En vivo Día de la votación
El patio central de la universidad era un hervidero de ruido, risas y murmullos cotidianos.
Durante el receso, los pasillos de bloques grises y arquitectura fría se llenaban de estudiantes que intentaban olvidar por unos minutos el peso de los exámenes, las notas y el estrés de las clases.
Algunos repasaban apuntes en los bancos, otros hablaban del fin de semana, y el eco de los pasos resonaba contra las paredes del campus. Nada rompía la rutina. Todo parecía normal.
Hasta que el aire se congeló.
No hubo una alarma de incendios, ni un grito inicial. Fue algo mucho más sutil, pero infinitamente más perturbador.
Bzzz.
Bzzz.
Bzzz.
Al principio, fue el sonido aislado de un par de teléfonos. Pero en cuestión de tres segundos, el zumbido se multiplicó de forma exponencial.
Cientos de pantallas se encendieron al mismo tiempo en manos de los estudiantes.
El sonido unísono de mil notificaciones idénticas interrumpió las conversaciones, apagando las risas como si alguien hubiera presionado el botón de silencio en todo el campus.
Los estudiantes se miraron entre sí, desconcertados.
En cada una de las pantallas parpadeaba el mismo mensaje proveniente de un remitente desconocido.
No tenía nombre, solo un enlace URL en letras rojas que destacaba sobre el fondo negro:
[MIRA CÓMO CAEN TUS ÍDOLOS. EN VIVO AQUÍ]
La curiosidad, ese impulso humano tan difícil de controlar, guio los dedos de la mayoría. Al tocar el enlace, las pantallas se tiñeron por completo de negro durante dos eternos segundos.
Entonces, comenzó la transmisión.
El video no tenía buena iluminación; parecía transmitirse desde una habitación subterránea o un sótano abandonado, donde las paredes de concreto humedecido devolvían un eco tétrico.
En el centro del encuadre, iluminado por una bombilla parpadeante que colgaba del techo, se encontraba una silla de madera.
Varios estudiantes ahogaron un grito. Otros se taparon la boca con horror.
Atado firmemente a la silla con cuerdas gruesas que le cortaban la circulación de las muñecas, estaba el subdirector de la universidad...
El hombre, que siempre caminaba con aire de superioridad y trajes impecables por los pasillos, ahora vestía una camisa blanca desgarrada y manchada de sudor.
En su frente, una línea de sangre fresca bajaba lentamente, cruzando su ceja hasta gotear en el suelo. Tiembla. Sus ojos, desorbitados por el pánico, miraban fijamente a la cámara con una mezcla de terror absoluto e impotencia absoluta.
Antes de que alguien pudiera procesar la escena, unos pasos lentos y rítmicos resonaron en el audio del directo.
De entre las sombras del fondo, emergió una silueta femenina vestida con un largo abrigo de tonalidades grisáceas que arrastraba sutilmente por el suelo.
Su rostro estaba cubierto por una máscara veneciada blanca, pulcra y rígida, que tapaba por completo la mitad superior de su cara, ocultando sus ojos de la mirada del mundo.
Sin embargo, la mitad inferior de la máscara dejaba al descubierto su nariz y sus labios.
La mujer se acercó a la cámara. Se detuvo a pocos centímetros del lente y, lentamente, dibujó una sonrisa amplia, fría y carente de cualquier pizca de piedad. Una sonrisa que erizó la piel de todos los que miraban las pantallas en el patio de la universidad.
-Buenas tardes, queridos espectadores -su voz sonó distorsionada por un modulador, volviéndose profunda, casi irreal-. Veo que ya somos muchos en el directo. Déjenme presentarme, soy la Dama Gris.
Con una sonrisa giro sobre sus talones y caminó hacia el subdirector, quien soltó un quejido ahogado detrás de la mordaza que cubría su boca.
Ella sacó un teléfono de su bolsillo, revisando la transmisión en tiempo real mientras se apoyaba levemente con su mano enguantada en el hombro del hombre.
-Miren esto... -comentó con tono divertido, señalando la pantalla-. Una chica llamada Elena acaba de dejar un comentario en el chat: "¿Por qué está así el subdirector?". Qué excelente pregunta, Elena. Vamos a responderla.
Con una parsimonia aterradora, la mujer sacó una carpeta negra de debajo de su abrigo. Al abrirla, extrajo un fajo de hojas impresas y varias fotografías de alta resolución.
-Este hombre que ven aquí, a quien respetan y temen por su autoridad, no es más que un parásito -sentenció la Dama Gris, ensanchando su sonrisa-. Aquí tengo los registros bancarios de los últimos tres años. Sobornos masivos de empresas privadas para desviar fondos de las becas estudiantiles.
Le dio un bofetón al subdirector en la cara usando las hojas de los registros financieros, haciéndolas crujir contra su piel ensangrentada. Los papeles cayeron al suelo.
-Pero eso no es lo peor, ¿verdad, director? -continuó ella, su tono volviéndose gélido-. Aquí están las capturas de pantalla, los correos electrónicos y las fotografías que demuestran los repetidos abusos de poder y acoso hacia las estudiantes de esta misma facultad. Chicas a las que amenazó con arruinarles la carrera si hablaban.
Tomó un puñado de fotografías donde se veían las pruebas explícitas de los chantajes y se las arrojó con fuerza directo en la cara al subdirector.
Las fotos golpearon su frente herida antes de esparcirse por el piso ensangrentado. El hombre cerró los ojos, sollozando con impotencia, sabiendo que su vida entera acababa de destruirse frente a toda la comunidad universitaria.
La mujer se acercó de nuevo a la cámara, sosteniéndola con una mano para enfocar en un plano cerrado el rostro deshecho del subdirector, quien temblaba violentamente en su silla. Luego, volvió a apuntar hacia sí misma.
-Él cree que el sistema lo protege. Pero hoy, el sistema son ustedes -dijo la Dama de Gris, inclinando la cabeza-. Les daré la oportunidad de dictar sentencia. El destino de este hombre está en sus manos, pero antes, les daré el contexto de cómo funcionará este lugar.
La sonrisa de la mujer se volvió aún más siniestra bajo la máscara blanca.
-Tienen dos opciones para votar en los comentarios de este directo.
Si votan por el JUEGO, este hombre será sometido a una serie de pruebas físicas y psicológicas. Si logra superarlas, tendrá una segunda oportunidad y quedará libre. Una oportunidad que él nunca le dio a sus víctimas.
Pero...
Si votan por el CASTIGO, será sentenciado directamente a torturas severas para poder ser liberado, y la gravedad de su dolor dependerá enteramente de la gravedad de los crímenes que cometió, y debo advertir qué el 98% no sale vivo de su condena.
La Dama de Gris dio un paso atrás, extendiendo los brazos hacia la cámara como si presentara un espectáculo de televisión.
-La decisión es de ustedes, estudiantes. Y mi querida audiencia. ¿Qué debería hacer con él? La decisión es suya.
Suerte....
La Dama de Gris dio un paso hacia el lente de la cámara, ladeó la cabeza bajo su máscara blanca y, con una parsimonia aterradora, lanzó un beso volado a la audiencia.
¡ZAZ!
Un corte abrupto a estática digital llenó las pantallas con un zumbido sordo e hiriente. Luego, el silencio.
El silencio que se apoderó del campus universitario fue sepulcral. Nadie se movía. Nadie respiraba.
La brillante luz del sol de la tarde contrastaba de manera grotesca con las sombras densas y frías que proyectaban los edificios de concreto.
En medio de ese patio, cientos de rostros estudiantiles compartían la misma expresión: un pavor absoluto y paralizante.
De pronto, las pantallas de los teléfonos parpadearon violentamente, saliendo de la estática de forma automática para redirigir a los usuarios a una nueva interfaz web que ninguno de ellos había autorizado.
En la pantalla del celular de Elena —la chica que había desatado la explicación en el chat—, se desplegó una encuesta digital con una tipografía gótica-moderna, limpia pero amenazante.
En el centro, dos botones gigantes brillaban con una luz propia:
🔴 [CULPABLE - CASTIGO]
🔵 [INOCENTE - JUEGO]
Un contador digital en la parte superior empezó a correr, acompañado por un pitido rítmico y agudo que resonaba simultáneamente en mil bolsillos, como una bomba de tiempo colectiva.
Pi... Pi... Pi...
Tiempo restante: 05:00 minutos.
Elena dio un paso atrás, completamente pálida, hasta que su espalda chocó contra la fría pared de concreto de la facultad.
Las manos le temblaban de tal manera que el teléfono estuvo a punto de resbalar de sus dedos. A su lado, el dedo de un estudiante anónimo flotaba sobre la pantalla, dudando, suspendido en el aire por el peso de la moral.
Sin embargo, la masa ya había elegido: el botón rojo de [CULPABLE] ya acumulaba el 87% de los votos en tiempo real, y los números subían a una velocidad vertiginosa.
El patio se convirtió en un nido de murmullos.
Los estudiantes empezaron a mirarse las caras, dándose cuenta de que la vida del subdirector dependía literalmente de los clics que dieran en los próximos cuatro minutos.
El terror psicológico se respiraba en el aire. Todos sabían lo que ese hombre había hecho.
Todos recordaban las historias que se susurraban en los pasillos.
La verdad detrás de esa votación no era un secreto nuevo; era una herida abierta en la universidad.
Meses atrás
una estudiante de primer año, proveniente de una familia humilde y trabajadora, caminó hacia la oficina del subdirector con la esperanza de conseguir una beca estudiantil que le permitiera continuar sus estudios.
_Entonces sub director... mis notas son lo bastante altas y e competido en los eventos y soy un estudiante con historial limpio_ la chica bajo la voz, casi suplicante con algo de esperanza_quería saber, si es posible resivir una beca...
El subdirector, sentado detrás de su imponente escritorio de madera, la escuchó con una sonrisa condescendiente.
Al notar su vulnerabilidad, el hombre cambió el tono.
_Podrías resivir una, pero las becas están limitadas_Una sonrisa depredadora apareció en el rostro del su director_pero "podría arreglarlo"... a cambio de favores personales.
La esperanza en los ojos de la chica se desvaneció de golpe.
_¿Q-qué tipo de favores? _ el sub Director puso su grande y áspera mano sobre la cintura de la estudiante, esta con miedo retrocedió.
Al ver su negativa y su miedo, el subdirector pasó de la insinuación a la crueldad.
_Bueno ya que no quieres el favor será mejor que vallas con tu familia de muertos de hambre, sin duda tus padres se arrepiente de criar a alguien tan sucia como tu_comenzó a humillarla, los ojos de la chica se llenaron de lágrimas
_Si llegas a contar algo de esto me encargaré de expulsarte y me asegúrate de que ninguna universidad te a
_P-pero yo...
_Además, al parecer la universidad ayuda a personas como tu de manera efectiva, por este accidente que tu provocaste desviaremos tus fondos estudiantiles a mi cuenta privada_ la chica intentó prostestar, pero el la detuvo con un simple gesto de mano_ si quieres el dinero y la beca, tendrás que rendir cuentas conmigo en privado.
La chica salió humillada de la oficina del director, sin saber que no era la única
En los pasillos, al llorar su impotencia, otras estudiantes se le acercaron para confesarle que habían pasado por lo mismo.
“Intentamos ir a la policía”, le susurró una de ellas con los ojos apagados, “pero no hicieron nada. Él tiene contactos. Está protegido”.
Pasaron tres semanas. La presión, el acoso sistemático y el miedo a ver su futuro destruido se volvieron insoportables para la joven.
Una noche de lluvia, consumida por la desesperación, la estudiante caminó hacia el puente de la ciudad dispuesta a desvivirse, queriendo apagar el dolor de una vez por todas.
Pero justo cuando iba a dar el paso, una mano enguantada la detuvo con firmeza.
Al girarse, vio a una mujer alta cuyo rostro permanecía oculto en las sombras de la noche. Su voz, suave pero imponente, la sacó del abismo:
—No mueras por los pecados de otros. Mejor... juguemos a algo.
La propuesta era simple y oscura. Desesperada por justicia, la chica aceptó.
Al día siguiente, siguiendo las instrucciones de la misteriosa mujer, la estudiante le escribió un mensaje al subdirector, citándolo en un hotel privado bajo la promesa de acceder a sus peticiones.
El subdirector, inflado por su propio ego y aires de grandeza, llegó al lugar con una sonrisa de victoria.
Pero apenas cruzó la puerta de la habitación, la sonrisa se le borró: de las sombras salieron dos agentes vestidos completamente de negro que lo sometieron y lo amordazaron en segundos.
La chica que vio todo esto desde el pasillo, sintió miedo pero una leve satisfacción por dentro.
Antes de llevárselo, la Dama de Gris apareció frente a la estudiante. Le lanzó un fajo grueso de dinero en efectivo y un beso volado en la oscuridad del pasillo.
Justicia y recompensa.
De vuelta en el presente, el pitido de los teléfonos regresó a los estudiantes a la realidad del patio.
Pi... Pi... Pi...
Tiempo restante: 01:30 minutos.
El porcentaje de [CULPABLE - CASTIGO] acababa de tocar el 94%. Los estudiantes, con los rostros iluminados por el brillo azulado de sus pantallas, se miraban en silencio.
Ya no era una transmisión en vivo; era una ejecución democrática.
Nadie hablaba, pero los dedos seguían presionando la pantalla.
El destino del subdirector estaba sellado.
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