Cap 1 La chica que nunca se rendía
—¡Un punto para Emma!
El gimnasio estalló en aplausos.
Emma Ledesma levantó el brazo con una sonrisa desafiante mientras la pelota de vóley caía al otro lado de la red. Sus compañeras la rodearon entre gritos de celebración.
—¡Eso! —exclamó Sofía, abrazándola—. Le acabas de ganar al curso de los "intocables".
Emma soltó una risa.
—No exageres. Solo les ganamos a unos chicos que creen que son mejores por existir.
Al otro lado de la cancha, Tomás Vidal la observaba con los brazos cruzados.
—Fue suerte —dijo con tranquilidad.
Emma giró de inmediato.
—¿Suerte? ¿Esa es tu excusa cada vez que perdés?
—No perdí. Perdió mi equipo.
—Claro... porque vos nunca perdés, ¿no?
Las miradas de ambos chocaron como siempre.
Toda la escuela conocía esa expresión.
La guerra acababa de empezar... otra vez.
Desde primer grado competían por absolutamente todo.
El promedio más alto.
Las olimpíadas de matemáticas.
Los torneos deportivos.
Los debates escolares.
Hasta por quién terminaba primero un examen.
Nadie recordaba cómo había comenzado aquella rivalidad.
Solo sabían que, cuando Emma y Tomás coincidían en un mismo lugar, era cuestión de minutos para que alguno lanzara el primer comentario.
—¿Lista para volver a quedar segunda en el examen de historia? —preguntó Tomás al acercarse.
Emma arqueó una ceja.
—¿Segunda? Qué raro... juraría que el último diez perfecto fue mío.
Alrededor de ellos comenzaron a escucharse risas.
—Eso fue hace un mes.
—Y todavía te duele.
Tomás sonrió de lado.
Era esa sonrisa la que más la desesperaba.
Nunca levantaba la voz.
Nunca perdía la calma.
Discutía como si siempre supiera que iba a ganar.
—Nos vemos cuando entreguen las notas.
—Ahí voy a estar. Viendo cómo se te cae esa sonrisa.
Tomás se dio media vuelta.
—Soñá, Ledesma.
—Vos también, Vidal.
El profesor de Educación Física hizo sonar el silbato.
—¡Se terminó el recreo! ¡Todos a clase!
Mientras caminaban por el pasillo, Emma sintió decenas de miradas sobre ellos.
No era extraño.
Desde hacía años existía una especie de apuesta no oficial en la escuela.
¿Quién terminaría el año como el mejor estudiante?
Siempre eran los mismos dos nombres.
Emma Ledesma.
Tomás Vidal.
Y ninguno estaba dispuesto a ceder.
Ella jamás imaginó que esa sería la última semana en la que Tomás sería solamente su rival.
Porque, fuera de esas paredes, el destino ya estaba preparando un golpe que cambiaría sus vidas para siempre.








