Capitulo 1:El comienzo de todo
Kaedris Nocthar, séptimo príncipe y el menor del reino de Aetherion, era el más amado por su pueblo. A diferencia de sus hermanos, él no perseguía la corona ni soñaba con guerras gloriosas.
Mientras los demás sostenían espadas y entrenaban día y noche para impresionar al rey, Kaedris observaba a las personas.
Escuchaba.
Analizaba.
Y fue precisamente eso lo que le permitió ganarse el cariño genuino del reino.
Cada vez que su carruaje atravesaba las calles, entre los pueblerinos se escuchaban susurros.
—El príncipe Kaedris será un gran rey…
Aquellas palabras provocaban admiración en unos… y odio en otros.
Especialmente en Vaelric Nocthar, el quinto príncipe.
La envidia comenzó a consumirlo lentamente.
No soportaba ver cómo el pueblo admiraba a su hermano menor más que a cualquier otro heredero de la corona. Por ello, comenzó a idear un plan para desprestigiarlo y expulsarlo del reino.
Y así, durante meses, Vaelric preparó cuidadosamente su trampa.
Tres meses después, mientras Kaedris recorría las calles del reino observando a los ciudadanos que le agradecían por ayudarlos, uno de sus caballeros se acercó y habló en voz baja.
—Su alteza… el rey requiere de su presencia inmediatamente.
Kaedris frunció ligeramente el ceño.
Le parecía extraño.
Su padre rara vez lo llamaba de manera tan urgente.
Sin decir palabra, regresó al palacio real.
Sin embargo, mientras avanzaba por los enormes pasillos de mármol, algo comenzó a inquietarlo.
Había demasiados nobles.
Condes.
Caballeros.
Incluso representantes de reinos cercanos.
Entre ellos solo se escuchaban murmullos.
Miradas.
Susurros apagados.
Al llegar finalmente a la sala del trono, Kaedris observó al rey Aldric Nocthar sentado en lo más alto, acompañado por la reina Seraphina Nocthar.
Sus seis hermanos también estaban presentes.
Pero fue entonces cuando sus ojos se cruzaron con los de Vaelric.
Y lo notó de inmediato.
Aquella sonrisa.
Una sonrisa fría… casi perversa.
En ese instante, Kaedris comprendió que algo no estaba bien.
Entonces el rey habló con voz firme.
—Silencio.
La sala entera quedó sumida en un profundo silencio.
El rey se levantó lentamente de su trono y observó fijamente a Kaedris.
—¿Sabes por qué te he mandado a llamar?
Kaedris, desconcertado, respondió:
—No lo sé, padre.
El rey cerró los ojos por un momento antes de continuar.
—Desde hace tres meses, una parte de los impuestos reales ha estado desapareciendo. Grandes cantidades de dinero del tesoro de la corona fueron robadas sin dejar rastro.
Los murmullos comenzaron nuevamente.
—La investigación fue supervisada por tu hermano Vaelric junto con los contadores reales —continuó el rey—. Y todas las pruebas apuntan hacia ti.
Los ojos de Kaedris se abrieron levemente.
—Yo no he hecho eso.
Entonces Vaelric dio un paso al frente.
—No mientas, Kaedris. Te estuvimos investigando durante meses. Todo comenzó cuando empezaste a actuar de manera extraña. Revisamos las cuentas del reino y descubrimos el robo de los impuestos reales.
Vaelric sonrió levemente.
—Aunque, sinceramente, no me sorprende. Todos te llaman “prodigio”. Supongo que utilizaste ese ingenio para ocultarlo.
Kaedris apretó los puños.
—Esto es una trampa. Solo haces esto porque me consideras una amenaza para la corona.
El ambiente se tensó.
Entonces el rey golpeó el suelo con su bastón.
—¡Silencio, Kaedris!
La sala entera quedó paralizada.
—Jamás pensé que serías capaz de acusar de esa manera a uno de tus propios hermanos.
Los caballeros reales avanzaron inmediatamente.
—Kaedris Nocthar —declaró el rey con frialdad—, serás exiliado del reino de Aetherion. Considera esto un acto de misericordia. Otro hombre habría sido condenado a la horca por traición al reino.
Los caballeros sujetaron al joven príncipe.
Mientras era arrastrado fuera de la sala, Kaedris observó el rostro de Vaelric.
Sonreía.
Había ganado.
O al menos eso creía.
Entonces Kaedris miró a su madre.
La reina Seraphina lloraba en silencio, incapaz de creer las acusaciones contra su hijo.
Sin embargo…
Kaedris no parecía molesto.
Ni furioso.
Ni desesperado.
Cuando finalmente abandonó las puertas del reino y comenzó a alejarse de Aetherion, una leve sonrisa apareció en su rostro.
Y mientras desaparecía en el horizonte, murmuró:
—Me expulsaron del reino… sin darse cuenta de que acababan de entregarme el mundo.








