Prohibido Morirse by Damaris Caelum at Inkitt
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Prohibido morirse

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Summary

La guerra en caso de ser evitada debe considerarse, no obstante sino se puede evitar y debe ocurrir se es necesario estar preparado para enfrentarla y ganarla Una médica que trata de salvar vidas y un estratega militar que también lucha por mantener con vida a la misma médica que insiste en desafiar toda norma de seguridad conocida. Entre enfrentamientos militares, secretos, pérdidas, viajes imposibles y discusiones que ya son consideradas un deporte oficial del campamento, ambos descubrirán que la línea entre la lógica y el caos es mucho más delgada de lo que imaginaban. Porque en este campamento existe una única regla absoluta: Prohibido morirse.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Una declaración de odio

La guerra se había llevado muchas cosas

Amigos.

Hermanos.

Padres.

Cónyuges.

Dejaba detrás de si una estela de cadáveres.

De escombros de naves flotando por el espacio.

Y cualquier con conocimiento del área de salud metía las manos para salvar a cuantos sea posible.

Y cualquiera con un conocimiento seguro y firme de la estrategia ponía sus manos en la mesa que dirigía la guerra.

—¿Doctora Adeline?—la voz vino detrás de mi.

Una voz profunda que conocía demasiado bien, una que me generaba cierta aversión.

Porque sus conocimiento, sus palabras guiaron a miles a una muerte segura.

«No es su culpa, él no podría haber sabido que acabaría así».

La voz de mi conciencia imploro piedad contra ese sentimiento de odio que escalaba dentro de mi pecho.

Mire mis manos, llenas de sangre del paciente que habia intentando salvar.

Un soldado, un niño.

No menor que mi hermano menor.

El pecho se me apretujo dolorosamente, deseaba que esta guerra absurda acabara de una vez.

Ya no tenia lágrimas para derramar por nadie, ni por mi misma.

—Estratega Sovak—antes él había sido un embajador.

Alguien importante.

Ahora era llamado entre los demás "el gran sabio"

Era admirado, ayer gano un gran terreno contra la otra facción.

Comparado con hoy esto era apenas una baja.

Y mi compañero de dormitorio también.

Desde hace dos semanas me negué a verlo a la cara, a mirarlo a los ojos.

Quizás no era su culpa, pero si su decisión y yo tenia que remendar a quienes tenían la suerte de volver del campo de batalla.

¿Si se moría, me dolería?

Nah ni un poco.

—¿En qué puedo ayudarlo? —el tono que emplee fue desprovisto de emoción, frio, cortante, casi imitando al suyo, que con el pasar de los días adquiría matices mas emocionales al dirigirse a mi.

No me moleste en limpiarme la sangre de las manos.

—Si no tiene nada que decir, váyase. Tengo vidas que salvar

—Ha estado aquí, durante mas de setenta horas. No es recomendable...

—Si tiene problemas para dormir con gusto le inyecto un somnífero de su clase—lo interrumpí pasando por su lado a la camilla siguiente, donde un andoriano se retorcía del dolor—, así que déjeme en paz.

Lo ignore.

Tenia heridas que cerrar.

Vidas que mantener a flote.

Y traumas que iba a ignorar.

Y un vulcano que odiaba. Y que por obvias razones no iba a matar.

Por ahora.

Sus pasos tardaron en irse, pero se fue. Lo malo es que volvería en un par de horas.

Siempre volvía.

Y posiblemente me llevaría cargando.

—¿Ya estas en tu limite?—preguntó mi amigo frente a mi, con un cambio de ropa bajo el brazo y una ración de comida en la mano.

¿Cuándo fue la última vez qué comí?

Había cerrado las heridas.

Saturado.

Y a falta de implementos quirúrgicos tuve que volver a las antiguas prácticas, y suturar con hilo y aguja.

A este punto la mayoría de los que entraban al ala medica sabían a lo que se enfrentaban, pero que haría todo lo que estuviera en mis manos para salvar sus vidas.

Aunque la mayoría de las veces usaba alcohol y la mayoría se desmayaba.

Mire a mi amigo, un humano quien antes era un mercenario.

—¿Necesitas sutura? —pregunté sin intención de levantarme, estaba sentada en el suelo, mi uniforme cubierto de sangre seca de diferentes colores.

—¿Qué haces durmiendo aquí?—se sentó en el piso terroso al igual que yo.

Apoye mi cabeza en su hombro.

—Asumo que don estrategias ya pasó por aquí— comenta con la mirada perdida al frente.

—Es la quinta vez

Del día.

Del mes.

Del año.

—Mejor vámonos antes de que vuelva—su nombre era Derek y era mi mejor amigo o lo mas cercano a uno.

No me hacia ilusiones, podría bien no regresar.

Pero estaba igual de loco que yo, sino tuviera que salvar vidas.

Me dolía todo el cuerpo pero ya no usaba analgésicos, de tanto ingerir analgésicos mi cuerpo ya había desarrollado resistencia.

Había una pequeña cascada donde el agua era tibia y cálida para bañarse.

—Anda. Y no te ahogues—me empuja Derek al filo.

—Fui solo una vez, ya supéralo —contradije y escuche su risa

—Estaré cerca por si me necesitas—dice y escucho sus pasos alejarse.

Al estar en guerra, significaba que nadie andaba solo, íbamos de a dos o en grupos, excepto yo. Que tenia fama de matar enemigos cuando andaba sola.

Me metí directamente en el agua sin quitarme la ropa, total tenia que lavar mi uniforme de nuevo. El agua se mancho de sangre.

Estaba demasiado agotada como para pelear y discutir.

Una vez limpia, el uniforme limpio que goteaba en mi brazo, salí del agua.

Derek había colocado el cambio de ropa al alcance de mi mano.

Seguramente era el uniforme que olvide en su dormitorio.

Estaba planeando realmente ahogarme en el fondo de esta cascada.

Eso hasta que escuchamos un ruido.

Me coloque la camisa lo mas rápido posible.

Compartí una mirada con Derek, ambos sacamos nuestros fáser y nos movimos hacia el sonido solo para encontrar a dos personas, una mujer con uniforme de enfermera y un vulcano.

Visiblemente desorientados.

—¿Quienes son ustedes?—ordeno saber Derek. Ambos llegados se levantaron de inmediato

—Nosotros no somos una amenaza

—Eso lo voy a decidir yo—rugió Derek

—Baja eso, matón del barrio bajo—le puse la mano encima a Derek para que bajara el faser —No son de aquí ¿cierto?

—Eso no es...

—Le preguntaba al vulcano, corazón —interrumpí, mirando fijamente al vulcano —Tú nombre y el de tus padres. Por favor

El vulcano dudo en hablar, tardo demasiado tiempo para alguien de su especie, achique los ojos y me puse una mano en la cadera.

Me estaba mareando.

—Spock. Amanda Greyson y Sarek

—¿Quién?—Derek susurro en mi oído. Lo empuje lejos de mi espacio personal y use lenguaje de señas.

«Historia ¿te acuerdas?».

Derek mueve las manos, negando con la cabeza.

«No, ¿quienes son?».

Gire los ojos y moví las manos

«No son de aquí. Pasado. Viajeros. Sarek y Amanda grandes figuras del pasado».

—Gracias— exprese acompañado de un leve asentimiento.

—No parece sorprendida.

—¿Debería?—alce una ceja y me cruce de brazos.

—La mayoría de las personas no solicita la identificación genealógica de un desconocido en medio de una zona de guerra.

—La mayoría de las personas tampoco aparecen de la nada.

Derek se puso una mano en la boca sorprendido.

—¡¿Es en serió?!—Derek bajo la mano. Me tape los oídos, hasta que mi amigo me sacudió.

—Si idiota. Suéltame—lo volví a empujar—Ustedes dos vengan aca, no es seguro aquí

—¿Qué ocurre? —preguntó la enfermera.

—Nada

—Claramente ocurre algo.

—Solo confirmé una teoría.

—¿Qué teoría?

—Que ustedes no son de aquí.

La enfermera intercambió una mirada rápida con Spock.

—¿Y eso no le preocupa?

—Me preocupa todo.

—Eso no respondió mi pregunta.

—Correcto.

—¿Cómo se llama usted?—pregunto la mujer.

—Adeline y este de acá es Derek—presente—Por sino se dieron cuenta estamos en guerra así que síganme, no tengo ganas de volver a manchar mis manos de sangre. O de encontrarme con "alguien" y dar explicaciones

Seguimos el camino de vuelta al campamento, el silencio era lo mas extraño a estas horas donde se habilitada una especie de paz para curar a los heridos.

La guerra me había dotado de una rapidez para cercenar, suturar, vendar, curar. Todo con una rapidez envidiable.

Los conduje al dormitorio de Derek donde nos acomodamos todos en ese espacio pequeño.

—¿Contra quién están en guerra?—preguntó la enfermera. Me acomode en la cama de mi mejor amigo.

—Perdona, ¿cuál es tu nombre? —preguntó Derek mientras cerraba la puerta.

—Christine Chapel —respondió ella. Chasquee los dedos, Derek asiente.

—Por algo eras la mejor en clases de historia, Addie —Derek comenta sentándose, me apunta con un dedo —,Tomen asiento, a ella le molesta ver a la gente de pie.

—No me molesta—refuto, acomodándome en la cama—Me incomoda, son dos cosas diferentes

—Si, si. Ustedes ¿cómo llegaron aquí? —preguntó Derek.

Apoyando los codos en las rodillas con total comodidad, sin embargo estaba calculando.

Para este punto los ojos se me cerraban del puro cansancio, no voy a darle jamás la razón a Sovak.

—¿Se encuentra bien?—escucho la voz del vulcano. Spock

—Si, solo no ha dormido hace setenta y dos horas —comenta Derek quitándole importancia, muevo las manos ya con los ojos cerrados

—¿Setenta y dos? —repitió Christine Chapel, incorporándose un poco—. ¿Setenta y dos horas seguidas?

—Setenta y tres, técnicamente —corregí con los ojos cerrados. Tapándome con la manta.

—Eso no es algo para presumir.

—No lo estoy presumiendo.

—Su frecuencia de parpadeo es irregular —añadió Spock observándome con demasiada atención—. Además, presenta temblores finos en los dedos y una disminución evidente en el tiempo de respuesta verbal.

—Mire eso —murmuró Derek señalándolo—. Acaban de conocerla y ya están diagnosticándola.

—Soy enfermera —replicó Chapel.

—Y yo soy médico —contesté con ese orgullo adquirido en mi campo.

—Precisamente por eso debería saber que esto es una pésima idea

Cerré los ojos.

—Lo sé.

—¿Entonces por qué sigue despierta?

Abrí un ojo.

—Porque los heridos tienen la mala costumbre de seguir llegando.

Chapel frunció el ceño.

—Eso no significa que tenga que matarse trabajando.

—Créame, enfermera, si encontrara una manera más eficiente de hacer mi trabajo, ya la habría usado.

—Doctora Adeline —intervino Spock—. La privación prolongada de sueño afecta el juicio, la coordinación motora y la capacidad de toma de decisiones.

—¿Ve? —dijo Derek levantando las manos—. Hasta el vulcano está de acuerdo con Sovak.

Abrí ambos ojos.

—No vuelvas a decir eso.

Moví las manos en un lenguaje de señas para Derek.

«Sé amable, y no los mates, ni los lastimes».

Si Derek vio o me respondió no sé. Perdí la conciencia.



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1. Una declaración de odio
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