Record Of The Heroes' War by BadSakusha at Inkitt
Customize readability
Aa

Record of the Heroes' War

All Rights Reserved ©

Summary

En una época en que los reinos e imperios desaparecen con la misma facilidad que emergen. Las impredecibles mareas del tiempo van y vienen. La eterna sinfonía de batalla oscila en todo lugar, y los dioses se divierten con el tablero del destino… Héroes nacen, como la obertura que marca el tempo de la historia. Sus hazañas se escriben sobre hojas ilusorias. Con tinta eterna y plumas trágicas… Algunas se recordarán con orgullo, otras serán leyendas, otros mitos, otras se contarán con vergüenza, otras se eliminarán, otras apenas se mencionarán, otras ya no serán, se olvidarán, desvanecerán, o simplemente se las llevará el último suspiro que abre paso a un nuevo sendero con mismo final… Pero sus memorias vivirán, aunque no las recuerden más… Esta es su historia, una más…

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Rudbeckia part 1

El sol empezaba a dejar las últimas pinceladas sobre el cielo de una pequeña aldea, mientras el bullicio de la tarde era cada vez más tímido.

Ligeras sombras se asomaban por la mayoría de las casas, al mismo tiempo que un leve vapor se escapaba de las ventanas, inundando las calles de un sutil aroma a guiso.

Las pocas personas que seguían trabajando los campos empezaban a retirarse.

En las praderas dos niños que parecían tener entre ocho y nueve años jugaban y reían. Al parecer se habían fugado de su casa un momento, ya que ningún otro niño de la aldea parecía estar fuera de su hogar.

Solo bastaba con observarlos un poco para saber que su relación no era común. La calidez de sus voces, los gestos de complicidad o las miradas que hablaban sin pronunciar palabra, revelaban un vínculo tan profundo como la sangre, aunque esta no los uniese.

Un lazo así solo podría explicarse como un capricho de los veleidosos dioses…

—Debemos irnos, Hilde.

—Hmm… ¡No! ¡No quiero! Quiero jugar un rato más, Johan.

—No podemos, recuerda que mañana empieza la ceremonia.

—Lo sé, por eso lo digo…

—Mira, el cielo ya está rojo.

—Hermoso… Quiero pintar…

—Cuanto dibujas pareces embrujada, te olvidas de todo —mencionaba Johan con una ligera sonrisa, mientras observa a Hilde contemplando el cielo.

—…¿Qué?

—Ja, ja, ja, ja. Nada.

—Mmm… ¿Y esa risa?

—Ja, ja, ja, ja. No es nada.

—¡Hmp! Te ríes de mí —pronunciaba Hilde con agravio mientras inflaba las mejillas se cruzaba de brazos y daba media vuelta.

—No, en serio, no me burlaba, solo… no sé… lo siento…

Johan parecía bastante nervioso ante la idea de la pequeña niña enfadada con él.

—Pfff… Pffff… Ja, ja, ja, ja, ja.

—¿Qué?

—Ja, ja, ja. Tu cara.

—¿Mi cara?

—Ja, ja, ja, ja, ja.

—… Je, je… je, je, je. ¿Así que soy gracioso?

—¿Eh? No… eh… ¿Lo… siento? —Las palabras de Hilde salían mientras una ligera y cómplice sonrisa se dibujaba en su rostro.

—Je, je, je, je. Es hora del castigo —mencionaba Johan, mientras caminaba lentamente hacia Hilde con las manos estiradas y moviendo los dedos de forma extraña.

—¡No! ¡Espera! ¡Lo siento, en serio!—rogaba Hilde caminando lentamente hacia atrás.

—¡Toma!

—¡Nooo!

De repente, Johan aceleró el paso. Hilde viendo la acción intentó dar media vuelta y correr. Sin embargo, las manos de Johan fueron más rápidas y agarraron las mejillas de Hilde.

—¡Nshooooo! Lsho shiento, Johan… —Se disculpaba Hilde mientras apretaban y estiraban levemente sus mejillas.

—¡Bien! La malvada niña demon ha sido castigada.

—¡Hmp! No es demon es daimon, el viejo Cohen nos lo dijo —replicaba Hilde acariciándose las mejillas.

—Cierto, no recordaba… ¡El viejo siempre dice cosas interesantes!

—¡Sí! Sus historias son muy divertidas.

—¡Algún día saldremos de la aldea e iremos a muchos lugares como él!

—¿Me llevarás contigo, Johan?

—¡Claro! Seremos aventureros o tal vez nos unamos a un circo ambulante, como los extranjeros que se quedan a un lado de la aldea.

—¡Bien!

—¡Vamos! ¡Ya es tarde! Recuerda lo que dicen los adultos: “Cuando el sol se esconde, los dioses duermen”. —Johan agarró de la mano a Hilde y empezaron a caminar de regreso a la aldea.

En la cima de una pequeña colina, se alzaba solitario un joven arce. Erguido altivamente mientras las ligeras caricias del viento de verano ondeaban sus bellas hojas escarlatas, que parecía presumir, como solo la imprudencia infantil sabe hacer.

Bajo la delgada y tenue sombra que proyectaba aquel joven árbol —que parecía despedirse junto al postrimero fulgor del sol— se encontraba recostado un chico de doce años. Tenía la piel áspera —signo de un duro entrenamiento— y un pelo castaño rojizo que evocaba una llamarada solitaria en la fría oscuridad. De apariencia levemente sucia, tal vez por no bañarse en algunos días. La ligera camisa de lana que vestía estaba entreabierta, dejando al descubierto su cuello —donde colgaba un collar con un pequeño artefacto, de extraña madera— y un poco por debajo de él, donde se asomaban, tímidas, finas cicatrices. Señales que una mirada, perspicaz, entrenada y aguda, podría reconocer como signos de un adiestramiento temprano en las artes del combate. Y aunque parecían quedarle algunos rastros del encanto de la infancia, su semblante sutilmente ceñudo, distante y tenuemente indiferente, lo sepultaba. Pero, por sobre estas cosas (que son por demás comunes o al menos no tan inusuales —más aún en tiempos de rebosante furia, inestabilidad e incertidumbre—), lo que más destacaba de aquel jovencito, eran sus ojos. Ojos de un intenso, puro y translúcido verde esmeralda. Tan densamente verdes que parecían dos hermosas piedras mágicas. Esas gemas que se decía, eran el legado de una antigua civilización y que solo los más grandes artesanos enanos, elfos o daimon, podían manipular. Tan preciadas, tan valiosas, que incluso la alta nobleza luchaba por conseguir o eso se contaba.

Sin duda, unos ojos fascinantes que cualquiera admiraría, si no fuera por esas delgadas pupilas verticales… responsables de una inquietud inconsciente en todo aquel que los contemplaba.

Esos ojos tan hermosos y ominosos, observaban dos pequeñas sombras alejarse de las praderas rumbo al pueblo…

—¡Ryo! —Un enorme hombre de complexión robusta que parecía tener alrededor de cuarenta años, con un semblante alegre al que se le notaban las marcas del tiempo, le llamó—. ¿Qué haces aquí? Te saltaste los ensayos.

—¡…! Tsk. No pude sentirte.

—Je, je, je, je, je. No te apresures chico, te falta entrenamiento.

—De todas maneras no respondiste. ¿Por qué te saltaste los ensayos?

—No importa, ¿o sí? De todas formas no actuaremos en este pequeño pueblo, es demasiado pobre.

—Tal vez tengas razón, pero hay que guardar las apariencias.

Mientras Benedek hablaba con Ryo observó la dirección de su mirada y contempló dos diminutas sombras cada vez más tenues, acercándose más y más al pueblo.

—Ya casi es hora de cenar, regresemos a la tienda. No olvides la venda.

—Lo sé.

Siguiendo la orden de Benedek, Ryo se levantó, tomó el trozo de tela que tenía en el pantalón y se vendó los ojos —la tela aunque sumamente delgada volvería borrosa la visión de cualquiera, pero a Ryo parecía no afectarle tanto—. Caminaron en dirección al pabellón: una amplia pero elemental tienda de campaña cónica que se alzaba a un lado de la aldea.

Con cada paso más cerca de la aldea estaban y más evidente se volvía la fragancia que a estas horas inundaba.

Un gruñido impropio de la calma que el paisaje desprendía, salió abriéndose paso entre el eco de las pisadas que Ryo y Benedek dejaban.

—Mierda… me estoy muriendo de hambre…

—Siempre tienes hambre, Benedek.

—Ja, ja, ja, ja. Tú también deberías comer más, estás demasiado escuálido. —Benedek parecía preocupado mientras apretaba el brazo de Ryo quien rápidamente se soltó.

—Estoy bien, tú eres el que come demasiado…—mencionó Ryo mientras miraba el prominente abdomen de Benedek, que desentonaba con la impresionante fuerza que su aspecto transmitía.

—Ja, ja, ja, ja. Repites lo mismo que Velk y Lys.

—No. La que siempre lo dice es madre.

—Ja, ja, ja. La jefa es dura… ¿Hm?… ¡Es verdad! Me ordenó recoger unas hierbas con el alquimista después de buscarte.

—… Por esto siempre se enoja.

La pequeña aldea a la que se adentraban los recibía con la característica quietud que esta hora acogía.

Escasamente se percibían algunos ecos de las aves que la sobrevolaban cantando sus melodías finales. Los pasos o pequeñas pláticas que tenían los últimos aldeanos que regresaban a sus casas de roble ígneo y techos con brizna del bosque. O el crujir que las escasas tiendas de los artesanos hacían al levantar.

Saludando a los pocos lugareños que se encontraban siguieron caminando rumbo a la casa del alquimista.

Al llegar a una casa, levemente diferente a las demás —tal vez por las hierbas que brotaban de las paredes, por el pequeño jardín con extrañas flores y plantas a un lado o por la madera que parecía menos desgastada— se detuvieron. Benedek tocó a la puerta.

Esperaron, pero ni un sonido escapaba de aquella casa.

—Hmm… ¿No está?—preguntó Benedek a nadie en particular.

—Quién sabe, nunca lo he visto fuera de su casa tan tarde. —Mientras decía esto, Ryo tocó de nuevo a la puerta.

Esta vez escuchó una voz cálida un tanto cansada, común en personas mayores.

—Voy, voy.

Unos segundos después, la puerta se movió emergiendo tras ella la figura de un hombre de sesenta años, con ropajes de lana blanca y cuero gris —que sin duda ya habían dejado atrás sus mejores días—. Sobre estas vestimentas llevaba una gran túnica de color azul marino, tan desgastada, que parecía jamás se había quitado. Aquella silueta tenía el aspecto que cualquiera imaginaría de un maníaco erudito. Una barba sin forma, ojeras profundas —huellas de los constantes desvelos— y cabello corto pero alborotado. Donde el blanco ganaba cada vez más terreno sobre un marrón ya muy disminuido. Increíble resultaba que a pesar de esta apariencia, emanaba una sensación de física solidez.

—¿Qué sucede? ¡Oh, joven Benedek! ¿Qué lo trae por aquí?

—Ja, ja, ja. Gracias por el cumplido señor Cohen, y disculpe por importunar a estas horas, pero Elena me pidió recoger las hierbas que le encargó.

—No. No es un cumplido. Para alguien como yo, ustedes todavía son jóvenes. Y debo añadir que me sigue sorprendiendo los buenos modales que tienen —comentaba Cohen mientras una sutil sonrisa aparecía en su rostro tan rápidamente como se esfumaba.

—Ja, ja, ja. Después de todo nos presentamos ante los nobles de vez en cuando.

—Ya veo… ¡Oh, joven Ryo! Perdone, no lo había visto.

—No se preocupe.

—Gracias… Cierto, las hierbas de la joven Elena. Esperen un momento voy por ellas.

Segundos después de haber entrado a su casa salió con bolsa en mano.

—Aquí tienen.

—¡¡Gracias!! —Benedek y Ryo se despidieron al unísono.

De regreso al pabellón, el sol los había despedido. Ahora, los escoltaban dos elegantes lunas decrecientes —que parecían formar la silueta de unos ojos a punto del descanso— flotando solemnemente junto a cientos de tenues luces, su fiel compañía en medio de la interminable oscuridad.

Llegaron al pabellón y se dispusieron a entrar mientras escuchaban algunas voces dentro de él.

—.. ceremonia .. .. ... días. —Voz masculina.

—…. que .. mejor …… en …. día. —Voz femenina.

—¿Tú qué …… Astray? —Voz femenina.

—.... que cuanto antes mejor. —Voz masculina.

Entraron.

—Llegamos, jefa —saludó Benedek mientras le entregaba la bolsa que llevaba en la mano.

Ella, una mujer a mediados de los treinta, con una abundante melena pelirroja, ojos feroces y sonrisa valiente.

—Bien. Siéntense, es hora de cenar.

Desde que Ryo entró al pabellón Elena no había dejado de mirarlo…

—¡Muero de hambre!

—Tu capacidad de almacenamiento alimenticio no deja de sorprenderme. —Un hombre de cabello marrón sumamente claro, suelto hasta los hombros que cubría sus orejas así como una piel muy pálida, le habló a Benedek.

—Ja, ja, ja, ja. Un cuerpo como este necesita un consumo diferente, Velk.

Benedek se sentó en el suelo —que estaba mayormente cubierto por pieles desgastadas— junto a Velk —que estaba sentado al lado (derecho) de Elena—.

Ryo seguía de pie, mirando los penetrantes, claros y bellos ojos azules de Elena.

—Aquí el extraño es Astray, con su mediana complexión consume casi lo mismo que Benedek. —Una joven esbelta al inicio de sus veinte, con una mirada risueña, cabellera corta color albaricoque, orejas de gato que sobresalían de su cabeza así como una cola que salía tras ella del mismo color, hablo.

—¡Hey! ¿Yo qué tengo que ver, Lys?

El hombre que acababa de hablar con la chica gato —que estaba sentada del lado izquierdo de Elena—, de cabello corto avellana, una mirada displicente y sonrisa cansada, parecía estar al final de sus veinte. Lo que más destacaba de aquel hombre, eran tres zarcillos que tenía en la parte superior de cada oreja.

Ryo bajó la mirada; Elena lo seguía observando.

—Me pregunto a dónde va todo lo que comes, Astray; sé a dónde va lo que come

Benedek. —Lys movió su mirada de Astray a la barriga de Benedek rápidamente.

—Todo mundo tiene sus secretos y el mío es uno de los grandes enigmas de la

naturaleza —comentó Astray.

—Ja, ja, ja. El arte de la cocina es una de las grandes señales de cultura.

—Es cierto que el grado de sofisticación de una cocina puede decirnos mucho sobre un pueblo. Aun así creo que tu afirmación es un poco exagerada, Benedek.

—¿Eso crees, Velk? Yo creo que tiene algo de razón. Solo un pueblo lo suficientemente desarrollado puede crear una cocina propia.

—Sí, pero un pueblo por sí solo pocas veces produce la variedad suficiente de alimentos y técnicas para crear una alta cocina. El florecimiento de las cocinas actuales es la suma del ingenio de muchos pueblos, Astray.

Ryo seguía con la mirada baja; empezó a sudar. Elena lo seguía mirando.

—Concuerdo con Velk. Si la cocina de un pueblo es “próspera” pero solo por imitación, no es un pueblo realmente floreciente.

—Es verdad que la mayoría de las cocinas actuales parecen ser la suma de otras, Lys. Pero ahí es donde destaca una gran cultura. Esta absorbe a las demás, se impone y florece, mientras las demás simplemente perecen.

—Pero cuando dos cocinas igual de nobles luchan, se destruyen entre sí.

—O nace algo totalmente nuevo, Velk.

—Pero no necesariamente noble.

Ryo seguía sudando; empezó a temblar ligeramente. Elena lo seguía observando.

—Aun así, el alimento es algo que toda especie necesita de una u otra forma, por lo que es normal que haya prosperidad en ella. No creo que eso demuestre el grado de nobleza de un pueblo —intervino Lys.

—La maestría en las artes mágicas, alquímicas o de la forja, son una mejor referencia de la prosperidad de un pueblo.

—¡Vaya! Tu mitad daimon siempre brota, Velk.

—Tsk.

—Ja, ja, ja, ja. Solo mencioné algo que escuché en algún lugar —interrumpió Benedek.

—…

—…

—Ja, ja, ja, ja. —Se divertía Astray.

—De cualquier manera. ¿Qué importa? La vianda solo tiene un fin, disfrutarla y estos emparedados están listos para su propósito.

Después de terminar fútil charla, Benedek se preparó para tomar un emparedado con carne —cocida a fuego lento, con una técnica rústica pero suficiente para dejarla jugosa, tierna y ahumada—, cremoso queso de cabra untado sobre ella —sumando un sabor intenso con ligeras notas cítricas—. Y coronando, unas verduras salteadas. Todo esto envuelto en un pan de centeno añejo.

Sin embargo… antes de que la mano de Benedek llegara a la bandeja frente a él, con varios de estos bocadillos, Elena golpeó su rodilla e inmediatamente se detuvo en seco.

El cambio de ánimo que el débil sonido provocó, fue tan abrupto como desconcertante.

Todos se quedaron quietos, como si el mismo tiempo se hubiese detenido.

—¿Algo que decir, Ryo?—hablo Elena.

—… Siento haber faltado a los ensayos.

La pequeña sonrisa que se dibujaba en el rostro de Elena se volvió más amplia.

—¡Bien! Cenemos.

Con esta pequeña declaración de Elena, el tiempo pareció descongelarse y el ánimo volver.

—No molestes tanto a Ryo, Elena, es solo un niño. —Lys se levantó, abrazó a Ryo y acarició su cabeza.

Ryo parecía levemente sonrojado.

—Lo malcrías mucho, Lys.

—¡Hmp!

Lys lo soltó suavemente y regresó a su lugar.

Ryo caminó, se quitó la venda de los ojos y se acomodó frente a Elena. Cerrando el círculo que naturalmente habían formado todos alrededor de una pequeña llama bermellón que bailaba parsimoniosa en el aire.

Todos empezaron a disfrutar de los pequeños manjares al tiempo que conversaban relajada y agradablemente sobre ningún tema en particular…

—Lo haremos en dos días —anunció Elena de repente, en un tono más serio sin su sonrisa habitual.

—Es el día de la ceremonia —respondió Velk.

—Sí. Como todos saben, las personas de la aldea solo nos han informado que esta “ceremonia” suya se realiza dentro del bosque y solo los “iniciados” y algunos acompañantes se adentran, mientras los demás se quedan a preparar un banquete. Con todas estas distracciones será más fácil actuar.

—Entendido, jefa.

—Es verdad que este “ritual” o lo que sea es una gran distracción, pero también un gran riesgo. Si por casualidad o accidente se enteran de lo que hacemos durante la ceremonia, será difícil salir sin derramar sangre.

—Mañana hablaré con el líder local para decirle que nos iremos al siguiente día.

—Así que será una operación de pisa y corre —intervino Velk.

—No sé si escogió un buen o mal lugar para esconderse.

—Tomando en cuenta lo que nos costó encontrar esta aldea, diría que es un buen lugar,

Lys —respondió Velk.

—Sí, pero, ¿por qué permanece en esta aldea? Algo no se siente bien… es como si estuviera esperando algo… o a alguien…

—Tal vez te sientas así porque es un compañero de oficio o mejor dicho un superior.

—Es raro que se haya detenido en esta aldea en lugar de seguir el camino a su país, cuando no está tan lejos de aquí —replicaba Lys.

—¿Tal vez esta aldea sea el punto de entrega?—cuestiono Astray

—Benedek, ¿observaste o percibiste algo extraño en él cuando recogiste las hierbas?

—Hmm… No sabría decirte con seguridad. No creo que sepa quiénes somos, pero sí creo que sospecha algo.

—¿Y tú, Ryo?

—Concuerdo, hay algo extraño en él.

—…

Elena se quedó meditando, mientras los demás esperaban.

—Cuanto antes actuemos mejor. Lys, Astray.

—¡¡Sí!!

—Ustedes me acompañarán, Benedek, tú estarás en el pueblo cuidando nuestras espaldas.

—¡Sí!

—Velk, Ryo, se quedarán vigilando el perímetro mientras recogen todo para irnos de inmediato.

—¡Sí!

—…

Elena rápidamente percibió que Ryo parecía molesto.

—¿Algún problema, Ryo?

—… —Ryo parecía estar luchando por decir algo—. Quiero ir contigo.

—No.

—¿Por qué no?

—Esta operación es muy complicada.

—¿No soy lo suficientemente bueno?

—Tu entrenamiento va bien, ya participaste en un par de operaciones. Pero todavía no estás listo para una tarea como esta.

Ryo bajo la cabeza, apretó los puños. Para él, las palabras de Elena sonaban tan heladas como desoladoras. Aunque sabía que era la verdad, deseaba que no fuera así. Y aún más molesto era para él, que aun sabiendo esto, no lo podía aceptar.

—Ja, ja, ja, ja. No te preocupes chico, ya tendrás oportunidad de brillar —le dijo Benedek mientras revolvía su pelo.

—Déjalo, Benedek. Solo la jefa y yo podemos agarrar la cabeza de Ryo. —Lys abrazó a Ryo apartando la mano de Benedek.

—Ja, ja, ja, ja, ja, ja.

—Ahhhh… Joseph nos debe un buen banquete después de esto.

—Concuerdo.

—Bien. Descansemos.

Elena anunció al terminar la cena y aquella llama que bailaba sobre ellos se extinguió.

Let BadSakusha know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Kaan - Jungfrau gesucht - Gefährtin gefunden

Ulrike Ulbrich: Ich finde die Geschichte fesselnd, gut geschrieben. Die Handlung ist klar und auch die Dramatischen Handlung sind nicht übertrieben in die Länge gezogen. In allen eine sehr erotische Geschichte die zum träumen einlädt und süchtig macht. Ich würde sie jedem empfehlen der was leichtes und erotisch fes...

Read Now
Luna de Verano - Die Gefährtin des Alphas (Band 1)

Jana: Ich mag die Stärke von Eleonora, teilweise wird etwas tief in die Klischeekiste gegriffen.

Read Now
Stadt der Alphas

Susanne: Es fängt schon spannend an Aber von Yara Collins ist das fast normal. 4 alt, älter und am ältestens Alphas plus 21jähriges Mädchen... joo da kommt Spannung auf 🤣🤣🤣. Freue mich auf Fortsetzung

Read Now
His Forsaken Fate

karen11309: I really love the story, love that Amara stand her ground let him suffer too, I love the ending but I want more to the ending like they got married ,have kids,and that her brother William forgive him .

Read Now
Alpha’s Claim

yulymachado: La historia es buena y te mantiene a la espectativa, la trama fluye de forma inesperada y el estila es bueno en mi opinion personal en una muy buena historia

Read Now
Half-Claimed

youdonthavetoknowmyname: I am not good at writing reviews, I never was but I am still doing it anyway, 'cuz this story taught me something and I believe I should also give it something in return. while I can't offer much, I'd share my side of ride in this story. I somehow relate to sasha, never having my identity as mine. a...

Read Now
Butcher Boys (A Reverse Harem, Dark Romance)

Mystic90: L'histoire nous met dans le bain tout de suite. Un mélange de Spicy et de Dark. J'ai adoré le développement des personnages, les moments Spicy, tout en réalité. Tout est bien pensé et développé. Je ne peux que recommander à ceux qui n'ont pas froid aux yeux.

Read Now
The Orc's Pet

Elms1020: I like that it goes fast and both perspectives are seen. I’m in the middle of the story and am enjoying it so far.

Read Now
Stripped Shadows

dost19: Habe die Geschichte genossen. Emotional, glaubwürdige Fiktion mit einem spannenden Dreh am Schluss. Würde gerne wissen wie es weitergeht und was mit den offenen Enden ist. Die Charaktere werden nachvollziehbar entwickelt die Story auch.

Read Now