Cap 1
—¡AHHHHHHHHHHHHH!
El grito desgarrador resonó en cada rincón de aquel espantoso lugar. El cual parecía más un sótano, pero en realidad era una base subterránea, construida para que los esclavos que allí encerraba no pudieran escapar, ni siquiera soñar con la libertad.
El espacio estaba dedicado a un ritual de un culto del que aún no se sabía nada. En el suelo, un círculo de sangre, rodeado de formas extrañas y letras que parecían escritas por algo no humano, cubría casi toda la habitación. Era un hechizo prohibido que nisiquiera los grandes magos se atrevian a utilizar por lo que implicaba sacrificar. En el centro del círculo yacía él, la víctima de aquella ceremonia aberrante.
Pero el resultado fue fallido. El ritual debía desintegrar el cuerpo y dejar en su lugar una piedra mágica llamada Ekyra, cuyo combustible era el alma. Sin embargo, el maleficio estaba incompleto: solo se llevó sus piernas. Lo que el culto realmente buscaba era el poder ilimitado que la piedra concedía, pero era solo una leyenda. Ni siquiera sabían si era posible crearla por lo que no habia ningun registro dentro de las bibliotecas del reino que indicara de algún caso exitoso.
Aun asi lo habían intentado con innumerables esclavos, vidas sin valor, completamente reemplazables. Todos terminaban siendo desechados. En el proceso, a algunos se les arrebataban partes del cuerpo ya fuese una mano, ojos, lengua, el corazón o algún órgano vital. Pero no importaba cuántas veces lo intentaran, nunca funcionaba. Nunca lograban crear la piedra, cuya existencia era solo un cuento de hadas.
—Otro fallido —dijo uno de los encapuchados, con indiferencia—. Como sea, busquen a otro para la semana que viene.
Uno de ellos se acercó al moribundo y, con una sonrisa cruel, dijo:
—Me temo que ya no me eres útil. Sabes lo que significa, Vhel, ¿verdad? Es una pena, realmente me gustaba jugar contigo. Tal vez te mantenga vivo un poco más, sabes que hay sujetos que disfrutarian tener tu compañía ¿No lo crees Vhel? –se alejó con una sutil pero desagradable sonrisa.
No, por favor… Vhel quería gritarlo, pero no pudo. Había gastado toda su fuerza en aquel último alarido. No le quedaba energía para nada. Solo deseaba una cosa en el mundo y eso era morir.
¿Cómo es que llegué a esto? —se preguntó mientras yacía en el suelo en un charco de sangre. ¿Cómo terminé aquí por algo tan estúpido? Soy un idiota. Quiero morir. Ya no soporto tanto dolor y sufrimiento. Estos últimos cinco años han sido lo peor que me ha pasado. Por favor, Diosa Ehmel, si realmente existes, concédeme un único deseo: morir aquí mismo. Ya no queda nada de lo que fuí.
–Hace años que me rendí. No soy más que un cascarón vacío.
Las lágrimas no salían. Ni siquiera podía llorar: su cuerpo estaba tan deteriorado, tan deshidratado, que el simple acto de llorar era un lujo.
Por favor… Muérete ya. ¿Por qué no te mueres? Si no tienes nada… tu familia te olvidó. Tu cuerpo es inútil. Ya ni siquiera sé quién era yo, ni como era mi vida.
Los pensamientos llegaron como un remolino, haciendo más profunda su tortura.








