Mis Fantasías
Mis fantasías con él
Para todos los que alguna vez se enamoraron de la persona equivocada...
Y para quienes descubrieron que algunas fantasías pueden quedarse en la mente... mientras otras son capaces de cambiar una vida.
Con cariño,
Elha
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Capítulo 1
Mi nombre es Elha. Tengo 23 años y trabajo como asistente administrativa en una importante empresa tecnológica. Mi rutina consiste en responder correos, organizar reuniones, preparar informes y asegurarme de que todo funcione a la perfección.
Es un trabajo que exige concentración.
Y casi siempre la tengo.
Casi.
Porque existe una persona capaz de hacer que mi mente deje de funcionar como debería.
Él.
Mi jefe.
Bueno... el director general de la empresa.
Tiene 33 años. Es un hombre serio, reservado, inteligente y demasiado observador. Siempre mantiene la calma, incluso cuando toda la oficina parece un caos. Habla poco, pero cuando lo hace, todos guardan silencio para escucharlo.
Es alto, delgado, de cabello negro, piel clara y una nariz respingada que una de mis compañeras bautizó, en secreto, como "el Pinocho sexy". Ninguna se atrevería a decírselo en la cara, por supuesto.
Lo que más me atrae de él no es su físico.
Es la seguridad con la que toma decisiones, la confianza que transmite y esa forma de resolver cualquier problema como si nada pudiera sorprenderlo.
Pero hay un enorme inconveniente.
Está casado.
Y, aun así, no puedo evitar pensar en él más de lo que debería.
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El martes salimos un poco más tarde de la oficina.
Como ambos vivimos cerca, aproveché un momento para preguntarle:
—¿Hoy se irá temprano?
Levantó la vista de su computadora.
—¿Por qué?
Antes de que pudiera responder, una de mis compañeras intervino con una sonrisa traviesa.
—Porque puede darle un aventón. No queremos que Elha se vaya sola.
Sentí que mis mejillas ardían de vergüenza.
Él no respondió.
Solo volvió la vista a su computadora, como si nada hubiera pasado.
Pensé que el asunto había quedado ahí.
Sin embargo, cuando terminó la jornada, lo vi salir al mismo tiempo que yo.
Se acercó unos pasos, me miró fijamente y dijo:
—Ven.
Una sola palabra bastó para acelerar mi corazón.
Lo seguí hasta el estacionamiento y subí a su automóvil.
El silencio era cómodo, aunque mis nervios no dejaban de crecer.
Después de unos minutos me preguntó:
—¿Sales con alguno de los chicos de la oficina?
Lo miré, sorprendida.
—No. Sé que Yisu siente algo por mí. Él mismo me lo ha demostrado, pero yo no siento lo mismo.
Él asintió sin decir nada.
Seguimos conversando de distintos temas.
En algún momento le dije que me parecía un hombre muy inteligente.
Se echó a reír.
—No exageres.
Su risa me tomó por sorpresa. Era la primera vez que lo veía sonreír de esa manera.
De pronto, mi celular resbaló de mis manos y cayó al piso del coche.
Los dos nos inclinamos para recogerlo al mismo tiempo.
Nuestras manos se rozaron.
Fue apenas un segundo.
Pero mi corazón comenzó a latir con tanta fuerza que estaba segura de que podía escucharlo.
Por un instante imaginé que aquel momento significaba algo más.
Que el tiempo se detenía.
Que nuestros ojos decían lo que ninguno de los dos se atrevía a pronunciar.
Pero la realidad apareció tan rápido como ese pensamiento.
Él estaba casado.
Y yo no podía olvidarlo.
Cuando llegamos a mi casa, estacionó el coche frente a la entrada.
—Que descanses.
Sonreí.
—Gracias por traerme. Que tengas una buena noche.
Bajé del automóvil.
Esperé a que su coche desapareciera al final de la calle antes de entrar.
Al cerrar la puerta de mi casa apoyé la espalda sobre ella y sonreí sin darme cuenta.
Quizá algunas historias solo pueden existir en la imaginación.
O quizá...
Las mejores historias apenas están por comenzar.
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Gracias por darle una oportunidad a mi historia.
Es la primera vez que comparto algo que escribo y significa mucho para mí.
Si llegaron hasta aquí, gracias de corazón.
Sus comentarios, consejos y opiniones serán siempre bienvenidos.
¡Nos leemos en el próximo capítulo! 🤍








