Sipnosis
El Imperio que Comenzó
Año 2000
Nunca imaginé que una simple noche cambiaría mi vida para siempre.
Tenía seis años cuando descubrí que los cuentos de hadas no siempre terminaban felices.
Mientras jugaba con mis muñecas junto a mi pequeño hermano Caelum, escuchaba las voces de mis padres discutir en la otra habitación. Él apenas tenía cuatro años y, aunque no entendía lo que pasaba, sabía que algo estaba mal.
—¿Por qué mamá y papá siempre están enojados? —me preguntó en voz baja.
No supe qué responder.
Porque yo también tenía miedo.
Esa noche solo queríamos ir al cine. Queríamos ser una familia normal por unas horas.
Pero el destino tenía otros planes.
—¿Acaso estás olvidando todo lo que hicimos antes? —preguntó mi madre con lágrimas en los ojos mientras miraba a mi padre.
Él apretó la mandíbula y siguió conduciendo.
—No estoy olvidando nada. Solo estoy cansado… deja de hacerlo más difícil —respondió con furia.
Ninguno de los dos sabía que esas serían las últimas palabras antes de que todo cambiara.
Un accidente.
Un secreto.
Una deuda que jamás debió existir.
Tres meses después, cuando creíamos que todo comenzaría a mejorar, descubrimos la verdad.
Mi familia había despertado la ira de personas que no conocían la piedad.
Hombres que gobernaban desde las sombras.
Hombres que no buscaban perdón.
Buscaban venganza.
Aquella noche de invierno, un hombre llamado Alessandro llegó para cobrar lo que le pertenecía.
—Lian… tienes una deuda conmigo —dijo con una mirada fría—. Y si tú no puedes pagarla… alguien más lo hará.
Mi padre sabía que nos había puesto en peligro.
Sabía que ya no podíamos quedarnos.
—Escúchame bien… si quieres salvar a tu familia, corre —susurró mi madre mientras me abrazaba.
Pero escapar no sería suficiente.
Porque desde ese momento nuestra vida dejó de pertenecernos.
Nos arrebataron nuestro hogar.
Nos obligaron a escondernos.
Y poco a poco comenzaron a destruir todo lo que éramos.
Sin saber que aquella niña que perdió todo…
algún día regresaría.
No como una víctima.
No como una sobreviviente.
Sino como la mujer que construiría el imperio que todos temerían.
Porque antes de convertirse en una reina…
primero tuvo que caer.








