Capítulo 1:la elección
Hoy podrían destruir mi vida.
Abrí los ojos antes de que sonara la alarma y me quedé mirando el techo de mi habitación. A través de la ventana se colaban los primeros rayos de sol, tiñendo las paredes de un tono dorado que normalmente me habría parecido bonito.
Hoy no.
Hoy era el día de la Ascensión. Y toda la ciudad estaba celebrándolo.
Me incorporé lentamente y escuché el ruido habitual de la casa. Mi madre ya estaba en la cocina. Mi padre seguramente habría salido a trabajar. Todo parecía normal.
Pero no lo era.
Cada cinco años, el Gobierno elegía a veinticuatro jóvenes para convertirse en los llamados Protectores de la Ciudad.
Decían que era un honor.
Decían que era una oportunidad.
Decían muchas cosas.
Lo único que sabía con certeza era que ninguno de ellos había regresado jamás.
—¿Lyra?
La voz de mi hermano pequeño me sacó de mis pensamientos.
Zain apareció en la puerta con el pelo despeinado y la camiseta al revés.
—Mamá dice que te des prisa.
—Dile a mamá que ya voy.
—¿Estás nerviosa?
Intenté sonreír.
—No.
—Mientes fatal.
—Gracias por el apoyo moral.
Zain sonrió orgulloso.
—Para eso están los hermanos pequeños.
Le revolví el pelo antes de salir de la habitación.
Mientras desayunábamos, nadie mencionó la Ascensión.
Era como si al ignorarla pudiéramos hacer que desapareciera.
No funcionó.
Porque en cuanto llegué al colegio vi las enormes pantallas instaladas en las calles.
Recordatorios constantes de lo que iba a pasar.
La selección tendría lugar al mediodía.
Y toda la ciudad estaría mirando.
Intenté concentrarme en las clases.
No lo conseguí.
Nadie lo consiguió.
Los profesores fingían que era un día normal.
Los alumnos fingíamos escuchar.
Pero todos estábamos pendientes del reloj.
A medida que avanzaba la mañana, el ambiente se volvía más tenso.
Más pesado.
Más difícil de soportar.
Cuando sonó la alarma general, un silencio recorrió el edificio.
Había llegado la hora.
Los profesores nos guiaron fuera de las aulas y nos llevaron hasta la plaza principal de la Zona Siete.
Miles de personas llenaban el lugar.
Familias.
Estudiantes.
Trabajadores.
Todos mirando las enormes pantallas instaladas alrededor de la plaza.
Busqué un sitio entre la multitud.
Y entonces lo vi.
Rowan.
Estaba apoyado contra una barandilla, varios metros más adelante.
Hacía meses que no lo veía.
Desde que terminó sus estudios.
Aun así, me reconoció enseguida.
Cuando nuestras miradas se encontraron levantó una mano.
Yo hice lo mismo.
No parecía nervioso.
No parecía preocupado.
Como si nada malo pudiera pasar.
Tuve la absurda necesidad de acercarme.
De quedarme a su lado.
Pero antes de que pudiera moverme, las pantallas se encendieron.
Toda la plaza quedó en silencio.
El Director Orion Voss apareció en la imagen.
Su rostro arrugado ocupó cada pantalla de la ciudad.
—Ciudadanos.
Comenzó a hablar sobre el honor.
Sobre el deber.
Sobre el futuro.
Dejé de escuchar después de los primeros segundos.
Siempre decía lo mismo.
Mi atención estaba centrada en otra cosa.
Mis uñas.
Las estaba mordiendo otra vez.
Mala señal.
Muy mala señal.
Finalmente llegó el momento.
La selección.
Sentí que mi corazón empezaba a latir con fuerza.
Primero anunciaron al elegido masculino de la Zona Siete.
—Rowan Dray.
Durante un segundo pensé que había escuchado mal.
La multitud comenzó a aplaudir.
Rowan no.
Simplemente se quedó inmóvil.
Con la mirada fija en la pantalla.
Mi estómago se hundió.
Conocía a Rowan desde que éramos pequeños.
Nuestras familias habían crecido juntas.
Sabía lo que aquella elección significaba.
Sabía que probablemente no volvería.
Entonces el Director continuó.
—Elegida femenina de la Zona Siete...
De repente fui incapaz de respirar.
—Lyra Vale.
El mundo desapareció.
Los aplausos.
Las pantallas.
La multitud.
Todo.
Escuché mi nombre una segunda vez.
Luego una tercera.
Alguien me empujó suavemente hacia delante.
Mis piernas comenzaron a moverse solas.
No recuerdo haber tomado la decisión.
Solo recuerdo caminar.
Y comprender, por primera vez, que mi vida acababa de cambiar para siempre.
Porque acababan de elegirme.
Y en ciento cincuenta años...
Ningún elegido había regresado jamás.








