Brote.
Un golpe seco resuena por todo el salón de presentaciones, vino de un hombre alto, pálido, con el cabello morado desaliñado y la camisa celeste arrugada.
—escuchen... Diré esto una sola vez... —se ajustan sus lentes con un dedo—. Esto no es como ser un mago... Ser un caballero, es una absoluta mierda.
El salón queda en completo silencio, las más de 100 personas adentro contuvieron la respiración a la vez; entre ellos, una chica de cabello café, pecosa y con una mochila en su regazo, traga saliva y aprieta sus labios para contener una mueca.
—los caballeros no somos héroes, así que quitense esa estúpida idea de la cabeza .—aprieta su mano en un puño frente a los jóvenes—. Somos máquinas, completamos las misiones al pie de la letra y sin cuestionar nada, así trabaja la división de magia del ejército nacional.
El instructor pasa lista de los nuevos reclutas, como si no hubiese destruido las expectativas de un centenar de novatos.
—dicho eso... Comenzamos las clases en la academia para caballeros diamante.
La chica pecosa sale del salón con el corazón en la garganta, ella es Luciana Pavimenti y es su primer dia como estudiante de caballeros.
Toma un momento para respirar, es recién el primer día y su garganta está hecha un nudo, si le preguntan cómo se siente, rompería a llorar. Esta nunca fue su primera opción.
De camino a los dormitorios, carga una caja de cartón con "cosas para las clases" escrito al frente, La deja un momento encima de una mesa, su respiración un poco agitada hacia que su cola de caballo se balanceara.
Subió por las escaleras, sus ojos examinando a detalle la delgada cadena que rodea su cuello, escuchaba un bullicio justo en frente.
Choca con un chico, este ni se volteo a ver a la mujer que callo de espalda sobre el cemento de las instalaciones. Una gran multitud se había formado sin que ella se diera cuenta, rodeaban a dos otros chicos, los cuales estaban causando problemas.
—¿¡Que mierda te crees!? ¡Puto ricachón! —grito uno de los chicos, sujeto por la camisa de seda al otro.
El otro chico mantiene su cara tranquila, sus ojos miran de arriba a abajo al otro, suelta una risa entre dientes y sus labios se curvan en una pequeña sonrisa; ajusto sus lentes con el dedo del medio, dejando un punto dorado en el puente nasal.
—tranquilo, campesino. No te gustaría hacerme enojar. —mantiene una sonrisa en su rostro, más por cortesía que por genuina diversión.
Esas palabras terminan de romper la paciencia del muchacho que lanza un puñetazo, el otro bloquea el golpes y lo toma del brazo, haciendo que choque contra la pared, dejando un agujero en la madera, todo eso sin despeinar su mullet y cabellos azules.
— ¿Alguien más quiere? Tengo para todos. —señala al grupo, su rostro contorsionado en una sonrisa ladeada.
Nadie da un paso adelante, se disuelve el grupo, cada quien en sus habitaciones, exepto Luciana. Se queda paralizada al darse cuenta que está sola con este hombre, sus piernas flaquean, para peor, su habitación está justo al lado de el.
El chico la nota, su sonrisa se ensancha al verla temblando bajo su presencia. Su expresión se transforma en una sonrisa educada, agitando las manos, el cambio de ambiente es demasiado abrupto.
—lo siento mucho... No era mi intención presentarme asi aquí, pero detesto a la gente que no tiene modales. —se inclina, haciendo una reverencia perfecta, sus ojos dorados recorren el pequeño cuerpo de
luciana—. Soy tod lutger ¿Cómo se llama, señorita?
Luciana se presenta, tropieza con sus palabras mientras trata de mantener sus ojos enfocados en tod. Se dan un apretón de manos, la piel de tod es áspera como lija.
—que nombre más lindo ¿Vienes de latlia o tus padres son de ahí?
—y-yo... Mis padres... Mis padres son de latlia... Aunque yo... Yo nací aquí en realm —su voz sale débil, un hilo de voz que tod apenas logra entender.
Tod asiente.
Ambos caminaron a la misma dirección y quedaron frente a la misma puerta, hay se volvió claro, iban a compartir habitación.
Tod insistió en que Luciana pase primero, abriendo la puerta para ella como a una princesa. Por dentro es mucho más grande que por fuera, es un departamento entero, bien equipado con todo lo que se necesita para vivir, incluso algunos lujos como sillones y un televisor cuadrado y tosco.
La chica va a lo que será su habitación, un cuarto mediano, con una ventana cerca de la cabecera de la cama y una mesa de roble con su propia silla a juego. Comienza a desempacar: fotos, algo de ropa, una maceta con tierra de la cual sale un brote, y un suéter negro, mucho más grande que su talla.
Volteo a ver la puerta un momento antes de llevarse el suéter a la cara, dando una inhalación profundo a la fragancia de la tela.
—ah... Aún huele a el. —mordio su labio, conteniendo unas lágrimas que se acumulaban en sus ojos verdes.
Dobla el suéter, sus manos manejando la vestimenta con un cuidado casi reverente, estirando cada arruga para dejar un doblez perfecto; guarda la prenda en un cajón de su mesita de noche, la misma que se encuentra al lado de su cama.
Afuera. Tod terminó ya de arreglar sus cosas, le cuesta manejarse en un espacio tan modesto, eso no quita que para el, esto le hacía latir fuerte el corazón con tanta fuerza que le oprime el pecho y le arrebata el aire de los pulmones.
—esto es lo mejor... —desliza su lengua por sus labios, esto es uno de los placeres de probar cosas nuevas para el, el dolor sofocante que acelera tu corazón y mente.
Luciana salio, encontrando a un tod sujetándose el pecho con su mano derecha y con una sonrisa larga y afilada.
Intercambian miradas.
Tod tose un poco antes de cruzar los brazos frente a su definido pecho, oculto por levita azul oscuro.
—ejem... Parece que pasaremos mucho tiempo juntos, creo que sería lo mejor conocernos antes de empezar las clases. —murmura tod, sus ojos desviándose a la cocina abierta para no ver a Luciana.
Luciana concuerda; se prepararon dos tazas de té y se sentaron frente a frente en la mesa.
Lo único que interrumpe el silencio es el suave tic mecánico del reloj de la pared.
—dime... Tod... ¿Por qué querías quedarte con este lugar? No veo que tenga nada interesante.
Tod suelta un suspiro, rie entre dientes y da un sorbo de té.
—me gusta la idea de codearme con la gente común, solo tuviste suerte que escogiera este lugar.
—okey... Eres muy raro... ¿Eres una especie de noble o algo así? —pregunta Luciana, ajustando su chaqueta verde.
Tod asiente, tomando un poco de té.
—¿No te suena el apellido lutger? Ay chica, estás muy perdida. —se lleva una mano a la barbilla, una sonrisa afilada adorna su rostro—. La familia lutger tiene la mayor empresa de extracción de minerales mágicos de todo el país de realm, así que digamos que... Estoy muy bien acomodado.
Ambos se quedaron hablando, relevando información. Tod tiene dos hermanos, una hermana y un hermano, también descubrió la energía mágica a sus cinco años y detesta la lasaña.
Luciana por otro lado, confiesa que le tiene miedo a la sangre, le gustan los gatos y le encanta las plantas.
El timbre suena como un rayo en una noche tranquila, sacándolos de la conversación. Las clases están por comenzar y ellos estuvieron hablando sin parar.
Los dos corren a arreglar sus cosas, volviendo a la puerta.
—bueno... Te veo más tarde, tod lutger.
—te veo más tarde, Luciana pavimenti.
Tod abre la puerta. El comienzo de una nueva etapa, una donde ambos tendrán que ver cómo son destruidos.








