Libro 1 La marca de la luna roja
Capítulo 1: El regreso de los seis herederos
La luna roja iluminaba el cielo como un presagio.
Desde hacía mil años no volvía a teñirse de ese color.
Las montañas negras que rodeaban el Castillo de Vhaloren parecían despertar mientras la niebla avanzaba entre los árboles del Bosque Gris. Las antiguas gárgolas observaban el camino principal, esperando la llegada de quienes decidirían el destino de todos los clanes.
Uno a uno comenzaron a llegar.
El primero fue Adrián Valen.
Descendió de un carruaje negro con el escudo azul de su clan bordado en la puerta. Alto, serio y elegante, caminó sin mirar a nadie. Su expresión fría ocultaba el enorme peso que llevaba sobre los hombros.
—No olvides quiénes son tus enemigos —le había dicho su padre antes de partir—. Especialmente los Draven.
Adrián no respondió. Solo siguió caminando hacia el castillo.
Minutos después apareció un carruaje rojo oscuro.
De él bajó Lia Draven.
Su largo cabello negro se movía con el viento mientras sus ojos violetas recorrían el castillo. No estaba allí para hacer amigos.
Sabía perfectamente quién era Adrián Valen.
Y lo odiaba desde antes de conocerlo.
Sus familias llevaban siglos culpándose mutuamente por la muerte de antiguos reyes vampiros.
Cuando sus miradas se cruzaron por primera vez, el silencio se volvió pesado.
Ninguno apartó los ojos.
—Así que tú eres el heredero Valen... —dijo Lia con una sonrisa desafiante.
—Y tú debes ser la Draven de la que todos hablan.
—Espero decepcionarte.
—Será difícil.
Durante unos segundos el aire pareció congelarse.
Entonces una voz grave interrumpió el momento.
—Si piensan empezar otra guerra, al menos esperen a terminar el primer día.
Era Kael, heredero de la Manada del Bosque Gris.
El joven licántropo sonrió de lado mientras apoyaba una mano sobre el enorme lobo negro que caminaba junto a él.
Lia desvió la mirada.
Adrián hizo lo mismo.
Los demás herederos comenzaron a llegar.
Erik Noctis, siempre tranquilo.
Isabella Aurel, con un antiguo libro bajo el brazo.
Damien Ravenor, silencioso como una sombra.
Y Lucas Sanguis, cuya sonrisa escondía demasiados secretos.
Los siete quedaron reunidos frente al enorme portón del castillo.
Entonces las campanas sonaron.
Una...
Dos...
Tres veces.
Las puertas de Vhaloren se abrieron lentamente.
Un anciano de cabello completamente blanco apareció en la entrada.
—Bienvenidos... herederos.
Su voz retumbó por todo el patio.
—Mi nombre es Magnus. Desde hoy entrenarán juntos. Comerán juntos. Vivirán juntos.
Hizo una pausa antes de continuar.
—Y algunos de ustedes... no sobrevivirán.
El silencio fue absoluto.
En ese instante, el cielo se oscureció.
La luna roja brilló con más intensidad que nunca.
Y, sin que nadie lo notara, un extraño símbolo comenzó a aparecer lentamente en la muñeca de Lia.
Era una marca que llevaba mil años sin manifestarse.
Y anunciaba el regreso de un enemigo que jamás debió despertar.
Continuará...








