Prometo N̶o̶ Mentirte by Evan at Inkitt
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Prometo N̶O̶ mentirte

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Summary

⚠️+18⚠️ Esta historia contiene escenas de tortura, s4ngre, malas palabras, temas s3xual3s, dr0gas, armas y geys, leer con responsabilidad. no apto para sensibles y homofobicos. La lluvia siempre consigue borrar la sangre del asfalto, pero nunca la culpa. Entre promesas rotas, flores marchitas y noches interminables, dos corazones destinados a destruirse intentarán demostrar que incluso en la oscuridad puede nacer algo parecido al amor.

Genre
Lgbtq
Author
Evan
Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

01

Ciro nunca fue un chico normal.

No porque fuera extraño. No porque tuviera algún don especial. Tampoco porque destacara demasiado entre la multitud.

Era diferente desde el momento en que nació.

Su apellido tenía peso. Un peso capaz de abrir puertas antes de siquiera tocarlas, de hacer que la gente sonriera por conveniencia y de comprar silencios con la misma facilidad con la que otros compraban el pan.

Su familia era rica. Muy rica. Dueños de una prestigiosa empresa de arquitectura, admirada dentro y fuera del país. Su nombre aparecía en revistas, periódicos y entrevistas. Para cualquiera que mirara desde afuera, los Kurokawa eran el ejemplo perfecto del éxito.

Y Ciro era el heredero de todo aquello.

Creció rodeado de mansiones, automóviles de lujo, viajes, guardaespaldas y personas que nunca se atrevían a decirle que no. Desde pequeño recibió la mejor educación posible. Su padre se encargó personalmente de enseñarle durante sus primeros años y, cuando finalmente ingresó a la escuela, ya estaba adelantado dos cursos respecto a sus compañeros.

Era inteligente. Demasiado inteligente para su edad.

También era tranquilo, observador y sorprendentemente educado, cualidades que hacían que los adultos lo admiraran y que muchos niños sintieran una mezcla de envidia y curiosidad por él.

Desde afuera, parecía tener una vida perfecta.

Una familia unida. Dinero ilimitado. Un futuro asegurado.

Todo parecía encajar en esa imagen impecable que los Kurokawa mostraban al mundo.

Pero las apariencias siempre son fáciles de construir cuando tienes suficiente dinero.

Porque cuando observas la historia a través de los ojos de Ciro Kurokawa, descubres que esa perfección nunca existió.

Ren Kurokawa, padre de Ciro y Akari, era conocido como uno de los arquitectos más importantes del país y el dueño de una de las empresas más exitosas del rubro.

Sin embargo, dentro de la familia todos conocían la verdad.

La empresa era solo una fachada.

Detrás de los planos, los edificios y los contratos millonarios se escondía un imperio mucho más oscuro. Tráfico de drogas. Tráfico de armas. Lavado de dinero. Y, en algunas ocasiones, incluso tráfico de personas.

Un negocio construido sobre sangre, miedo y silencio.

Y algún día...

Todo aquello sería heredado por Ciro.

Ciro Kurokawa

El heredero.

¿Cómo describir al hijo del hombre más peligroso de Japón?

Era una pregunta difícil.

No porque Ciro fuera un misterio.

Sino porque, incluso conociéndolo, era imposible saber qué estaba pensando.

Tenía diecinueve años y una presencia capaz de hacer que cualquier habitación quedara en silencio. No necesitaba levantar la voz ni imponerse físicamente; bastaba con que cruzara la puerta para que todas las miradas terminaran sobre él.

Había nacido para heredar un imperio.

Y lo habían preparado para ello desde el primer día.

Mientras otros niños aprendían a jugar, él aprendía a calcular.

Mientras otros se caían de una bicicleta, él memorizaba nombres, rostros y rutas.

Desde pequeño fue educado para destacar. Aprendió estrategias antes que juegos y disciplina antes que diversión. El error no era una oportunidad para mejorar; era una debilidad que debía desaparecer.

Nunca tuvo una infancia realmente normal.

Cada decisión, cada clase y cada conversación tenían un único objetivo: convertirlo en el sucesor perfecto.

A los catorce años aprendió a usar armas.

A los quince, comenzó a participar en interrogatorios de enemigos de la organización.

A los diecisiete, ya asistía a reuniones importantes y supervisaba cargamentos para la Sociedad Yoru.

Nadie cuestionaba su presencia.

Nadie se atrevía.

Siempre era presentado de la misma manera.

—El heredero.

—El hijo dorado.

Esos títulos lo seguían a todas partes, como si su nombre hubiera dejado de importar hacía mucho tiempo.

Aunque jamás lo admitiría en voz alta, el miedo y el respeto que provocaba al entrar en una sala le resultaban extrañamente satisfactorios.

No porque disfrutara del sufrimiento ajeno.

Sino porque, durante toda su vida, le enseñaron que inspirar temor era la única forma de sobrevivir.

Cabello negro.

Piel pálida.

Una belleza casi irreal.

Su rostro era sereno, casi elegante, pero había algo en su mirada que hacía que pocos fueran capaces de sostenerle los ojos durante demasiado tiempo.

Las mujeres se sentían atraídas por él.

Los hombres también.

Pero Ciro jamás pareció interesado en ninguno de ellos.

No tenía tiempo para romances.

Después de todo, un heredero no podía permitirse distracciones.

Akari Kurokawa

La hija menor del jefe.

Akari era todo lo contrario a su hermano.

Si Ciro era silencio, ella era ruido.

Si él era prudencia, ella era espontaneidad.

Si él inspiraba miedo, ella conseguía sonrisas con una facilidad envidiable.

Era dulce, alegre y optimista. Tenía esa extraña habilidad de iluminar cualquier habitación simplemente con su presencia, como si el mundo todavía conservara algo de inocencia cuando estaba cerca.

Y, en cierto modo, así era.

Akari era la única integrante de la familia que desconocía la verdadera naturaleza de los negocios de Ren Kurokawa.

Para ella, la empresa de arquitectura era completamente real.

Los edificios, los proyectos y las reuniones eran todo lo que existía.

Jamás imaginó que, detrás de aquellos planos perfectamente dibujados, se escondía un imperio construido sobre sangre, violencia y silencio.

Desde pequeña decía que algún día dirigiría la empresa.

Soñaba con estudiar arquitectura y continuar el legado de su padre. Pasaba horas observando maquetas, dibujando edificios imposibles y preguntando cómo se levantaban los enormes rascacielos que admiraba desde la ventana del auto.

Cada vez que tenía la oportunidad, le recordaba a Ciro que sería ella quien heredaría la compañía familiar.

Él jamás se molestaba en discutirle.

Simplemente la ignoraba.

No porque no la quisiera.

Todo lo contrario.

La quería más que a cualquier otra persona en el mundo.

Tanto, que estaba dispuesto a cargar él solo con todo el peso de la verdad antes que verla perder esa sonrisa.

Mientras Akari creyera que su padre construía edificios...

Ciro podría seguir fingiendo que todavía existía algo puro dentro de aquella familia.

Noah Aoki

¿Normal...?

Quizás.

Comparado con los Kurokawa, Noah era un chico completamente común.

Había nacido en una familia de clase media, asistía a una escuela normal y llevaba una vida que, para cualquiera, resultaría bastante corriente.

No tenía un apellido famoso.

No heredaría ninguna fortuna.

Ni mucho menos un imperio.

Era, simplemente, Noah Aoki.

Asistía a la misma escuela que Ciro y, a lo largo de los años, apenas habían intercambiado unas pocas palabras. Se conocían de vista, coincidían en algunos pasillos y, de vez en cuando, sus miradas se cruzaban durante unos segundos.

Nada más.

Porque, aunque compartieran el mismo edificio, parecían pertenecer a mundos completamente distintos.

Pero Noah conocía perfectamente quién era Ciro Kurokawa.

Y no precisamente por su apellido.

Si recuerdan que mencioné que Ciro atraía tanto a mujeres como a hombres...

Noah era uno de esos hombres.

Estaba completamente enamorado de él.

Y odiaba admitirlo.

Odiaba la forma en que su corazón se aceleraba cada vez que Ciro aparecía.

Odiaba quedarse observándolo cuando pasaba por los pasillos.

Odiaba conocer de memoria sus gestos, la manera en que acomodaba su uniforme o la expresión indiferente que llevaba casi todo el tiempo.

Y, sobre todo...

Odiaba saber que Ciro probablemente ni siquiera recordaba su nombre.

Cada vez que lo veía rodeado de admiradoras, rechazándolas con la misma indiferencia con la que respiraba, sentía que la distancia entre ambos se volvía todavía más imposible de cruzar.

No porque Ciro fuera inalcanzable.

Sino porque Noah estaba convencido de que nunca sería alguien capaz de llamar su atención.

Aun así...

No podía dejar de mirarlo.

Como si una parte de él siguiera esperando que, algún día, Ciro levantara la vista entre toda la multitud...

Y lo viera por primera vez.

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Compelling Plot

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Great Character

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Strong Dialog

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