Prólogo
Las despedidas nunca fueron lo mío.
Siempre imaginé que, cuando llegara el momento de decir adiós a la preparatoria, estaría rodeado de risas, fotografías borrosas y promesas que probablemente nadie cumpliría.
Nunca pensé que mi despedida sería diferente.
Que ocurriría en silencio.
Sin abrazos.
Sin una última conversación.
Sin él.
A veces me pregunto en qué momento dejamos de ser Ethan y Max.
En qué momento pasamos de compartir el mismo pupitre todos los días, de caminar juntos al salir de clases y de encontrar siempre un tema del cual hablar...
A convertirnos en dos completos desconocidos.
Dicen que el primer amor nunca se olvida.
Yo creo que lo peor no es recordarlo.
Lo peor es recordar a la persona que eras cuando todavía creías que todo iba a salir bien.
Aquella tarde entendí que querer a alguien no siempre era suficiente.
Que hay personas que llegan para cambiarte la vida...
Y otras que, sin darse cuenta, te enseñan cómo se siente perder un hogar.
Lo más triste no fue perder a la persona que amaba.
Fue perder a la única persona con la que alguna vez me sentí completamente yo.
No lloré cuando me fui.
Ni cuando dejé atrás esa escuela.
Ni siquiera cuando el autobús comenzó a alejarse.
Lloré semanas después.
Cuando escuché una canción.
Y recordé que todo había empezado por un simple audífono.
Si hubiera sabido que aquella sería la última vez que lo vería...
Creo que me habría quedado cinco minutos más.
Solo cinco.








