Entre El Sol Y La Luna by Cristal at Inkitt
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Entre el Sol y la Luna

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Summary

Dos niñas. Dos reinos. Un cielo compartido. Lía Valen, heredera del Sol, y Kael Ardent, heredera de la Luna, solo querían disfrutar una noche de festival cuando hicieron una promesa que parecía imposible de romper. Pero el tiempo cambia a las personas. Los reinos levantan fronteras. Y las guerras obligan a elegir bandos. Años después, el destino volverá a cruzar sus caminos, enfrentándolas en un mundo donde confiar puede costar una corona y amar puede convertirse en el mayor acto de traición. Porque algunas promesas sobreviven al tiempo. Y otras... son capaces de desafiar el destino.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

“Toda guerra necesita un héroe. Toda mentira necesita un culpable. Y toda historia necesita a alguien dispuesto a creerla”

Bajo el mismo cielo

En Asterión existía una época en la que nadie temía mirar al otro lado de la frontera.

Los niños no se aprendían los nombres de los enemigos antes que los nombres de las estrellas. Los soldados no caminaban por los caminos buscando una guerra que pelear. Y las coronas no pesaban sobre los hombros de quienes todavía no habían aprendido lo que significaba perder.

Aquella época tenía un nombre.

“La era de la Unión”

Y fue durante uno de sus últimos días de paz cuando dos niñas se encontraron por primera vez.

Una llevaba el emblema del Sol.

La otra llevaba el símbolo de la Luna.

Ninguna sabía que algún día sus nombres serían pronunciados en canciones.

Ninguna sabía que los mismos pueblos que las aplaudían esa noche algún día pedirían verlas derrotadas.

Eran solo dos niñas.

Y por ahora...

eso era suficiente.

Antes de que los nombres de Lía Valen y Kael Ardent fueran pronunciados con miedo o respeto, antes de que sus coronas representaran dos lados de una guerra que nunca pidieron, ellas solo eran dos niñas intentando descubrir un mundo demasiado grande para sus pequeñas manos.

Lía siempre había sido diferente a lo que esperaban de una princesa.

No porque no pudiera comportarse como una heredera de Aurelia, sino porque nunca dejó de preguntarse por qué las cosas tenían que ser como eran.

Mientras otros niños de la nobleza soñaban con vestidos más elegantes o grandes salones, Lía prefería perderse en los pasillos de la biblioteca real, escuchar las historias de los viajeros y hacer preguntas que dejaban a sus maestros sin respuestas.

—Una reina debe conocer las leyes de su reino —le decía uno de sus tutores.

—Entonces también debería conocer a las personas que viven bajo esas leyes —respondía ella.

Aquella respuesta solía provocar suspiros entre los adultos.

Lía tenía una costumbre peligrosa para alguien que algún día llevaría una corona: le importaba demasiado, le importaba la niña que vendía flores en la plaza, le importaba el anciano que arreglaba juguetes de madera, le importaba incluso el soldado que fingía no sentir dolor después de entrenar.Para algunos, aquello era una debilidad. Para sus padres, era precisamente la razón por la que algún día sería una gran reina.

Aunque Lía todavía no lo sabía.

A sus nueve años, lo único que tenía claro era que no quería pasar toda la noche sentada junto a los nobles escuchando conversaciones sobre tratados, comercio o política. Quería conocer el festival. quería escuchar la música y quería descubrir qué había más allá de los jardines del palacio. Sobre todo...Quería sentir que por una noche no era una princesa.

Solo Lía.

Lía esperó hasta que sus padres estuvieran distraídos conversando con los representantes de otros reinos antes de mirar hacia la enorme entrada que conectaba el palacio con la ciudad. Desde allí podía escuchar la música.

Desde allí podía escuchar la música, el sonido de los instrumentos mezclados con las risas de la gente. El olor de los dulces recién preparados y las voces de los niños corriendo entre los puestos de comerciantes.

Todo aquello parecía llamarla.

—No lo hagas.

La voz de su padre hizo que se detuviera.

Lía giró lentamente y encontró al rey Adrien observándola con una pequeña sonrisa.

—¿Hacer qué? —preguntó ella, intentando parecer inocente.

Su padre levantó una ceja.

—Esa misma cara la tenías la última vez que decidiste esconderte en la biblioteca durante una ceremonia importante.

Lía bajó la mirada.

—La biblioteca era más interesante que escuchar a veinte personas hablar sobre impuestos.

El rey intentó contener una risa.

—Algún día tendrás que aprender que una reina no puede escapar de sus responsabilidades.

Lía suspiró.

—¿Y una reina nunca puede divertirse?

La pregunta tomó por sorpresa al rey.

Durante unos segundos no respondió.

No porque no supiera qué decir, sino porque conocía el peso que algún día recaería sobre los hombros de su hija. Sabía que llegaría un momento en el que las decisiones serían más importantes que los juegos y las obligaciones ocuparían el lugar de los sueños. Y, por un instante, deseó que ese día tardará muchos años en llegar.

Se acercó despacio hasta ella y acomodó con delicadeza un pequeño mechón de cabello oscuro que había escapado de su peinado.

—Una buena reina recuerda algo que muchos olvidan.

Lía lo miró con curiosidad.

—¿Qué cosa?

—Que antes de ser reina... eres una persona.

La niña sonrió.

Era una frase sencilla.

Pero esa noche se quedaría con ella para siempre.

—Entonces... ¿Puedo conocer el festival?

El rey soltó un suspiro exagerado.

—Sabía que esa era la pregunta que realmente querías hacer.

Lía sonrió más.

—¿Eso significa que sí?

Su padre miró hacia la ciudad iluminada y luego hacia los guardias que esperaban cerca.

—Cinco minutos.

Los ojos de Lía brillaron.

—¿Cinco minutos de princesa?

—Cinco minutos de Lía.

Y con esa pequeña victoria, la futura reina de Aurelia corrió hacia las luces del festival. Lía no tardó en olvidar que solamente tenía cinco minutos.

La ciudad era demasiado grande, demasiado brillante y demasiado viva como para quedarse contando el tiempo. Las luces colgaban sobre las calles como pequeñas estrellas atrapadas entre los edificios. Los músicos tocaban melodías que mezclaban los sonidos de Aurelia y Noctyra, y los puestos estaban llenos de personas ofreciendo objetos que Lía solo había visto en los libros.

Por primera vez en toda la noche, nadie la miraba como una futura reina, nadie le pedía que sonriera de cierta manera, nadie esperaba que dijera la respuesta correcta. Solo era una niña caminando entre luces.

Y eso le gustaba.

—Si tu padre descubre que estás aquí sola, probablemente culpará a todo tu ejército de protección antes que a ti.

Lía se giró rápidamente al escuchar una voz detrás de ella. Frente a un puesto de dulces estaba una niña que parecía estar disfrutando demasiado de su propia travesura.

Vestía ropa elegante, propia de alguien importante, aunque llevaba algunos detalles desordenados: una manga ligeramente doblada, el cabello algo despeinado y una expresión que dejaba claro que llevaba toda la noche escapando de quienes intentaban vigilarla. Pero lo que más llamó la atención de Lía fueron sus ojos. Eran oscuros, muy oscuros y aun así, transmitían una extraña calidez. Sus ojos tenían una seguridad extraña para alguien tan joven. Como si no tuviera miedo de nada.

Lía la observó con curiosidad.

—¿Y tú quién eres?

La niña tomó uno de los dulces del puesto y lo miró como si estuviera considerando una decisión extremadamente importante.

—Esa es una pregunta muy seria para alguien que acaba de aparecer en mi camino.

Lía frunció el ceño.

—No has respondido.

La niña sonrió.

—Tú tampoco.

Lía abrió la boca para responder, pero se detuvo.

Porque era cierto.

Por primera vez esa noche, alguien no había hecho una reverencia.

No había dicho “princesa”.

No había tratado sus palabras como si fueran órdenes.

Solo estaba hablando con ella.

Como si fueran iguales.

—Soy Lía —dijo finalmente.

La otra niña la miró durante unos segundos.

Luego sonrió.

—Kael.

Y aunque ninguna de las dos podía saberlo en ese momento, ese simple intercambio cambiaría sus vidas para siempre.

“Porque algunas personas llegan a tu vida sin hacer ruido.”

Sin promesas, sin advertencias…..Solo aparecen, y de alguna manera el mundo empieza a sentirse diferente. Kael volvió a mirar el dulce que todavía sostenía entre sus dedos.

—Entonces, Lía...

La forma en que dijo su nombre hizo que la niña levantara la mirada.

No había título, no había formalidad..Solo su nombre.

—¿Siempre caminas por los festivales diciendo quién eres?

Lía parpadeó confundida.

—No.

—Qué raro.

—¿Por qué sería raro?

Kael se encogió de hombros.

—Porque tienes cara de alguien que está acostumbrada a que todos sepan quién eres.

Lía abrió la boca para responder, pero no encontró una respuesta inmediata. Porque, de alguna manera, la niña desconocida había acertado.

—¿Y tú siempre hablas así con personas que acabas de conocer?

Kael sonrió.

—Solo con las que parecen necesitarlo.

Lía entrecerró los ojos.

—¿Necesitar qué?

—Que alguien les recuerde que pueden divertirse.

Durante unos segundos, Lía no dijo nada. No porque estuviera molesta, sino porque no sabía qué responder. Los adultos siempre le hablaban de lo que debía hacer, de lo que debía aprender y de la persona en la que debía convertirse. Pero esa niña acababa de decirle algo que nadie le había dicho esa noche: que también podía disfrutar siendo una niña.

—Eres extraña —dijo Lía finalmente.

Kael sonrió con orgullo.

—Me lo han dicho antes.

—No era un cumplido.

—Lo sé.

La respuesta hizo que Lía intentara no reírse. Intentó, de verdad intentó. Pero perdió,y por primera vez durante el festival, la princesa de Aurelia se olvidó de comportarse como una princesa.

“¿Total solo era una noche…Verdad?”

Kael observó la sonrisa de Lía con una expresión satisfecha, como si acabara de ganar una pequeña batalla que solo ella conocía.

—Sabía que podías hacerlo.

Lía dejó de sonreír por un instante y la miró con curiosidad.

—¿Hacer qué?

—Reírte.

La respuesta fue tan sencilla que Lía no supo qué decir. No era que nunca se riera. Lo hacía con su familia, con sus maestros cuando lograba sorprenderlos con alguna respuesta inesperada y con los niños de la nobleza durante algunas celebraciones. Pero casi siempre sentía que debía hacerlo de cierta manera, como si incluso su felicidad tuviera reglas.

Con Kael era diferente.

No parecía importarle si Lía era una princesa. No parecía estar impresionada por su apellido ni por el futuro que todos habían decidido para ella. Y eso era extraño, pero no era desagradable.

—¿De dónde eres? —preguntó Lía, mirando los detalles de la ropa de la niña.

Kael bajó la vista hacia su propia vestimenta y sonrió ligeramente.

—¿No lo sabes?

Lía negó con la cabeza.

—No.

—Entonces eres peor observadora de lo que pensé.

Lía frunció el ceño.

—Acabas de conocerme y ya estás diciendo cosas sobre mí.

—Y tú acabas de conocerme y sigues hablando conmigo.

Kael tenía razón. Eso molestó un poco a Lía, pero también hizo que quisiera seguir escuchándola.

—Eres de Noctyra, ¿verdad?

La sonrisa de Kael cambió un poco, como si no esperara que acertara.

—Así que sí eres observadora.

Lía sonrió orgullosa.

—Solo estaba prestando atención.

—Eso hacen las personas inteligentes.

—¿Me estás diciendo inteligente?

—No te emociones, princesa.

Lía volvió a fruncir el ceño.

—Pensé que habíamos quedado en que no ibas a llamarme princesa.

Kael la miró unos segundos y luego sonrió.

—Tienes razón.

Hizo una pequeña reverencia exagerada, claramente fingida.

—Mis disculpas, Lía de Aurelia.

La niña intentó mantenerse seria, pero terminó soltando una risa.

Kael también sonrió. Y en medio de una ciudad llena de coronas, soldados y personas importantes, dos niñas que pertenecían a mundos distintos encontraron algo mucho más sencillo. Una conversación, una amistad…”Un momento que ninguna de las dos olvidaría.”

Aunque todavía no sabían que, muchos años después, recordar aquella noche sería una de las pocas cosas que ambas seguirían compartiendo. El Festival de la Luna y el Sol continuaba creciendo a medida que avanzaba la noche. Las calles de Aurelia estaban llenas de música, risas y pequeñas luces flotantes que decoraban los caminos como si las estrellas hubieran decidido bajar del cielo para celebrar junto a ellos.

Lía observaba todo con una mezcla de emoción y curiosidad. Había vivido toda su vida dentro de los muros del palacio, rodeada de personas que conocían cada rincón del reino, pero aquella noche sentía que estaba viendo Aurelia por primera vez.

Kael caminaba a su lado con una tranquilidad que a Lía le parecía extraña. No parecía impresionada por los grandes edificios, por los guardias o por la cantidad de personas importantes que los rodeaban.

Parecía estar buscando algo.

—¿Qué haces? —preguntó Lía al notar que Kael miraba constantemente alrededor.

Kael giró la cabeza hacia ella.

—Estoy pensando.

—Eso no responde mi pregunta.

—Entonces estoy pensando y buscando.

Lía soltó un pequeño suspiro.

—Eres muy complicada.

—Eso dicen.

—¿Y no intentas cambiarlo?

Kael se encogió de hombros.

—No veo por qué debería hacerlo.

La respuesta hizo que Lía se quedara en silencio unos segundos. Ella había pasado mucho tiempo intentando ser exactamente lo que los demás esperaban de ella. Una princesa educada. Una heredera perfecta. Una futura reina que nunca cometiera errores.

Kael parecía hacer lo contrario. No intentaba agradar tampoco intentaba demostrar nada. Simplemente era ella.

—Encontré algo —dijo Kael de repente

Lía siguió su mirada y vio, al final de una pequeña calle, un puesto rodeado de personas.

—¿Qué es?

Kael sonrió.

Esa sonrisa hizo que Lía sospechara inmediatamente.

—No me gusta esa cara.

—¿Qué cara?

—La cara que tienes cuando vas a hacer algo que probablemente no deberías.

Kael pareció pensarlo.

—Entonces me conoces bastante rápido.

Antes de que Lía pudiera responder, Kael tomó suavemente su mano y comenzó a caminar entre la multitud. Lía se sorprendió más por el gesto que por el movimiento. Nadie tomaba su mano así, los adultos lo hacían para guiarla y los guardias lo hacían para protegerla. Pero Kael simplemente lo hizo porque quería que la acompañara. Y por alguna razón, Lía no quiso soltarla.

Llegaron hasta un pequeño puesto donde un anciano vendía pequeños objetos tallados en madera. Entre ellos había figuras de animales, estrellas y lunas.

Kael tomó una pequeña figura con forma de zorro.

—Este.

Lía la miró confundida.

—¿Un zorro?

—Sí.

—¿Por qué?

Kael miró la figura durante un momento antes de responder.

—Porque los zorros parecen tranquilos, pero siempre están buscando una forma de salir adelante.

Lía sonrió un poco.

—Eso suena como algo que diría alguien que quiere parecer misteriosa.

Kael la miró ofendida de manera exagerada.

—¿Me estás llamando misteriosa?

—Sí.

—Qué falta de respeto.

Lía intentó aguantar la risa, pero no pudo.

Y Kael, al verla reír otra vez, sonrió satisfecha. No porque hubiera ganado una discusión. Sino porque por primera vez en mucho tiempo alguien parecía estar disfrutando simplemente de estar con ella. Kael dejó la pequeña figura de zorro sobre la palma de su mano y la observó durante unos segundos antes de mirar al vendedor.

—Me lo llevo.

El anciano sonrió mientras envolvía la figura con cuidado.

—Una buena elección. Los zorros son criaturas inteligentes. Sobreviven porque saben cuándo correr y cuándo quedarse.

Kael recibió el pequeño paquete y lo guardó entre sus cosas.

—Entonces definitivamente me representa.

Lía la miró de lado.

—¿Porque eres inteligente?

—Porque sobrevivo.

La respuesta hizo que Lía dejara de sonreír por un instante. No sabía si Kael estaba bromeando o si había algo más detrás de esas palabras. Antes de que pudiera preguntar, Kael volvió a recuperar su expresión divertida.

—Aunque también soy bastante inteligente.

Lía negó con la cabeza.

—Eres muy presumida.

—Y tú eres muy seria.

—No soy seria.

Kael levantó una ceja.

—Acabas de discutir conmigo sobre si eres seria.

Lía abrió la boca para responder, pero se quedó en silencio. Por segunda vez esa noche, Kael había conseguido dejarla sin palabras.Y eso era algo que no ocurría muy seguido. La princesa de Aurelia estaba acostumbrada a estudiar, escuchar y pensar antes de hablar. Había aprendido desde pequeña que cada palabra de una futura reina podía tener consecuencias.

Pero Kael no parecía vivir con ese peso, ella decía lo que pensaba, reía cuando quería hacerlo. Y caminaba como si el mundo no tuviera suficientes razones para hacerla dudar. Lía no sabía si eso era admirable o desesperante.

Probablemente ambas cosas.

—¿Siempre haces enojar a las personas que acabas de conocer? —preguntó Lía.

Kael fingió pensar la respuesta.

—No.

Lía pareció sorprendida.

—¿No?

—A veces espero más tiempo.

Lía la miró con incredulidad. Y aunque intentó mantenerse molesta, una pequeña sonrisa terminó apareciendo en su rostro.

Kael la notó, pero no dijo nada. Porque había aprendido algo importante esa noche: Lía parecía que se molestaba fácilmente. Pero también era de esas personas que no podían mantenerse enojadas tanto tiempo. Las dos continuaron caminando entre los puestos del festival, sin darse cuenta de que, poco a poco, la distancia entre sus mundos comenzaba a desaparecer.

Para todos los demás seguían siendo la princesa de Aurelia y la heredera de Noctyra. Pero para ellas...por primera vez en sus vidas, solo eran Lía y Kael. La noche continuaba avanzando, pero Lía no parecía tener prisa por volver al palacio. Kael lo había notado desde hacía rato.

Al principio de la noche, la princesa de Aurelia caminaba como si cada paso tuviera que ser perfecto. Sus hombros estaban ligeramente tensos y su mirada iba de un lado a otro, como si esperara que alguien apareciera para recordarle lo que debía hacer.

Ahora era diferente.

Seguía siendo la misma niña de cabello oscuro con algunos reflejos marrones que brillaban bajo las luces del festival, pero parecía mucho más tranquila. Sus rizos, que durante la ceremonia habían estado perfectamente acomodados, ahora caían de una manera más natural alrededor de su rostro. Sus ojos marrones, grandes y llenos de vida, parecían mirar cada cosa como si fuera un descubrimiento nuevo.

Kael pensó que era extraño. La mayoría de las personas importantes que había conocido intentaban parecer imposibles de sorprender. Lía parecía exactamente lo contrario. Parecía una persona que todavía quería conocer el mundo.

—Estás sonriendo más —dijo Kael de repente.

Lía giró la cabeza.

—¿Lo estoy?

—Sí.

—No creo.

Kael la miró con una expresión divertida.

—Acabas de decir “no creo” mientras sonríes.

Lía intentó ocultarlo, pero era demasiado tarde.

—Eres muy observadora.

—Alguien tiene que serlo.

—¿Y siempre analizas a las personas?

Kael se encogió de hombros.

—No a todas.

—¿Entonces por qué a mí?

Por un momento, Kael no respondió. Porque ni ella misma sabía exactamente la respuesta, quizás porque Lía era diferente. Quizás porque detrás de esa forma delicada de hablar había alguien que sentía las cosas con demasiada intensidad.

—Porque pareces estar intentando descubrir dónde encajas —respondió finalmente.

La sonrisa de Lía desapareció un poco, no porque estuviera molesta si no porque había acertado. Caminaron unos pasos más entre la multitud antes de que Lía hablara.

—Todos esperan mucho de mí.

Kael la escuchó.

—Algún día voy a ser reina. Tengo que aprender muchas cosas, tomar buenas decisiones y no equivocarme.

Hizo una pequeña pausa.

—Pero a veces siento que todos quieren conocer a la reina que seré algún día y no a la niña que soy ahora.

Kael bajó la mirada hacia ella. Por primera vez desde que se habían conocido, no hizo una broma. Y eso sorprendió a Lía. Porque hasta ese momento Kael parecía alguien que siempre tenía una respuesta preparada.

—Creo que tienes un problema.

Lía levantó una ceja.

—¿Cuál?

Kael sonrió un poco.

—Piensas demasiado.

Lía soltó una pequeña risa.

—Eso no parece una solución.

—No dije que fuera una solución.

Kael caminó hacia atrás unos pasos mientras la miraba.

—Pero creo que deberías recordar algo.

—¿Qué cosa?

La luz de las lámparas del festival iluminó los ojos oscuros de Kael mientras sonreía.

—Que antes de ser una reina, eres Lía.

La princesa se quedó en silencio. Era una frase sencilla, pero nadie se la había dicho de esa manera. No como una obligación, no como un consejo. Sino como un recordatorio. Y esa noche, sin que ninguna de las dos lo supiera, una niña que pertenecía al Sol encontró a alguien que no intentaba cambiar su luz. Solo quería verla brillar.

Lía no supo qué responder. Por alguna razón, las palabras de Kael se sintieron diferentes a todas las cosas que había escuchado antes. Los adultos solían decirle que debía ser fuerte. Que debía ser inteligente o que debía prepararse para el futuro. Pero Kael no le estaba hablando de la persona en la que algún día tendría que convertirse. Le estaba hablando de la persona que era ahora.

Y eso era algo que Lía no estaba acostumbrada a escuchar. Mientras continuaban caminando, Lía comenzó a observarla con más atención. Era curioso. Cuando la había visto por primera vez, lo que más había notado era su seguridad. La forma en que caminaba sin parecer preocupada por lo que los demás pensaran de ella.

Pero ahora empezaba a notar pequeños detalles.

Kael tenía el cabello oscuro, de un tono extraño entre marrón profundo y negro, como si bajo ciertas luces aparecieran reflejos ocultos. No parecía preocuparse demasiado por mantenerlo perfectamente acomodado; algunos mechones caían de forma desordenada y, de alguna manera, eso parecía formar parte de ella. Sus ojos eran oscuros, casi negros, pero no se sentían fríos.

Lía esperaba encontrar una mirada seria en alguien de Noctyra, especialmente en una heredera de un reino conocido por sus guerreros.

Kael tenía el cabello oscuro, de un tono extraño entre marrón profundo y negro, como si bajo ciertas luces aparecieran reflejos ocultos. No parecía preocuparse demasiado por mantenerlo perfectamente acomodado; algunos mechones caían de forma desordenada y, de alguna manera, eso parecía formar parte de ella. Sus ojos eran oscuros, casi negros, pero no se sentían fríos.

Lía esperaba encontrar una mirada seria en alguien de Noctyra, especialmente en una heredera de un reino conocido por sus guerreros. Pero no fue eso lo que encontró, encontró una mirada llena de vida. Una mirada que podía pasar de la diversión a la preocupación en cuestión de segundos.

Como si Kael intentara esconder muchas cosas detrás de sus bromas.

—¿Qué? —preguntó Kael de repente.

Lía parpadeó.

—¿Qué?

—Me estás mirando.

Lía apartó la mirada rápidamente.

—No.

Kael sonrió.

—Sí.

—Solo estaba pensando.

—Eso dicen las personas cuando están mirando demasiado.

Lía cruzó los brazos.

—Eres muy molesta.

—Y aun así sigues caminando conmigo.

La respuesta hizo que Lía se quedara callada. Porque, otra vez, Kael tenía razón, era extraño. La había conocido hacía unas horas y ya se sentía cómoda a su lado. Con otras personas siempre sentía que debía comportarse de una manera específica. Con Kael podía equivocarse, podía responder mal, podía incluso molestarse y Kael simplemente se reía.

—Creo que eres rara —dijo Lía.

Kael sonrió orgullosa.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo sé.

Lía negó con la cabeza, pero una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Y Kael, al verla, pensó que quizás había encontrado algo que no sabía que estaba buscando, noera una alianza tampoco una amistad entre reinos y menos una futura compañera de corona. Solo una persona con quien podía ser ella misma.

Aunque ninguna de las dos podía imaginarlo todavía, esa noche no estaban creando un simple recuerdo. Estaban creando el inicio de una historia que algún día todo Asterion conocería. La música del festival comenzó a cambiar. Las melodías alegres fueron reemplazadas lentamente por canciones más tranquilas, de esas que parecían hechas para acompañar las últimas horas de una noche especial.

Lía miró hacia el cielo. Las luces flotantes del festival se elevaban poco a poco, mezclándose con las estrellas hasta parecer pequeñas lunas perdidas.

—Es bonito —susurró.

Kael siguió su mirada.

—Sí.

Por un momento ninguna de las dos dijo nada, apenas se conocían. Habían crecido escuchando historias distintas sobre sus propios reinos. Y aun así, estar juntas no parecía complicado, simplemente se sentía natural.

—¿En Noctyra también hacen festivales así? —preguntó Lía.

Kael negó con la cabeza.

—No igual.

—¿Por qué?

Kael pensó la respuesta.

—En Noctyra las personas celebran de otra manera. Son más ruidosos, más intensos... y probablemente alguien termina compitiendo en algo que no debía.

Lía sonrió.

—Eso suena peligroso.

—Lo es.

—¿Y tú participas?

Kael sonrió con orgullo.

—Claro.

—Sabía que ibas a decir eso.

—¿Ves? Ya me estás conociendo.

Lía quiso responder algo, pero se quedó pensando en esa frase. Ya me estás conociendo. Porque significaba que, por primera vez, alguien no estaba intentando conocer a la princesa de Aurelia. Estaba conociendo a Lía.

Kael sacó el pequeño zorro de madera que había comprado antes y lo sostuvo entre sus dedos.

—Toma.

Lía la miró sorprendida.

—¿Para mí?

—No, para el rey de Aurelia. Obviamente.

Lía puso los ojos en blanco.

—Kael.

—Sí, para ti.

La niña recibió la pequeña figura con cuidado.

—Pero es tuyo.

Kael se encogió de hombros.

—Puedo hacer otro.

—Entonces, ¿por qué me lo das?

Kael tardó un momento en responder.

Después sonrió.

—Porque creo que tú necesitas recordar algo.

Lía miró el zorro.

—¿Qué cosa?

Kael señaló la figura.

—Que no tienes que estar encerrada todo el tiempo en un castillo.

Lía bajó la mirada hacia el pequeño regalo. Era una cosa simple, un pedazo de madera tallada. Pero por alguna razón sentía que significaba mucho más.

—Entonces yo te daré algo también.

Lía tomó una pequeña cinta dorada que llevaba en su muñeca. No era una joya importante ni pertenecía a la corona. Era simplemente algo que le gustaba llevar porque le recordaba a su familia.

Se la extendió.

Kael la miró confundida.

—¿Esto?

Lía asintió.

—Para que recuerdes que aunque Noctyra y Aurelia estén lejos... no significa que las personas tengan que estarlo.

Kael guardó silencio. Por primera vez desde que se conocieron, no tuvo una broma preparada, tomó la cinta con cuidado.

—Entonces hagamos una promesa.

Lía levantó la mirada.

—¿Qué promesa?

Kael miró hacia la luna que iluminaba la ciudad.

—Que aunque algún día todo cambie... vamos a recordar esta noche.

Lía sonrió.

—Eso es fácil.

—¿Por qué?

—Porque creo que no voy a olvidarla.

Kael sonrió también.

Y bajo el mismo cielo que cubría Aurelia y Noctyra, dos niñas hicieron una promesa que parecía pequeña. Sin saber que algún día esa misma promesa sería lo único que quedaría entre ellas y una guerra que intentaría separarlas.

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