita retirarse con dignidad.

El capitán soltó una carcajada. Mi padre no.

—Cuando seas heredero, Clide, podrás decidir cuándo termina el entrenamiento.

Mi hermano sonrió despreocupadamente.

—Entonces nunca tendré que hacerlo.

Clide siempre había sido así. Ligero. Libre. El segundo hijo nunca carga el peso de una corona. Bajé la espada cuando mi padre finalmente dio por terminado el entrenamiento.

—Esta tarde llegará la delegación de Valdoria —dijo mientras un sirviente le entregaba una toalla—. Quiero que estés presente en la recepción.

Asentí. No tenía elección. Nunca la tenía. Abandoné el patio ignorando la voz de Clide llamándome. Los pasillos del palacio estaban tan silenciosos como siempre. Nobles, guardias y sirvientes inclinaban la cabeza a mi paso. Todos excepto una persona.

—Su Alteza.

Levanté la mirada. Hellie sostenía una bandeja con libros entre sus brazos. Había crecido mucho desde la última vez que intenté convencerme de que seguía siendo aquella niña de seis años que corría por los jardines. Su cabello oscuro estaba recogido de forma sencilla y una pequeña mancha de tinta decoraba una de sus manos.

—Te has saltado el desayuno otra vez —dijo.

Fruncí el ceño.

—¿Me estás regañando?

—Alguien tiene que hacerlo.

Escuché una risa detrás de ella. Kaira apareció por una puerta lateral.

—Te dije que no le importaría —dijo mi hermana, mirando a Hellie.

Ambas habían sido inseparables desde niñas. A veces sospechaba que Kaira pasaba más tiempo con Hellie que conmigo.

—No deberías estar aquí —comenté.

Kaira puso los ojos en blanco.

—Y tú deberías descansar más. Ninguno de los dos hace lo que debe.

Hellie ocultó una sonrisa. Siempre hacía eso. Sonreír. Una acción tan simple no debería haber significado nada. Pero lo hacía. Siempre lo hacía. Mientras las veía alejarse juntas por el corredor, recordé el primer día que la conocí. Tenía ocho años. Y acababa de caer en los jardines del palacio. No sabía entonces que aquella caída arruinaría mi vida.

—Su Alteza.

Abrí los ojos. Había pasado tanto tiempo perdido en mis pensamientos que no me di cuenta de cuándo el sirviente terminó de prepararme para la cena.

—Su familia lo espera en el comedor real.

Asentí sin decir nada. La cena era el único momento del día en el que toda la familia debía reunirse sin excepción. Mi padre insistía en ello. Atravesé los largos pasillos del palacio mientras los sirvientes se apartaban de mi camino. Algunos inclinaban la cabeza. Otros simplemente evitaban mirarme. Cuando llegué al comedor, mi padre y mi madre ya estaban sentados.

—Llegas tarde —comentó el rey Edmund sin levantar la vista de su copa.

—Lo siento, padre.

—Las disculpas no devuelven el tiempo perdido.

Tomé asiento sin responder. Discutir con mi padre nunca servía de nada.

—Hermano.

Levanté la mirada hacia Kaira, sentada frente a mí. Mi hermana sonreía con la misma tranquilidad de siempre.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

—Pareces distraído.

—Darien siempre parece distraído —intervino Clide con una sonrisa divertida.

Entró al comedor segundos después, ocupando su asiento a mi lado.

—Quizá el entrenamiento de hoy finalmente lo dejó sin energías.

—O quizá tú hablas demasiado —respondí.

Clide soltó una carcajada.

—Ah, ahí está mi querido hermano.

Kaira negó con la cabeza.

—Deberían dejar de discutir por una sola cena.

—No discutimos —dijimos Clide y yo al mismo tiempo.

Mi madre sonrió. Mi padre no.

—Mañana llegará la delegación de Valdoria —anunció el rey—. El compromiso entre Darien y la princesa Jade será anunciado oficialmente en unas semanas. Espero que ambos comprendan la importancia de este acuerdo.

Sentí cómo mi cuerpo se tensaba. No era una sorpresa. Desde hacía años sabía que acabaría casándome por razones políticas. Aun así, escuchar las palabras en voz alta me produjo una extraña incomodidad.

—Entiendo, padre.

—Más te vale.

La conversación continuó, pero dejé de escuchar. Mi mirada se desvió hacia las puertas abiertas del comedor. Y allí estaba ella. Hellie. Caminaba junto a otros sirvientes llevando varias jarras de vino. Se movía con rapidez, acostumbrada a pasar desapercibida. Sin embargo, nunca había pasado desapercibida para mí. Nunca. Hellie levantó la vista por un instante. Nuestros ojos se encontraron. Solo fueron unos segundos. Pero fueron suficientes.

—Darien.

Volví la atención hacia la mesa. Mi padre me observaba.

—¿Sí, padre?

—¿Hay algo más interesante que esta conversación?

—No.

Mentí. Porque sí lo había. Siempre lo había. Y desde hacía mucho tiempo, ese algo tenía nombre. Hellie Laurent.

Esa noche no pude dormir. Desde la ventana de mi habitación podía ver parte de los jardines reales iluminados por la luna. Los mismos jardines donde la había conocido años atrás.

Tenía ocho años y había escapado de una aburrida lección de etiqueta. Corría sin mirar hacia dónde iba cuando tropecé con una piedra y caí de bruces sobre el césped. Recuerdo haber escuchado una risa.

Molesto, levanté la cabeza dispuesto a exigir una explicación. Pero las palabras murieron en mi garganta. Una niña de cabello oscuro me observaba a unos metros de distancia. Vestía ropa sencilla y sostenía un libro entre sus manos.

—Los príncipes también se caen —dijo, intentando ocultar una sonrisa.

—No me caí —respondí rápidamente, levantándome.

Ella arqueó una ceja.

—Claro que no.

Aún recuerdo la expresión divertida en su rostro cuando me ofreció la mano para ayudarme a levantarme, a pesar de que yo ya estaba de pie. Nunca había visto a alguien hablarme sin miedo. Sin inclinar la cabeza. Sin tratarme como al heredero.

Solo como Darien. Cerré los ojos. No sabía cuándo había ocurrido. No sabía en qué momento Hellie Laurent dejó de ser aquella niña de los jardines para convertirse en la persona que ocupaba todos mis pensamientos.

Pero sí sabía algo. Estaba condenado. Y todavía no tenía idea de cuánto.

Chapters
1. La caída
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