El primer día siempre huele a sal
Nunca entendí por qué la gente decía que el verano podía cambiarte la vida.
Para mí, solo significaba calor, maletas y las mismas preguntas de siempre.
—¿Ya empacaste?
—¿No olvidaste el cargador?
—Vamos tarde.
Miré por la ventana del auto mientras las palmeras comenzaban a aparecer una tras otra. El aire era diferente. Se sentía más ligero. Como si el mundo respirara más despacio cerca del mar.
Mi mejor amiga, Chloe, no había dejado de mandarme mensajes desde que salimos de la ciudad.
CHLOE“Apúrate.”
“Todos ya llegaron.”
“Y por favor no pongas esa cara cuando conozcas a Liam.”
Fruncí el ceño.
Yo”¿Quién es Liam?”
Tardó apenas unos segundos en responder.
“Ya lo descubrirás.”
Rodé los ojos.
Muy útil.
Cuando el auto dobló la última esquina, el océano apareció frente a mí.
Azul.
Interminable.
Las olas rompían contra el muelle mientras algunas personas caminaban con helados en la mano y otras paseaban en bicicleta por el malecón.
Era exactamente como las fotos que guardaba en Pinterest.
Mi mamá estacionó frente a una casa blanca con ventanas azules.
—Llegamos.
Abrí la puerta y el olor a sal me golpeó de inmediato.
Era imposible no sonreír.
Tomé mi cámara y bajé del auto.
Click.
Primera foto del verano.
No sabía por qué, pero sentía que iba a querer recordar ese momento.
Corrí hasta el porche cuando escuché que alguien gritaba mi nombre.
—¡Ava!
Chloe prácticamente se lanzó sobre mí.
—Pensé que nunca ibas a llegar.
Nos abrazamos riendo como si no nos hubiéramos visto en años, aunque solo habían pasado unos meses.
—Ven —dijo, jalándome de la mano—. Quiero presentarte a todos.
A todos.
No sabía que había “todos”.
Caminamos por el malecón hasta llegar a un pequeño café con luces colgantes.
Había ocho bicicletas estacionadas afuera.
Seis chicos estaban sentados alrededor de una mesa de madera, riéndose de algo que claramente me había perdido.
Cuando nos vieron llegar, todos levantaron la mirada.
—Ella es Ava —anunció Chloe con una sonrisa.
Una chica de cabello rizado fue la primera en saludarme.
—Soy Mia.
Después un chico alto levantó la mano.
—Ethan.
Los demás hicieron lo mismo entre bromas y saludos.
Todos…
Excepto uno.
Estaba apoyado contra la barandilla del malecón, mirando el mar como si no le importara nada de lo que ocurría.
Cabello despeinado por el viento.
Sudadera azul marino.
Una cámara colgada del cuello.
Cuando por fin giró la cabeza hacia mí, nuestras miradas se encontraron.
No sonrió.
Ni siquiera hizo el intento.
—¿Ese es Liam? —pregunté en voz baja.
Chloe soltó una risa nerviosa.
—Sí…
—Parece encantador.
—Créeme… tú tampoco le vas a caer muy bien.
Antes de que pudiera preguntar por qué, Liam caminó hasta el grupo.
Me miró apenas un segundo.
Después volvió la vista hacia Chloe.
—¿Ella es la nueva?
Sentí un pequeño nudo en el estómago.
—Sí.
Él suspiró.
—Espero que no piense quedarse todo el verano.
Silencio.
Todos dejaron de hablar.
Yo lo miré incrédula.
—Qué casualidad —respondí cruzándome de brazos—. Yo estaba pensando exactamente lo mismo de ti.
Por primera vez…
Sonrió.
Pero no era una sonrisa amable.
Era una de esas que dicen:
“Esto va a ser divertido.”
Y, sin saberlo, acabábamos de empezar la peor… o la mejor historia de nuestro verano.








