El sueño
Hola... tal vez esto suene extraño, pero después de casi morir todo cambió. Me sentía diferente, como si algo dentro de mí ya no fuera igual. Aun así, me levanté del suelo, respiré hondo y comencé a caminar sin pensar demasiado. No miré hacia atrás ni intenté entender lo que había pasado. Simplemente seguí mi camino hasta llegar a mi casa.
Cuando entré, todo parecía completamente normal. El silencio llenaba cada rincón y, por alguna razón, eso me daba una extraña tranquilidad. No revisé mi celular, no hablé con nadie ni pensé en lo que había sucedido. Solo fui directamente a mi habitación, me acosté sobre la cama y cerré los ojos. El cansancio era tan grande que en cuestión de segundos me quedé dormido.
No sé cuánto tiempo pasó. Podrían haber sido horas, días o incluso años. Lo único que recuerdo es haber abierto los ojos lentamente y sentir que algo no estaba bien. Había despertado... pero al mismo tiempo tenía la sensación de que nunca lo había hecho realmente.
Con el paso de los minutos empecé a notar pequeños detalles. Mi habitación era distinta, los muebles habían cambiado y las fotografías que estaban en las paredes mostraban momentos que jamás recordaba haber vivido. Fue entonces cuando entendí que algo había ocurrido.
Sin saber cómo, me di cuenta de que tenía veinticinco años. Ya no era el adolescente que recordaba ser. Mi vida había avanzado sin que yo la hubiera vivido. A mi lado estaba la que, según todos, era mi esposa. Lo más extraño era que no se trataba de una desconocida. Era mi novia de la secundaria, aquella persona que alguna vez imaginé que podría estar conmigo en el futuro.
Cualquiera pensaría que ese sería un sueño perfecto. Después de todo, había terminado junto a la persona que alguna vez amé. Pero la realidad era muy diferente. Dentro de mí había una sensación de vacío imposible de explicar. No me sentía feliz, tampoco triste. Solo me sentía perdido.
Era como despertar en la vida de alguien más. Todos actuaban como si me conocieran de toda la vida, mientras yo apenas intentaba entender quién era. Cada conversación se sentía falsa, cada recuerdo que los demás contaban era un espacio completamente vacío en mi mente.
La casa parecía mi hogar, pero al mismo tiempo no lo era. Caminaba por los pasillos sintiéndome como un invitado. Miraba a mi alrededor esperando encontrar algo familiar, pero todo resultaba extraño. Era esa sensación incómoda de estar en un lugar donde todos creen que perteneces, mientras tú solo deseas salir de ahí.
Y mientras más tiempo pasaba, más fuerte se hacía una pregunta que no dejaba de repetirse en mi cabeza...








