Prólogo
El bullicio de la gente bailando y bebiendo era ensordecedor, prácticamente todo el vecindario había acudido al cumpleaños de Benny. Toda esa alegría y ese ambiente se lo debíamos a nuestro padre, quien, en contra de la voluntad de nuestra madre y consciente de sus quejas, había decidido organizar una gran fiesta divertida y animada para todo el mundo, lo que tenía a nuestra madre echando humo, pero eso a nosotros no podría importarnos menos.
La fiesta estaba en su apogeo; el ambiente era divertido y hasta Ethan, mi novio, se había animado a bailar conmigo —algo que rara vez hacía—. Todo iba bien hasta que se oyó el estruendo de algo romperse, todo el mundo se giró a ver a mi padre, quien estaba de pie junto a la barra de la cocina y un vaso yacía roto junto a sus pies. Al segundo siguiente, mi padre cayó al suelo, todo pasó muy rápido: la música se detuvo y todo el mundo lo rodeó, oí que alguien —el señor Collins, supongo— gritaba algo como «¡Que alguien llame una ambulancia!» me acerqué con mis pies temblando y vi que mi padre me miraba directamente a los ojos, ya no parecía la persona feliz y sonriente que había estado animando la fiesta infantil apenas unos minutos antes, ahora su rostro se veía pálido, casi blanco, las manos le temblaban y su semblante mostraba una expresión de dolor, como si lo estuvieran asfixiando.
Las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas cuando mi padre se llevó una mano al pecho mientras luchaba por respirar y finas líneas de lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
—Pa… Papá —apenas fui capaz de pronunciar palabra.
Todo a mi alrededor parecía una maldita película de terror, gente corriendo por todas partes, mi hermano llorando, mis amigos y vecinos histéricos... Busqué a mi madre entre la multitud, pero había desaparecido. Mis piernas se quedaron ancladas al piso, no podía moverme, hasta que oí el sonido insistente de la ambulancia. Vi cómo llevaban a mi padre en una camilla, y ahí fue cuando comprendí que no se trataba de una broma de mal gusto, que aquello era real, estaba pasando de verdad.
Esa fue la última vez que vi a mi padre.








