Capítulo 1
Los días se hacen horas..., horas cortas, rápidas, rutinas repetitivas, días decolorados, días agresivos que impactan y me crucifican ante cualquier allegado. Comienzo a sentirme vacío, desolado y muerto ante mis seres queridos que no descansan los vivos, que perturban mi mente sollozando plegarias, rogando que mire donde dejé de mirar, donde anhelo, donde comienzo a gritar donde no escuchan, donde dejé de escuchar mis latidos. Reviven y salen los cuerpos descompuestos de la tierra infértil, me miran, miran con rareza, con inquietud como si el muerto fuera yo; comienzo a vagar en una añoranza desgastada, náufraga en mi memoria ahogada por el aborrecimiento vivido. Mi mente yace en subsuelos muertos donde degolla mi juicio y reina mi sufrimiento, corrompido por mi desgracia en cadena que encadena mi vida. Los difuntos se apiadan con lamentos de mi existencia que atormentan a los inhollados que seres queridos abandonaron, ahora vagan de odio y amor en mi mente profunda, oscura y retórica, siendo el lugar de los indeseados.








