Prólogo — Lo que una madre deja en un brazalete.
Dicen que en Velaumbría las coronas pesan desde que se funden.
Pero Maelyra, antes de cerrar los ojos para nunca más abrirlos, dejó un peso distinto: un brazalete de su casa real, sencillo en apariencia, firme en significado.
El día que cayó en silencio, el castillo se quedó sin una voz que guiara.
Y, sin embargo, cuando Elara lo tocó por primera vez después del funeral, no sintió solo duelo.
Sintió dirección.
Como si el reino, sin saberlo, hubiera comenzado a enseñar a su hija a gobernar con el mismo temple con el que antes la educaron a escuchar.








