Capítulo 1 "Frío"
Una ventisca azotaba el frio bosque, lo suficientemente fuerte para enterrar el camino de los pobres bastardos que quisieran aventurarse en esa arbolada.
El aire frio soplaba y soplaba, como un canto funebre.
Entre la gelida neblina resonaron unas fuertes pisadas, un guerrero con una botas de cuero con pequeños adornos de metal, y espinilleras de hierro, hacian aquel sonido.
Un pequeño golpe acompañaba la caminata, esto provocado por una sucia hacha que colgaba de un cinturón del pantalón café oscuro
La tempestad del invierno era ligeramente contrarrestado por una gruesa tunica corta que le cubria desde la cabeza hasta las caderas, además le ayudaba a aguardar pergaminos.
Aquel guerrero seguía marchando, parecia haber hecho un recorrido largo, ya que sus brazos daban pequeños temblores, o tal vez el frío ya lo estaba consumiendo.
Entre los arboles de hojas blancas, se logró ver a duras penas un templo alto, con una pequeña capa de nieve encima de sus pilares y paredes de piedra oscura.
El humano miró esto, bajo la capucha de la tunica se formó una mirada fria, sus labios quebrados exhalaron cansancio, el sabia lo que se avecinaba.
Las grandes puertas de madera maciza y podridas por el tiempo se abrieron crujiendo como si fuera un atroz grito, amplificado por el eco y la ventisca que llegaba a entrar al templo, entre sus piedras tenia muchos simbolos sagrados, similares a los que portaba el guerrero en su tunica
—Luz de dia, guía mi camino en la noche, toma mi mano en el mal— se oían susurros, provenientes de la mesa ceremonial, una encapuchada dando la espalda a la recién abierta puerta.
El ambiente era frio, oscuro, muy oscuro, pocas velas iluminaban a la mujer y apenas la luz pasaba por los ventanales manchados de una sustancia seca y oscura.
De las paredes colgaban estandartes rotos y manchados de un color oxido, los bancos de madera estaban rotos con cadaveres clavados entre los restos, cadaveres frescos.
—Porfavor gran señor que a nosotros haz abandonado, te ruego que contengas a esta pesadilla—
Las plegarias no escuchadas seguian de la mujer, lo que provocó que el guerrero se acercara lentamente, acercando su mano derecha a su hacha y con la izquierda abriendo una bolsa de su cinturón, buscando algo.
—Soliria, ¿Que ha pasado aquí?— Preguntó el guerrero, quien se detuvo a unos metros de la mujer
—Vete, Ve-te ahora, aquí no hay dios que toque el templo, a-quí ya no hay na-da— Las palabras salían con una arcadas de la mujer, no podia hablar con tanta claridad como con sus rezos —Es-toy condenada—.
La mujer seguia hablando entrecortada por los sonidos de ahogamiento.
El guerrero sacó su hacha y su mano izquierda sostenia algo de su bolsa, listo para lo que pasara, pero la mujer soltó un llanto antes de que debajo de su tunica empezaron a salir manos grises, que poco a poco mostraban el brazo, unos brazos delgados, pelados y azule, con bellos gruesos.
El llanto se transformó en gritos, los brazos se extendieron al maximo, y cuatro de ellos levantaron a la mujer del suelo como si fueran piernas, el resto intentaban agarrar al guerrero sin ningún exito debido a la gran distancia.
La mano del guerrero temblaba ligeramente, eso era diferente a lo que se ha enfrentado, no era grande ni corpulenta, pero era extraño, habia escuchado de las bestias, deformidades, pero verlo, olerlo, escucharlo, le daba asco.
La silueta de la mujer se dió la vuelta, de su tunica negra colgaban craneos y su capucha ocultaba su rostro, ya no gritaba, ya no lloraba, solo respiraba con pesadez.
El monstruo corrió contra el guerrero, sus cuatro manos chocaban contra el frio suelo. El guerrero tardó unos segundos en reaccionar, para rapidamente desenrollar el pergamino, del papel salió un rayo de sol, un rayo que apenas iluminó a la bestia, mostrando su rostro, totalmente transformado a una boca, con los dientes totalmente expuestos desde las rojas encías.
La luz no la hizo retroceder haciendo que las manos jalaran al guerrero de su tunica corta, contra la larga túnica de la bestia, varias manos intentaban rasgar la ropa, la piel de la cara y algunos dedos intentaban abrir la boca del guerrero.
El tuvo que soportar el dolor y no abrirla, pero sus labios eran jalados con fuerza, en desespero usó su hacha cortando algunas manos hasta poder soltarse a duras penas, cayendo al suelo y alejandose de la cristura que chillaba y sangraba de sus brazos cortados.
—Debo alejarme rapido de aquí, salir al sol— pensó el guerrero, así empezando a correr para salir al exterior mientras guardaba el pergamino y buscaba otro. La bestia viendo eso con furia, gritó con colera. Esos gritos llegaron a helar la sangre del guerrero quien salió del templo y se dió la vuelta rapido, la bestia corrió con mas furia, sus manos golpeaban con odio el suelo hasta sacarse sangre.
El guerrero sacó el nuevo pergamino y de este salió un polvo amarillo brilloso, particulas brillantes salieron del pergamino y ayudadas con el viento de la ventisca se pregnaron velozmente en la tunica de la bestia no provocando nada, pero las particulas que llegaron a las manos y rostro parecia quemar la piel, la bestia soltó otro chillido mientras usaba sus manos para quitarse el polvo brilloso de su cara.
El guerrero aprovechó esto para correr contra la bestia que estaba con sus manos en la cara rasgando, la deformidad apenas logro quitarse el polvo un hachazo entró de lleno en la barbilla, el monstruo sangró y chilló pero golpeó al guerrero con sus manos tirandolo a pocos metros.
La deformidad solo se tambaleó mientras chillaba de dolor, intentando sacarse el hacha pero poco a poco sus fuerzas acababan mientras el polvo de sus brazos aun quemaban su carne, ella cayó al suelo inerte.
Él estaba agitado y con su corazón palpitando a un ritmo anormal, pero al ver a la cristira callendo en la fria nieve poco a poco su respiración volvió a la normalidad, la adrenalina cayó empezando a sentir el dolor del combate, caminó adolorido a recorger su hacha mientras guardaba el pergamino.
El victorioso miró el cadáver y con asco agarró y el acha, miró como del la cabeza salia un polvo amarillo palido, el lo miró y comenzó a golpear a la inerte criatura, abriendo así su craneo y ahí estaba una piedra
—Esto me servirá... tu alma será respetada Solira— el guerrero se incó y rezó unas plegarias, mientras el cuerpo empezaba a descomponerse frente a él, hasta quedar no mas que el cuerpo de una mujer sin carne, su piel azúl oscuro pegada a los huesos.
Él miró esto y cubrió el cuerpo con la nieve, el viento seguia soplando con fuerza. Él miró la entrada del lugar profano y volvió a entrar aquel templo nuevamente mientras la ventisca cubrian los restos de la mujer.
Dentro caminó lentamente, su mano se posana en su costado, donde habia sido golpeado, caminaba adolorido y lento, pero al llegar al altar miró las velas, y unas monedas que agarró, despues su mirada se posó en el sagrario, se acercó para intentar abrirlo pero estaba cerrado, por lo que agarró nuevamente el hacha y golpeó el sagrario de metal con adornos dorados hasta romperlo, al abrir la puertita sacó un pergamino con una cuerda dorada atada alrededor.
El guerrero agarró y guardó el prgamino y se llevó un emblema dorado, con el mismo simbolo que portaba en su tunica corta.
El joven caminó saliendo del templo, alejandose de aquel podrido lugar.








