Stellar Faifas. Nuevos Juramentos by Guillermo at Inkitt
Customize readability
Aa

Stellar Faifas. Nuevos Juramentos

All Rights Reserved ©

Summary

En el inmenso y hostil sector conocido como la Forja, la nave Cerberus se lanza a un viaje desesperado hacia Tartarus, un destino cuya ruta fue clausurada por secretos que el poder ha intentado enterrar durante generaciones. Capitaneada por William Blackbone, la tripulación se adentra en un vacío plagado de estaciones fantasma, anomalías cuánticas y restos de civilizaciones que fueron devoradas por el aislamiento. Desde el primer salto, la misión de restaurar el pasaje se convierte en una lucha descarnada por la supervivencia. Entre escasez de recursos, peligros biológicos y las sombras de un pasado que se resiste a morir, Blackbone y su gente descubrirán que el vacío no está tan muerto como parece. Su expedición no solo es una carrera contra la asfixia y el olvido, sino el primer paso para desvelar una verdad capaz de resquebrajar los cimientos de la Forja.

Genre
Scifi
Author
Guillermo
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

El vacío de la Forja no es silencioso. Si escuchas con atención, más allá del zumbido de los motores y del reciclador de aire, el espacio murmura. Algunos viajeros, si les invitas a suficientes tragos de licor sintético en los bares de las estaciones, te dirán que son los lamentos de las naves fantasma, tripulaciones condenadas a vagar por un tejido espaciotemporal que aquí fluye y se retuerce como un río desbordado. Tonterías de borrachos, dicen la mayoría. Pero cuando la realidad misma no es de fiar, hasta el hombre más escéptico aprieta los dientes al mirar por el ventanal.

William Blackbone no era una excepción.

De pie en el puente de mando de la Cerberus, observaba cómo las estrellas se alargaban en finas agujas de luz. Su mano derecha, de carne y hueso, descansaba por instinto sobre el pomo de su espada. Era una hoja pesada, de hierro oscuro y sin adornos. En un universo donde los disparos perdidos de los rifles de plasma podían perforar un casco o detonar los conductos de refrigeración, la brutal eficacia del acero se había convertido en la ley no escrita del viajero. Para William, como para todo Juramentado, la espada era mucho más que una herramienta: era su honor forjado en metal. Si rompía un voto, la hoja tendría que ser abandonada, y con ella, su dignidad.

—Dejando atrás el alcance de los nodos locales, Capitán —anunció una voz sintética, melódica pero carente de respiración.

Era Eco, la consciencia artificial integrada en los sistemas de la Cerberus. En la soledad abisal de la Forja, la IA era más que una herramienta de navegación; era un miembro más de la tripulación, leal y eternamente vigilante.

—La conexión con La Matriz se volverá inestable en tres, dos... Desconectados.

William asintió, sintiendo un extraño alivio al escuchar la estática que reemplazaba el incesante flujo de datos. Acababan de soltar amarras de la estación Nova Armis, una gigantesca estructura orbital. Bajo su brillante fachada metálica, las distintas facciones de la empresa se devoraban unas a otras en interminables intrigas políticas, buscando siempre un pedazo más grande del pastel. La tripulación de laCerberusno tenía tiempo ni estómago para esas escaramuzas de salón. Para ellos, la verdadera guerra estaba ahí fuera.

El capitán se ajustó la prótesis de su brazo izquierdo, un amasijo de engranajes y servomotores que chirriaba levemente con cada movimiento.

—Rumbo hacia los Sectores Exteriores —informó Ramsés, su piloto.

Los ojos del joven brillaban con la luz antinatural de los aumentos Magitech. Era un Paragón, capaz de manipular la energía cinética a su alrededor como si de brujería se tratase.

—Si los informes son correctos, el objetivo está más allá del Velo de los Primordiales.

William exhaló lentamente. No importaban las intrigas de las élites. La Cerberus tenía un encargo, y él había jurado sobre el hierro oscuro de su espada que lo llevaría a cabo cueste lo que cueste.

—Mantén el rumbo —ordenó, apartando la vista del ventanal para mirar a su tripulación.

Mientras la nave se sumergía en las heladas profundidades de la Forja, cortando el vacío como un cuchillo en la oscuridad, el espacio pareció murmurar de nuevo. La cacería había comenzado.


—Ramsés, inicia protocolo de aterrizaje —ordenó el capitán Blackbone. Habían recorrido un largo y arduo camino a través del frío vacío de las estrellas para llegar hasta allí. En la cabina, el resplandor de los paneles de control iluminaba el rostro de Ramsés, su piloto, y el de Redfield, su mujer y oficial médica de la tripulación. Las alarmas de los sistemas de soporte vital parpadeaban de forma intermitente; estaban peligrosamente escasos de suministros. Aquel sector remoto se encontraba mucho más lejos de las rutas estelares por las que acostumbraban a viajar, pero el riesgo prometía valer la pena. Stellar Faifas se alzaba en el horizonte negro como un inmenso paraíso de oportunidades.

Blackbone tenía una cita programada con el Jefe Montblanc, el dirigente supremo de la estación. Era una promesa de riquezas a cambio de un trabajo. Apenas un par de horas después de atracar en los muelles principales y asegurar un alojamiento temporal, el capitán se encontraba de pie en el despacho del administrador.

—Bienvenido a Stellar Faifas, capitán Blackbone. He oído hablar muy bien de usted —saludó el Jefe Montblanc, estrechándole la mano con firmeza. Su agarre era el de un hombre acostumbrado a mandar—. No pasamos por buenos momentos en la estación, y dada su reputación, confío en que ambos sacaremos provecho de esta relación.

—Confío en ello, jefe. Lidera usted una gran estación —respondió Blackbone, evaluando la estancia—. Si me permite decirlo, no debe ser nada fácil mantener en orden un lugar tan alejado y con una población tan grande.

Montblanc asintió, con la sombra de la preocupación marcando sus facciones.—En efecto, Blackbone. No podría estar más de acuerdo con usted, y precisamente por eso le he hecho venir. Múltiples facciones habitan las entrañas de la estación, y muchas de ellas no están de acuerdo con la dirección de este lugar... es decir, conmigo. Esos desagradecidos... Llegaron aquí con una mano delante y otra detrás; yo les di comida, oxígeno y agua, y ahora que han medrado exigen más y más.

El dirigente se inclinó hacia adelante, bajando el tono de voz.—Necesito que baje a los niveles inferiores y les haga entrar en razón. Debe evitar usar la fuerza en la medida de lo posible; eso ya podría hacerlo yo enviando al equipo de seguridad, pero pondría en peligro la integridad estructural de la estación. Una fuga en el casco exterior podría desencadenar un problema en cascada que acabaría con las miles de vidas del lugar. Si logra convencer a su líder, Rori Banks, alias “la Araña”, los demás acatarán su decisión. Ella lidera La Cantera, la facción con mayor influencia arraigada en el hierro de la estación. Necesito que actúe como mediador y negocie la paz.

Blackbone lo miró a los ojos, asumiendo el peso del encargo.—Así se hará, delo por hecho.

Con un movimiento fluido y solemne, el capitán desenvainó su espada. El frío metal reflejó las tenues luces del despacho mientras pronunciaba las palabras. Era un Juramento de Hierro, el legado inquebrantable de los antiguos. Aquella era la razón por la que los Juramentados eran individuos tan valiosos y reverenciados en los confines de la galaxia: sus juramentos de hierro eran sagrados, forjaban un vínculo directo con su alma, y quebrantarlos suponía el peor acto de traición hacia uno mismo. Por eso Blackbone había sido convocado; la inmensa estación carecía de cualquier otro Juramentado. Y allí, empuñando su arma, había jurado encontrar la paz en aquel oscuro reducto de víboras, sin que una sola sombra de duda albergara su alma.

Con el acuerdo sellado en la oficina del administrador, el capitán Blackbone regresó a los muelles. La Cerberus descansaba en el hangar, iluminada por las frías luces de sodio de la estación. Era una nave robusta, pero las cicatrices de su huida aún surcaban su blindaje exterior. Necesitaba un mantenimiento intensivo antes de poder enfrentarse de nuevo al vacío. En la bahía médica, encontró a Redfield. Su mujer revisaba el inventario con expresión cansada, rellenando los escasos suministros de la nave.

—He jurado con Montblanc echarle una mano con unos altercados en la estación —anunció Blackbone, apoyándose en el marco del mamparo—. A cambio, le pediré una revisión a fondo de la Cerberus para nuestro siguiente viaje.

Redfield detuvo sus manos y alzó la vista. Las sombras bajo sus ojos delataban la fatiga acumulada de incontables ciclos estelares.—Tú y tus votos —suspiró, con una mezcla de reproche y resignación—. Nos han puesto en serios aprietos más de una vez. Ahora ya solo quedamos nosotros tres.

—También nos han traído hasta aquí y hemos progresado. Otros no han llegado tan lejos —rebatió él, acortando la distancia entre ambos—. Recuerda por qué hacemos esto.

—Lo sé —la voz de Redfield se quebró levemente—. Aunque ya no sé si merece la pena... o siquiera si podemos hacer algo. Los Remanentes son una fuerza superior, casi divina. Dudo que nada pueda suponerles una amenaza.

El silencio llenó la estancia, denso por el recuerdo compartido. La Forja. El día en que su flota fue aniquilada. La memoria de aquella criatura colosal, un leviatán del vacío, mitad tejido biológico y mitad maquinaria despiadada, seguía atormentándolos en pesadillas. Un kraken espacial que había devorado a sus amigos y a su familia. Habían escapado a través del anillo solo gracias a las maniobras suicidas de Ramsés, soportando fuerzas G que destrozaron a gran parte de la tripulación restante. Sobrevivieron vagando de asentamiento en asentamiento hasta conectar con la Matriz de Montblanc.

—Si algo ha obtenido tal poder, quiere decir que otra fuerza puede rivalizar con ellos —dijo Blackbone, tomando el rostro de Redfield entre sus manos—. Solo debemos encontrarla y usarla a nuestro favor. También hablaré con Montblanc para buscar personal. Necesitamos volver a llenar nuestros camarotes.

La duda y el miedo en los ojos de Redfield se disolvieron lentamente, reemplazados por el afecto inquebrantable que los mantenía cuerdos en aquel universo hostil. Se fundieron en un beso cargado de promesas, un ancla en medio de la tormenta, antes de separarse.

Blackbone encontró a Ramsés con medio cuerpo metido en los conductos de ventilación del motor principal. Sus habilidades como ingeniero habían sido el único pegamento que mantenía a la Cerberus de una pieza, pero los parches temporales no durarían para siempre. Tras informarle de sus planes y ordenarle que buscara posibles reclutas, el capitán abandonó el hangar. Su objetivo era descender a los niveles de soporte y recopilar información sobre La Cantera. Sin embargo, el laberinto de pasillos oxidados y maquinaria ruidosa de Stellar Faifas resultó ser un terreno traicionero. En un sector aislado, donde las luces parpadeaban agónicamente y el trasiego de trabajadores era nulo, cometió un error de cálculo.

—Vaya, vaya. ¿Qué rata tenemos fisgoneando en los asuntos de los demás? —una voz ronca resonó a su espalda. Blackbone giró sobre sus talones, instintivamente llevando la mano a la empuñadura de su espada. De las sombras emergieron varios hombres malencarados. Al frente se encontraba un tipo cuyo rostro estaba cruzado por severas cicatrices de quemaduras químicas.

—Tú debes ser Alfred “Barbosa”, el segundo de Rori Banks —dijo Blackbone, evaluando la emboscada—. Debí haber imaginado que aparecerías, aunque no tan pronto, he de decir. La hostilidad irradiaba del pirata.

—No vamos a permitir que ni tú ni nadie destruya nuestra voluntad. A cualquier precio.

—No vengo a destruir a nadie, vengo a negociar —respondió el capitán, manteniendo la voz firme pese a la desventaja táctica—. No estoy del lado de Montblanc. Sé que no puede someteros por la fuerza sin ceder un ápice. Una figura imparcial como yo tiene que serviros a ambos bandos. He conseguido que Montblanc os dé un salvoconducto con una nave y suministros suficientes para que dejéis la estación surtidos hasta las cejas, rumbo a un asentamiento planetario.

Era un farol absoluto, un salto al vacío sin traje de presión. Pero si funcionaba, ya se las arreglaría para hacerlo realidad. Barbosa escupió al suelo de rejilla.

—¿Cómo vas a conseguir algo así? Ese hijo de perra nos quiere sometidos y obedientes, trabajando para él a cambio de migajas. Debería tirarte por una esclusa ahora mismo y no perder el tiempo contigo. Sin embargo, las armas seguían bajadas. Había captado su atención.

—Porque así solucionaremos varios problemas de un tiro —presionó Blackbone, sabiendo que caminaba sobre el filo de una navaja—. Yo necesito una tripulación veterana y vosotros necesitáis una vida nueva en un lugar decente. Llévale estas palabras a tu jefa. Que se reúna conmigo más tarde; confío en que me encontraréis sin problema. Barbosa lo taladró con la mirada antes de asentir lentamente.

—Eso puedes darlo por hecho. Más te vale haber dicho la verdad, Juramentado, o seréis pasto de los recicladores de materia.

Let Guillermo know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Destino Secreto

Karin Rogowski: Gut geschrieben und beschrieben. Die Charaktere und Situationen sind stimmig und nehmen einen gefangen. Mich hat das Buch ab der ersten Zeile fasziniert, genau wie die anderen Bücher davor. Sehr guter Schreibstil und eine sehr gute Übersetzung, nebenbei bemerkt. Dankeschön, dass Du Deine Bücher ...

Read Now
Die Wölfe von Welby

maryketteler: Ich bin von diesem Roman sehr angetan. Es handelt sich um eine wunderschöne Geschichte, die durch ein tolles Happy End abgeschlossen wird.

Read Now
The Orc's Pet

mtasker: I really loved this story. Author, please keep writing such amazing and interesting stories.

Read Now
Legacy: Ghost

Donna Goodwin: Great book

Read Now
Broken Halos MC

cbell558: Writer is very good at balancing just enough descriptive information with moving the story along. Some writers go too far with describing motivations of the characters and their mindset. Their stories move agonizing along at a snails pace. This writer gets you hooked at the beginning and keeps you ...

Read Now
Fashion victime du PDG

otigert2: Super histoire , dommage d'arriver a la fin, j'aurais voulu continuer.J'espère qu'il y aura bientôt une suite.

Read Now
Death's Shadow MC Book 1

SANDRA: WOW what a great story line. It lures you in like your in the story. Can't wait to read more in this series 🩷

Read Now
Alien Claim: Book 1

Izzy: i got hooked from the begining. good story and writing style

Read Now
Ruthless Lord

poyeyasoyaya: Me encantó!

Read Now