Capítulo 1
La mafia coreana, conocida como Kkangpae; es una red ilícita de tráfico de blancas, negocios ilegales, protección a barrios bajos, corrupción política y empresarial; sin embargo, entre más actos arroces se cometan un hombre se levanta sobre la sangre de inocentes:Wang.
Es conocido principalmente por sus tortuosos castigos, la expansión del reino coreano en el mundo del narcotráfico al aliarse con potencias latinoamericanas. Su nombre es un completo misterio por lo que su apodo es utilizado por toda su organización.
Esa noche, las principales potencias en influencia coreanas han realizado una fiesta clandestina en una isla cerca del puerto privado de Corea.
Por lo que, sus mayores líderes están reunidos en una sala blanca utilizando vestiduras negras, y máscaras de animales que cubren su rostro hasta la boca, hechas con oro e incrustadas sobre ellas piedras preciosas.
Los más bajos utilizan diamantes, los segundos al mando utilizan esmeraldas traídas de Colombia gracias a la minería ilegal, posteriormente los de más alto nivel Rubies.
Solo el color demuestra que aquellos que portan el símbolo de la familia de Wang, en especialmente sus mujeres Alfa utilizan amatista incrustadas. Ellas están debajo de los líderes oficiales.
La venta inicia, el primer producto es presentado por una voz robotica similar a la de una mujer:
—Desde las heladas tierras de Canadá, esta hermosa perla ha sido llamada por mucho como el diamante
El primero, es un omega de rubia cabellera con ojos azules, su piel blanca y tersa hace que algunos se sientan atraídos a primera vista por él; su cuerpo es cubierto por una falda corta, como su apodo lo indica, tiene un collar de perlas qué rodea su cuello en tres capas luego baja hasta sus pezones erectos debido al frío, sus manos están decoradas con manillas plateadas y, su cabeza tiene un broche: una flor de loto.
Como dicha subasta tiene un reglamnero de protección; para que el omega no escape tiene encadenadas las piernas, al igual que sus muñecas en una sola cadena que las unifica.
Su mirada permanece perdida, oscura y opaca.
Esta asustado, pero debido al medicamento sus feromonas cambian a algo dulce.
Quien tiene la máscara de diamantes, eleva sus dedos con lentitud. El omega camina hacia él con cuidado a tropezar acercándose con sensualidad, se arrodilla restregando su cabeza en el muslo del alfa, como un gato cariñoso.
—Quiero… quiero tu semen —declaró
Un dedo se posa en sus labios cubriendo la comisura, eran suaves a su tacto; al palpar con cuidado la piel de su rostro y su brazo con su mano libre, este excita al sentir la suavidad de aquel órgano expuesto; aquel dedo qué aún se posa sobre sus labios es apoderado por la lengua del omega quien mueve su boca como si estuviera chupando su pene.
Al retirar sus labios del dedo con un ligero hilo de saliva que los unía, sus ojos brillantes en lujuria se apoderaron de su mirada.
—Lo deseo —pidió
Con sus dientes tomó la cremallera del pantalón de aquel hombre bajándola, metiendo la cabeza entre sus piernas; él apenas pudo reaccionar tomándolo del cabello.
—Ve a una habitación, ten algo de respeto —comentó uno de ellos con máscara de halcón y esmeraldas incrustadas
—Relájate, no es la primera vez que me ves en una situación así —respondió sin interés alguno
El sonido de la radio desde la cabina qué los cuidaba resonó entre ese silencio helado.
—Les recuerdo que una vez el producto es probado, se debe hacer un pago inmediato por el omega que han escogido, por lo tanto: se beonjjae nalgae, debe pagar primero por él.
Apartó la cabeza del omega de su entrepierna con un fuerte tirón.
—Bueno, conocen la rutina —comentó en voz alta
—Vendido a se beonjjae nalgae.
A la habitación entraron dos ayudantes beta, mujeres luciendo el Hanbok, ropas coreanas que las distinguen como las encargadas de engatusar a los omegas para acostarse con los líderes de esta organización.
Lo tomaron de los brazos con delicadeza llevándolo a la habitación de su comprador quien se ajustaba el pantalón solo para salir por otra puerta, dejando en la habitación el olor del diamante.
—Nuestro segundo producto viene de la tierra del sabor colombiano, mismo país donde han de importarse las esmeraldas qué los du beonjjae lebel nalgae están utilizando en sus máscaras. Por lo mismo hemos llamado a este ejemplar: esmeralda
Antes de entrar ya se escuchaban las quejas del omega.
—¡SUELTENME MALPARIDAS TREINTA HIJUEPUTAS! —Sus gritos perpetraron la sala cuando fue empujado por las betas.
Dadas las cadenas tropezó golpeando su cuerpo, las mujeres lo levantaron hablando en coreano, algo que el joven no comprendía.
—¿siempre son así de agresivos? —una de las alfas lo mira por encima de la máscara con asco.
Este muchacho tenía las típicas facciones latinoamericanas: piel bronceada, ojos marrones y el cabello castaño; para resaltar su figura le pusieron prendas moradas con algunos destellos dorados alrededor, era un traje gitano por lo que su pecho estaba cubierto por un top.
Sobre su boca unas delicadas cadenas que se ajustaban a sus orejas y bajan gracias a la gravedad por su nariz hasta cubrir sus labios por completo, su cabeza tiene una diadema la cual comparte la gema qué han escogido para él: la esmeralda.

Se acercan a los demás apoyando sus manos entre los hombros sujetando su cabello de tal manera que inmoviliza su cabeza.
—Malparidas —siguió insultando
—Deberán suministrar más droga —recalco una de las alfas
—Ya hemos excedido las cantidades con él. Sin importar como, me temo que no ha reaccionado a ella
—¿De qué está hablando esta puta? —asustado, Sebastián dobló el ceño con temor e ira —¡¡LES DIJE ESPECÍFICAMENTE QUE PREFIERO MORIR ANTES DE QUE UNO DE ELLOS ME VIOLE!! ¡¡¡MATENME HIJUEPUTAS QUE A MÍ ME ENSEÑARON QUE EL QUE TIENE MIEDO A MORIR QUE NO NAZCA!!!
Se veían unos a otros, sin importar cuánto gritara, insultara o peleará, jamás sería entendido.
—Déjame olerlo —Wang bajo de su silla caminando hacia él —generalmente suele haber un desorden hormonal, ¿quien le suministró la dro…
Al verlo a los ojos, el corazón de Wang tembló, el olor que desprende era embriagante, una sensación sofocante que no lo dejaba acercarse lo suficiente. Bajo la cabeza sujetando la frente de la máscara.
—¿Cuántas dosis le suplementaron? —inquirio cubriendose la nariz por debajo de la máscara
—Dos, mi señor. Es el máximo que usted nos ha exigido para los omegas que recién experimentan con la droga
Wang se apartó de inmediato, sentía un dolor sofocante en su pecho que era capaz de debilitarlo; el omega agobiado por la feromona del alfa tapó su nariz de inmediato.
—Wang, ¿te sientes bien? —otro integrante de la organización con rubíes sobre la cabeza se dirigió a él tomando su hombro
—Huele asqueroso, que repugnante.
La mirada dentro de la máscara del hombre cambió toda percepción de sí mismo.
—Wang, él no está desprendiendo ningún olor.
La mirada del alfa cambió de inmediato, detestaba que le llevarán la contraria. Por su parte Sebastián tampoco la estaba pasando muy bien, su vientre ardía, sus venas hervían con la sangre que corría tras sus vasos sanguíneos, la presión en su pecho cortándole el aire tampoco ayudaba, en su vida había sentido un olor tan áspero como en ese momento. Creía poder ver las feromonas que se lo rodeaban hasta que su cuerpo no lo resistió, cayó al suelo inconsciente a los pies de Wang
—Llevenselo, no resistiré más este martirio —Se dio la vuelta frenando en seco tras dos paso, con la mano aun en su nariz dos gotas de sangre se escaparon de su agarre manchando el piso
—¿Wang?
Giro la cabeza con impresión al omega.
—Deberían llevarse al omega, parece que está sangrando.
—¡Wang! —el grito de se beonjjae nalgae alertó a los presentes al percatarse qué el alfa sangraba
Apretó los dientes enojado, su sangre era líquida, totalmente líquida, rodeando sus dedos blancos como una cascada.
Los ojos oscuros de Wang, se tornaron de un color dorado intenso qué se perdía entre el mismo color de la máscara; su sangre hervía y pronto sus feromonas empezaron a desprenderse sin control, rodeando el cuerpo del omega.
—¡llamen a los médicos! —ordenó uno de primer nivel
Pronto, los demás alfas empezaron a apartarse de Wang, su feromona era tan fuerte que más de uno terminó con la nariz sangrando, compartían la idea de que aquel hombre estaba experimentando un cambio.
Una probabilidad de pocos días.
La voz femenina a través de la radio volvió a hablar.
—Les informamos a todos nuestros asegurados que por favor salgan por las puertas de emergencia, no aparten la mirada de enfrente, no quiten sus manos de la nariz y mantengan la calma.
Wang solo puede observar al omega con un charco de sangre debajo de su cabeza; estaba en mal estado, podría asegurarlo a simple vista.
Cuando se encontraba solo, la voz volvió:
—Sr. Wang, le recomiendo quitarse la máscara, hemos iniciado un protocolo de purificación del área, en los siguientes segundos expulsarlos agua por medio de los rociadores para que sea atendido por el equipo médico.
Respiro profundo, un poco alterado por la emoción retirando así la máscara de León.
La dejó caer aun lado; ya no sentía ese repugnante aroma provenir del omega, estaba tan asqueado que ni siquiera quería tocarlo, simplemente se apartó de él con los brazos cruzados.
Su trabaje también se había manchado.
—Cuenta regresiva para la purificación —el techo resbaladizo se deslizó hacia la derecha en pequeños cuadros qué dejaron al descubierto los rociadores —3, 2, 1.
El agua salpicó el lugar, la sangre de Sebastián se contaminó con el agua creando un charco más grande que antes. Wang tenía los labios cerrados, una mirada acabada por su cabello azabache, su feromona descontrolada y una sala que costaba millones arruinada, solo podía apreciar como el agua allanaba el lugar.
El suelo se separó en ligeras líneas creando una visión poco notable que drena el agua con sangre.
—Proceso de purificación completado, gracias Sr. Wang por seguir nuestras indicaciones
Las puertas se abrieron de golpe, cuatro médicos entraron corriendo con implementos para atenderlo.
—Señor, le pido que por favor tome asiento este proceso no tardará mucho tiempo —dos de los médicos lo acercan a las sillas mientras los otros revisan al omega inconsciente
—No me paso nada grave, pueden dejarlo; sin embargo —señaló al joven —, alejen sus manos de mi omega —con voz grave y gruesa obligó a los presentes a alejarse de él
Con su mirada puesta en el rostro de Omega bajó hasta su cuello donde un hilo dorado se fortalecía conforme pasaban los segundos.
Eran lazos.
Parejas predestinadas a estar juntos, generalmente el lazo se crea cuando ves a la persona; sin embargo, Sebastián estaba drogado, por lo que fue más complicado para él procesar los medicamentos aún más por él estrés que el omega estaba manejando.
Por consiguiente a esto. Wang también estaba drogado, antes de estas reuniones siempre tomaba inhibidores, de esa manera se mantenía consciente durante estas fiestas y no cometía imprudencias.
Para él era: dejarse consumir por sus instintos alfa, dañar al omega y embarazarlo.
Cuando eso pasaba, se solía sacrificar a la madre y al feto.
Por eso Wang no se permitía este tipo de imprudencias, aunque ahora había algo más que le preocupaba aparte de la transformación: Su omega, había sufrido mucho, debía estar agobiado por tanto medicamento, si sobrevive, lo protegería
—Señor Wang, le recomendamos seguir las recomendaciones de los médicos —la voz se elevó en la cabina.
—Lo haré, si primero cuidan a mi omega.
—Por supuesto.
«Había escuchado acerca de la transformación por lazos, pero jamás creí ser víctima de tal juego del destino, podría exagerar con mis supocisiones, pero no son las feromonas dulces que me prometían los testigos. Y solo hay una respuesta para ello, él debe estar encinta»








