Preludio
En la penumbra de la noche, la luz de la luna acaricia fríamente con su enorme resplandor, excepto en un lugar cuyo nombre no logro recordar; un sitio donde las noches son grises y están llenas de una lluvia abundante que limpia y oculta todo a su paso.
Aquí, el crimen es el pan de cada día; no hay momento en que alguien se sienta realmente a salvo. La ley ha caído y las personas justas se han corrompido entre ambiciones y sueños que nunca llegarán a nada.
Aquellos que vivieron la tragedia han sido silenciados con el único fin de demostrar que nadie ha sido consciente todo este tiempo; ignorantes de su propio inicio y conscientes de su propio fin.
Al final, son todos peones del nuevo paraíso que se les ha entregado: un Edén perfecto para los injustos, que satisface sus bajos instintos con aquello que más anhelaban. Son libres de hacer lo que quieran.
Este es el libre albedrío que deseaban tanto. ¿Qué más da si uno o dos llegan a morir? No se sientan culpables de seguir sus instintos.
Crivillé es el mejor lugar para vivir, mientras no hagan preguntas y no busquen respuestas. Nadie sabe de nosotros; a nadie le importa en realidad.
Viviremos encerrados, seremos comprensivos y disfrutaremos de la incomunicación total del exterior, siendo esta nuestra nueva biblia ante los ojos de nuestro salvador y ante los pies de quien nos salvó.
Bienvenido a la ciudad.
Bienvenido a la familia.
Bienvenido a Crivillé.








